Dos horas despuês, y ya finalizado el espectâculo danzario de las bai-
larinas oriundas de Masalia, Rubria un tanto contentona barrûntale a kos-
mos, de que la sûmula de vestidos blancos comprados era de siete, empe-
ro que ninguno de êstos de lana de Canuso, porque segûn la verba diluci-
lativa del vendedor, un señor con barba amarilla, con un mostacho pelu-
disimo y onomado Angelicus, resultaba carîsima actualmente en Canuso
la producciôn de lana, a lo que agregâbase el asunto de la venta poquîsi-
ma en Bedriaco de los vestidos de la susodicha lana, dos factores impor-
tantes a tener en cuenta previo al momento tempestivo de hacerse la po-
sible inversiôn.
----Angelicus dijiste?---pregunta Kosmos.
----Êse fue el nombre que acabas de escuchar---responde Rubria miran-
do los vestidos que pregunta: por quê la pregunta?
----Porque ese ônoma no es muy comûn en Bedriaco y solamente sê de
una persona que llâmase asî, y que no vende nada sino que botes alqui-
la.
----Y de dônde tû sabes eso, Kosmos?
---Me lo dijo mi madre cuando penetrê en su cuarto anoche, entre otras
cosas que conversamos, y debido a que ella pagôle una bolsa con sester-
cios por un bote hundido por culpa del cazador.
----Por culpa del cazador, cômo?
----El cazador le alquilô un bote por una hora, lo amarrô a la cadena del
ancla de la embarcaciôn del obitorado barquero de la ciudad del ocio, el
señor Hagapajitas de Falogracia, mas la embarcaciôn hundiôse en Albu-
la llevândose con ella al bote.
----Pero a pesar de no ser comûn el nombre, no pudiera ser que sea otra
persona?
----Lo pudiera saber si conociera el semblante de Angelicus, pero como
lo ûnico que sê es que nunca lo he visto...
----Ya, entendî, no hace falta que sigas.
----Serâ posible que me interrumpas, con lo bien que câeme eso?
----Ah, Rubria, quê bien volverte a ver, mucho tiempo sin verte.
----Usted, cocinero de Irlanda, no se habîa ido definitivamente de aquî?
----Êsa fue mi idea, mas por ella fue que regresê.
----Su novia o su esposa?
----Aun mi novia y que se llama Arete, una etera de Masalia.
----Encantada de conocerte, Arete---dice Rubria mirando a Kosmos.
----Igual le digo, Rubria---dice Arete.
----Vaya casualidad el que nos haya encontrado aquî.
----No, Rubria, casualidad no, porque quedê con Kosmos en que lo en-
contraba---clara el cocinero de Irlanda.
----Cuando estabas en la tienda el cocinero me vio y estuvimos dialo-
gando breve---explica Kosmos.
----Vienes con nosotros a tomarte unas copas?
----No, cocinero, no, porque tengo que regresar a palacio y dejarle esta
niña, mi nieta, a su madre---responde Rubria.
----Quê bonita!!, y cômo se llama?---indaga Arete.
----Ateriana.
----Quê tranquila parece, aunque asimismo tîmida.
----Cuando sale de palacio sî, mas dentro es otra cosa.
----Me gusta el lunar que tiene en la mejilla izquierda.
----Sabes, Rubria, y segûn enseñanzas celtas, quê significa tener un lu-
nar en tal mejilla?
----Sî, cocinero, porque ya Vercingetôrix nos dijo. Bueno, y ahora me
disculpan, pero tengo que irme por lo que ya dije. Hasta la prôxima y
les deseo que les vaya todo bien.
----Gracias, Rubria, gracias!!---afirma Arete.
----Lo mismo digo, Rubria---dice el cocinero de Irlanda.
----Y yo te digo, te hago saber, te barrunto que me voy con ellos a las
copas---dice Kosmos.
----De acuerdo, disfruten---acentûa Rubria que le dice a Kosmos: mi-
ra, aquî estâ el vuelto del peculio que me diste.
----Ven ustedes quê ingente paradigma de mujer correcta y disciplina-
da, de esposa que tengo?
----Agradezco tus palabras, Kosmos, pero no te rîas---pide Rubria.
----Y risas de êste.
Llegados a la taberna de Bedriaco, la que precisamente estaba ati-
borrada por el ambiente festivo y por êste fâcil de encontrar por salir y
por su puerta un pudiente bullicio, lo que traduce que cualesquier cria-
turas forâneas darîan con ella sin que fuese menester encontrarla a raîz
de la respuesta dada a una concreta pregunta, fueron Kosmos, Arete y
el cocinero de Irlanda recibidos por el mismîsimo copero, el que fuma-
ba una tagarna lo mâs raudo posible en la entrada del local y beneficiâ-
base de paso al respirar aire puro, y el que allende dîcele a Kosmos se-
guido al saludo dejado con destacada jovialidad:
----No hace mucho pasô Kôs por aquî con su caballo negro y concomi-
tado por cuatro soldados de la guardia bâtara, algo que me extrañô por-
que normalmente sôlo son dos soldados los que lo protegen cuando sa-
le de paseo con la bestia.
----Serâ porque mi madre reforzô su custodia por tratarse de un dîa co-
mo êste y caracterizado por la continua batahola y alcoholes a fanega-
das.
----No habîa pensado en eso, Kosmos, tiene sentido, sî!! Les advierto
que la capacidad del local estâ totalmete ocupada, pero que si lo quie-
ren, desean, puedo ofrecerles mi servicio en la recâmara pequeña que
tengo adentro.
----De mi parte el estar de acuerdo, no sê de la de ellos---deja saber y
kosmos mirando al cocinero y a Arete.
----A mî me da igual dônde sea siempre y cuando haya alcohol---dice
el cocinero de Irlanda.
----Y yo no tengo ningûn problema en pasar un momento agradable y
divertido en cualquier lugar---dice Arete.
----Perfecto!!, entonces vengan conmigo que los llevo al lugar susodi-
cho---dice el copero.
----A la recâmara, no?
----Kosmos, vas a empezar con tus fastidios intencionados?
----Esta vez no me rîo, cocinero: aguanto la risa!!
Keine Kommentare:
Kommentar veröffentlichen