De nuevo con ganas de pasear, de que un pneuma fresco tocara sus cuerpos,
como que asimismo penetrara por sus narices para embrisar sus fêminos pulmo-
nes [de suntuosas nadadoras], Lucila y Crotonia salen de palacio, pero esta vez
arrumbando sus pasos al puerto de Bedriaco, lugar donde los soplos confluyen
por venir de varias direcciones, Habrîa que destacar, o dejar saber, que fue Cro-
tonia la que tuvo la idea de pasear por el puerto, idea a la que sûmase otra cosa:
el cumplimiento exacto de un año de haber llegado las âcraticas a Bedriaco jus-
tamente por el puerto, allende que a nado, y cual punto de partida fue la însula
de Aphros ya desaparecida. Seguido a que caminaran unos treinta metros, la y
voz de Sunev es escuchada, y haciendo la siguiente pregunta:
----Puedo ir con ustedes, que me da igual al lugar que vayan?
----Claro que puedes venir con nosotras al puerto de Bedriaco---responde Luci-
la.
----Y eso, tienes tiempo libre, no tienes nada que hacer?---indaga Crotonia.
----Es que quiero aprovechar que Kôsmythos estâ con su padre, si no sî que y
tuviera algo que hacer---responde Sunev que pregunta: y eso que van al puer-
to?
----Porque hoy hace un año que nosotras llegamos a este lugar por ese lugar, y
donde se respira aire fresco---responde Lucila.
----Ya un año?, parece mentira que haya pasado ya un tiempo considerable.
----Asî es, Sunev, asî es, un año ya---dice Crotonia.
Media hora despuês ya estaban las tres en el puerto de Bedriaco, siendo la
parte de êste por donde llegaron nadando a la que primero fueron. Mas si algo
no esperâbanse, lo que a su vez fue la causa de que quedaran atônitas, fue y la
presencia a la zaga de ellas del controlador peonio, presencia que justificô con
las siguientes palabras:
---Las divisê desde mi puesto de guardia, y pensê que se volverîan a tirar y al
agua.
---Pero usted tiene una buenîsima vista, porque la distancia que hay entre don-
de estamos y su puesto es bastante larga---dice Lucila.
---Forma parte de mi trabajo el poseer una vista buena, que si no ya me hubie-
se tenido que hacer una operaciôn de los ojos.
--Controlador, se tirarîan al agua ellas, no yo, ademâs que de hecho nado muy
mal---dice Sunev.
---Pero seguro que no te ahogas, porque lo que aquî sobran son salvavidas.
---En el caso de que me vean y puedan tirarme un salvavidas, si no quê?
---Sunev, ya sabes que llegô Prixeletes?, que lamentable lo de la muerte de su
padre.
---Quê, tan râpido ha llegado?
---Por quê dices tan râpido?
---Porque yo precisamente le escribî una esquela, y hace cuestiôn de unos tres
dîas, a no ser que el servicio de correos en la ciudad del ocio haya mejorado, lo
que me costarîa creer, porque allî no mejora nada; al contrario, empeora.
----Y cômo tû sabes que empeora, si hace un montôn de tiempo que tû vives y
aquî en Bedriaco?
----No me hace falta estar allî para saber de un lugar que yo muy bien conozco,
se le olvidô que allî tengo mi casa?
----Eso dice algo pero no lo dice todo. Y hablando de tu casa, sabes quiênes de-
ben de estar ya en ella?
----Nadie ûltimamente me ha dicho que va a mi casa. Quiênes?
----Kîntlico de Kostâ y Tublides de Malamonta, los que no hace mucho aborda-
ron el navîo.
----Ya es el colmo que yo no me entere a tiempo de quiên va a mi casa.
----Y Kosmithôs no te dijo nada?
----Vaya pregunta que usted me hace, que êse para que me diga algo intimidar-
lo debo primero, o hay que sacarle las cosas a la fuerza, en el caso de que las y
sepa.
----Ah, entonces pudiera ser que no lo supo, no?
----Sî, pudiera ser.
----Tremendo privilegio el de Jancia!!---afirma Lucila.
----A quê te refieres?---pregunta Sunev.
----A que la acompañan en tu casa cuatro hombres.
----Eso pudiera ser tambiên un problema.
----Cuatro no, cinco, porque tambiên estâ el colosero---rectifica Crotonia.
----Verdad que sî, se me olvidô el colosero---reconoce Lucila.
----Pero de quê vale la cantidad, si ninguno de los cinco se pone para Jancia?
----Aun asî, controlador, Jancia debe tener cuidado, necesita cuidarse---dice
Sunev.
----Sunev, y cômo le va a Sarambo?---pregunta el controlador peonio.
----Si no sê de mi casa cômo saber de Sarambo, quê sê yo. Tal pregunta de-
be responderla el copero, no cree usted?
----Sî, serîa el mâs indicado por cuestiones de conexiôn, pero pensê...
----No piense usted mucho, que no siempre uno da en el blanco.
