Seguido a la explicaciôn correspondiente en lo atinente al fenecimiento de
Anaxîmetro de Apolonia en la ciudad del ocio, y dada por el copero [y quien se
enterô por la noticia mandada por Sarambo] a Manes de Nicôpolis---descartada
aquî la posibilidad, por cuestiones de facundia, de que la dilucidaciôn contara y
con la prolijalidad hiperbolizada que llega (a)lcanzar una en boca de un amante
de la verba----, saca a puesto êste una reflexiôn fortuita sobre un tema que llegô
con su desarrollo a seducir a unos cuantos ciudadanos, pero no para discurso al-
guno sino mâs bien para satisfacer ciertos y determinados deseos mayûsculos y
de comprensiôn acerca del porquê suceden cosas que al parecer nimias (en el y
sentido de que por su relevancia no tienen parangôn con otras de jaez pudientes
y perpetuas) son muchitantas veces la causa o el motivo de muerte, y quê mejor
paradigma de lo anterior que el caso de Anaxîmetro, el que pasô en un perique-
te a pagarle moneda a Caronte a raîz del golpetazo en su testa de un cenicero de
Murano lanzado por Jancia. Mas inesperadamente, y quiên sabe si proporciona-
do por el embullo o la jovialidad de Manes que en este kairos reflexionaba insô-
litamente, y como ciertos enlaces que funcionan de modus crîptico, llega a colo-
caciôn su vecino cincuinatus, pero no tanto que con el propôsito de irrefragable-
mente convertirlo en un cero a la izquierda, no por mala persona sino por su tra-
to efîmero, aunque sî que mâs por la razôn de ser parcionero de una creencia es-
pecîfica de que la invisibilidad no era imposible en el caso de que acudiêrase al
mêtodo que la facilita, que la causa o que la provoca.
----Y cuâl mêtodo es êse, Manes?----indaga el copero.
----Previo a responder a su pregunta yo debo hacerle otra.
----La escucho y se la respondo si puedo.
----Conoce usted el mito de Perseo?
----Creo que no puedo responder la pregunta. Quê hay con ese mito?
----Que en êl se habla de un casco que quien se lo pusiera quedaba invisible.
----No sabîa que usted era amante de lo mîtico siendo hiperôsmico.
----Yo no soy el amante sino mi vecino el cincuinatus, mas la cosa no termina y
aquî.
----Entonces cômo sigue?
----Que en aquella viejas consultas a las que venîa Dido, cuando aûn ni pensaba
en ser reina, en mâs de una de êstas me revelô que gustâbale el tema de la invisi-
bilidad, aunque no tanto para convertirse en fanâtica.
----Totalmente nuevo este barrunte para mî!!
----Copero, que ni Kosmos sabe de esto, tal vez su tîo mas no puedo asegurarlo.
----A ver, siga hablando, dîgame un poco mâs, suelte su lengua.
----Fortuitamente (?) y en una conversaciôn ya lejana con mi vecino le hablê y
sobre el gusto de Dido.
----Y quê le dijo êl?
----Que êl tenîa dos cascos parecidos al capacete de Plutôn, y que si Dido que-
rîalo êl venderîale uno; mas eso sî, que como aclaraciôn es fundamental, por
parecidos querîa decir que no surtirîan efecto alguno si antes no eran trabajados
por la mano de algûn mago o de un taumaturgo...
----Y acaso no es lo mismo?
----Hay sus diferencias que ahora no son importantes.
----En fin, que usted es mago...
----Si usted supiera que el ûnico que no puede hacerlo es un mago hiperôsmico.
----Ah, pero usted no especificô quê tipo de mago.
----Menos uno como yo cualquier otro.
----Bueno y entonces Dido se lo comprô?
----Asî es, pero lo que sî no sê es que si Dido fue a ver (a)lgûn mago o no...
----Y por quê no, acaso no siguiô viniendo a sus consultas?
----Sî, pero despuês de comprarlo mâs nunca me hablô de eso y yo no le pregun-
tê.
----Y quê me dice del casco con el que se quedô su vecino?
----Tampoco lo sê, porque despuês de eso mâs nunca nos hablamos.
----Y cuâl es el misterio?
----Vaya y pregûntele a êl, a mi vecino.
----Claro que no voy a preguntarle eso ni nada, que no me interesa.
----Copero, desea usted tomar algo?
----Vaya pregunta que usted le hace a un copero!, quê tiene para llenar la copa?
----Vaya al sucucho de la esquina derecha y sîrvase usted mismo.
----Quê deleite de altura!!, allâ voy!!
sarlo por la cuchilla
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