Seguido al cese de la risa general provocada por las ûltimas palabras ampli-
ficadas por Kosmithôs, el vate como que siêntese acosado por una resonancia,
y la que como tal mantenîa la sonora vibraciôn de la pincelada de Kosmos di-
ciendo lo siguiente: Ludica con Casiopea o trêpase en el carro de Faetôn. Em-
pero si por un lado no serîa tempestivo el uso de la palabra excepticismo, por-
que de facto el vate no dudaba de la creatividad de Kosmos; por el otro, algo
que in casu serîa posiblemente lo mâs justo que sucediese, no habrîa que ser
adivino para saber que la pincelada serîa el mâs propicio aliciente -- si decir:
el incentivo favorable, da igual porque al caso es lo mismo--del cual partirîa-
se y con el objetivo de hacer una composiciôn poiêsica, la que no tiene nece-
sariamente que ser larga para calificarla de buena ni atiborrada de esos recur-
sos que apellîdanse "retôricos" para convertirse en excelso paradigma de una
elaboraciôn complicada; amên que ambigua, precisamente, por la carga o sû-
mula de aquêllos, lo que traduce que repleta de los mismos.
Mas en lo que el vate estaba con su sentir, Kosmithôs con determinada sor-
na acêrcase al grumete redomado y siêntase a su lado. Non plus ultra de unos
dos minutos de haber posicionado su tafanario donde estâ, y dândole igual la
materia sobre la cual estaba sentado, que a la postre y al cabo en nada influye
como tampoco es ôbice de ningûn tipo, con su mano derecha va sacando del
bolsillo izquierdo del pantalôn de Xabier el Kekrifalo, mas sin aûn tener con-
cretamente pre-visto lo que iba a hacer con êste. Ya en su posesiôn el objeto
mira a Xabier y sonrîele, mas ignorando completamente êste el motivo de la
sonrisa, pero que precisamente por la sonrisa pensô la (indubitable?) pregun-
ta siguiente: por quê Kosmithôs habrâ sonreîdo? Empero al no hallar alguna
respuesta a su interrogativa eludiô volver a pensar en la misma pregunta.
Kosmos, que cuasi todo ve, ya le habîa extrañado que Kosmithôs acomo-
dârase de soslayo a Xabier de la manera que lo hizo, aunque por conclusiôn
la que sacô fue la mâs posible justa; Kosmithôs estâ en algo. Cinco minutos
despuês, y siguiendo con la mirada a êste, el que ya habîase levantado y ca-
minaba en derredor del Taxus como un paseante querubînico caracterizado
por su pericia terrestre, observa que a la vez que caminaba llevada con sus
pies hacia un punto determinado las ramitas partidas, las que una vez todas
juntas terminaron formando una cosiata montañita verdosa. Pasando otros
cinco minutos, suma que entonces llega a diez, la numeral que êl mismo y
seleccionô como la adecuada para incorporarla a El bullicio en el silencio
como simbolizaciôn del "principio", percibe que Kosmithôs abre el Kekri-
falo para introducir en êl las ramitas cumuladas, momento entonces del e
inicio del acto de dirimir la forma de la montañita susodicha. Empero igno-
rando totalmente quê al convertirse en trânsito pasaba por la calle fantasio-
sa de aquêl, o procesado por el magîn servirîa como medio para lograr un
fin, no dilaciona en dirigirse adonde estaba Kosmithôs para preguntarle lo
siguiente:
---Puêdesme decir quê piensas hacer con esas ramitas metidas en el Kekri-
falo?
---Hacer, quê voy a hacer con esto? Ni idea. Sôlo que se me ocurriô hacer-
lo asî por asî, por hacer algo, por ocupar el vacîo a causa del instante tedio-
so.
---Por ocupar el vacîo a causa del instante tedioso? No suena mal, lo valo-
ro o reconozco, mas que asimismo lo pongo en duda, porque no creo que
haya eternidad con tedio en un lugar donde hay un Iubhar.
---Una cosa es lo que tû crees; otra, la cosa que creo yo.
---Y cuâl es la diferencia entre las dos cosas?
---Quê cuâl es la diferencia, verdad que cuâl es ella?
----Êsa fue mi pregunta, êsa.
----Pues que sê yo cuâl es la diferencia; me da igual cuâl sea.
----Que te da igual cuâl sea, verdad que igual te da?
----Como lo acabas de oîr: me-da-igual: eso.
Mas como el Kekrifalo ya estaba roto, siendo êsta la razôn por la cual Xa-
bier lo llevaba en el bolsillo, y con el têlos de llevarlo a reparar, como ya se y
sabe, con el peso de las ramitas se rompiô un poco mâs, lo que traduce que, y
entonces, el agujero resultô ser mâs grande, lo que trajo como consecuencia
que raudo quedârase vacîo al salir por aquêl todas las ramitas. Esta salida en-
gendrô un leve bullicio que escuchô el grumete redomado; por lo cual, y con
toda razôn, dîcele un tanto enfadado a Kosmithôs:
---Mira, por tu culpa, el kekrifalo se ha roto mâs de lo que estaba, y sabes la
cosa que sigue?, que tû mismo vas a llevarlo a reparar sin que se entere la y
bailarina pelirroja, porque despuês a quien le dira un montôn de cosas serâ
a mî, no a ti: de acuerdo?
---De acuerdo!! Yo soy el culpable y me ocuparê de eso; pero dime, que me
he quedado pensando: cômo enterarîase Corônide de la rotura si ni tû ni yo
le decimos nada?---pregunta Kosmithôs observando el agujero.
---Verdad, cierto, cômo.
---Câspita, Xabier, que hay cosas que dîcense por empellôn emotivo menos
que por otra cosa, o por no poder encontrar algo que decir y, con tal vacîo,
dîcense las mâs refutables, sin fijeza y sin peso. Por esto ûltimo tendrîan pa-
rangôn con el follaje.
---Kosmos, parangôn con el follaje, cuâl?
---Llêvaselo el pneuma, llêvaselo!!
---Y quê pasa aquî, una perîstasis extra de soplos?
---Venga, didâscalos, que dilucîdole ipso facto: venga!!
---Quê vaya, adônde?, aun oyendo mi ônoma.
---Y risas de Kosmos que dice: no dije Nîope.
---Ora el que se rîe soy yo despuês de tu beneplâcito.
---Concedido, age!!, o sea, rîase!!
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