Samstag, 27. November 2021

La cazuela de Vitelio (913)

         Sin ninguna disensiôn por parte de los [que estaban] presentes, y a raîz de

hacer la correspondiente pregunta de si podîa hacerlo o no, amên que formula-

da no mucho despuês de retirare el aldabate, el que sôlo vino con el ûnico obje-

tivo (de)jar saber que la mâscara tirada por uno de los actores trâgicos en vez y

de para êl era para que apropîârasela Kosmos, algo que pasô (ineludiblemente)

aquella ya alejada noche del presente en curso y en el odeôn de Apragôpolis, la

ciudad del ocio, Lolia Paulina empieza a contar los pasos que seguîa el entierro

de una persona desconocida para ella, a la vez que arropada de forma tan mise-

rable o paupêrrima, que tan sôlo con mirarla resultaba suficiente para definir, y,

sobre el pucho, su alcanzada categorîa, o sea, o de servil o de vagabundo. Pero

si algo diole jovialidad dentro de lo taciturno que iba aconteciendo, aunque por

esto  no viêrase en la necesidad de ponerle pausa a su narrar, de facto fue la co-

sa-en-sî (menos que el fenômeno mediando una distinciôn) de contemplar a su

hija Dido tan lozana como siempre y proyectando una pose mayestâtica enhies-

ta, la que por analogîa pudiera tener similitud con la de las reinas mâs sobresa-

lientes y con renombrado gentilicio, mirîfico por su oriundez (de) y medallado

por a la postre rimbombar como una letra (A), enfoques superlativos como am-

brosîas diamantinas. 

         Mas el contar de Lolia Paulina es interrumpido acopas por la llegada y al

lûdico de Atabân, Flacius Ilyricus y Pandolfo Colunnecio, dejando saber el pri-

ro que el emperador del imperio romano de oriente por costumbre tenîa la mâs

o menos aceptada por sus compinches mâs cercanos, aunque no quedarîales le-

jos el apellido de alcahuetas por permitir lo que no es correcto, lo indebido, de

jugar a los dados en el preciso instante en el que enterrâbanse a los sucumbidos

generales recientemente en las promaquias en disîmiles parasangas, saliendo a

relucir la excepciôn que hizo con el austero Belisario, el severîsimo sobre todo

contra los sasânidas, vândalos y ostrogodos, criaturas por antonomasia tan sal-

vajes y violentas como el leôn de Nemea.

----Vaya con quiên hizo la excepciôn tal emperador, con el que menos deberîa 

(de) hacerla---dice Flacius Ilyricus.

----Saca el dato, revela por quê dices eso---pide Atabân.

----Segûn cuenta Procopio de Cesaria, Teodora, la esposa de Justiniano, diose

una escapadita con Belisario, quedândose con êl cuasi todo un mes en sus cam-

pañas por oriente...

----Flacius, y necesariamnete tendrîa que suceder una felonîa amorosa.

----Tû te estâs haciendo el tonto o el simpâtico, quê otra cosa si no?

----Pero, Atabân, hablar de felonîa amorosa por aquellos tiempos era tan normal

o habitual como hacer banquetes con el cuerpo acostado---dice Pandolfo Colune-

cio.

----Estoy totalmente de acuerdo con Pandolfo--dice Lolia Paulina.

----Cômo no, si te encantaban esos banquetes, los que ya ni recuerdo cuântas ve-

ces hicimos en Fenecia----dice Cotisôn Alanda Coto.

---Sobre emperadores no tengo buen recuerdo; lo contrario, tan malo que ni de-

seo recordarlo---señala Cornelia.

----Y si tan malo por quê lo dice?---pregunta Atabân.

----Yo sê el porquê tal recuerdo le resuena a Cornelia---dice Flacius Ilyricus.

----Verdad que sî, por eso de la violaciôn, por eso---reconoce Atabân.

----Ve usted, Atabân, que asî, de esa manera no puede ser bueno?

----Disculpe usted mi pregunta, Cornelia, es que lo de la violaciôn se me habîa y

olvidado.

----Pero entonces cuâl es el porquê de la excepciôn que hizo ese emperador?

----Sabinsqui, no escuchô usted lo que dijo Atabân?---pregunta Cornelia.

----Sôlo que era austero, mas solamente por eso hizo la excepciôn?

----Mire, y para que usted lo entienda, por aquella êpoca existîa la creencia de 

que todo aquel que le caracterizara una austeridad significaba que habîa dentro 

de êl una deidad superpoderosa, si no que estaba bajo su mandato, por lo que se

pudiera deducir que cometer alguna falta contra êl pudiera tener perniciosas con-

secuencias para quien la cometiera--dilucida Atabân.

----Mas y acaso todos los generales no son austeros?

----Disciplina no quiere decir austeridad: se da cuenta de la diferencia?

----Y austero con la disciplina?

----Ah ya eso es otra cosa, otra: rigurosidad excesiva en têrminos militares.

----O ser estricto, sin flexibilidad alguna---agrega Pandolfo Colunnecio.

----No estoy de acuerdo con lo que ustedes dicen, y parece mentira, falacia, que

el decir venga de jefes militares---dice Cotisôn Alanda Coto.

----Se nota que usted fue rey---suelta Atabân.

----Quê usted quiere decir con eso?

----Quê voy a querer decir diciendo lo que dije?

---Por favor tranquilidad, que ya de nada sirve por acâ entrar en liza o en banales

o nimias discusiones---pide Lolia Paulina.

---Escrupulosas?

----No, Flacius, sin relevancia.

---Saben ustedes que tanto mi padre, como mi tîo, sirvieron a las huestes de Volo-

geso?----pregunta Sabinsqui.

----Aquî todo es posible, todo!!---afirma Atabân.

----Y si todo es posible, por quê yo los veo a ustedes, y no a mi padre, mi tîo y a

Vologeso?

----Porque aûn tu ver es limitado, y por haber bebido tres copitas de Soma----y 

responde Cornelia.

----Y sôlo posible a travês del espejo de dos caras---agrega el centuriôn.

----Se han preguntado ustedes sobre el dic cur hic?---fisga Sabinsqui.

----No hace falta, ya que sabemos "dônde nos encontramos"----responde Atabân.

----Porque todo es posible.

----Por eso todo es todo, ni menos ni mâs.

----De momento no tengo mâs preguntas.

----Quiên es el prôximo en asir los arilos del Taxus?---pregunta Cornelia.

----Me gustarîa ser yo---dice Atabân.





































  



 



      

Keine Kommentare:

Kommentar veröffentlichen

199

         Terencio, el ônoma del cartero que dejaba las correspondencias en cada buzôn de mi edificio, fue el motivo de que acordârame en la ...