Con la llegada de la aurora y la fijeza del rosicler, el que por eyectar un
color rosa claro inspirarîa a un poeta que hûndese en las profundidades y en
busca de corales y de beneficios, que si no de lo diamantino que de ôrdago
estimula, Ateriana siente los maullidos del gato Lah en el cuarto de Rubria.
Por tal motivo acêrcase en puntillas de pie a la puerta de êste, mas al pegar
en la madera la oreja izquierda se da cuenta de que no estaba cerrada. Con
muchîsimo cuidado entonces la empuja y mete sôlo su testa con el propôsi-
to de escudriñar. Con este anâlisis o inspecciôn no de superficie, sino que
mâs bien lo contrario, o sea, a fondo, percâtase de dos indelebles cosas; la
primera, que tanto Rubria como Kosmos aûn dormîan con totalmente des-
cubierta la superficie primitiva; la segunda, la que realmente mâs interesâ-
bale, que los maullidos del gato Lah provenîan de un baûl posicionado ho-
rizontalmente en uno de los sucuchos del recinto. Sin pensarlo dos veces,
y para ipso facto sacar al felino de un espacio angosto que limitaba patêti-
camente su libertad como gato, penetra en el cuarto y dirîgese con cautela
al rincôn donde estaba el (grande) maletôn. Una vez abierto êste y cargar
a Lah, no podîa creer lo que estaba observando: el destrozo general nunca
visto de una sûmula de telas blancas. Y entonces despiêrtase Rubria y sin
dilaciôn pregunta:
----Ateriana, quê tû haces en mi cuarto, que tû sabes que antes de entrar
hay que tocar la puerta?
----Es que sentî al gato maullando y la puerta no estaba del todo cerrada.
----Cômo, y dônde estaba el gato?
----Dentro del baûl, y si quieres saber lo que hizo, echa una miradita.
Seguido a ser Rubria testigo visual de algo para ella tantîsimamente y
deplorable, sacudîô fuertemente por los hombros a Kosmos y diciêndole
a la vez:
----Despiêrtate, despiêrtate!!, que me has hecho un daño tremendo.
----Câspita!!, tû le llamas daño tremendo al hecho de haber dormido des-
nudo al lado tuyo sin decîrtelo, sin que supiêraslo?---pregunta Kosmos a
la vez que arrôpase.
----No a eso, sino que por tu culpa el gato me ha destrozado todos mis y
vestidos blancos, incluyendo el de con lana de Canuso, que tû sabes que
no me costô barato.
----Por el oro de las retamas y la pûrpura de los brezos!!, que ni sabîa y
que en ese baûl guardabas esos vestidos.
----Y cômo se te ocurriô meter el gato en el baûl, por quê tû hiciste eso?
----Es que mira (...) a ver (...) escucha..
----Ni miro, ni escucho, ni nada..
----Y entonces para quê me preguntas?, y câlmate, que trâtase solamente
de telas.
----Mas que todas juntas me costaron un montôn de monedas.
----Encârgome de financiar o por mi correrân los gastos; cuâl es el proble-
ma?
----No puedes entender porque no eres fêmina.
----Mira que disfrâzome, pîntome los labios y pôngome tacones.
----Aun asî seguirâs siendo mâsculo. Y dêjate de jueguitos, que tû me co-
noces.
----Rubria, yo tengo la culpa por haberle dejado al gato.
----Y por quê tû le diste el gato, Ateriana?
----Porque no me dejaba dormir.
----Yo fui quien le dije, que para que pudiera cerrar los ôculos, deberîa no
dejar el gato dentro de su cuarto.
----En fin, que ya el daño estâ hecho.
----A ver, hacemos una cosa.
----Cuâl Kosmos, cuâl?
----Nos vamos al âgora y tû te compras todos los vestidos que quieras.
----Al âgora?
----A la zona donde hacen burbujas los comercios.
----Una sustituciôn de las tuyas por tiendas?
----Êsa es la res, êsa!!
----Y yo puedo ir con ustedes?---pregunta Ateriana.
----Pero sin Lah: de acuerdo?
----Sî sî, de acuerdo!!, y lo dejarê en los pulvinares para...
----Cômo que ahî? Acaso quieres que Kôs caîgale a caracolazos?---fisga
Kosmos.
----De dîa el no lo hace por la presencia de Dido.
----Cômo que le cae a caracolazos al gato?----pregunta Rubria.
