Samstag, 3. Dezember 2022

1071, 9, quinta parte.

       Con la llegada de la aurora y la fijeza del rosicler, el que por eyectar un

color rosa claro inspirarîa a un poeta que hûndese en las profundidades y en

busca de corales y de beneficios, que si no de lo diamantino que de ôrdago

estimula, Ateriana siente los maullidos del gato Lah en el cuarto de Rubria.

Por tal motivo acêrcase en puntillas de pie a la puerta de êste, mas al pegar

en la madera la oreja izquierda se da cuenta de que no estaba cerrada. Con

muchîsimo cuidado entonces la empuja y mete sôlo su testa con el propôsi-

to  de escudriñar. Con este  anâlisis o inspecciôn no de superficie, sino que 

mâs bien lo contrario, o sea, a fondo, percâtase de dos indelebles cosas; la

primera, que tanto Rubria como Kosmos aûn dormîan con totalmente des-

cubierta la superficie primitiva; la segunda, la que realmente mâs interesâ-

bale, que los maullidos del gato Lah provenîan de un baûl posicionado ho-

rizontalmente en uno de los sucuchos del recinto. Sin pensarlo dos veces,

y para ipso facto sacar al felino de un espacio angosto que limitaba patêti-

camente su libertad como gato, penetra en el cuarto y dirîgese con cautela

al rincôn donde estaba el (grande) maletôn. Una vez abierto êste y cargar

a Lah, no podîa creer lo que estaba observando: el destrozo general nunca

visto de una sûmula de telas blancas. Y entonces despiêrtase Rubria y sin

dilaciôn pregunta:

----Ateriana, quê tû haces en mi cuarto, que tû sabes que antes de entrar

hay que tocar la puerta?

----Es que sentî al gato maullando y la puerta no estaba del todo cerrada.

----Cômo, y dônde estaba el gato?

----Dentro del baûl, y si quieres saber lo que hizo, echa una miradita.


     Seguido a ser Rubria testigo visual de algo para ella tantîsimamente y

deplorable, sacudîô fuertemente por los hombros a Kosmos y diciêndole

a la vez:

----Despiêrtate, despiêrtate!!, que me has hecho un daño tremendo.

----Câspita!!, tû le llamas daño tremendo al hecho de haber dormido des-

nudo al lado tuyo sin decîrtelo, sin que supiêraslo?---pregunta Kosmos a 

la vez que arrôpase.

----No a eso, sino que por tu culpa el gato me ha destrozado todos mis y

vestidos blancos, incluyendo el de con lana de Canuso, que tû sabes que

no me costô barato.

----Por el oro de las retamas y la pûrpura de los brezos!!, que ni sabîa y

que en ese baûl guardabas esos vestidos.

----Y cômo se te ocurriô meter el gato en el baûl, por quê tû hiciste eso?

----Es que mira (...) a ver (...) escucha..

----Ni miro, ni escucho, ni nada..

----Y entonces para quê me preguntas?, y câlmate, que trâtase solamente

de telas.

----Mas que todas juntas me costaron un montôn de monedas.

----Encârgome de financiar o por mi correrân los gastos; cuâl es el proble-

ma?

----No puedes entender porque no eres fêmina.

----Mira que disfrâzome, pîntome los labios y pôngome tacones.

----Aun asî seguirâs siendo mâsculo. Y dêjate de jueguitos, que tû me co-

noces.

----Rubria, yo tengo la culpa por haberle dejado al gato.

----Y por quê tû le diste el gato, Ateriana?

----Porque no me dejaba dormir.

----Yo fui quien le dije, que para que pudiera cerrar los ôculos, deberîa no

dejar el gato dentro de su cuarto.

----En fin, que ya el daño estâ hecho.

----A ver, hacemos una cosa.

----Cuâl Kosmos, cuâl?

----Nos vamos al âgora y tû te compras todos los vestidos que quieras.

----Al âgora?

----A la zona donde hacen burbujas los comercios.

----Una sustituciôn de las tuyas por tiendas?

----Êsa es la res, êsa!!

----Y yo puedo ir con ustedes?---pregunta Ateriana.

----Pero sin Lah: de acuerdo?

----Sî sî, de acuerdo!!, y lo dejarê en los pulvinares para...

----Cômo que ahî? Acaso quieres que Kôs caîgale a caracolazos?---fisga

Kosmos.

----De dîa el no lo hace por la presencia de Dido.

