Mittwoch, 31. März 2021

La cazuela de Vitelio (855)

 

      Empero pensândolo mejor, solvento contra el posible no poder dormir, asimis-

mo que una forma (sensata) de eludir la correspondiente consecuencia, entonces

decide Kalîas no arrumbar sus pasos a palacio, no fuera a ser que Dido en un pe-

riquete diera el edicto de su arresto por saber cosas que deberîan quedar en todi-

to o/y en completo silencio. Satisfecho con su decisiôn hasta entrêgase êl mismo

una efîmera sonrisa, a la que sigue la motivaciôn que mantiene activo al adecua-

do deleite que proporciona la basta conformidad en continuar haciêndose lo que 

realîzase en un tempestivo momento, algo que como tal clara que la actividad en

la que estâbase alonga su duraciôn, no queda interrumpida ni termînase de sope-

tôn, que no trâtase de con un chancletôn apabullar a la cucaracha que seriosa pa-

sa.  Al seguir dândole fuerza a la flama con amarilla lumbrera dentro del oxidadito

latôn con los documentos secretos destinados a la quema, observa Kalîas que una

gran cantidad de guerreros desconocidos acêrcanse a su casa, clasificados asî por

êl por ser portadores de êgida, arcos y espadas, miramiento que diole pâbulo y de

pensar que [tal vez por inconveniencias o vicisitudes] no era imposible un ataque, 

si no que un conflicto; mas tambiên la intranquilidad de sus halcones engendrada

por el chiflido de un bructero de la tribu germânica [que nadie sabe cômo lo es ya

que es oriundo de Tanagra], el que al parecer funciona como una señal codificada

que despierta la atenciôn de los integrantes de la tribu----ni que tratârase del rayo

de Amôn o de Jûpiter cayendo sobre el arcontado de Alceo, si no que sobre los te-

chos de Pâralo o de Jantipo---a su vez que la defensa. A raîz de la perturbaciôn de

lo calmoso, a lo que siguiô un destacado bullicio en las jaulas, el mismitico bructe-

ro que chiflô pîdele el correspondiente beneplâcito a Pandolfo Colunnecio para sa-

lir de la marcha de la tribu e ir a hacer una indagaciôn, la que clararîa el porquê de

tal susodicho estrêpito.

----Señor, me puede decir usted que tipo de pâjaros tiene usted en esas jaulas?

----No son pâjaros, sino halcones---responde Kalîas a la vez que êchale una miradi-

ta al reo, reconociendo entonces al lictor.

----Entonces usted se ocupa del arte de la cetrerîa?

----Asî es!!, de êse me ocupo yo. Y ustedes quiênes son?

----La tribu germânica bajo el mando de Pandolfo Colunnecio.

----Y por quê tienen prisionero al lictor?

----Y de dônde usted lo conoce?

----De aquî, de bedriaco, pero sabe usted que es un amigo de la reina?

----Y no sôlo eso, sino mâs. Y esos papeles que usted quema quê son?

----No tengo la obligaciôn de responderle su pregunta....

----Si no quiere buscarse problemas, mejor respôndala.


     Tras la persistencia de Kalîas de mantener mutismo, el bructero le da un fuertîsi-

mo empellôn que provôcale la caîda al suelo, momento que aprovecha para râpido y

arrebatarle los papeles que tenîa en la mano derecha. Una vez que lee el contenido y

que habîa en êstos hâcele una seña a Pandolfo Colunnecio para que venga inmediata-

mente.

----Quê estâ pasando aquî, quê sucede?----pregunta Pandolfo.

----Que quê?, lea usted mismo con sus propios ojos---dice el bructero entregândole y

los papeles.

----Asî que el certificado de nacimiento de Atabân y de Flacius Ilyricus, no?, aunque

tambiên otras revelaciones que no sabe todo el mundo [...] de dônde sacô usted esta

informaciôn?---pregûntale Pandolfo a Kalîas.

----Yo fui lacayo al servicio de su majestad Vologeso...

----Si es verdad lo que usted acaba (de)cir quêdale personada su vida; pero si es una

mentira, que tengo suficiente tiempo para hacer una investigaciôn, estarîa en peligro.

----Pues hâgala y verâ que digo la verdad.

----Mire, por ahora quêdese usted tranquilo, pero yo debo quedarme con estos pape-

les por ser confidenciales; y no ofrezca resistencia, que no deberîa buscarse lo que no

estâ para usted, me ha entendido?

----Claro que sî!!, cômo no? Y adônde usted lleva al lictor?

----A la corte de Dido, que hay rendiciôn de cuentas, un pasado sucio, una acto crimi-

nal contra Vologeso...

----Y con esta tribu usted piensa desafiar a los soldados bâtaros?

----Eso dêjemelo a mî, que no es de su incumbencia---dice Pandolfo Colunnecio a la

vez que da el edicto de continuar la marcha a palacio.


 







  













 




         





Dienstag, 30. März 2021

La cazuela de Vitelio (854)

  

        Ocupado con la actividad de convertir en pavesas unos documentos invete-

rados, de jaez  secretos y  pertenecientes a la corte de Vologeso, servidores y si

acaso como reminiscencia, y siendo el lugar de la flama un oxidado latôn con la

altura de un metro, Kalîas encuentra el certificado de nacimiento de Atabân y de

su hermano Flacius Ilyricus, ambos hijos de su majestad Vologeso, allende que y

asimismo la sûmula aportada de sestercios por Dido a unos criminales forâneos,

no siendo el objetivo otro que el de sacar de circulaciôn a la majestad susodicha.

Empero antes de seguir habrîa que revelar que tal propôsito no fue pensado nun-

ca por Dido, sino mâs bien por su padre Bole por razones concretas de conflictos

incesantes entre êl y Vologeso; que la cantidad de monedas con las que pagô Di-

do era parte de la herencia dejada por Bole, a la que ûnese la peticiôn de êste es-

crita en una carta de que cumpliêrase con su ûltima voluntad. Pero si de algo es-

taba  consciente Dido era de que no fue por gusto la desapariciôn del tîo de Kos-

mos de Bedriaco, sino mâs bien debida a una determinada complicaciôn que ha-

cîa periclitar su vida. Esta complicaciôn jamâs fue dicha ni aun al flamen, quien

siempre  creyô en la verba de la actual majestad de Bedriaco, aunque tampoco a

Kosmos, quien  utilizô una parte de su  diamantino tiempo para abordar el navîo

con rumbo a la ciudad del ocio y, una vez allî, arrumbar sus pasos al templo y de

Libitina donde encuêntrase el liber con la lista de los sucumbidos. Agrandando y

la amplificaciôn, para que no quede oscuro un pasado hasta hoy mantenido en el

mutismo, que las burbujas mayestâticas saltan con histrionismo en la cazuela, la

cosa es que si Atabân da el edicto de asesinar a Cotisôn Alanda Coto, el rey de y

