Freitag, 8. Juli 2022

La cazuela de Vitelio (1030)

       De nuevo con ganas de pasear, de que un pneuma fresco tocara sus cuerpos,

como que asimismo penetrara por sus narices para embrisar sus fêminos pulmo-

nes [de suntuosas nadadoras], Lucila y Crotonia salen de palacio, pero esta vez

arrumbando sus pasos al puerto de Bedriaco, lugar donde los soplos confluyen

por venir de varias direcciones, Habrîa que destacar, o dejar saber, que fue Cro-

tonia la que tuvo la idea de pasear por el puerto, idea a la que sûmase otra cosa:

el cumplimiento exacto de un año de haber llegado las âcraticas a Bedriaco jus-

tamente por el puerto, allende que a nado, y cual punto de partida fue la însula

de Aphros ya desaparecida. Seguido a que caminaran unos treinta metros, la y

voz de Sunev es escuchada, y haciendo la siguiente pregunta:

----Puedo ir con ustedes, que me da igual al lugar que vayan?

----Claro que puedes venir con nosotras al puerto de Bedriaco---responde Luci-

la.

----Y eso, tienes tiempo libre, no tienes nada que hacer?---indaga Crotonia.

----Es que quiero aprovechar que Kôsmythos estâ con su padre, si no sî que y

tuviera algo que hacer---responde Sunev que pregunta: y eso que van al puer-

to?

----Porque hoy hace un año que nosotras llegamos a este lugar por ese lugar, y

donde se respira aire fresco---responde Lucila.

----Ya un año?, parece mentira que haya pasado ya un tiempo considerable.

----Asî es, Sunev, asî es, un año ya---dice Crotonia.


      Media hora despuês ya estaban las tres en el puerto de Bedriaco, siendo la

parte de êste por donde llegaron nadando a la que primero fueron. Mas si algo

no esperâbanse, lo que a su vez fue la causa de que quedaran atônitas, fue y la

presencia a la zaga de ellas del controlador peonio, presencia que justificô con

las siguientes palabras: 

---Las divisê desde mi puesto de guardia, y pensê que se volverîan a tirar y al

agua.

---Pero usted tiene una buenîsima vista, porque la distancia que hay entre don-

de estamos y su puesto es bastante larga---dice Lucila.

---Forma parte de mi trabajo el poseer una vista buena, que si no ya me hubie-

se tenido que hacer una operaciôn de los ojos.

--Controlador, se tirarîan al agua ellas, no yo, ademâs que de hecho nado muy

mal---dice Sunev.

---Pero seguro que no te ahogas, porque lo que aquî sobran son salvavidas.

---En el caso de que me vean y puedan tirarme un salvavidas, si no quê?

---Sunev, ya sabes que llegô Prixeletes?, que lamentable lo de la muerte de su

padre.

---Quê, tan râpido ha llegado?

---Por quê dices tan râpido?

---Porque yo precisamente le escribî una esquela, y hace cuestiôn de unos tres

dîas, a no ser que el servicio de correos en la ciudad del ocio haya mejorado, lo

que me costarîa creer, porque allî no mejora nada; al contrario, empeora.

----Y cômo tû sabes que empeora, si hace un montôn de tiempo que tû vives y

aquî en Bedriaco?

----No me hace falta estar allî para saber de un lugar que yo muy bien conozco,

se le olvidô que allî tengo mi casa?

----Eso dice algo pero no lo dice todo. Y hablando de tu casa, sabes quiênes de-

ben de estar ya en ella?

----Nadie ûltimamente me ha dicho que va a mi casa. Quiênes?

----Kîntlico de Kostâ y Tublides de Malamonta, los que no hace mucho aborda-

ron el navîo.

----Ya es el colmo que yo no me entere a tiempo de quiên va a mi casa.

----Y Kosmithôs no te dijo nada?

----Vaya pregunta que usted me hace, que êse para que me diga algo intimidar-

lo debo primero, o hay que sacarle las cosas a la fuerza, en el caso de que las y

sepa.

----Ah, entonces pudiera ser que no lo supo, no?

----Sî, pudiera ser.

----Tremendo privilegio el de Jancia!!---afirma Lucila.

----A quê te refieres?---pregunta Sunev.

----A que la acompañan en tu casa cuatro hombres.

----Eso pudiera ser tambiên un problema.

----Cuatro no, cinco, porque tambiên estâ el colosero---rectifica Crotonia.

----Verdad que sî, se me olvidô el colosero---reconoce Lucila.

----Pero de quê vale la cantidad, si ninguno de los cinco se pone para Jancia?

----Aun asî, controlador, Jancia debe tener cuidado, necesita cuidarse---dice

Sunev.

----Sunev, y cômo le va a Sarambo?---pregunta el controlador peonio.

----Si no sê de mi casa cômo saber de Sarambo, quê sê yo. Tal pregunta de-

be responderla el copero, no cree usted?

----Sî, serîa el mâs indicado por cuestiones de conexiôn, pero pensê...

----No piense usted mucho, que no siempre uno da en el blanco.

----Y ustedes a quê vinieron al puerto, a recordar?--pregûntale el controlador

peonio a Lucila y a Crotonia.

