Montag, 11. Juli 2022

La cazuela de Vitelio (1032)

     Arrumbando pasos hacia la vivienda del arûspice, la etera de Masalia revela

a sus acompañantes ( las dos âcraticas Lucila y Crotonia, y el cocinero de Irlan-

da) la razôn por la cual interesâbase ella en consultar al arûspice, y que no es y

otra que por una situaciôn de jaez abusiva ocurrida en el pasado. Contaba exac-

tamente con doce años, y paseaba con su progenitor el mismo dîa que tenîa ce-

lebraciôn la taurokathapsia, y con la cual dos cosas no podîan faltar: la bataho-

la y la ebriedad, ademâs que descollantes. A pesar de lo anterior, y lo que dâba-

le pâbulo para sentirse asustada, continuô con el paseo sin querella alguna cua-

si (como) que halada por la mano de su progenitor. En una parada que hace ês-

te para comprar una crâtera atiborrada de la dadorîa de Bacu, ella empieza y a

sentirse mal, cayendo al suelo unos segundos despuês a causa de una lipotimia.

Al recobrar la conciencia, regresar al mundo abriendo sus ôculos, se da cuenta

de que no estaba en el mismo lugar donde habîase desmayado, sino que acosta-

da en una cama y con su cuerpo a toda flor. En esta situaciôn el pavor que sen-

tîa le fue acarreando un estado sumamente alterado, y como consecuencia fue-

ron una sûmula de gritos los revelantes del susodicho estado a los que estaban

en la casa. mas como el recinto donde estaba tenîa la puerta cerrada con llave

los gritos duplicâronse. Llegado el momento en que ya no podîa continuar gri-

tando alguien abre la puerta, y con un buen manejo de artilugio entonces dîce-

le:

---Tû padre me dio la tarea de que te acicalara y vistiera de rojo para que par-

ticiparas en la taurokathapsia, ademâs de que me pagô por hacerlo.

----Y dônde estâ mi padre, señor, y de dônde usted lo conoce?

----Quêdate tranquila y no hagas preguntas, que yo sôlo cumplo con lo enco-

mendado.

----Señor, yo no creo ni una palabra de lo que usted me dice, no pudiera creer

que mi padre le ha dado tal tarea. Mire, dônde estan mis ropas, que ahora mis-

mo me voy.

---Creo que eso va a ser imposible, asî que no me obligues a ser desagradable,

a que vêame en la necesidad de aplicar la fuerza.

----No me intimida usted con lo que dice, que ni mi padre ha podido lograrlo

por otros medios.


     Mas de repente, y por la presencia de Xabier, el grumete redomado, la ete-

ra deja de contar el suceso, allende de que porque Lucila pregûntale (a)quêl:

----Y eso tû por aquî, te dio permiso la bailarina pelirroja para que salieras?

----Quê preguntas, permiso?, quê va!!, yo salgo cuando quiero, y camino al

darme la gana.

----Si tû estuvieras conmigo fuera otro el gallo que cantarîa menos liberal.

----Pero como no lo estoy el gallo se queda mudo---  dice Xabier que le pre-

gunta al cocinero de Irlanda: y usted de nuevo en Bedriaco?

----A no ser que sea mi fantasma. No ves que soy yo mismo?

----Quê imperfecto usted se ha puesto, cocinero, quê de asî.

----Te lo he dicho jugando y has reaccionado en serio.

----Y ella quiên es, cocinero?

----Una etera de Masalia que conocî en el navîo.

----Otra etera de Masalia?

----Con todos lo que he hablado hasta ahora mâs o menos que piensan lo y

 mismo.

----Y adônde van todos ustedes, juntos?

----A la vivienda del arûspice, que la etera tiene interês en consultar.

----Y eso, quê quiere saber del futuro?

----Aûn no lo sabemos por cortarse el suceso que contaba del pasado.

----Respecto al suceso, ya puedes seguir contândolo, que Xabier es como de

la familia---dîcele Lucila a la etera de Masalia.

----Sî!!, y que pasô entonces despuês?---pregunta Crotonia.

----Que tal señor comenzô a llamar varias veces a mi padre, destacando asî

su nombre asiâtico.

----Asiâtico el nombre, y cuâl es?

----Maithuza Zatimû!!

----Quê, Maithuza Zatimû?, no puede ser, insôlito!!---afirma Xabier.

----Por quê dices eso?---indaga la etera de Masalia.

----Porque tu padre le compraba al mîo, y al por mayor, los pharmakidês.

----Entonces tu padre era ese señor que no me dejaba salir del recinto: el mo-

ro.

----Cômo, quê tû dices?, estâs segura de lo que estâs diciendo?

----Sî!!, porque los Isakarion yo los vi en mi casa.

----Pues no sê quê decirte, me he quedado sin palabras,

----No tienes que decirme nada, tû no eres culpable de eso.

----Y cômo terminô lo del recinto, quê pasô despuês de venir tu padre?---pre-

gunta Crotonia.

----Que mi padre y ese señor, el moro, me vistieron a la fuerza y para llevarme

a la taurokathapsia, mas camino a êsta yo logrê escapar, y, corriendo, me joro-

bê un pie, joroba que me causô una deformaciôn en el hueso, y como tal un y

profundo dolor, el mismo que hoy siento cuando camino demasiado. Pero lo y

que cuento no es todo.

----Y quê mâs hay para contar?---pregunta Lucila.

----Que dos dîas despuês de la joroba mi padre entrô a mi cuarto para traerme

un poco de leche es un vaso. Yo le dije que no tenîa ganas de tomar nada y êl

insistiô en que sî. Mas al intentar ponerme el vaso en la boca, yo le di un fuer-

te manotazo a êste, el que se partiô en varios pedazos. Seguido a esto, comen-

zo a dar gritos mi padre, gritos de dolor. Com êstos se llevô las manos a sus y

ojos que sangraban, y sangraban mucho.

----O sea, que los pedazos de vidrio llegaron a sus ojos, no?

----Asî es!!

----Y entonces, quê tû hiciste?

----Salir en busca de un mêdico, el que llegô una media hora despuês porque

atendîa un caso. Mas cuando examinô las retinas de mi padre me dijo râpida-

mente: tu padre se quedarâ ciego.

----Y asî fue?

----Como lo dijo, y dos meses despuês mi padre se suicidô con unas pastillas

que tomô. Y êsta es la razôn por la que quiero consultar al arûspice, y para y

saber cuâl serâ mi futuro por lo que hice.

----Pero eso fue un accidente, no lo hiciste a propôsito---dice Xabier.

----Aun asî me siento culpable de su muerte, porque no se hubiera suicidado

de no haberse quedado ciego.

----Y por quê tû has esperado tanto tiempo para consultar a un arûspice?

----Porque no habîa encontrado a uno, o sabido de uno, por eso en cuanto me

dijo el cocinero que en Bedriaco vivîa uno, no lo pensê dos veces para venir y

acâ.

----Sabes que ya habîa notado que cojeabas un poco?---pregunta el cocinero.

----No lo sabîa, pero asî es, y por la razôn que ya dije.

----Bueno, seguimos rumbo a la casa del arûspice?---pregunta Crotonia.

----Sî!!, vamos a su casa, vamos---responde la etera de Masalia.















 






 




















    

     









 








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