Ferencia, no sôlo debiôse a una actitud por parte de êste un tanto servil, sino tam-

biên por haberle virado los disparos de flechas a su padre Vologeso, aun sabiendo

que siempre apoyô la causa de los bructeros, abogô por ella sin recelos de ningûn

tipo, calaña de aceptaciôn que viose perjudicada un dîa de esos que bueno apellî-

dase. Siguiendo con los datos que escapan a la mediciôn del baremo, que la de un

ser sobrevivencia depende de algûn silencio sostenido, el lictor estuvo enterado y

de lo pasaba en Bedriaco por aquel entonces, algo dejado saber por Dido con su y

primera y ûltima visita a Apragôpolis, y justa o precisamente en la taberna de esta

ciudad. A cambio de esto, lo que serîa una especie de justicia o si no que flagrante

venganza, olvidândose de la verecundia que tal veu pudiera suceder, ataque contra

el honor y embadurnamiento de medallas, es que Pandolfo Colunnecio, y en nom-

bre  de quienes  fueron jefes de la tribu germânica, es que toma como reo al lictor,

aunque no queda descartado que tambiên debido al cambio de las monedas, con y

resonante valoraciôn que desdeñada quedar no puede. Pero kalîas, lacayo al fin, y

terminante de una êpoca en que los trucos y las pericias manipulaban al interlocu-

tor, decide ir a dialogar con Dido, a pesar de que el momento no pueda ser el justo

o tempestivo por el acontecimiento que, al raso, tenîa lugar descollante en la loca-

lidad de Bedriaco, lo que no significa que la quemadura detêngase, sino que mâs y

bien dejâranse de quemar los documentos con algo de relevancia.    








de Bedriaco,

Donnerstag, 25. März 2021

La cazuela de Vitelio (853)

     

         Vercingetorix no pudo eludir la tenencia de una emociôn al escuchar [por y

Teariôn] que en la garita del controlador peonio habîa una îngente lanza, empe-

ro por la sencilla razôn de que tal arma recordâbale su pasado, menos que por y

otra cosa que dejârale resonancia. Con esto, queda ostensible?, traslâdase hacîa

detrâs, hacia la  alcheringa, hacia los tiempos en que eran continuos los desafios

y estrepitosas las promaquias, necesarias las sofocaciones intensas y las de y su-

dor empapadas, como tambiên que las hazañas conspicuas y las coloraciones de

un bardo en funciôn de acicatear el valor de los guerreros.

-----Quê ha pasado con su semblante que de sopetôn eyecta una imago jubilosa?

-----Me harîa falta un espejo para disfrutarla mejor, Kosmos?---pregunta Vercin-

getorix.

-----No tan cerca para que de ella no enamôrese ni tan lejos como para que piêr-

dala de vista.

-----A raîz de cuâl dokimasia se debe la verba en curso?----fisga el didâscalos fi-

losôfico.

-----De ninguna, didâscalos, de ninguna!!, sôlo que un cambio de jeta diome pâ-

bulo de formular una pregunta---responde Kosmos.

-----Todo cambio dêbese a un movimiento, porque sin êste no hay aquêl.

-----Câspita!!, que mantiênese Filôn como el fulcro de la palanca.

-----Un buen punto de apoyo siempre es preciso, no?

-----Si de movimiento se trata el mîo fue hacia detrâs, hacia el pasado---revela y

Vercingetorix.

-----No creo que el motivo haya sido pensar en el color verde de la acebuchina...

----Tû y tus relaciones!!, Kosmos...

-----Si usted no quiere que esto se complique, Vercingetorix, acabe (de)cir la de-

bida causa del movimiento susodicho---dice el didâscalos filosôfico.

-----La ingente lanza, didâscalos, la ingente lanza!!

-----Yo con mis relaciones y usted con las suyas, Vercingetorix---acentûa Kos-

mos.

-----O cada cual con las que le pertenecen---añade el didâscalos filosôfico.

-----Y punto a la raya y que continûe la letra!---afirma Kosmos.

-----Eureka!!

-----Tengo que decirte lo que ya sabes, Kosmos?----indaga Vercingetorix.

-----Que yo sepa amplificado no he ninguna pregunta, asî que no dîgame nada o

guârdese el decir----suelta Kosmos y risas.

-----Vaya atropello verbal: tremendo!!

-----Atropello verbal, Vercingetorix?, quê bien!!, no estâ mal como perîstasis.

-----Quê bien, didâscalos, que asî lo considere---dice Vercingetorix.

-----En lontananza no estâ [para el lascamiento o el lascar] la soliditas de la prô-

xima masa----señala Kosmos.

-----La que no afloja la erisipala!!----afirma el didâscalos filosôfico.

-----Ni atraviesa el rayo de Amôn!!----afirma Kosmos.

-----Ve usted, didâscalos....

-----Vercingetorix, quê?

-----Que con causa o sin ella aquî siempre hay complicaciôn.

-----Y risas del didâscalos filosôfico.


       El supuesto coronado de que las atingencias son el ûnico medio para hilva-

nar retazos de materia esparcida por un amplio campo de conocimiento muy del

gusto de un polîmata, la que asimismo nada tiene que ver con rêmoras repetidas

por una conciencia irresoluta, fue llevando a Kosmos a la conclusiôn de que hen-

chir un espacio con documentaciôn barata era mâs bien un phârmakon breve pa-

ra aliviar el peso de un pensamiento tedioso, no ya decir que para contrarrestarle

a una batahola su sonoridad mayor, la que ensordecer pudiera tan raudo como y

un tiro cañonado. Mas ya dispuesto para abrir la polêmica, para sacar a puesto, a

colocaciôn lo atinente al supuesto coronado, la presencia (acopas) con su porte y

aspecto del magister equitum en la Kosmona atrae las retinas de los contertulios,

la que debîase no a otra cosa que al dejar saber un barrunte de Dido, el que exac-

to, justo y concreto es el siguiente:

----Deben todos abandonar la instituciôn y trasladarse a palacio, ya que la tribu

germânica completa ha llegado a Bedriaco, y Pandolfo Colunnecio trae como y

reo al lictor.

---Por el oro de las retamas y la pûrpura de los brezos!!, y cômo mi madre se en-

terô de eso?----pregunta Kosmos.

----Por el controlador peonio, el que llegô a la corte pidiendo ayuda, porque des-

puês de lanzarle una lanza a uno de los bructeros tuvo que salir huyendo...

----Sin dudas y sospechas que trâtase de su lanza, lictor, no?

----Debe ser, Kosmos, la mîa, sî!!, la que en la garita de tal controlador tuve que

dejar...

----Ahora queda claro de dônde el controlador peonio sacô el arma. Sabe usted, y

Teariôn, que por portar un tipo de armamento puede ir a la ergâstula?

----Magister la trajo como dâdiva para Kîntlico de Kostâ, no con otro objetivo--y

clara Kosmos.

-----Usted me disculpa, magister, pero no sabîa que estaba vedado---dice Teariôn.

----Empero, magister, por quê reo el lictor?---indaga Kosmos.

----Al parecer por haber cambiado unas monedas pagadas a Pandolfo Colunnecio;

el que supo, a raîz de una pesquisa realizada, que el lictor era un viejo conocido de

tu madre....

----Por lo que ya pasa por mi magîn ese Pandolfo lo que quiere es peculio, no?

----Nada atîpico, ya una vez sucediô con Flacius Ilyricus---dice Vercingetorix.

----Pero quê tenemos que ver nosotros con todo eso, por quê salir de la Kosmona?

