Sonntag, 17. Juli 2022

La cazuela de Vitelio (1035)

    Mas teniendo en cuenta que el ritmo sistâltico favorece indubitablemente a

los contertulios; y aûn mâs, que sin êl la instituciôn no existirîa por carecer de

desarrollo lo vehemente expresivo, el didâscalos filosôfico vuelve a tocar y el

asunto respecto a salir de la Kosmona un dîa por semana, y con el têlos preci-

so de embrisar las dialogizaciones con la sombra del tejo, embrisamiento que

como tal vendrîale muy que bien al ritmo susodicho por ser dador de lo basto

que  êste menestera para que no cese de funcionar. A raîz de lo anterior no di-

laciona en preguntar Kosmos por quê no hacerlo sûbitamente, ya que de con-

tinuar, seguir postergândose el asunto terminarîa por ser olvidado. De tal gui-

sa que todos los contertulios estuvieron de acuerdo, lo que traduce que no hi-

zo falta con la facundia esgrimir consideraciones o fundamentaciones en ple-

na oposiciôn, oponentes, contrarias efîmeramente mas pejiguerosas, conviêr-

tese en un hecho [real como que de dîa salen los rayos apolîneos a dejar tem-

pestivamente  su pudiencia en pieles arropadas] la ida de aquêllos hacia don-

de erecto lucîa el Iubhar su lozanîa cêltica.

      Empero mientras arrumbaban sus pasos los contertulios hacia donde es-

taba el ârbol, el grumete redomado, Xabier, regresaba a palacio al canto y de

dejar en casa del arûspice a la reciente conocida por el cocinero etera de Ma-

salia, y la que quedô concomitado por el cocinero de Irlanda y las âcraticas

Lucila y Crotonia, En lo que iba de retorno a la corte sôlo pensaba en una y

cosa: ora cuando llegue me voy (a)burrir, me acosarâ el tedio, pensamiento

que fue debilitândose al acordarse de que la bailarina pelirroja habîale pedi-

do de favor que llevârale a reparar el Kekrifalo, y el mismo que guardaba y

desde ya una semana en uno de los bolsillos del pantalôn raîdo, y asî por el

repetido uso y el hundimiento en el agua. A continuaciôn penetra su izquier-

da mano en el bolsillo derecho, saca el Kekrifalo, lo levanta, lo observa y lo

sacude, agitamiento con el propôsito de quitarle al objeto unos restos de pa-

pel que tenîa pegados como clavos a un imân. Mas al tenerlo levantado, al-

go que supone que su mirada enfocâbase hacia el frente, no muy lejano per-

cibe  el Iubhar, aunque un poco con dificultad por la posiciôn del Sol y a la

zaga  del ârbol. Indeciso entonces por lo siguiente a hacer, si ocuparse de y

llevar  el kekrifalo a reparar o si de dirigirse al tejo, piensa un poco hasta y

dar con una decisiôn convincente y final, , y la que no fue otra que la (de)-

jar la reparaciôn para otro lumbrado estî; lo que traduce, deja decir sin im-

poluta presencia de un esfuerzo o de una adivinaciôn, que el Kekrifalo vol-

verîa al orifico de donde saliô: el del bolsillo derecho.

    Los contertulios, y que amên ya habîan llegado al tejo, cumplen con el y

acto de colocar sus tafanarios sobre la tierra y en derredor del erecto tronca-

zo. Esto, por analogîa, semejâbase con la mîmesis de un cîrculo, figura por

antonomasia del gusto del colectivo de la Kosmona, y con la cual tanto co-

mienzo como final coinciden, mas no chocan, algo que ya sâbese extraîdo

de alguna que otra perîstasis imprescindible para los contertulios. Kosmos,

con su mirada de halcôn y con su fruiciôn por los des-cubrimientos, con y

sus retinas hace una breve pesquisa con la intenciôn de cumular detalles o

datos. los que viênenle igual si implîctos en el paisaje que explîcitos por y

estar de frente. Como unas castañuelas mira, remira y requetemira, empe-

ro exento totalmente de la idea del ojo asomante; que ora, instante sumer-

gido en el espacio de otra dimensiôn temporal, no es el momento de sacar

de su puesto acumulamientos en fila, retazos sobre-pasados por la memo-

ria, fragmentos denunciantes o cosas parecidas, Y en fin, y no antes de los

minutos correspondientes, ve que Xabier acercâbase al tejo.   





    

      





   

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