----Y acaso no lo sabîas, lo ignorabas, no pasô por tu visiôn o no lo tenîas
en cuenta?---indaga Kosmos.
----Sabîa que nuestro nieto tira caracoles en el triclînium, mas no al gato.
----Pues yo me enterê anoche y por la lengua del cibiosactes.
----Y a quê hora tû llegaste?
----A las dos de la madrugada a palacio, y a las tres y pico penetrê aquî.
----Y tû Ateriana, quê hacîas despierta a esa hora?---pregunta Rubria.
----Ya lo dije, porque no podîa dormir por los maullidos del gato.
----Kosmos, y cuândo vamos al âgora?
----A continuaciôn de que estês emperi-follada.
----Mide tus palabras que estâ Ateriana delante.
----Quê quiere decir esa palabra?---pregunta Ateriana.
----Ves la pregunta que te buscas?
----Cuando estê arreglada, Ateriana, eso----responde Kosmos.
----Me pongo entonces en funciôn del emperifollamiento.
----Age, Rubria, Age!!---afirma Kosmos.
Una hora despuês, y ya cerca de la tienda donde sôlo podîan com-
prarse vestidos blancos, Rubria dîcele sin dilaciôn a Kosmos, que a ella
no interesâbale quedarse mirando el espectâculo danzario, el que como
actividad cultural precedente a la fiesta de la buena diosa tenîa lugar en
el mismo sitio donde erigîa su carpa el circo de vez en cuando, y ofreci-
do por unas bailarinas de Masalia que parecîan deidades, y que llevâba-
se a Ateriana con ella para eludir que unos ôculos aûn sin ninguna expe-
riencia entraran en contacto con unos movimientos muy ardientes, apa-
sionados (...) fogosos.
----Câspita!!, que yo sê de tu rechazo por las oriundas de Masalia, sean
ya bailarinas, eteras o servidoras pûblicas---dice Kosmos.
----Estâs hablando demasiado de prisa, porque sabes tû bien quê bien y
me llevê con la difunta Mêli.
----Mêli-melosa!!, mas es que siempre existen excepciones, empero ês-
tas no quitan el rechazo; son las encargadas de darle una coloridad a la
aversiôn o al repudio, empero dar la susodicha êsta no garantiza algu-
guna eliminaciôn, escindimiento o rompimiento del retroceso del cor-
pus por una acciôn ajena: me entendiste?
----Sabes quê?, que me largo a la tienda con Ateriana.
----Age, lârgate, age!!, cumple con el yendo, con un irse a otro lado y
con ubicaciôn cercana---dice Kosmos y rîe.
Siete minutos despuês una voz conocida dice cerca de Kosmos:
----Ya veo que llevas puesto los tres zarcillos, quê biên!!
----Mondo lirondo que, por el bombo de las sorpresas, late a fondo mi
cuasi ya viejo corazôn. El cocinero de la inveterada Irlanda---dice Kos-
mos y lo saluda.
----Verdad que tû no cambias, siempre el mismo con la ocurrencia, con
la expresiôn.
---Hubiese tenido un gran problema con el oscuro de Êfeso porque nin-
gûn tipo de cambio sucede en mî.
----Mira, Kosmos, te presento a Arete, mi novia nueva y etera de Masa-
lia.
----Un placer, un gusto, otra fiesta Arete!!
----Mîo tambiên, Kosmos, que me han hablado muchîsimo de ti---dice
Arete y regalando un beso.
----Ya me enterê que eres abuelo, cômo te sientes?---indaga el cocinero.
----Câspita cocinero!!, que la cosa es que no me siento, que me pueden
pinchar y no reacciono, que yo mismo ni salto.
----Y risas del cocinero que pregunta: tienes tiempo mâs tarde para to-
marnos unas copas?
----Continuaciôn del jolgorio!! Claro que sî!!, y de paso oculo al senil
copero de la taberna de Apragôpolis que tiempo que no ha estado fren-
te a frente a mis retinas.
----Entonces nos vemos cuando finalice el espectâculo.
----Dônde, cocinero, dônde?
----No te preocupes que yo te encuentro.
----Adiôs Kosmos!!, hasta despuês.
----Adiôs!!, Arete, hasta pasado el tiempo debido que harâ posible el ver
[que serâ gratuitamente una fiesta visual para el mirar] prôximo.
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