----Cômo que le cae a caracolazos al gato?----pregunta Rubria.

----Y acaso no lo sabîas, lo ignorabas, no pasô por tu visiôn o no lo tenîas

en cuenta?---indaga Kosmos.

----Sabîa que nuestro nieto tira caracoles en el triclînium, mas no al gato.

----Pues yo me enterê anoche y por la lengua del cibiosactes.

----Y a quê hora tû llegaste?

----A las dos de la madrugada a palacio, y a las tres y pico penetrê aquî.

----Y tû Ateriana, quê hacîas despierta a esa hora?---pregunta Rubria.

----Ya lo dije, porque no podîa dormir por los maullidos del gato.

----Kosmos, y cuândo vamos al âgora?

----A continuaciôn de que estês emperi-follada.

----Mide tus palabras que estâ Ateriana delante.

----Quê quiere decir esa palabra?---pregunta Ateriana.

----Ves la pregunta que te buscas?

----Cuando estê arreglada, Ateriana, eso----responde Kosmos.

----Me pongo entonces en funciôn del emperifollamiento.

----Age, Rubria, Age!!---afirma Kosmos.


          Una hora despuês, y ya cerca de la tienda donde sôlo podîan com-

prarse vestidos blancos, Rubria dîcele sin dilaciôn a Kosmos, que a ella

no interesâbale quedarse mirando el espectâculo danzario, el que como

actividad cultural precedente a la fiesta de la buena diosa tenîa lugar en

el mismo sitio donde erigîa su carpa el circo de vez en cuando, y ofreci-

do por unas bailarinas de Masalia que parecîan deidades, y que llevâba-

se a Ateriana con ella para eludir que unos ôculos aûn sin ninguna expe-

riencia entraran en contacto con unos movimientos muy ardientes, apa-

sionados (...) fogosos.

----Câspita!!, que yo sê de tu rechazo por las oriundas de Masalia, sean

ya bailarinas, eteras o servidoras pûblicas---dice Kosmos.

----Estâs hablando demasiado de prisa, porque sabes tû bien quê bien y

me llevê con la difunta Mêli.

----Mêli-melosa!!, mas es que siempre existen excepciones, empero ês-

tas no quitan el rechazo; son las encargadas de darle una coloridad a la

aversiôn o al repudio, empero  dar la susodicha êsta no garantiza algu-

guna  eliminaciôn, escindimiento o rompimiento del retroceso del cor-

pus por una acciôn ajena: me entendiste?

----Sabes quê?, que me largo a la tienda con Ateriana.

----Age, lârgate, age!!, cumple con el yendo, con un irse a otro lado y

con ubicaciôn cercana---dice Kosmos y rîe.


    Siete minutos despuês una voz conocida dice cerca de Kosmos:


----Ya veo que llevas puesto los tres zarcillos, quê biên!!

----Mondo lirondo que, por el bombo de las sorpresas, late a fondo mi

cuasi ya viejo corazôn. El cocinero de la inveterada Irlanda---dice Kos-

mos y lo saluda.

----Verdad que tû no cambias, siempre el mismo con la ocurrencia, con

la expresiôn.

---Hubiese tenido un gran problema con el oscuro de Êfeso porque nin-

gûn tipo de cambio sucede en mî.

----Mira, Kosmos, te presento a Arete, mi novia nueva y etera de Masa-

lia.

----Un placer, un gusto, otra fiesta Arete!!

----Mîo tambiên, Kosmos, que me han hablado muchîsimo de ti---dice

Arete y regalando un beso.

----Ya me enterê que eres abuelo, cômo te sientes?---indaga el cocinero.

----Câspita cocinero!!, que la cosa es que no me siento, que me pueden 

pinchar y no reacciono, que yo mismo ni salto.

----Y risas del cocinero que pregunta: tienes tiempo mâs tarde para to-

marnos unas copas?

----Continuaciôn del jolgorio!! Claro que sî!!, y de paso oculo al senil

copero de la taberna de Apragôpolis que tiempo que no ha estado fren-

te a frente a mis retinas.

----Entonces nos vemos cuando finalice el espectâculo.

----Dônde, cocinero, dônde?

----No te preocupes que yo te encuentro.

----Adiôs Kosmos!!, hasta despuês.

----Adiôs!!, Arete, hasta pasado el tiempo debido que harâ posible el ver

[que serâ gratuitamente una fiesta visual para el mirar] prôximo.


















 








 












































  

 



 

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