----Y ustedes a quê vinieron al puerto, a recordar?--pregûntale el controlador
peonio a Lucila y a Crotonia.
----A eso y a respirar aire fresco---responde Lucila.
----Pues de fresco hoy aire no hay ninguno. No sientes que no hay soplo?
----Lo sentimos!!, pero al tener en cuenta de que hoy hace un año que llega-
mos, tal sentir no nos afecta.
----No hables en plural, que a mî me afectan las dos cosas: que no hay pne-
uma y recordar lo que recuerdo---dice Crotonia.
----Ah sî?, me entero ahora---dice Lucila.
----Fêminas, me tengo que retirar, que el deber me llama. Buena estancia en
el puerto y hasta que nos volvamos a ver---dice el controlador peonio.
----Gracias!! y tenga usted buena jornada---dice Sunev.
Media hora despuês el âncora del navîo cae en el agua del puerto de Be-
driaco. El controlador peonio, y en funciôn de su laboro, posicîonase de sos-
layo a la escalerilla, y como siempre aberturando bien sus ôculos con el Tê-
los preciso de sacar de la fila, como ya sâbese, a cualesquier viajeros porta-
dores de objetos con puntas afiladas, considerados un pernicio para la segu-
ridad de Bedriaco. Empero si algo sorprêndele sobre el pucho no es otra co-
sa que el volver a ver al cocinero de Irlanda, mas esta vez con un semblante
mâs jovial y concomitado por una muchacha que podîa ser su hija.
----Pero, cocinero, quê usted hace de nuevo aquî en Bedriaco, ademâs que
concomitado por una chica tan joven y bonita?---pregunta el controlador.
----Si usted supiera que no regreso por mî, sino que mâs bien por ella por y
estar interesada en consultar un arûspice, una criatura difîcil de encontrar
tanto en Apragôpolis como en Masalia.
----Y de dônde usted sacô este ejemplar fêmino con intereses de pronôsti-
cos?
----Se acuerda usted del emperador que no hace mucho abordô el navîo?
----Cômo se me va a olvidar eso?, claro que me acuerdo y?
----Que gracias a êl fue que conocî en el navîo a esta etera de Masalia.
----No entiendo la relaciôn entre una cosa y la otra.
----Es que tal emperador mandô a buscar diez eteras de Masalia para uno
de sus banquetes en el navîo; que no pudo hacer, claro estâ, en el camaro-
te con la numeral siete...
----Entiendo êse no poder hacer por cuestiones de espacio, por lo angosto
de la habitaciôn del medio de transporte, no?
----Ha entendido muy bien usted.
----Entonces quê, usted participô en ese âgape?
----No, claro que no, estaba vedado.
----Señor, es usted controlador peonio o investigador privado?
----Un poco mâs de respeto, muchacha, que si pregunto es porque conozco
al cocinero de Irlanda.
----No lo tome muy a pecho, controlador, que tanto ella es joven y bonita
como compulsiva: la dominan los impulsos---clara el cocinero de Irlanda.
----Por venir ella con usted, cocinero, voy a perdonarle la pregunta que me
hizo, y como tal no tendrâ que escucharme soltar palabras mayores.
----Algo que le agradezco, sî, cômo no.
----Se nota que usted no pierde el tiempo, cocinero; lo aprovecha al mâximo.
----Ah, Sunev, tû?, y con dos de las âcraticas: quê hacen por aquî?
----Nosotras paseando. Y tû quê pintas de regreso a Bedriaco? Me enterê de
que usted le dejô los tres zarcillo a Kosmos, no?
----Dêjame primero presentarla a ella, y despuês respondo tus dos preguntas.
----De acuerdo.
----Ella es una etera de Masalia que conocî en el navîo.
----Vaya suerte que tiene usted para encontrar eteras de ese lugar.
----Eso parece. Respecto a las preguntas, estoy aquî otra vez porque ella estâ
interesada en consultar un arûspice, y es verdad de lo que te enteraste.
----Disculpen que interrumpa, mas yo tengo que seguir con mi trabajo---dice
el controlador peonio.
----No hay problema, siga usted con lo suyo---dice el cocinero de Irlanda.
----Y ellas dos quiênes son?---pregunta la etera de Masalia.
----Yo soy Lucila.
----Y yo Crotonia, mas ambas, nosotras dos âcraticas.
----Âcraticas, verdad?---pregunta la etera de Masalia.
----Asî es, asî es!!
----Se me ocurre una idea, y asî alargamos el paseo---dice Crotonia.
----Cuâl?---fisga Lucila.
----Que podemos llevarla adonde el arûspice; digo, si es que ella no tiene y
algûn inconveniente, o quisiera que la llevara el cocinero.
----Para mî es igual, no hace nada---dice la etera de Masalia.
----Entonces vamos.
----Yo no, yo regreso a palacio, que no sê cuâl es el destino de mi hijo, el y
que estâ en manos de su padre---dice Sunev.
----De acuerdo, te entendemos---dice Crotonia.
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