Freitag, 19. November 2021

La cazuela de Vitelio (909)

       Luchando contra el polvo sin embadurnarse el uniforme con su mirada ca-

racterizada por un continuo escrutamiento [sobre todo en el] cuando una situa-

ciôn lo requiere sea ya en la parasanga o en los derredores de palacio, encanta-

do quedô el magister equitum con el encuentro inesperado de un capacete muy

parecido en su forma al que apellîdase de Plutôn, lo que como tal indica que y

con esta analogîa sôlo funciona como reminiscencia menos que como efecto si

es que llega a la cabeza dejando al que llêvalo invisible. Con especificidad que

si no (con)creciôn amplifîcase del Orci galea ( de Orcus, Orco [infernal divini-

dad] y galea, casco), amên de asimismo ser una locuciôn nominal con matraca,

platillo y bombo, por no decir rimbombante para un otro que quiera usarla. Pe-

ro este encuentro fue posible al estar buscando el magister equitum algo para y

cubrir el cadâver de Evandro de Atella, el que reciente sucumbiô arropando su

vejez con unas telas raîdas, cual motivo desconôcese o el porquê se ignora, te-

niendo de tal guisa la posibilidad de haber sido reconocido por el lictor como y

aquel que una vez vio en Omonia vestido con un uniforme de soldado, y con la

intenciôn de acercarse a Circe para gozar de su cuerpo entero, quedando osten-

sible para êl mismo que no antes de hundir la mano en la profundidad del bolsi-

llo y extraer de êste las correspondientes monedas. Mas el lictor que el regreso

del magister esperaba y trayendo lo que fue a buscar, tantîsimamente atônito y

quêdase al percibir que el magister retornaba al punto de partida allende que y

con un pedazo de saco ingente con el capacete susodicho, algo que dio pâbulo

de un espeluznamiento como hasta el momento no tenido, mas tambiên de que

no pudiese eludir la tempestiva pregunta que sin dilaciôn hîzole:

----Magister y dônde usted hallô ese casco?, que me ha erizado hasta los....

----Entre un montôn de antiguallas que Dido tiene cumuladas para botar. Pero,

lictor, tampoco hay que abusar con el vocabulario para llegar tan abajo, que el

capacete se parece mas no es el de Plutôn. Me ayuda usted a estirar este pedazo

de saco?

----Bueno, ya que con tan sôlo parecerse me causa lo que me causô. Claro que

lo ayudo. A ver estire usted por allâ que yo por aquî.

----Yo por aquî tû por allâ [....] vaya quê parangôn con una arcaica canciôn.

----Magister, cuâl canciôn es êsa?

----Carece de relevancia, sôlo dije un pensamiento en voz alta...

----Como que sospecho que estân bien formados sus pensamientos.

----Eso puede ser, no se lo refuto. Mire, lictor, fîjese bien en aquella esquina...

----Quê es lo que tengo que fijarme?

----No ve usted que estâ doblada: estîrela, estîrela!!

----Algo mâs fâcil imposible!!

----Entonces no es estimulante...

----Cômo que no si es fâcil?

----Es que pensaba en algo que una vez oî decir a Kosmos.

----Quê fue lo oîdo?

----Que sôlo lo difîcil es estimulante!

----Vaya extrañeza oîr eso por parte de Kosmos: serîa una novedad?

----Pero sincera(mente) y aclarativa es la cuestiôn de que si oî decîrlo a êl eso,

no le pertenece, no es su propiedad semântica.

----Mas hay que reconocer que tiene buena memoria, no?

----Ni se discute ni entra a duda!! Bueno, lictor, creo que ya estâ bien cubierto

el cadâver, asî que hagamos una cosa: pongâmoslo encima de esta mesa hasta

que Dido dê el edicto de sepultarlo.

----De acuerdo, magister, de acuerdo. Magister, desea usted que le diga algo a

Dido de su parte?

----Que dê el edicto lo mâs râpido posible, eso.

----Eso harê de inmediato, magister, eso. Y quê va a hacer con el capacete?

----Quitarle el polvo y colgarlo en la pared.

----Verdad que usted va a hacer eso?

----Lo acabado (de)cir no es un pensamiento en voz alta.

