Donnerstag, 4. November 2021

La cazuela de Vitelio (902)

         

        Jugando (a)lgo despuês de hacer rato que no jugaba a nada, segûn las pa-

labras utilizadas por êl mismo sin ningûn tipo de embrollo para salir a puesto o

a colocaciôn, la tirada de Cotisôn Alanda Coto asombrô a los jugadores presen-

tes y hasta el punto de que mâs de una boca abriôse con la duraciôn de siete se-

gundos. Fue  de jaez misteriosa por el producto final resultante de la sumatoria,

a su vez que anâlogo a la cantidad de dîas que necesitô Euticô para dar por ter-

minada  la copia del vaso murrano que por aquel entonces no era otra su dueña

que Dido, copia que, como tal, fue la causante del empellôn dado por Euticô a

Dido en la roca  Tarpeya. Ahora bien, que por causalidad o con-secuencia asî y

de sopetôn pudieran aparecer atingencias no calculadas, lazos que unen o ima-

gos con extensiôn o breves, sucediô que llega al lûdico con los arilos del Taxus

el sprintia, quien precisamente quedôse con la copia susodicha al haber feneci-

do Euticô.

----El prôximo que llega al juego!!---afirma Sabinsqui que a su vez pregunta: y

usted quiên es?

----Yo soy el sprintia, el caîdo a flechazos por los soldados bâtaros en la encru-

cijada de Bedriaco, y el que vendiô esa copia de la que se habla mâs tarde y al

copero de la taberna de Apragôpolis...

----De quê copia usted habla, de cuâl?

----Nôtase que usted aûn no puede escuchar ciertas y determinadas cosas...

----Eso es posible, mas como al parecer usted si puede, pudiera aclarar sobre y

esa copia?

----Yo le puedo tambiên responder esa pregunta, Sabinsqui---dice Euticô.

----Bueno, entonces hâgalo!!

----Para empezar le dirê, que el sprintia viviô despuês de mî en la misma casa,

y que fue posible gracias a su majestad Vologeso, quien se la dio por haber sal-

vado a Dido del accidente en la roca Tarpeya a raîz de mi empujôn...

----Si yo me hubiese enterado de eso seguro que hubiese fallecido antes---dice

Lolia Paulina.

----Pero cômo, Lolia Paulina, si usted misma dijo que por ese tiempo habîa de-

jado de ver a su hija Dido?

----Ya sê, Sabinsqui, ya sê, mas aun asî lo digo....

----Pero tû no tenîas el poder sino yo, no?---pregunta Cotisôn Alanda Coto.

----Y êl no es el padre de Dido---agrega Sabinsqui mirando a Cotisôn.

----Tambiên lo sê, pero de yo habêrselo pedido seguro que lo hubiera hecho...

----Entonces, Lolia Paulina, su hipotêtico deberîa ser corregido y decir: si yo me

hubiese enterado de eso seguro que Cotisôn provocârale la muerte antes, no?

----Bueno, Sabinsqui, pensê que sacarîa conclusiôn, mâs sabiendo que soy la es-

posa de Cotisôn---dice Lolia Paulina.

----Y Cotisôn por eso mandarîa a eliminar (a)lguien?---pregunta el centuriôn.

----Seguido a su peticiôn sî---responde Cotisôn Alanda Coto.

----Y dîgame, sprintia, por quê usted vendiô esa copia?---pregunta Sabinsqui.

----En primer lugar porque no me gustaba; en segundo, porque el copero me la

quiso comprar.

----Y cômo supo el copero de esa copia?

----Porque la vio puesta en la ventana un dîa que paseaba por el barrio de los y

Sigilarios.

----Vaya de cuâl ventana se estâ hablando perteneciente a la casa con el nûme-

ro 459, la de los difuntos---dice Temîsclates de Fuganvilla llegando con Milde-

sias de Bapullôn.

----La casa que jamâs volviô a tener puerta despuês de la lluvia de flechas tira-

das por el sprintia---agrega Mildesias de Bapullôn.

----El mismo dîa de mi sucumbimiento fue posible esa lluvia, porque estaba y

mâs ebrio que el mismîsimo Baco---dice el sprintia.

----Y ustedes quiênes son?---pregunta Sabinsqui.