----Didâscalos, por cuestiones de seguridad, por eso-----responde el magister que y

agrega: asî que andando, a palacio.



























































 

Dienstag, 23. März 2021

La cazuela de Vitelio (852)

        La pasada de Taranis afectô [partiêndola a] una rama del Iubhar, la que y al

suelo cayô sûbitamente apabullando a un escorpiôn que buscaba su imprescindi-

ble alimento. Veinte minutos despuês fue tocada por el pneuma de un inesperado

Cauro, el que llegado con pudiencia por el noroeste de facto la dejô desnuda, por

el hecho intachonable de haberla dejado sin hojas. A continuaciôn de estos dos y

naturales sucesos llegan a la sombra del Iubhar el grumete redomado y la bailari-

na pelirroja, mas ignorando totalmente el ônoma del ârbol aunque asimismo su e

inveterada simbologîa, lo que como tal indica que la estancia de ambos no era y

con el objetivo de encontrar detalles y datos a partir de renacimientos y transfor-

maciones, sino que debido a un menester solaz para aliviar el cansancio que sus

piernas padecîan, siendo de êste la razôn concreta la distancia recorrida. Xabier,

y con el propôsito de utilizarla para apoyar la cabeza, traslada la rama con el fin

de ponerla en una posiciôn mejor, algo que costôle un poco de esfuerzo por y el

motivo de estar exhausto. Al hacerlo dase cuenta del aplastado escorpiôn, el que

aûn movîa su cola como si quisiese horadar alguna materia con su aguijôn perni-

cioso, movimiento para êl sin explicaciôn alguna ni a partir de un razonamiento

lôgico efîmero tenido.

----Que no se te ocurra agarrarlo, que ese bicharraco es peligroso---dice la baila-

rina pelirroja.

---Cômo es posible que siga moviendo la cola si estâ muerto?---pregunta Xabier

tocando al escorpiôn con la punta del zapato.

----Quê sê yo!!, ni idea [....] por quê mejor no le das un pisotôn?

----Ahora mismo lo hago, sî, cômo no.

----Tengo la piel erizada, acaba de hacerlo---dice Corônide a la vez que frôtase la

piel de los brazos con sus manos.

----Ya, hecho: estâs mâs tranquila?

----Al fin lo hiciste. Sî, claro, y hasta dejê de erizarme.


     Seguido a su decisiôn de pasar por la granja del leñador de Britania, sometîa a

una media velocidad Kosmithôs al corcel asturiano. Como jinete ya con experien-

cia, con dominio buenîsimo agarrando el arreo y ponderando los saltos sobre la al-

barda con una posiciôn a horcajadas cuasi profesional, la que a su vez favorecîa la

salud de su tafanario, Kosmithôs contemplaba el paisaje exento de alguna mîmesis

eyectada por su mente, cual animi iniectus conservador de una figura que de sope-

tôn interpônese con determinado vigor, la que ademâs indômita pudiera resultar si

es precario el mêtodo que la anula o la desdeña; confiaba en su miraba como Argos

con la sûmula de sus ôculos abiertos, aunque en su [casu] retinar no existiese el co-

rrespondiente o debido cumplimiento vigilar (concienzudamente) disciplinario, ser

de rigor de los guardianes selectos o de los iniciados a un culto, destacados paradig-

mas a raîz de un magno edicto o de alguna idolatrîa versada en campos antiguos en

funciôn de un acto especîfico que opônese a la felonîa, que detracta lo que no un se-

nil correveidile con (engorrosa) tendencia alcahueta.

       No dilacionô mucho la bailarina pelirroja en quedarse dormida con los pies sin

calzado, algo que no hacîa falta comprobar por su incesante roncar, el que exacto y

precisamente impedîale a Xabier trasladarse de una dimensiôn a la otra, donde Mor-

feo impera sin trono y sin corona. Êsta fue la razôn por la que el grumete redomado

viose en la necesidad de buscar algûn entretenimiento, el que raudo encontrô al ocu-

rrîrsele la idea (de)senterrar al escorpiôn hundido, arrancarle el aguijôn que ponîale

fin a su cola y con el objetivo de pinchar el codo del brazo derecho de Corônide. La

reacciôn por parte de êsta no fue tan cêlere como esperâbase; tuvieron que pasar los

correspondientes segundos, dando igual ora cuântos fueron, para que diera calaña de

la respuesta a un inesperado estîmulo, ademâs de que por extensiôn un tanto ingrato,

si no que intempestivo y como tal oneroso.

      Kosmithôs ya estaba bastante cerca del Iubhar, por lo que divisar que corrîa la y

bailarina pelirroja como una coneja asustada no fue imposible. Sûbito (o como un ti-

ro de flecha) entonces saca de la conductual recta al corcel asturiano a raîz de un ha-

lôn del arreo hacia la izquierda y sin perder tiempo va a salvar a Corônide, al pensar

de que corrîa huyendo de algo o de alguien. Llegado al punto preciso donde podîa y

rescatar a la vîctima con velocidad de pies, salta del cuadrûpedo como un brinco del

guerrero aqueo Aquiles, el que de facto acarreô que tanto êl, como Corônide, cayeran

al piso.

----Y tû de dônde saliste, apareciste como por arte de magia?---pregunta Corônide.

----Quê dices?, aquî no hay magia ninguna, sino un observar, una mirada posible, eso.

Y cuâl es el motivo de tu correr, te persigue alguien o es por otra cosa?

----La cosa es, Kosmithôs, de que tu amigo Xabier me pinchô el codo derecho con un

aguijôn de escorpiôn, ademâs de sacarme de mi dormir con esa gracia...

----Y por esa insignificante gracia tû corrîas como corrîas?

----Insignificante tal vez para ti, no para mî, que esos bicharracos son espantosos.

----Tû me disculpas, pero yo tengo que reîrme...

----Quê si no?, igualito a tu padre!!, pero gracias por venir en ayuda.

----Pero si yo vine en caballo...

----Y risas de Corônide.

----Bueno, trêpate en la albarda, que te llevo de regreso al Iubhar.

----Y cômo tû sabes que estâbamos aquî?---pregûntale Xabier a Kosmithôs.

----Saberlo?, no!!, quê dices?, si de hecho ni me dirigîa (a)quî.

----Y adônde entonces?

----A la granja del leñador de Britania, (a)llî, pero antes de salir te busquê en palacio

y toque en la puerta del cuarto de ustedes. Y desde cuândo ustedes son amantes de y

un ârbol como êste?

----Amantes?, si ni tan siquiera sabemos cuâl ârbol es---responde Xabier.

----Un tejo, un viejo tejo; el de las transformaciones y los renacimientos...

----Cômo, tû estâs jugando, no?----indaga Corônide.

----Nada de juego, nada de eso, quê va!!, no por gusto es el ârbol preferido de Ver-

cingetorix.

----No me digas, verdad?---pregunta Xabier.

----Como acabaste de escuchar, eso!!

----Entonces aquî pueden ocurrir cosas extrañas, raras o algo parecido?

----No es imposible, Corônide, no lo es.

----Pues sabes quê?, yo me voy de aquî y si tû quieres te quedas----dîcele Corônide a 

Xabier.

----Kosmithôs, cabemos los tres en el lomo del corcel asturiano?

----Claro que sî!!, sin problema alguno, Xabier.

----Eso ya es otra cosa que sî me gusta---dice Corônide.

----Pues trêpense en el cuadrûpedo que nos largamos---anuncia Kosmithôs.

















