Dienstag, 16. November 2021

La cazuela de Vitelio (907)

        Ni quedan desperdicios ni retazos almacenados al si acaso valerse, buscar

apoyo, acudir al uso de la Tabula Cebetis con el objetivo concreto del desarrollo

clâsico de la elecciôn entre el vicio y la virtud, mas como la aplicaciôn (ya sabi-

da) indefectible de la idea del ojo asomante por Kosmos mâs bien ocûpase de 

la eliminaciôn de ciertos y determinados atiborramientos que obtaculizan, dirîa-

se  como amplificaciôn mejor que ludicarîa un rol principal la consciente proye-

cciôn de factores que influyen en la imaginaciôn para sacar de êsta (a todo tran-

ce) lo que si no imantativo por su potencia de atracciôn lo dador por la resonan-

cia que deja, aunque no siempre la vibraciôn conviêrtase raudo en el baricentro

donde la verba entra en danza hasta ser garante de polêmicas. Referente a los 

factores susodichos pondrîase por ejemplo la sui gêneris estrategia con la que 

los contertulios salen incôlumes de la complejidad posible de las  (ya ni sâbese

cuântas) dialogizaciones a las que enfrêntanse, causa entonces primordial de la

formaciôn  de tempestivos alicientes beneficiantes que atizan al magîn, empero

asimismo al cogitatio que termina transformado por la fuerza del color expresi-

vo en el fruto ideal que acicata y sustenta. A todo esto ûnese el imborrable e in-

cesante hecho del adscribir a una sola persona la conducciôn de la vela abierta,

mas amên la responsabilidad de restablecer los daños ligeros acarreados por la

marea semântica, solvento contra la tupiciôn de la maquinaria que eyecta teno-

ras tildantes y cual herramienta nos es otra que su diamantina facundia. 

        Simultâneamente ocurrîa que a palacio llegaba una criatura senecta y con

un vestuario que sin dilaciôn activô la atenciôn de la guardia bâtara. En un pe-

riquete fue detenido, y seguido a las preguntas correspondientes de quiên era

êl y quê venîa a hacer a la corte, fue conducido al lugar donde diaria y normal-

mente el magister equitum estâ para cumplir con la funciôn de su trabajo. Non

plus ultra del tiempo adecuado que tomôse êste para la observaciôn pertinente

que hîzole posible llegar a una conclusiôn, cêlere lo mirô fijamente y entonces

dîjole:

----Al fin y al cabo usted ni tendrîa fuerza para sostener un arco, por lo que y

descartado queda el hecho de un disparo de flecha, mas por cierta disciplina y

muy bien que establecida por su majestad Dido, todo forâneo que aquî llegue

tiene que pasar por este momento (de)tenciôn, lo que no debe entender como

una disculpa sino como aclaraciôn. Mas señor, el objetivo de su presencia en

palacio me parece una locura, segûn me ha informado uno de los soldados y

que lo trajo hasta aquî, por no decir que me causa risa, ya que Dido, si acaso,

lo que se va es a compadecer de usted.

----Frente a la presencia de ciertos poderes mi cuerpo tiembla, pero sepa y de

una vez usted que si he venido desde la ciudad del ocio hasta aquî, con este y

cansancio y esta edad, no es sino para otra cosa que para liberarme de un vie-

jo recuerdo que intensivamente me acosa..

----Pero si usted cree, señor, que con decirle a Dido que usted fue aquel bibe-

rius que la mirô con fuerza y deseo aquella vez en la taberna de Apragôpolis

y la primera vez del viaje de la reina a esta ciudad va a liberarse de tal suso-

sicho recuerdo, no sê hasta que punto su recuerdo vaya a desaparecer...

----Disculpe que le rectifique, ya que no soy un biberius sino un caldius, que

entre ambos hay una ligera diferencia.

----Una ligera diferencia no cambia el hecho de que ambos tomen vino. Pero

sabe usted una cosa?, yo no creo que Dido tenga tiempo para escucharlo, me-

nos aûn tratândose de lo que se trata, asî que yo le aconsejarîa que no perdie-

ra el poco tiempo que le queda en esperar.

----Me han informado que el lictor estâ aquî en Bedriaco, es cierto?

----Y usted lo conoce?

----De vista, de aquella misma vez que lo vi la primera, aunque despuês algu-

na que otra vez.

----De aquella misma vez que lo vi la primera?, usted habla al revês, señor?

----Por costumbre no por defecto!!

----Vaya costumbre la de usted! Sî, el lictor estâ aquî ya desde hace un poco 

de tiempo, cuando fue traîdo por Pandolfo Colunnecio y la tribu germânica...

----Ah, entonces es cierto lo que se cuenta en la taberna...

----Saben que tanto el jefe como los seguidores ya no estan en este mundo?

----Algo de eso oî, asimismo que de la muerte de Anaxîmetro de Apolonia.

----Ay esa taberna, quê buen centro de informaciôn!! Mire, hâgamos una co-

sa, ya que usted no representa peligro de ningûn tipo. Quêdese aquî que man-

darê que le traigan algo de comer, que usted estâ mâs blanco que el mismîmo

mârmol, que ya veremos despuês si Dido quiere hacerle caso.

----Le estarê agradecido eternamente, gracias!!


        Dos horas despuês, y enterado de la llegada del caldius directamente por

la  boca del magister equitum, el lictor queda un poco estupefacto por lo que

acaba de oîr, razôn por la cual pîdele a êste que llêvelo adonde estaba tal cria-

tura. Mas el asombro duplîcase al ver el lictor a una persona conocida, pero y

ya muerta, acabada de sucumbir y boca arriba en el piso, que utilizô para lle-

var a cabo un determinado fin la estrategia inveterada de hacerse pasar por y

quien no era arropândose de con telas raîdas.

---Usted ha quedado con la boca tan abierta que al parecer o nunca ha visto a

un muerto o que sabe de quiên se trata.

----Magister, esta criatura es; bueno, fue, Evandro de Atella, el que llevaba y

una indumentaria de soldado en Omonia, un personaje confuso con el cual tu-

ve un encuentro por quererme quitar a Circe.

----Y quiên es Circe, no me vaya a decir que tambiên una hechicera?

----No no, una prostituta de la zona susodicha.

----Quê raro estâ todo esto!!, tiene usted una idea de lo que pretendîa hacer y

este señor ya tan viejo?

----Algo tenîa pensado hacer, porque si no no hubiese venido hasta aquî.

----Lictor, algo me parece aquî que no encaja, porque como ya le dije, êl me

hablô del dîa en que la taberna de la ciudad del ocio usted acompañaba a Di-

do, cosa que no es mentira...

----No sê, magister, no sê, sôlo sê lo que le estoy diciendo, que por primera

vez lo vi en Omonia.

----Bueno, en fin, que este personaje no me pareciô muy bien de su cabeza, y

al decirme lo que me dijo respecto a Dido, y de eso que querîa liberarse de y

el recuerdo que no dejâbalo tranquilo.

----Y quê piensa usted hacer con el cadâver?

----Enterrarlo, no?

----Sî claro, mas dônde?

----Contra, lictor, en la tierra...

----La tierra de cuâl lugar?

----De Bedriaco!

----No tengo mâs preguntas.

----Ya me dirâ Dido; mejor dicho, me darâ el edicto de sepultarlo. Mientras y

tanto voy en busca de algo para cubrir el cadâver.

----De acuerdo, magister, de acuerdo.


















   


























 




   

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