Sonntag, 25. Dezember 2022

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      El vestido rojo que llevaba Cornelia, color que para las cercanîas tier-

nas y edulcoradas bien que se presta, se ajusta, se examina con ojo de

halcôn, aunque asimismo por sustituciôn pudiera remitirse a una vitalicia

imago engendrada por la irrigaciôn, y la primera noche que recibiô en su

casa a Sabinsqui, lo recuerda Kosmos de un pasaje escrito en alguna que

otra pâgina de "El bullicio en el silencio", debiêndose la reminiscencia a

un hecho contado recientemente por Rubria totalmente inesperado, y que

pasô  el dîa en que estâ fue al bosque con su gran amiga con el propôsito

de algunas plantas desarraigar y volverlas a sembrar en su domicilio para

ponerlas en la hornacina, como si el orificio arqueado sirviêrales de coro-

na. Mas a Sabinsqui concomitâbalo su amigota Dina. Êsta, y tanto por su

especiosidad como por su sencillez, ganôse sûbito la admiraciôn y cariño

de Cornelia, dos  dadorîas humanas que, de mantenerse, beneficiosamen-

te  pudieran terminar  engendrando una buena amistad. una simbiosis cu-

pulosa y un vînculo inderruible. Seguido al disfrute del aperitivo con de-

licias tîpicas de la ciudad del ocio, Cornelia sirve la comida silbando las

notas de una canciôn popular que tocaba un trovador bajo el balcôn y de

su enamorada, hasta que un dîa el progenitor de êsta mojôle la testa con

un cubo de agua, razôn basta como para dejar de tocarla en el mismo lu-

gar.



  

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