Donnerstag, 8. Dezember 2022

1073, 11, quinta parte.

         Mas si de algo no extrañâbase Kosmos, y ya estando en la recâmara

pequeña que tenîa el copero detrâs de su taberna en Bedriaco, allende que

concomitado por el cocinero de Irlanda y Arete, fue de que acopas el ôno-

ma de Angelicus comenzara a pasar por su mente como en pleno carnaval

una carroza en fiesta, porque al saber que cuando algo asî, anâlogo sucede,

es que en algûn otro lugar, rincôn o laberinto el nombre de una determina-

da y concreta persona estâ menciônandose, que si no estâ presente en algu-

na que otra conversaciôn sea del jaez que fuese, y que como tal, entonces,

acarrea una especie de resonancia que puede llegar a oîdos de alguna otra

criatura con destacada sensibilidad de escucha, con el privilegio de captar

desde la distancia identidades que participan en una sonora vibraciôn. Pe-

ro  para que lo anterior quede mâs claro aûn, inteligible, sin sombra e im-

poluto, dêjase saber lo que estâ sucediendo en palacio.

         Acomodadas en los pulvinares dorados estaban Rubria y Dido, y no

mucho despuês de que aquêlla penetrase por la puerta de palacio con Ate-

riana y revelando un estado de ânimo cuasi nunca visto, lo que flagrante-

mente debîase a la compra reciente y exclusiva de los siete vestidos blan-

cos. La conversa entre ellas, y preponderando mâs la verba de Dido que

la de Rubria, aunque haya sido êsta la dadora del aliciente, y el que a sa-

ber no es otro que el de sacar a puesto, a colocaciôn el ônoma del vende-

dor de la tienda, fluia sin escollos significativos y sin la interrupciôn ne-

cesaria del cibiosactes, aunque con algo de parsimonia a raîz de mojarse

los  labios la reina con el acicateante conditum paradoxum. Este preferi-

do estimulante fue dirimiendo (paultinamente) la conducta sensata de la

reina de no contar ciertas cosas por las cuales pudiera ser criticada y por

los miembros de la familia real, aunque tal crîtica no sobrepasara los lî-

mites de la corte, pero un juicio en lo atinente a su actuar en momentos 

tempestivos  menos que con firmeza y determinaciôn para siempre. En-

tonces, y al ya no quedar nada de la conducta susodicha, cuenta con sol-

tura Dido, o sea, sin prudencia:

 En una esquela que me enviô Sarambo, mas no recientemente sino hace

ya mâs o menos dos años, me dijo que estaba dispuesto a pagar el alqui-

ler correspondiente para abrir un negocio que sôlo venderîa vestidos de

color  blanco y del que se ocuparîa Angelicus, aunque sin dejar ostensi-

blemente revelado de dônde êl conoce a êste, un algo oculto que no dio

a conocer que a mî me importa un bledo, mas que por una curiosidad y

de corte breve uno quisiera saber de ciertas atingencias entre dos perso-

nas totalmente diferentes y ya un tanto acostumbradas a sobrevivir sea

como fuere en dos localidades disîmiles.

----Y quê le dijo usted respecto al alquiler, Dido, a pesar de que Saram-

bo haya tenido problemas aquî en Bedriaco, de que usted lo expulsô de

aquî por negociar mercancias ilegalmente?

----Le mandê escrita la sûmula de sestercios que deberîa pagar.

----Que êl aceptô, porque de estar funcionando la tienda....

----Asî es!!, y la que empezô a funcionar un mes despuês de la esquela

que me envîô.

----Y por quê usted no le dijo nada al respecto a Kosmos al conversar

anoche con êl.

----Yo le contê que le paguê a Angelicus una bolsita de sestercios por 

su bote hundido por culpa del cazador.

----Sî!!, eso me lo acaba de decir Kosmos, pero precisamente si le ha-

blô de una cosa por quê no de la otra?

----Tampoco te la hubiese dicho a ti si me quedase en lejanîa el condi-

tum paradoxum.

----O sea, que gracias a un estimulante una revelaciôn?

----Muy justa, exacta, precisa tu pregunta, y la respuesta es que sî.

----Entonces ya estâ claro: ese Angelicus es el vendedor de botes, co-

mo pensô Kosmos. Pero dîgame: cuândo usted lo vio tenîa barba y bi-

gote con crecidos pelos?

----Eso no!!, carecîa de tales dadorîas hormonales masculinas.

----De segregadas sustancias dirîa kosmos.

----Quê mi hijo no dice diferente al decir comûn?, algo que a todo tran-

ce en êl es infaltable. Y hablando de êl, dônde estâ ahora?

----Se fue con el cocinero de Irlanda y Arete a la taberna del copero.


     Inesperadamente llega Ateriana y pregunta:


----No han visto al gato por aquî?

----No!!, por aquî no ha estado, a pesar de que los pulvinares le gustan.

Miraste debajo de la cama de tu cuarto? ---pregunta Dido.

----Fue lo primero que hice, porque es su escondite favorito.

----No te preocupes, Ateriana, que los gatos van a vienen; hacen lo que 

les da la gana; son totalmente independientes---acentûa Rubria.

----Sî!!, ya sê, pero aun asî hasta ahora no se fue a ninguna parte.

----Tranquila, Ateriana, que tû verâs que regresa. Mira, pônte a tejer, y

asî pensarâs menos en eso---dice Dido.

----Me puedo quedar con ustedes en los pulvinares?

----Si es lo que prefires sî, ven, acomôdate con nosotras.






























 




  








 







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