----Yo Temîsclates de Fuganvilla.

----Y yo Mildêsias de Bapullôn, y tanto Temîsclates, como yo, fenecimos en esa

misma casa al caernos el techo encima...

----Quê fuerte sucumbimiento el de ustedes!!, pero por quê el techo?

----Por un movimiento de tierra que hubo, por eso.

----Pero el techo no nos cayô sôlo a nosotros encima de la testa, sino tambiên a y

otros contertulios de la Kosmona.

----Y que son los siguientes: Kôros, Licômedes, Zarabela, Parrasio y Parresio

----Estâ claro el porquê de llamarse esa casa la de los difuntos---dice Sabinsqui.

----Zarabela, Zarabela!!, bien que lo conozco---dice Lolia Paulina.

----Vaya si no siendo tu mensajero privado---dice Cotisôn Alanda Coto.

----Estâ consciente de todo lo que ha provocado la tirada de usted, Cotisôn?

----Eso parece, Sabinsqui, eso, mas si nisi non esset...

----Pero entonces quê, Cotisôn, quê?

----Mejor me callo, que hay cosas que aûn usted no puede escuchar.


        Acopas y por el repercutir de la cuestiôn de las flechas, aunque en su caso

no haya sido exacta y justamente las disparadas por un soldado bâtaro, Neopto-

lemo hace presencia, y sin que mediara ninguna pregunta amplifica con soltura

lo siguiente:

----Como que el sprintia despertô mi interês de acercarme para revelar que mi y

sucumbimiento tambiên debiôse al disparo de una flecha, pero que no salida del

arco de un soldado bâtaro sino que accidentalmente de la ballesta del flamen en  

el templo de Jano Quirino...

----Accidentalmente mas merecîaselo, y no en un templo como êse.

----Por quê usted dice eso Lolia Paulina?----pregunta Sabinsqui.

----Porque su intenciôn fue la de asesinar a mi hija Dido.

----El ayudante de Sarambo tenîa intenciôn criminal, la que gracias al arûspice

fue detectada y quien se la comunicô al astrôlogo Sula, el amigo bueno del fla-

men----dice Temîsclates de Fuganvilla.

----Sabinsqui no vaya a preguntar quiên es Sarambo, que aûn no forma parte y

del colectivo de este lado---anticipa Mildêsias de Bapullôn.

----Si usted supiera que tenîa una pregunta, que no era êsa precisamente.

----Y cuâl es entonces, Sabinsqui?

----Que si del arûspice del que se habla es el mismo que vive en el barrio de las

Carinas?

----Sî sî, es êl mismo, quê, usted lo conocîa?

----Indirectamente, por mencionarlo mi tîo que sî lo conociô.

----De seguir con resonancia el tema de las flechas, no dudo de que recibamos

la visita del mercader---dice Temîsclates de Fuganvilla.

----Ah, êse sî que fue muerto por el disparo de una flecha en el mismo lugar y

que el sprintia: en la encrucijada---dice Neoptolemo.

----Y ahora sî pregunto: quiên es ese mercader?

----Sabinsqui, el que traîale las mercancias a Sarambo ilegales al lugar susodi-

cho---responde Neoptolemo.

----Quê buen recuerdo el de la ballesta del flamen---dice el eunuco Posides.

----Se explica usted?

----Sabinsqui, es que el dîa en que yo con el secretario entramos en el templo y

de Jano Quirino para hurtarle al flamen la colecciôn de poemas neronianos, ês-

te nos apuntô con esa de artilleria arma arcaica.

----Y con quê fin era el robo?

----Con el de venta, porque esa colecciôn es carîsima.

----Por eso los dos terminaron en el mismo lugar que yo: en la ergâstula---dice

Euticô.

----De donde el centuriôn los sacô.

----Exacto, Sabinsqui, exacto!!---afirma el centuriôn.

----Bueno, y quiên se ocupa de la prôxima tirada con los arilos del Taxus?.

----Dêselos al reciente llegado, Sabinsqui---dice Lolia Paulina.

----Bueno, como dije al principio, vine por otra cosa, pero por quê no. A ver y

deme acâ esos arilos---dice Neoptolemo.



















 




 
































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