Montag, 1. November 2021

La cazuela de Vitelio (901)

        

            Ni la burra de Balaam, ni el Asinus Aureus de Apuleyo, ni la denomina-

ciôn el asno de Buridân con la que conôcese un argumento de reducciôn al ab-

surdo tenîan posiciôn analîtica (de momento, ora) en la testa de Kosmos, empe-

ro sî ubicaciôn prioritaria la necesidad de penetrar en palacio en busca de algu-

nos "detalles y datos" que habîa dejado como apuntes en su cuarto. Y respecto

a ellos querîa asegurarse, entre otras cosas, de una dadorîa matemâtica que ha-

bîa extraîdo de un liber arcaico basado en la materia numeral, y la que especîfi-

ca y concretamente trataba de la particiôn de nûmeros pares pero no de los im-

pares. Verbi gratia de los pares el tres y el seis, que a su vez son nûmeros trian-

gulares ---paradigma de los nûmeros cuadrados el cuatro y el nueve, y un cubo

es el ocho----por antonomasia. Pero en fin, que ya habiendo penetrado en pala-

cio con el mutismo debido y que de facto caracterîzale, divisa a Dido en medio

de Ateriana y Kôsmythos en los pulvinares, y tan a gusto, que sacarla de su ac-

tividad de atenciôn a las criaturas reciên bautizadas solamente serîa posible en

el caso de que por ciertas obligaciones o responsabilidades apareciese de sope-

tôn un problemilla en la corte necesitado de soluciôn improrrogable.

----Entras en la resonancia de palacio como un sultân de noche en el cuarto de

su concubina---dîcele Dido a Kosmos.

----Câspita!!, que de saber un mameluco de su penetrar en el recinto pudiera y

periclitar al otro dîa el prestigio del sultân por comentarios a hurtadillas a la y

zaga de las columnas...

----Quê si no tû y tus fantasîas incalculables!!, y eso que estâs por acâ?

----Vengo en busca de algo que estâ en mi cuarto protegido por la sombra. Pe-

ro y eso que tû en medio de los recientes bautizados, cambiaste el cargo por el

de cuidadora de infantes?

----De vez en cuando me siento como uno pero chupando el tete de la corte.

----Vaya lâcteo producto mayestâtico que sustêntate!! Ya parêceme que estas y

criaturas tienen la malacrianza asegurada.

----Verdad que tû crees que serîa malacrianza?

----Êsa es la res!!, pero una con destacado privilegio y con parafernalias de lujo.

----A ti siempre te quise igual; sin embargo, pudieras considerarte un malcriado?

----Si de consideraciones trâtase estarîas dispuesta a oîrme?

----Deja deja, que ya puedo imaginarme el discurso....

---Atiborrado de pensamientos tan determinados como los movimientos que re-

presentan---amplifica Kosmos y rîe.

----Creo haberte dicho que dejaras, no?

----Sî, ya sê, mas no puedo retirarme sin antes ponerle punto final a la raya, que

es lo mismo a decir dejar con cierre una prolongaciôn lineal.

----Pero cuâl, si yo ni tan siquiera me he extendido?

----No sôlo por extensiôn es que sucede una prolongaciôn, porque una oraciôn

corta pudiera ser la continuaciôn de alguna otra con pausa.

----Kosmos, te acabarâs de ir adônde ibas?

----Ipso facto, de facto y por razôn de lo factible.


        Una hora antes [de la llegada de Kosmos a palacio] habîa el cocinero de Ir-

landa terminado con la preparaciôn de la cena, por lo que entonces en tono bajito

comunîcale al cibiosactes, que por cuestiones de apremiante relajamiento necesi-

taba sûbito que Meli, la etera de Masalia, masajeârale todo el cuerpo con sus ma-

nos suntuosas, por no decir que especializadas en el oficio (de)jar placer, como y

tambiên pudientes en transformar lo que hasta el momento padecîa de algûn can-

sancio fuese clâsico o pagano; de jaez soez por ver quedarîa un cambio pertinen-

te en lo referente a la aplicaciôn. Ante lo que êrale menester al cocinero no pûso-