----Pues hâgalo, magister, hâgalo!!

----Seguro, lictor, seguro!!, por lo que aûn me podrân ver.

----Y risas del lictor.

 

         Media hora despuês, y ya barruntada Dido de que el cadâver estaba ya y

preparado para ser sepultado y a espera de su edicto para tal enterramiento, re-

cuêrdase de la celebêrrima ciudad de Atella por sus danzas, y de aquella ûnica

vez que siendo niña pasô por esta ciudad llevada por su madre Lolia Paulina y

en uno de los dîas que estaba en apogeo las fiestas en honor a la Bona Dea. Y

si sôlo por aquellos tiempos mâs solîa escuchar mûsica que bailar, en este jol-

gorio hacîa el esfuerzo por tirar unos pasillos, aunque tales acarrearan la mofa

de las fêminas que observâbanla danzar.  Convencida de la proposiciôn de que

una burla en grupo responde a determinada defensa para ocultar el poco lleva-

ble complejo de indiferencia, Dido daba calaña de un me da igual sostenido y

como tal que durase la burla que por lo dicho quedaba sin caso. Mas saliendo

de la reminiscencia, y por lo ya sabido de Evandro de Atella, entra en el tener

en cuenta de que la visita de êste a Bedriaco no creîala tan inesperada como y

pudiera pensarse, y mâs sobre todo por la sûmula de años pasados despuês de

aquel encuentro en Omonia, algo que mâs bien señalaba por el tiempo menes-

ter durante el cual pudiêrase calcular con destacada parsimonia la forma de y

venganza mâs justa, definitiva y râpida, allende que las posibilidades de esca-

pe o de fuga, todo un desafîo îngente frente a las postas de guardia de palacio

y la austeridad de los soldados bâtaros a la hora de sacar espadas y cuchillos.

----Usted me ha puesto a pensar con sus palabras, y con êstas lleva posible y

razôn, Dido, mas verdaderamente usted cree que tan anciano como estaba en

realidad pudiera escapar de los soldados bâtaros Evandro de Atella?

---Lictor, el hecho de que yo lo crea o no no hace imposible una fuga, un es-

cape, ya que he aprendido de que subestimar por cuestiones de ciertas condi-

ciones fîsicas y biolôgicas no siempre es garante de un aseguramiento total y

de algo, 

----Pero acaso, Dido, eso que dijo que es un desafîo ingente no es como tal

un aseguramiento?

----Lictor, es mâs bien una valorizaciôn si no que una consideraciôn, sôlo y

eso. Pero sabe usted quê es lo que me ha levantado las pestañas?

----No lo sê, Dido, quê?

----Que ese Evandro de Atella haya esperado por una segunda ocasiôn para

llegar a la decisiôn de vengarse de usted, algo que pudo hacer ya desde la y

primera vez que sintiôse frustrado al sentirse indiferenciado por mi nulo ca-

so en la taberna de Apragôpolis...

----Por aquellos tiempos usted era muy linda, tan especiosa como una egip-

cia orquîdea...

----Le agradezco sus palabras mas me lastiman a la misma vez con eso y de

aquellos tiempos yo fui linda: Hiere a mis oîdos el galope de âgiles caballos.

----Disculpe usted, Dido, mas no fue mi intenciôn que sintiêrase ofendida. Y

me pudiera decir usted de dônde sacô el capacete que se parece al de Plutôn?

----Ya ni me acuerdo dônde lo comprê o quiên me lo regalo. Y cômo sabe y

usted eso, lictor?

----Porque se lo encontrô el magister equitum entre las antiguallas que usted

tiene para botar.

----Si le interesa que se quede con êl, que como usted acaba (de)cir son para

botar antiguallas.

----Me dijo que le quitarîa el polvo para colgarlo en la pared.

----Mejor asî y que no se lo ponga.

----Y yo me tengo que volver a reîr...

----Como que se estâ contagiando usted con mi hijo.

----Con la diferencia de que no me rio tan seguido.

----Volviendo al asunto de Evandro de Atella. Usted no tiene que ocuparse de

nada, sino que yo mâs tarde le mando a decir al magister equitum que mañana

entierre el cadâver.

----De acuerdo, majestad, como usted diga.



















 





  





  






































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