De soslayo, porque de ser con profundidad el entendimiento resultarîa
difîcil, que no son los oîdos de una criatura escandinava octogenaria sino y
los de un infante del Sur con edad poquitîsima, caracterîzase la improvisa-
da dilucidaciôn que da Vercingetôrix a Kôs en palacio, y concreta y especî-
ficamente sobre mitologîa celta y en el salôn de los cristales, empero sin la
presencia de Coronide, la bailarina pelirroja, la que en este lugar de la sede
mayestâtica ejercita sus piernas largas, las que analoga Kosmos con tentâ-
culos de pulpo. Aquî la resonancia era disîmil por la sûmula de lâminas de
vidrio que hay, menos que por el motivo de la imago que multiplîcase al y
reflejarse en êstas, aunque de acuerdo con inveteradîsimas creencias, ver-
bi gratia la del cibiosactes, la vibraciôn del sonido es aûn mayor al contar
con la posibilidad de una reproducciôn de cantidades corporales e iguales
en formas y medidas, dândole viveza a la proyecciôn, a lo eyectado con y
el color de las ropas, creencia que, a la postre y al cabo, totalmente carece
de un basamento teolôgico que abôguela o que simple y llanamente no la
dê como imposible, como un pneuma que pasa en funciôn de arrastrar lo
exclusivamente fantasioso o de contribuir a que salgan del ipsum fantas-
magôricos restos depositados por el diantre, el que in casu tiene un genti-
licio alejandrino, de oriundez oriental.
----A ver, Kôs, que los trinobantes y los catuvelarios eran amantes de los
caballos negros, como el tuyo---dice Vercingetôrix.
----Los quê, Vercingetôrix, los quê?---pregunta Kôs rascândose la testa.
----Los pertenecientes a unos tribus romanizadas por el que dijo: cayo
un rayo en Cantabria y descubriêronse doce hachas.
----Contra, abuelo, que tû estâs por todas partes---dice Kôs.
---- Kosmos, que la dilucidaciôn no es para ti, asî que retîrate inmediata-
mente----pide Vercingetôrix señalando la puerta.
----Age para mî mismo, age!! Ya me fui!!
Para entrar en relaciôn con la obra perfecta de la naturaleza, atingen-
cia que de facto es dejante del correspondiente beneficio, vuelve a pene-
trar Kosmos en el cuarto de Rubria, pero ignorando totalmente que êsta
lo esperaba con una estatuilla de un fauno entre las piernas, y comprada
a un vendedor ambulante que encontrô cercano a la tienda donde adqui-
riô los vestidos blancos, y el que allende dejôle saber que era una imita-
ciôn de la imago del fauno que estâ en Pompeya y cual significaciôn no
es otra que el poder fecundativo.
----Câspita!!, y dônde tû metiste la estatuilla que yo no la vi y el mismo
dîa que compraste los vestidos blancos?---pregunta Kosmos.
----Estaba en el fondo de la bolsa donde guardê los vestidos---responde
Rubria tocando la estatuilla.
----Y por quê no me dijiste que la compraste?
----Eso es mâs importante que donde la estâs viendo ahora?
----Segûn donde estên las cosas es que tiênese en cuenta la importancia.
----Y entonces quê importancia tiene la cosa donde estâ?
----Una tremenda, tre-men-dî-si-ma!! Êsa es la res!! Y cômo tû supiste
que venîa para acâ?
----Por la resonancia de palacio, y al decirte Vercingetôrix que te largaras
del salôn de los cristales.
----Sî!!, mas me pudiera haber ido para otra parte, no?
----Kosmos, que conociêndote como te conozco, no creo que alguna par-
te de palacio tenga para tî mâs importancia que êsta.
----Por el oro de las retamas y la pûrpura de los brezos!!, que nôtase que
no me desconoces.
----Dejarâs tu facundia y te acercas mâs a mî?
----Aûn mâs cerca?, que mira que si no no quepo-- dice Kosmos riendo.
----Tu medida es la justa, asî que no digas mâs que no cabes. Le pasaste
el cerrojo a la puerta?
----Y por quê, si aquî nadie va a entrar, que no es la puerta ni del templo
de Jano Quirino ni la de la Kosmona?
----Escûchame, hazme caso y pâsalo!!
----Lo paso inmediatamente sin dilaciôn alguna: allâ voy!!
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