Montag, 5. Dezember 2022

1072, 10, quinta parte.

      Dos horas despuês, y ya finalizado el espectâculo danzario de las bai-

larinas oriundas de Masalia, Rubria un tanto contentona barrûntale a kos-

mos, de que la sûmula de vestidos blancos comprados era de siete, empe-

ro que ninguno de êstos de lana de Canuso, porque segûn la verba diluci-

lativa  del vendedor, un señor  con barba amarilla, con un mostacho pelu-

disimo y onomado Angelicus, resultaba carîsima actualmente en Canuso

la producciôn de lana, a lo que agregâbase el asunto de la venta poquîsi-

ma en Bedriaco de los vestidos de la susodicha lana, dos factores impor-

tantes  a tener en cuenta previo al momento tempestivo de hacerse la po-

sible inversiôn.

----Angelicus dijiste?---pregunta Kosmos.

----Êse fue el nombre que acabas de escuchar---responde Rubria miran-

do los vestidos que pregunta: por quê la pregunta?

----Porque ese ônoma no es muy comûn en Bedriaco y solamente sê de

una persona que llâmase asî, y que no vende nada sino que botes alqui-

la.

----Y de dônde tû sabes eso, Kosmos?

---Me lo dijo mi madre cuando penetrê en su cuarto anoche, entre otras

cosas que conversamos, y debido a que ella pagôle una bolsa con sester-

cios por un bote hundido por culpa del cazador.

----Por culpa del cazador, cômo?

----El cazador le alquilô un bote por una hora, lo amarrô a la cadena del

ancla de la embarcaciôn del obitorado barquero de la ciudad del ocio, el

señor Hagapajitas de Falogracia, mas la embarcaciôn hundiôse en Albu-

la llevândose con ella al bote.

----Pero a pesar de no ser comûn el nombre, no pudiera ser que sea otra

persona?

----Lo pudiera saber si conociera el semblante de Angelicus, pero como

lo ûnico que sê es que nunca lo he visto...

----Ya, entendî, no hace falta que sigas.

----Serâ posible que me interrumpas, con lo bien que câeme eso?

----Ah, Rubria, quê bien volverte a ver, mucho tiempo sin verte.

----Usted, cocinero de Irlanda, no se habîa ido definitivamente de aquî?

----Êsa fue mi idea, mas por ella fue que regresê.

----Su novia o su esposa?

----Aun mi novia y que se llama Arete, una etera de Masalia.

----Encantada de conocerte, Arete---dice Rubria mirando a Kosmos.

----Igual le digo, Rubria---dice Arete.

----Vaya casualidad el que nos haya encontrado aquî.

----No, Rubria, casualidad no, porque quedê con Kosmos en que lo en-

contraba---clara el cocinero de Irlanda.

----Cuando estabas en la tienda el cocinero me vio y estuvimos dialo-

gando breve---explica Kosmos.

----Vienes con nosotros a tomarte unas copas?

----No, cocinero, no, porque tengo que regresar a palacio y dejarle esta

niña, mi nieta, a su madre---responde Rubria.

----Quê bonita!!, y cômo se llama?---indaga Arete.

----Ateriana.

----Quê tranquila parece, aunque asimismo tîmida.

----Cuando sale de palacio sî, mas dentro es otra cosa.

----Me gusta el lunar que tiene en la mejilla izquierda.

----Sabes, Rubria, y segûn enseñanzas celtas, quê significa tener un lu-

nar en tal mejilla?

----Sî, cocinero, porque ya Vercingetôrix nos dijo. Bueno, y ahora me

disculpan, pero tengo que irme por lo que ya dije. Hasta la prôxima y

les deseo que les vaya todo bien.

----Gracias, Rubria, gracias!!---afirma Arete.

----Lo mismo digo, Rubria---dice el cocinero de Irlanda.

----Y yo te digo, te hago saber, te barrunto que me voy con ellos a las

copas---dice Kosmos.

----De acuerdo, disfruten---acentûa Rubria que le dice a Kosmos: mi-

ra, aquî estâ el vuelto del peculio que me diste.

----Ven ustedes quê ingente paradigma de mujer correcta y disciplina-

da, de esposa que tengo?

----Agradezco tus palabras, Kosmos, pero no te rîas---pide Rubria.

----Y risas de êste.


         Llegados a la taberna de Bedriaco, la que precisamente estaba ati-

borrada por el ambiente festivo y por êste fâcil de encontrar por salir y

por su puerta un pudiente bullicio, lo que traduce que cualesquier cria-

turas forâneas darîan con ella sin que fuese menester encontrarla a raîz

de la respuesta dada a una concreta pregunta, fueron Kosmos, Arete y

el cocinero de Irlanda recibidos por el mismîsimo copero, el que fuma-

ba una tagarna lo mâs raudo posible en la entrada del local y beneficiâ-

base de paso al respirar aire puro, y el que allende dîcele a Kosmos se-

guido al saludo dejado con destacada jovialidad:

----No hace mucho pasô Kôs por aquî con su caballo negro y concomi-

tado por cuatro soldados de la guardia bâtara, algo que me extrañô por-

que normalmente sôlo son dos soldados los que lo protegen cuando sa-

le de paseo con la bestia.

----Serâ porque mi madre reforzô su custodia por tratarse de un dîa co-

mo êste y caracterizado por la continua batahola y alcoholes a fanega-

das.

----No habîa pensado en eso, Kosmos, tiene sentido, sî!! Les advierto

que la capacidad del local estâ totalmete ocupada, pero que si lo quie-

ren, desean, puedo ofrecerles mi servicio en la recâmara pequeña que

tengo adentro.

----De mi parte el estar de acuerdo, no sê de la de ellos---deja saber y

kosmos mirando al cocinero y a Arete.

----A mî me da igual dônde sea siempre y cuando haya alcohol---dice

el cocinero de Irlanda.

----Y yo no tengo ningûn problema en pasar un momento agradable y

divertido en cualquier lugar---dice Arete.

----Perfecto!!, entonces vengan conmigo que los llevo al lugar susodi-

cho---dice el copero.

----A la recâmara, no?

----Kosmos, vas a empezar con tus fastidios intencionados?

----Esta vez no me rîo, cocinero: aguanto la risa!!






















 
















 
































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