 












   




 















 

Montag, 22. März 2021

La cazuela de Vitelio ( 851)

 

      (en Apragôpolis)

     

     A raîz de una pesquisa rigurosa, la que durô algunos dîas y realizada en com-

pleto mutismo, llega a la conclusiôn Pandolfo Colunnecio de que habîan sido las

monedas cambiadas [ las que diole (anticipadamente) Anaxîmetro de Apolonia y

con el têlos concreto de sacar de la taberna a Sarambo], y cual ûnico responsable

de tal hecho tratâbase de el lictor.  Mas si algo diole pâbulo de hacer la investiga-

ciôn  fue debido a no otra cosa, que al juramento de Anaxîmetro por todas las dei-

dades de que las monedas entregadas no eran falsas, allende de que êl mismo vo-

litivamente  ofrecîa su vida en el caso de que no creyêrase que estaba diciendo la

verdad todita. Esto de voluntariamente entregarse a la muerte, tanto que menos un

resultado como consecuencia de un arraigado fanatismo y cuanto que mâs una se-

ñal concisa de un acto valeroso, aunque tambiên perînclito en el caso de que quien

realîcero hâgalo exento de algûn tipo de interês, despertô la curiosidad de Pandol-

fo Colunnecio en averiguar el porquê de tan ingente valentîa, algo un tanto insôli-

to en los dîas en que el mimso Sol sigue lumbrando (a)ntropos con incesante servi-

lismo y repetidas manîas (pero) en funciôn de una costumbre de jaez general. Que-

dâbale por hacer (entonces) a Pandolfo darle el edicto (a)lgunos de sus bructeros y

de que fuesen en busca del lictor, tambiên que en el caso de que en su casa no es-

tuviese que pasaran por la zona de Omonia, ya que como resultado de la pesquisa

saliô a flote que el lictor de vez en cuando visitaba a Circe.

      Si por un lado sucedîa lo anterior; por el otro, que no es el opuesto sino mâs y

bien el caracterizado por su diferente coloridad, Jancia, Prixeletes y el colosero ya

estaban en casa de Sunev, y de tal guisa no solos, sino concomitados por Sarambo,

quien escuchaba atentamente la razôn por la cual êstos abandonaron Bedriaco. 

---Por lo que tû cuentas, Jancia, puedo entender que hayas decidido venir para acâ 

y de que hayas hablado con Sunev para que permitiêrate estar en su casa, que es lo

correcto al ser esta vivienda su propiedad----dice Sarambo.

----Gracias a ella supe que usted estaba viviendo aquî, que le pagaba el correspon-

diente alquiler y de que ya el tiempo de su estancia en esta vivienda es considerati-

vo---acentûa Jancia a la vez que echa un vistazo a lo que en derredor atrae a su mi-

rada.

----Asî es, Jancia, hace bastante que estoy aquî...

----Y usted sigue igualito, no cambia---dîcele el colosero a Sarambo.

----Si de cambios se trata tû no has variado mucho desde la ûltima vez que te vi en

esta misma sala----suelta Sarambo y le dice a Prixeletes: un gusto en conocerlo.

----Tambiên lo es el mîo, señor!!---afirma Prixeletes dando su mano.

----Y cômo estân los contertulios, siguen con sus tertulias?

----Esos no salen de sus tertulias; son inagotables, continuas e infinitas: una detrâs

de otras----responde el colosero.

----Y la campesina cômo estâ, tu novia?

----Muy bien, Sarambo, ella estâ de maravillas, quê si no siendo la nieta de Dido?

----Estâ de mâs la pregunta, colosero; de sobra estâ.

----Y a usted cômo le va, Sarambo, con la taberna?

----Todo en su puesto y medida, aunque insista Anaxîmetro en volver a recuperar

su puesto como tabernero...

----Verdad que asî, cômo que a recuperar su puesto?

----De no ser por el lictor hubiese perdido mi trabajo, el que me salvô de una de las

bajezas de Anaxîmetro de Apolonia, y por la misma que ahora estâ siendo buscado

por unos bructeros de la tribu germânica.

----Se explica usted, Sarambo?

----No desean primero comer y beber algo?

----No me parece mala idea---dice Jancia.

----De acuerdo, de todas maneras tiempo tenemos---dice el colosero.

----Y usted quê dice, Prixeletes?---pregunta Sarambo.

----Que participo en lo que estâ por suceder...

----Pues regreso en diez minutos con los sustentos pertinentes--- dice Sarambo yen-

do en busca de ellos.

























 





Freitag, 19. März 2021

La casuela de Vitelio (850)

  

          Non plus ultra de una hora despuês de la conversa debida, de la ajustada

verba a un posible alongamiento discursivo, de claramientos menesteres como

de tambiên especificaciones concedidas, quedan barruntados los contertulios y

por parte de Teariôn de los ûltimos sucesos en el estrecho de España, mâs rela-

cionados con una parte de la tribu germânica que con algûn que otro desacuer-

do entre el que compra y el que vende, algo de facto siempre posible por la cla-

ra y sencilla razôn de los precios correspondientes, y no sôlo por un continuo e

incesante cambio, sino tambiên porque cada vez son mâs altos. Asimismo que-

daron sabiendo de la ingente lanza traîda como regalo a Kintlico de Kostâ, y de

la que ya sâbese que tuvo que dejarla en la garita del controlador peonio.

-----Y quê hace entonces, Teariôn, la autoridad local de tal lugar, no interviene,

no enfrenta, no detiene los ataques y los abusos de esos bructeros?-----pregunta

Perrasiestes.

-----De acuerdo a lo que sê por efîmeros comentarios, los que pueden oirse en y

varios lugares y no sôlo en uno concreto, el problema es que el mêtodo de la tri-

bu no consiste en pasar a la acciôn ella completa; o mejor dicho, el de la parte y

de êsta que estâ en el estrecho, sino mâs bien en hacer lo que hace de forma dis-

persa y sorpresivamente, de ahî que el câlculo del momento del hecho queda to-

talmente ignorado por la autoridad y como tal siempre llega tarde.

-----Pero esa parte de la tribu tiene que acampar en alguna parte, no?

-----Êse pudiera ser otro problema: averiguar dônde.

-----Problema para la autoridad?

-----Sî señor!!, asî es, un problema....

-----Câspita, Perrasiestes, que trâtase de una autoridad del sur, no del norte.

-----Y quê tû quieres decir con eso, Kosmos?

-----Que caracterîzale la pachorra o la dilaciôn del movimiento para realizar la

pesquisa,

-----Y cômo tû sabes eso, si donde viviste un tiempo fue en la ciudad del ocio?

-----Ni que fuera una autoridad muy disîmil de la otra: se dan la mano y se rega-

lan los silbatos---dice Kosmos riendo.


       Mas Kosmos exento de dudas o sospechas pensô en eso de la ingente lanza

traîda por Teariôn, algo que serîa como una justificaciôn para êste venir a visitar

a la campesina a Bedriaco, lo que no quiere decir que la dâdiva como tal fuese y

completamente mentira, empero flagrantemente el interês que habîa detrâs de to-

do era otro, del que êl mismo fue testigo aquella nocturna en el Thermopolium y

del estrecho de España, y en el momento preciso en que Teariôn, con un masaje

visual, recorriô todo el corpus de su hija con soltura regalada, como si êsta fuese

una perla especiosa con fijeza frente a sus ôculos, si no que otra cosa con beldad

conspicua que atrajo en un periquete el metodismo de sus retinas. Pero a pesar y

de lo pensado quiso volitivamente hacerse el tonto y, valiêndose de la pertinente

e indefectible pregunta, sûbito hâcela a Teariôn:

-----Se te olvidô o no traer otro Kata-Shiro para mi hija?

-----No es cosa de olvido, es que ya no tengo mâs, ademâs que ya ni se encuentra

en el estrecho de España, porque nadie lo vende. Y respecto a la campesina me y

acaba de mostrar todo el palacio, impresionante, regio!!

-----Câspita!!, que si no?