le ninguna cortapisa el cibiosactes, sôlo que dejô dîchole bien claro que intentara

no quedarse dormido como Endimiôn sobre un colchôn de pajas, ya que si por y

alguna casualidad dâbale a Dido por preguntar por êl seguro que un problema se

buscarîa, al ser la respuesta no otra que la de no saber dônde êl estaba, ni idea de

adônde poder haberse ido, la que asî darîa por no quedar como alcahueta por y la

razôn de permitir lo indebido que traducirîase como indisciplina de consuno con

el reglamento de la corte. Tomada en cuenta la verba ûtil del cibiosactes [ la que

ademâs deja  constancia de una ya hecha confianza por el tiempo basto que am-

bos  conôcense] el cocinero de Irlanda luchaba incesantemente por mantener y a

todo trance los ôculos abiertos como el vigilante longevo en la cola de Juno, que

de valorarse de otra manera serîa como un esfuerzo tremendo, ya que las manos

de Meli son tal dulces que no corresponderles adecuada o exactamente es una de

esas injusticias mâs imperdonables. Ostensible queda que el cocinero no durmiô-

se, empero lo que sî sucediô fue que dilacionô mâs de lo debido su estancia en el 

cuarto con Meli, de tal guisa que Dido, por estar en lo que estâ, extraño que la y

lengua moviera para preguntar por êl.

        Kosmos al ya no estar tan lejos de la puerta de su cuarto, cual distancia pu-

diera ser la de unos pocos metros, escucha unos gemidos sumamente emociona-

dos, y tan asî que parecîan expelidos por titanes venusianos. Al seguir caminan-

do sin la intenciôn de fijarse, aun sintiendo como un impulso que empujâbalo a

hacerlo, fue (ineludiblemente) testigo visual de que la puerta del cuarto de don-

de  salîan los gemidos no estaba del todo cerrada, cuarto que ya sabîa a quiênes

pertenecîa. De soslayo dirige entonces la redondez de sus retinas, siendo otra y

vez testigo pero de un acto a toda flor sobre el jardîn del colchôn, y entre dos y

cuerpos lujuriosos con desmesuras evidentes, famêlicos de la Afrodita apellida-

da Pandemus, menos que la de Urania que otro perfil representa.

       Por ciertas cosas que no habrîan que desmenuzarse con facundia regalada,

y de las que nadie puede saber por quê resultan tempestivas, acaeciô la cosa im-

borrable de que Rubria saliô de su cuarto por precariedad de onîrico, la que se-

guido a buscarle su porquê tal vez era debida a los gemidos que ella tambiên y

escuchaba, porque normalmente ella dormîase râpido de no haber ningûn moti-

vo venido del exterior o atravesando las paredes. Queda entonces atônita por y

sorprender a Kosmos mirando, mas sin demasiada resonancia que acosara a su

conciencia, la que dejante tal vez de alguna pejiguera hiciêrale pensar de que y

su esposo êrale infiel.

----No puedo creer que tû hagas lo que estâs haciendo, nunca te habîa visto en

eso...

----No es lo que tû imaginas, porque tal hacer a mi naturaleza no pertenece.

----Kosmos, no me vengas con esa justificaciôn que de que estabas mirando no

es mentira ni me lo imagino, que aunque sea tolerante no soy tonta, eh...

----Câspita!!, me dejas que te dilucide, para que cambies el rumbo de una injus-

ta opiniôn que de mî puedas tener?

---Ahora no estoy para explicaciones de ningûn tipo, no deseo ninguna, asî que

mejor te callas y me dejas sola por esta noche: de acuerdo?

----Totalmente si asî lo quieres, que tu querer fundamental me es.

----No me salgas con eso que al parecer no lo es....

----Por el oro de las retamas y la pûrpura de los brezos, que sôlo ha sido un mal

entendido.

----Mira, sabes quê?, lârgate de una vez y dêjame tranquila.

----Sôlo pîdote una cosa.

----Cuâl?

----Que me dejes coger unos apuntes que tengo en el cuarto que necesarios son-

me.

----Bueno, côgelos y vete, que por esta noche no quiero verte.








 












 












  




  



 














 





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