Regresando a la recâmara, y en el preciso momento en que el copero
llegaba con una bandeja con el peso de tres lujosas copas y el de una bo-
tella aûn si abrir con la dadorîa dionisîaca, el cocinero de Irlanda apârta-
se sûbito de la ûnica ventana que tenîa el pequeño dormitorio, y debido
no a otra cosa que al encajamiento profundo en êsta de la punta de una
flecha, lo que como tal diole pâbulo al copero inmediatamente de salir a
indagar quiên la habîa disparado. De tal guisa no hizôle falta averiguar
nada, porque con tan sôlo abrir la puerta y salir al exterior estando de je-
ta y con la mirada larga en busca del arquero, el cazador sin dilaciôn dê-
jale saber lo siguiente:
----Disculpe usted el tiro de flecha, el que no era para su ventana sino y
que para un venado que de êl pudo escapar, y no me pregunte cômo su-
po el venado que la flecha venîa hacia êl, porque ni yo mismo puedo y
responder a tal pregunta.
----De tratarse de usted, cazador, no hay problema, que de ser otra per-
sona seguro que tendrîa que ocuparse o de la reparaciôn o de pagarme
en efectivo el daño causado a la madera de la ventana.
----Captaciôn a distancia del pernicio mortal, de la saeta que lo atrave-
sarîa de lado a lado---dice Kosmos.
----Y quê tû haces aquî, no deberîas estar en la Kosmona?----pregunta
el cazador.
----Câspita!!, que usted lo acaba de preguntar: deberîas, entonces, co-
mo no es obligatorio, estoy en otro lugar.
----Kosmos, no entendî eso de captaciôn a distancia del....
----Copero, era como la respuesta que el cazador no dio a la pregunta
que usted no hizo de cômo el venado supo que la flecha acercâbase a
su cuerpo.
----Y cômo tû oîste eso, si estabas adentro?
----Ya habîa salido y estaba cerca de ustedes, mas como usted estaba y
de espalda no me percibiô.
---Y usted, cazador, que estaba de frente, vio a Kosmos a la zaga de mî?
----Asî es, copero, si que lo vi, mas como me disculpaba...
----O una cosa o la otra: o pide disculpas o deja saber que me percibe.
----De ti quê otra verba pudiêrase esperar, Kosmos?
----Otra serîa cierta porque es imposible, copero.
----Cômo, Kosmos, no es posible el disparate por lo que acabas (de)cir?
----No complîquese usted, copero, con preguntas que pudieran llevar a
una complicaciôn mayor, de las que extiêndense y tienen mâs lejano el
punto final.
----Yo no puedo con êl, cazador, nunca he podido, ni cuando lo conocî
en la ciudad del ocio---dice el copero mirando a Kosmos.
----Lo conocemos desde la alcheringa, y eso de poder con êl ya sabemos
que es difîcil, tiene sus dificultades, etc---agrega el cazador.
---Ataraxia que engendra verborrea circunspecta la de usted acabada de
amplificar---dice Kosmos.
----Kosmos, y cômo le va a tu nieta con mi gato Lah?
----De suntuosa a con atingencia mirîfica.
----Quê es eso, una graduaciôn, una escala o algo parecido?
----Algo anâlogo a una escala, una graduaciôn---responde Kosmos riendo
y que agrega: Kôs es el que engêndrale una pejiguera al gato.
----No me digas, y por quê?
---Porque câele a caracolazos con el cochlear al estar el gato acostado en
los pulvinares.
----Como que tu nieto tiene la misma costumbre que tu hijo cuando era y
pequeño, no?
----Kosmos, tambiên tu hijo tirâbale caracoles a un gato?
----No copero, no!!, sôlo que los lanzaba con el cochlear, siendo êsta la
costumbre a la que refiêrese el cazador.
----Kosmos, ya estâs enterado de lo que hace actualmente Angelicus?
----Rubria me dijo que es el ônoma del vendedor de la tienda donde se
compran vestidos blancos, y sobre êl hablamos, no escapando de mi la
sospecha de que tratâbase del que alquilaba botes.
----Pues sospechas bien, porque no es otro que êse.
----Tan ônoma ya me daba vueltas en la testa, algo que tiene que ver y
con...
----Igual, Kosmos, con lo que tenga que ver o no, que el caso es que de
alquilar botes pasô a ser vendedor: no te parece un cambio tremendo?
----Como cambio sî que parêceme asî, pero sabe usted una cosa, caza-
dor?, que mâs vale una senecta suerte que una nueva por tener.
----Como que me queda cerca lo que acabas (de)cir, porque la suerte y
mîa en la ciudad del ocio no es la misma que la de aquî en Bedriaco, lo
que no quiere decir que êsta sea mala---acentûa al copero.
----Mire, cazador, tenga su flecha, que la acabo de sacar de la madera.
----El cocinero de Irlanda!!, quê sorpresa!! Pero usted no se habîa ido
definitivamente de Bedriaco?
----Asî fue, mas antes de llegar al Norte conocî a mi novia y entonces
regresê al Sur; ella estâ adentro, en la recâmara.
---Cazador, si lo desea se puede quedar, lo que eso sî, debo ir en busca
de la cuarta copa---dice el copero.
----Acepto la invitaciôn, copero; y, a usted, cocinero, gracias por traer-
me la flecha.
---De nada, cazador, de nada---dice el cocinero regresando a la recâma-
ra.
----Entonces vamos adentro, cazador?
----Sî, copero, vamos!!