-----Tambiên conocî a tu madre, nunca antes tuve frente mî a una reina.

-----Y quê amplificas despuês de haber tenido una?

-----Que aûn no tengo una definiciôn precisa o las palabras exactas para describir

a Dido, pero por lo que vi me parece que le gusta la comodidad.

-----Porque estaba tirada encima de los pulvinares?

----Sî!!, por eso lo digo, ademâs que leyendo el diario de una tal Jancia....

-----Descollante novedad!!, porque mi madre munca fue amante de leer diarios.

-----Tal vez quiere saber algo de la desaparecida, no?

-----Pudiera ser, no es imposible, por lo que entonces serîa la res que llâmale la y

atenciôn. Y dîgame una cosa, Teariôn: quê pareciôle el viaje en el navîo?

----Lento y a su vez divertido!

----No me vaya a decir que estuvo en el camarote con la numeral siete...

----Estuve en el que le precede.

----Y tan cerca no sintiô resonancias?

----Resonancias, de quê?

----Serîa una dilucidaciôn compleja, asî que es mejor que la olvide.

----Suena un poco misterioso...

----Un poco?; pero como dije, olvîdela.

----Es igual, porque no me interesa, Kosmos. Sabes quê me dijo tu madre?

----Amplifique quê, Teariôn, amplifîquelo!!

----Que yo muy bien que pudiera encajar en la Kosmona.

----Seguro que calculôte por alguna respuesta dada.

----Y cômo lo sabes?

----Porque conozco a mi madre.














  













 



 

Donnerstag, 18. März 2021

La cazuela de Vitelio (849)

    

       Claraba Kosmos que la idea del ojo asomante caracterizâbale solamente un

movimiento: el de hacia detrâs. Seguido agrego, que desde que la usaba sacâba-

le mâs provecho a las cosas por el hecho de volverlas a ver, empero asimismo y

por eso iba quitando las que por haberse acumulado sôlo la funciôn exclusiva te-

nîan de ocupar espacio, el menester y relevante para el empollamiento diamanti-

no de la simiente del pensamiento; de lo que sale entonces, sea ya a partir de al-

guna conclusiva lograda que a travês de un câlculo circunspectamente repasado,

que atiborrar su capacidad tendrîa, como consecuencia, la de la formaciôn de los

ôbices, la de los obstâculos para la fluencia verbal, punto clave o jardîn âureo al

servicio de la letra expuesta al pincelamiento del mayestâtico magîn, si no que y

al de la tinta (o al de la plumbagina que goza con soltura mesurada) que coralina

embadurna  completamente una superficie cândida, de tal guisa que [horizontal]

no a los dedos en pleno usufructo.

----Kosmos, ya sabemos que con tal idea vas quitando, pero si hay empollamien-

to diamantino de la simiente del pensamiento hay nacimiento, y si hay êste hay y

material para llenar el mismo espacio que se habîa desocupado, no?

----No estâ mal su analîtica, Temîganes, y aquî es precisamente donde entra en y

rol el dêprise y el repise, pero es que desposeer-poseer es para lo que estamos y

hechos, ya que sin posesiôn existirîa vacîo; empero êste, con su espacio, es parte

de otra categorîa de capacidad muy disîmil de la que yo amplifico.

----El espacio del vacîo no es finito---dice el didâscalos filosôfico.

----Inteligible lo que usted quiere decir, didâscalos---dice Temîganes.

----Câspita, Temîganes, seguro que inteligible?---fisga Kosmos.

----Yo creo que sî!!

----Creer no es estar seguro sino confiado, porque uno conoce lo que cree--agrega

el didâscalos filosôfico.

----Y acaso puêdese desconocer lo que se cree?

----Temîganes, compleja titularia----señala Kosmos.

----Le aconsejo, Temîganes, que no se meta en ese laberinto, que ni las estrellas lo

van a poder ayudar a salir incôlume---dice el didâscalos filosôfico.

----Incôlume, y cuâl es el daño posible?

----El del adversario magno: la conciencia, sede del pensar!!

----Que ni los gansos blancos podrîan salvar su ciudad advirtiendo la llegada del

enemigo.

----Los gansos del templo de Juno?---pregunta el didâscalos filosôfico.

----Êsa es la res, didâscalos, êsa!

----No los entiendo---dice Temîganes.

----Rêstale, entonces, preguntarle a los galos, los que explicarân mejor----dice y

Kosmos.

----A los galos, y por quê no a Arco Marcio?----indaga el tîo de Kosmos.

----Porque aûn no era el cuarto rey de Roma.

----Quantum satis!!, querîa saber si lo sabîas...

----Por el oro de las retamas y la pûrpura de los brezos!!, pasê el examen.

----Nada inteligible el jueguito de ustedes---dice Temîganes de Alejandrîa.

----Pues pônese la cosa serîa, porque miren quiên ha llegado---anuncia Kosmos.

----Y de quiên se trata el llegante?----pregunta el didâscalos filosôfico.

----De Teariôn didâscalos, êse!!























  

Montag, 15. März 2021

La cazuela de Vitelio (848)

 (en el segundo sistema)


     El secretario, Euticô, el centuriôn y el eunuco Posides dialogaban de sus pa-

sadas acciones, pero de las indelebles en el primer sistema. Mâs tarde llega sor-

presivamente el sprintia para participar de la actividad en curso, la que improvi-

sada tenîa lugar en derredor de una descollante hoguera no muy distante de la y

corte de Podacres, razôn por la cual la flama atizada con un fuelle mesopotâmi-

co fâcilmente podîa verse desde la casa imperial del padre de Casandra. A pues-

to sacando algunas de las mâs significativas experiencias empîricas, habla y con

gusto el centuriôn de la referente a la realizada el dîa siguiente de personalmen-

te haber conocido a Dido, la que informôle de los reos que tenîa en la ergâstula,

y por la que supo, entonces, que entre êstos encontrâbase un senecto amigo. De

esperarse era entonces que Euticô reaccionara compulsivamente para revelar sû-

bito que tal compinche era êl mismo, y que gracias a la liberaciôn pudo estar un

tanto cerca del pasado, al recordarse de los tiempos en que vendîale sus estatui-

llas al que ni pensaba llegar a ser jefe de una centuria en la milicia romana. Sin

embargo el centuriôn no contradice con verba oponente lo que estaba escuchan-

do, sino que mejor acentûa el aspecto conspicuo de su servicio militar como una

suerte que tuvo al conocer a un guerrero retirado, el que pûsolo en contacto aco-

pas con un militar de ingente rango y el que a su vez abriôle las puertas de un y

mundillo para êl hasta el momento ignorado. El secretario, en cambio, que bien

que sabîa de tal mundillo, no quedô atônito al penetrar por sus oîdos lo acabado

de escuchar, ya que conocîa perfectamente que ciertas atingencias podîan llevar

o conducir a otro tipo de circunstancias, las que deben salvarse con puntas si no

que con filos distinguidos. En el caso del sprintia, que nada con la milicia tiene

que ver, sacaba a relucir su presencia en una determinada corte, una que ademâs

era tan repetida, que considerarla como un vicio podrîa ser la justa clasificaciôn,

pero que sin ella no hubiera podido darse el lujo de tener mâs o menos una exis-

tencia buena, ya que de facto era garante del peculio que ganâbase entre telas y

arrugadas; en el de el eunuco Posides, la cosa vela por otros mares, con otro co-

lorido, engendrando otro escarceo en la conciencia senil, aunque tambiên la im-

poluta acciôn de colaborar histriônicamente con personajes de paso sin mascara-

da trâgica, sino que en funciôn de una representaciôn apegados a una escena de

efîmero corte.