----A eso y a respirar aire fresco---responde Lucila.

----Pues de fresco hoy aire no hay ninguno. No sientes que no hay soplo?

----Lo sentimos!!, pero al tener en cuenta de que hoy hace un año que llega-

mos, tal sentir no nos afecta.

----No hables en plural, que a mî me afectan las dos cosas: que no hay pne-

uma y recordar lo que recuerdo---dice Crotonia.

----Ah sî?, me entero ahora---dice Lucila.

----Fêminas, me tengo que retirar, que el deber me llama. Buena estancia en

el puerto y hasta que nos volvamos a ver---dice el controlador peonio.

----Gracias!! y tenga usted buena jornada---dice Sunev.


      Media hora despuês el âncora del navîo cae en el agua del puerto de Be-

driaco. El controlador peonio, y en funciôn de su laboro, posicîonase de sos-

layo a la escalerilla, y como siempre aberturando bien sus ôculos con el Tê-

los preciso de sacar de la fila, como ya sâbese, a cualesquier viajeros porta-

dores de objetos con puntas afiladas, considerados un pernicio para la segu-

ridad de Bedriaco. Empero si algo sorprêndele sobre el pucho no es otra co-

sa que el volver a ver al cocinero de Irlanda, mas esta vez con un semblante

mâs jovial y concomitado por una muchacha que podîa ser su hija.

----Pero, cocinero, quê usted hace de nuevo aquî en Bedriaco, ademâs que

concomitado por una chica tan joven y bonita?---pregunta el controlador.

----Si usted supiera que no regreso por mî, sino que mâs bien por ella por y

estar interesada en consultar un arûspice, una criatura difîcil de encontrar

tanto en Apragôpolis como en Masalia.

----Y de dônde usted sacô este ejemplar fêmino con intereses de pronôsti-

cos?

----Se acuerda usted del emperador que no hace mucho abordô el navîo?

----Cômo se me va a olvidar eso?, claro que me acuerdo y?

----Que gracias a êl fue que conocî en el navîo a esta etera de Masalia.

----No entiendo la relaciôn entre una cosa y la otra.

----Es que tal emperador mandô a buscar diez eteras de Masalia para uno

de sus banquetes en el navîo; que no pudo hacer, claro estâ, en el camaro-

te con la numeral siete...

----Entiendo êse no poder hacer por cuestiones de espacio, por lo angosto

de la habitaciôn del medio de transporte, no?

----Ha entendido muy bien usted.

----Entonces quê, usted participô en ese âgape?

----No, claro que no, estaba vedado.

----Señor, es usted controlador peonio o investigador privado?

----Un poco mâs de respeto, muchacha, que si pregunto es porque conozco

al cocinero de Irlanda.

----No lo tome muy a pecho, controlador, que tanto ella es joven y bonita

como compulsiva: la dominan los impulsos---clara el cocinero de Irlanda.

----Por venir ella con usted, cocinero, voy a perdonarle la pregunta que me

hizo, y como tal no tendrâ que escucharme soltar palabras mayores.

----Algo que le agradezco, sî, cômo no.

----Se nota que usted no pierde el tiempo, cocinero; lo aprovecha al mâximo.

----Ah, Sunev, tû?, y con dos de las âcraticas: quê hacen por aquî?

----Nosotras paseando. Y tû quê pintas de regreso a Bedriaco? Me enterê de

que usted le dejô los tres zarcillo a Kosmos, no?

----Dêjame primero presentarla a ella, y despuês respondo tus dos preguntas.

----De acuerdo.

----Ella es una etera de Masalia que conocî en el navîo.

----Vaya suerte que tiene usted para encontrar eteras de ese lugar.

----Eso parece. Respecto a las preguntas, estoy aquî otra vez porque ella estâ

interesada en consultar un arûspice, y es verdad de lo que te enteraste.

----Disculpen que interrumpa, mas yo tengo que seguir con mi trabajo---dice

el controlador peonio.

----No hay problema, siga usted con lo suyo---dice el cocinero de Irlanda.

----Y ellas dos quiênes son?---pregunta la etera de Masalia.

----Yo soy Lucila.

----Y yo Crotonia, mas ambas, nosotras dos âcraticas.

----Âcraticas, verdad?---pregunta la etera de Masalia.

----Asî es, asî es!!

----Se me ocurre una idea, y asî alargamos el paseo---dice Crotonia.

----Cuâl?---fisga Lucila.

----Que podemos llevarla adonde el arûspice; digo, si es que ella no tiene y

algûn inconveniente, o quisiera que la llevara el cocinero.

----Para mî es igual, no hace nada---dice la etera de Masalia.

----Entonces vamos.

----Yo no, yo regreso a palacio, que no sê cuâl es el destino de mi hijo, el y

que estâ en manos de su padre---dice Sunev.

----De acuerdo, te entendemos---dice Crotonia.

































 




















  
















 










































 

Keine Kommentare:

Kommentar veröffentlichen

199

         Terencio, el ônoma del cartero que dejaba las correspondencias en cada buzôn de mi edificio, fue el motivo de que acordârame en la ...