Simultânea y subrepticiamente, y en palacio, Rubria pônese en fun-
ciôn de buscar al gato, y con mâs ganas que nadie de encontrarlo por la
ûnica y razôn de haberle destrozado sus querîdîsimos vestidos blancos;
y entre êstos, allende que el que costôle mâs caro, el de lana de Canuso,
empero sin saber concretamente quê harîa con êl una vez hallado. A pe-
sar de haberle barruntado Dido, algo que sucediô no hacîa mucho, cuan-
do ambas estaban acostadas en los pulvinares, acomodamiento corto y
lo que traduce que efîmero, de que los gatos cuando son buscados debi-
do a un rescoldo o por el motivo de justicia personal suelen ponerse tan-
tîsimamente agresivos y como tal indômitos, Rubria hîzole poco caso a
este barrunte, lo pasô por alto por considerarlo totalmente consecuencia
o efecto del afrodisîaco, de una verba noticiada bajo el imperio acosan-
te de êste, sin agregar que por cuestiones empîricas la reina jamâs habîa
tenido un gato, de lo que saldrîa entonces la siguiente pregunta de cate-
gorîa lôgica: quê sabe su majestad de felinos para noticiar algo con tan-
ta seguridad?
Mas en lo que la bûsqueda sucedîa a escondidas, el cibiosactes echa-
ba en la basura unos pescados azules que ya no podîan ingerirse. Êl los
habîa envuelto con un papel plateado para eludir que el tufo acarreado
por la descomposiciôn no se expandiera por toda la corte, que el mal y
olor no penetrara por los orificios nasales hasta tupirlos completamen-
te, ya que siendo tan fuerte correr un tupido velo esta obstrucciôn no es
parte de un decir de los que por antonomasia son informantes sinceros
de posibles que taponan hasta reducir la cantidad de aire que beneficio-
samente penetra, que de facto es menesteroso. Asimismo sabîa que ta-
les, que los susodichos pescados fueron sacados de un estuario tantîsi-
mamente cercano a la mar que mojaba la orilla de la hundida însula de
Aphros; algo que dilucida, sin refutaciôn de ningûn tipo, el porquê del
color, aunque algunos pescadores de la zona tengan sus dudas y vende-
dores al por mayor su desacuerdo pincelado.
Habrîa que ver, porque como dice el oscuro de Êfeso: lo ûnico que
perdura es el cambio, que deja de ser subrepticia la bûsqueda, al sentir
Rubria un cansancio por haber caminado muchitanto sin lograr el con-
creto objetivo de êsta, para pasar a revelada al penetrar en la cocina y
preguntarle al cibiosactes:
----Por alguna casualidad, cibioscates, a visto por aquî al gato Lah?
----Antes de salir de aquî no, y cômo verlo estando yo afuera.
----Estando afuera, dônde?
----Frente a la zona donde deposîtanse los desperdicios, las sobras o
los sustentos echados a perder, y que como tal no llegarîan a la boca.
----O sea, que usted se refiere a la zona donde estâ la basura, no?
----A esa misma, Rubria, êsa!!
----Y quê usted depositô allî?
----Unos pescados azules descompuestos.
----Pescados ha dicho usted?
----Ven acâ, Rubria, acaso dije la palabra pescados en otro idioma?
----No, quê va!!, la ha dicho correctamente con el nuestro, pero como
al gato le gustan los pescados....
----No creo que Lah interêsese por êstos estando en la condiciôn que
estân, asî que si pensaste que vendrîa a comêrselos puedes olvidar tu
pensar. Pero Rubria, quê hay con el gato?
----Que Kosmos lo metiô en el baûl donde estaban mis vestidos blan-
cos y los destrozô, los convirtiô en pedazos de telas.
----Siento lo de tus vestidos, pero quê culpa tiene el gato si lo metie-
ron en tal baûl?, en todo caso deberîas cogerla con tu esposo y no con
el pobre felino.
----Ya Kosmos me dio sestercios para comprarme unos nuevos, pero
aun asî...
----Quieres por venganza desaparecer al gato?
----Siêndole sincera, no sê aûn quê hacer con êl.
----Pero si ya tienes los sestercios para adquirir unos nuevos...
----Ya los comprê, cibiosactes, y siete, pero son nuevos y como tal no
significan lo mismo que los viejos, ya que êstos cuasi que formaban y
parte de mi existencia, parte que usted no puede entender.
----Y tû has pensado en una cosa, Rubria?
----En cuâl, cibiosactes, de cuâl se trata?
----Quê le dirîas al cazador?, que Lah no es de Ateriana.
----Tiene usted razôn, no habîa pensado en eso, no tuve en cuenta esta
cosa, o sea , la de la propiedad, la del dueño. Sabe usted quê?, que me
olvido de lo del gato y asî eludirê la tenencia de un problema. Gracias,
cibioscates, gracias!!
----Tal vez no serîa un problema sino un ligero conflicto.
----Y acaso un conflicto no es un problema?
----No, claro que no!!, es un enfrentamiento breve sin alongadas conse-
cuencias.
----Vaya, que muy suya la definiciôn, pero igual, que entonces eludirîa
la tenencia de un conflicto.
----Bravo, Rubria, bravo!! Y ahora me disculpa, pero debo continuar y
con mi trabajo, que ya usted sabe cômo pondrîase la reina si mi servi-
cio no es eficiente, suficiente puntual.
----Disculpe usted por haberlo distraîdo, cibiosactes, sacado por un y
corto tiempo de su trabajo al penetrar en la cocina.
----No tiene usted por quê disculparse, Rubria, que brevemente me ha
sacado de la diaria monotonîa, algo que por lo que yo deberîa darle y
las gracias; mejor dicho, debo dârselas, asî que quitando el hipotêtico,
gracias, Rubria, gracias!!
----Quê simpâtico!!---afirma Rubria, riêse y abandona la cocina.
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