      Simultâneamente Cornelia desde la corte divisa el flamîgero avivado, el que

a su vez diole pâbulo de salir de su cuarto y dirigirse al lugar donde exhibîa (pu-

diente) su amarillo. Pero sucede que al descender por los peldaños de la corte se

encuentra con Flacius Ilyricus, el que recientemente hablô con los dos soldados

bâtaros  posicionados entre la sombra de las columnas, siendo uno de êstos el y

por êl mismo matado con la punta del secespita y al estar de guardia en la caba-

ña donde estaban las mercancias quitadas a Sarambo, y de donde sacô el dadiva-

do diamante a Jancia. Cornelia al verlo si que asômbrase, porque reconoce indu-

bitablemente al hombre que de parte de un emperador le advirtiô, que si decîa y

de su embarazo con su majestad algo su vida corrîa pernicio, por lo que entonces

quedaba ostensible que era mejor que cerrara la boca.

----Mira con quiên vuêlvome a tropezar, quiên iba a decîrmelo.

----De dônde usted me conoce para que diga eso?---pregunta Flacius Ilyricus.

----No se acuerda usted de que de parte de un emperador me fue vedada la pala-

bra al respecto de quiên era el padre de mi hija Sunev?---pregunta Cornelia a la y

vez que acarîciase su barriga.

----Me parece que usted me confunde con otra persona, ni idea de lo que dice.

----Seguro, Flacius Ilyricus, seguro?

----Y cômo usted sabe mi nombre?

----Cômo no voy a saberlo si lo desconociera? Esto de lo que le hablo sucediô ha-

ce ya bastante tiempo; pero si me acompaña, al lugar donde hay una hoguera, le y

refresco râpido la memoria.

----De acuerdo, señora, que al parecer la he perdido.

----Muy bien y entonces vamos.






 










Sonntag, 14. März 2021

La casuela de Vitelio (847)

    

     Despuês de la detenciôn correspondiente [por los soldados de guardia bâtaros]

y de la intervenciôn de la campesina [ quien acudio al magister equitum para rau-

do comunicarle que el llegante no era un desconocido], Teariôn es que puede con

soltura pasar a la corte y con sus ôculos disfrutar de las ingentes parafernalias ma-

yestâticas, asimismo que ser testigo de la incesante sombra engendrada por el gro-

sor de una ringlera de columnas, la que como tal podîa comparar con la indefecti-

ble de un tûnel secreto, aunque estableciendo esta semejanza (o relaciôn) quedâra-

se un tanto alejado de la justa o exacta por parangôn.

      Dido ya habîa sido informada por el cibiosactes, de que Jancia esfumôse de la

corte sin conocerse el cuândo, desconocimiento total que similar confesaron tener

sus amigas âcraticas a raîz de la pregunta adecuada hecha por êl mismo, empero y

menos que por algûn tipo de interês por su vida, por el motivo concreto de no apa-

recer en la cocina a la hora justa o exacta en que daba comienzo la sanciôn. Mas y

si algo dejô cavilosa a su majestad no fue otra cosa, que la ignorancia por parte de

las âcraticas del destino de Jancia, reflexiôn que diole pâbulo (entonces) de arrum-

bar sus pasos al cuarto de êstas non plus ultra de siete minutos de haberse enterado

de lo que pasaba. Como resultado de la pesquisa breve obtuvo la misma respuesta

de las amigas de Jancia: No sabemos dônde estâ, no, no lo sabemos, a lo que segui-

do uniôse el hallazgo de Dido del diario de Jancia, el que por ethos siempre dejaba

encima  de la almohada  despuês de despertarse y de no dejar engurrado el sabanôn 

que apellîdase de seda, el con un ampo tremendîsimo como el del mârmol de la im-

perial residencia. Ya en sus manos el diario llêvaselo consigo para leerlo en los pul-

vinares; los garantes, como ya sâbese, de una comodidad sabrosona allende que im-

prescindible, la que por extensiôn bien que podrîa onomarse regia. Y en fin, que ya

con su corpus horizontal sobre los pulvinares, diario enfrente de los ojos y las deli-

ciosas  ambrosîas cercanas al alcance de su mano, la reina comienza a leer lo escri-

to por Jancia de jaez personal, quedândose con la boca abierta al saber del diaman-

te dadivado por Flacius Ilyricus, por lo que entonces no queda exenta de lo espera-

ble estimado al considerar a Jancia una chica con peculio basto, lo que significaba

claramente que donde quiera que estuviese podrîa vivir sin problema alguno, darse

el lujazo que le diera la gana; y hasta, por quê no?, comprarse una casa bonita. 


----Disculpe que la moleste, Dido, pero quisiera presentarle a un viejo conocido del

estrecho de España---dîce la campesina.

----Mi nieta nunca me molesta. Y cômo se llama êl?

----Teariôn, se llama Teariôn.

----Quê gustazo, Dido, jamâs pensê conocer a una reina, encantado de conocerla, de

estar en un lugar como êste---dice Teariôn.

----No creo que nadie se quede con la boca cerrada al estar en un palacio, ya que yo

misma de vez en cuando la abro al volver a recrear mi vista en mi propia propiedad.

----Verdad que usted tambiên se encanta?

----Como lo acabo (de)cir. Creo que haya sido un momento desagradable, nada grato,

que te haya detenido la guardia bâtara a la entrada de palacio, pero cômo lograste que

te dejara pasar?

----Porque yo acudî al magister equitum y le dije que lo conocîa--dice la campesina.

----Y dônde ustedes se conocieron?---indaga Dido.

----En el Thermopolium del estrecho susodicho, allî, en esa taberna romana, en donde

mismo conocî al colosero...

----Quê cosas las de la vida: desaparece un conocido y aparece otro!

----Parecido a decir, Dido: se cierra una puerta y se abre otra, no?

----Me parece, por tu decir, que muy bien pudieras encajar en la Kosmona.

----Y quê es la Kosmona?

----La instituciôn creada por mi hijo...

----Mi padre!---afirma la campesina que pregûntale a Teariôn: viste antes de venir pa-

ra acâ a Kîntlico y a Tublides?

----Ni sabîa que estaban en el estrecho de España, por lo que pensando que estaban y

aquî, le traje una ingente lanza a Kîntlico que tuve que dejar en la garita del controla-

dor peonio...

----Y menos mal que la dejaste ahî, que si no la guardia bâtara te hubiera disparado y

una lluvia de flechas---dice Dido.

----Entonces, Dido, como que el controlador peonio me salvô la vida?

----No lo hizo con ese propôsito especîficamente.

----Quieres ver el palacio, digo, si no estâs cansado?---pregunta la campesina.

----Sî, me gustarîa, ya que nunca estuve en uno, como dije---responde Teariôn.

----Pues ven, que te lo muestro---dice la campesina que pregûntale a Dido: y eso que

leîas quê es?

----El diario de Jancia!

----No sabîa que tenîa uno...

----Yo tampoco.











 

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Samstag, 13. März 2021

La cazuela de Vitelio (846)

    

   Dentro de algunas de las perîstasis [ subrayadas tan fuertemente que periclita-

ba  el buen  estado de la hoja en donde  descollaba la (colorida) lînea] del librazo

de ontologîa de Kosmos, habîa un pasaje dedicado detalladamente a la distinciôn

en lo atinente a los cuatro movimientos del inveterado *Filôn: el tensional y el de

un lugar a otro ( una sûmula de fuentes [hontanares diversos y acadêmicos] de êl

hablan como un  "movimiento simultâneo en opuestas direcciones") y el de hacia

el interior y hacia el exterior (movimiento incesante hacia detrâs y hacia delante.

    Al didâscalos filosôfico encantâbale tal pasaje, no sôlo por su relevancia o sig-

nificancia para estudiosos catedrâticos, sino tambiên por su resonancia diamanti-

na en el mundillo de la conciencia, donde el pensar desarrôllase con mirîfica sol-

tura y el raciocinio alcanza su perla de plata al establecer un vînculo entre la sus-

tancia y la identidad del ser, una relaciôn entre la potencia y el ipsum sumamente

conspicua, y la que como tal ayuda a sobrellevar un existencial, a que lo factible

suceda de consuno a un fundamento bruñido, con precisiôn trabajado y aceptado

con  su indeleble medida. Hasta cierto punto radica aquî lo quiditario, la burbuja

que  salta seguido a la  hervidura del agua, dicho poiêsicamente; porque sin agua

caliente, la colecciôn de los âtomos que forman una figura, pudieran haber burbu-

jas?---la sombra democritable y la coruscancia leucîpica entrarîan en rol, allende?


----Puedo seguirlo sin tropiezos, didâscalos, poner la coma para un suspiro y el

debido entre corchetes para centralizar la atenciôn---amplifica Kosmos.

----Una selecciôn nunca falta a partir de una "proaîresis" posible, no?

---Câspita, didâscalos, que en funciôn de un movimiento adquiêrense las riquezas,

obtiênese lo dador...

----Uno, no eran cuatro?

----Por el oro de las retamas y la pûrpura de los brezos!!, que de haber proaîresis

entonces hay elecciôn; y si hay êsta, no prepondera el singular?

----Es muy cierto!, has elegido entonces no lo pluralizante.

----La marea del entre corchetes y el escarceo de la coma prontamente se verâ!

----Vate, aplausos por su aportativo coloreado!---afirma Kosmos.

----Recibo con entusiasmo el agitamiento de palmas---dice el vate y êl mismo sû-

bito aplaude.

----Autocelebraciôn concisa en un instante largo!---exclama Kosmos.

----Ya sabemos que sempiterno es el instante por ser....

----Aeternidad, didâscalos!!, por eso es la res êsa, la que repito, la que no cânsame.

----Sî, Kosmos, ya sê que es tu repeticiôn êsa, la res epimoneada.

----La res epimoneada!!, otro aplauso para usted, didâscalos, uno mâs despuês del

primero...

----O sea, que por procedente el segundo?

----Y risas de Kosmos y del vate.

----Risas cômplices!!---afirma el tîo de Kosmos.

----Debemos una dilucidaciôn: amplifîquela---pide Kosmos.

----Cômplices de la travesura verbal, de la marranada semântica.

---Ah mira, Kosmos, un lêgein novedoso: travesura verbal y marranada semântica: y

quê tû crees, y quê tû crees?

----Que parece una canciôn para un baile de salôn.

----Esa respuesta es taumatûrgica; no la esperaba.

----Sâquela de la manga que no tenîa paloma!

----Manga larga la tuya, con extensiôn.

----Y en cuâl movimiento estân?

----Respôndole en breve, cenutrio, cuando pase un minuto---dice Kosmos.

----Y por quê uno?

----Porque es basto para que haya otro movimiento del que sale la respuesta.

----Kosmos, la idea del ojo asomante es un movimiento?

----Êsa es la res, Temîganes, êsa!!

----Dase tardîa cuenta usted de que es un movimiento, Temîganes.

----Didâscalos, nunca es tarde si la....

----Siga creyendo en eso, que se va a quedar retrasado.

----A retaguardia entre corchetes!!----afirma Kosmos. 













 









   

Freitag, 12. März 2021

La casuela de Vitelio (845)

     


           Desconociêndolo totalmente, pero a su vez seleccionado con soltura por

la propia voliciôn, al camarote con la numeral 7 llegaron Jancia, Prixeletes y el

colosero. A raîz de la indagaciôn correspondiente, aunque superficial con la uti-

lizaciôn del mêtodo que hîzola posible, entêrase Prixeletes del porquê de la pre-

sencia en el navîo de Jancia; el revelante, claro estâ, de la sanciôn adecuada si 

no que la correspondiente puesta por Dido, allende que con el dato preciso de la

hora del dîa en que fue dada a conocer. Empero el colosero no considerâbala tan

difîcil de cumplir como para abandonar la corte sûbito o de sopetôn, alejarse de

las amistades tanto cercanas como lejanas y someter al individualismo a los em-

bates culturales propicios de la ciudad del ocio. A continuaciôn de escuchar con

atenciôn  la consideraciôn del colosero, Jancia claraba inteligiblemente, que ella

estaba acostumbrada a exponer su existencia a los trastazos mâs duros que posi-

bles fueran, igual donde fuesen o tuvieran lugar, puesto o colocaciôn; que la lon-

ga estancia en la isla de Aphros la preparô para enfrentar tanto situaciones carac-

terizadas por su complejidad, como por sus cambios de acuerdo a un destino se-

ñalado; o subrayado, para que sobresaliese mâs, por una tinta con secretos, senil

e inexorable; que separâbase de sus socias âcraticas [sî!], mas que por lo tanto y

lo cual no las perderîa, sino que mediando un desunir las harîa mâs distanciadas.


----Saben una cosa?---pregunta Prixeletes.

----Quê, te arrepientes de haber subido al navîo?---pregunta Jancia.

----No, eso no!!, es que siento algo extraño en este camarote, pero no puedo de-

cir exactamente lo que es...

----Ah, entonces no es mareo, porque eso no es raro y se puede decir, no?

----Sî, tienes razôn, no es eso, colosero, es algo mâs que eso...

----Pero si es algo mâs que eso ya dices algo.

----Por decir algo digo...

----Yo no siento nada, sôlo el movimiento del navîo, digo---acentûa Jancia.

----Nada raro o extraño, ya que eso lo sentimos todos---dice Prixeletes.

----Dejê mi diario en el cuarto; lo olvidê---deja saber Jancia.

----Y tan importante es para ti?---fisga el colosero.

----Importante no: necesario!!

----Necesario?, si acaso es asî comer, beber y dormir, no?

----Se nota que no tienes uno.

----Claro que me dices algo para decirme que, por no tenerlo, no sê lo que es y

necesario...

----Puedes decir algo sin demasiado adornamiento?

----Claro que sî: algo! Sôlo cuatro letras..

----Gracioso, muy gracioso!! Y cuânto tiempo dura el viaje a la ciudad del ocio?

----Jancia, no mucho como para aburrirse y, no poco, como para dejar de echar un

sueñito---puntualiza Prixeletes.


(inesperadamente toques en la puerta)

----Me parece que ustedes se han equivocado de camarote, porque êste no es para

todo el mundo, pero si desean quedarse el precio del pasaje es doble.

----Y usted quiên es señor, identifîquese---pide el colosero.

----Mi identidad no importa, sino mi palabra; y crêanme, que cuando la aplico, por

tener resonancia y fuerza, es causante de algûn problema en el caso de no hacerle y

caso, asî que si no quieren tenerlo, o se van o pagan lo que deben.

----Paga lo que debes!!, eso me recuerda una canciôn.

----Colosero, y cuâl canciôn es êsa?----pregunta Prixeletes.

----Una que oî cantar.

----Yo nunca la escuchê!----afirma Jancia.

----Y cômo, si vivîas en esa însula apartada del mundo?---pregunta el colosero.

----Olvîdense de esa canciôn, que esto no es una escuela de mûsica, y acaben de pa-

gar, que si no se van inmediatamente de aquî.

----A ver, señor, a cuânto asciende la suma?----fisga Prixeletes.

----No es usted el hijo del escultor Kifisodoto?

----El mismo, señor, tal yo soy!!, y cômo usted lo sabe?

----La respuesta queda negada, sôlo confôrmose con saber que lo sê.

----No tendrâ que ver lo que tû sentîas extraño esto que estâ sucediendo?

----No lo sê, porque dije que no podîa decirlo como es exactamente, Jancia.

----Ya sê, Prixeletes, que usted lo dijo; como olvidarlo si lo dejô dicho no hace mu-

cho?

----Acabarân de pagar, que mi tiempo estâ regulado por un programa?

----Bueno, señor, yo pregunttê a cuânto ascendîa la suma y usted me preguntô si

yo era el hijo del escultor Kifisodoto, no?

----Pues se acabaron las preguntas, asî que pague.































 




 

Mittwoch, 10. März 2021

La cazuela de Vitelio (844)

     El momento tempestivo llegôle a Prixeletes y al colosero para abordar y (a

hurtadillas) el navîo, cuando el controlador peonio sacô de la fila de los viaje-

ros llegantes a Teariôn, el que en el Thermopolium del estrecho de España ha-

bîale dadidavo a la campesina el papel blanco que forma parte de una ceremo-

nia de purificaciôn: el Kata-Shiro. El motivo de sacarlo aparte y de hacerle un

par de preguntas no fue otro que el del portar aquêl una ingente lanza, de la y

que dijo que era un regalo para Kîntlico de Kostâ, por la razôn clara y sencilla

(de)dicarse êste a la venta de objetos inveterados, aunque en el caso del que y

traîa no era de hierro, pero que por ser una antigualla vendrîale mirîfica al que

iba a recibirla. El controlador peonio entonces revela, que tanto Kîntlico como

Tublides de Malamonta no hacîa muchitanto abandonaron Bedriaco, por lo que

ya deberîan estar en el estrecho de España ocupados con sus negocios, sacândo-

le el peculio de las bolsas a los interesados en adquirir lo menester a un interês;

pero tambiên deja saber gratuitamente, es decir, sin pedir un centavo por su ac-

to servicial, que la ingente lanza podîa quedarse en su garita, sin importar para

nada el tiempo que allî estuviese vertical y recostada a una pared. Teariôn com-

pletamente de acuerdo entrêgasela y seguido pregûntale:

----Sabe usted cômo puedo llegar a la corte de Dido?

----Esa pregunta ya la he respondido varias veces, pero la vuelvo a responder.

Ve usted ese camino?--- pregunta el controlador peonio señalando---, pues tô-

melo y mantêngase en êl sin desvîo de ningûn tipo hasta el final, punto fijo en

donde estâ el destino al que usted quiere llegar.

----Muchas gracias, señor, muchas!!


       El colosero desde lejos reconocîô a Teariôn; Prixeletes no lo conocîa, y cô-

mo podrîa olvidarse de êl si recuerda perfectamente su mirada dirigida a la cam-

pesina en el susodicho Thermopolium, una que calaña daba (indubitable) de que

un gusto era posible y un deseo por cumplir en funciôn del gusto destacôse cien

por ciento, como el arcoîris que seguido a la lluvia pônese frente a los ôculos en

medida y curvatura descollantes. A la postre ya esto daba igual, ya que de instan-

te o de momento abordar el navîo [de la manera susodicha] resultaba lo mâs im-

portante, lo que el querer no podîa tachonar con una justificaciôn con lengua mis-

quita, que es lo mismo a decir de otro lugar, forânea. Empero en tanto que êl co-

mo Prixeletes ya estân dispuestos a entrar en acciôn, sucede algo que por clasifi-

caciôn pudiêrase apellidar inesperado: Jancia aparece en el puerto y con la inten-

ciôn no de pasear, sino de (tambiên) treparse en el navîo  




  


Dienstag, 9. März 2021

La cazuela de Vitelio ( 843)

   

        Retomando la compleja titularia amplifica Kosmos, como un trompetazo de

jaez nominativo, que saltan rîtmicamente, por la sangre sacudida, los integrantes

de un Curetes, asimismo que por el movimiento de sus cabezas los penachos co-

loreados como si fuesen de cacatûas.

----Kosmos, Curetes dicteos, de los que se dice que en otro tiempo ocultaron [en

Creta el olîmpico sollozo acabado de llegar al mundo] el vagido jupiteriano?

----Y en el monte Dicteo, didâscalos, la misma localidad muy del gusto de Satur-

no.

----Allî habîa una cueva...

----Êse fue el escondite (conspicuo) al que Cronos no llegô.

----Pero sabes una cosa, Kosmos?

----Amplifîquela, didâscalos, amplîfiquela!!

----Que pasikata physin pudieran haber otros devoradores en el mundo.

----Câspita, didâscalos, que entonces tendrîamos que aromatizar la escena con el

azafrân de Cilicia; solaparla con las telas barbâricas y buscar la pûrpura melibea

teñida con el color tesalio de las conchas como decoraciôn de trasfondo.

----Kosmos, que las Piêrides te visitan ya concedido el beneplâcito del "brillante"

----Vate, que el pneuma llegante del monte Helicôn tanto embrîsalo a usted como

a mî.

----Impoluta(mente) tu declaraciôn pincelada!

----Si usted lo desea la embadurno.

----Eureka!!, las Piêrides hijas (en principio) del rey Piero de Macedonia.

----Êsa es la res, didâscalos, êsa!!

----No hace falta, Kosmos, que conozco muy bien la tinta---suelta el vate.

----Y punto a la raya y que continûe la letra: inmaculada?---fisga Kosmos.

----La concepciôn asî serîa si estuviêsemos en un monte...

----Este viraje es como el brinco del sapo----dîcele Kosmos a su tîo y pregûntale

al didâscalos filosôfico: quê usted cree?

----De acuerdo a la estructura bâsica de siempre tâ pros tô têlos; pero al cambio

de posiciôn, ek diastrophês inseparable por alteraciôn...

----Por alteraciôn?, no entiendo---dice Temîganes de Alejandrîa.

----Mire usted, oriundo de Alejandrîa, cuando el salto sucede hay un cambio que

a su vez proporciona otro estado; y êste, por ocurrir de sopetôn, lôgicamente rom-

pe la tranquilidad.

----Agrego que al saltar del punto A al B, en medio de êstos engêndrase una figu-

ra côncava, que a su vez tiene un câlculo que compensa la separaciôn entre lo alto 

y lo bajo...

----Entonces, Kosmos, de haber separaciôn entre lo alto y lo bajo hay altura, no?

----Câspita, Perrasiestes, ha descubierto usted el agua tibia---ironiza Kosmos.

----Sôlo querîa comprobar si habîa entendido bien.

----Y si lo entendiô bien por quê lo comprueba, si lo entendiô asî (bien)?

----Si es que entender necesita comprobaciôn---dice el didâscalos filosôfico.

----En superficie lîneal techo curvado!---pincela el vate.

----Por el oro de las retamas y la pûrpura de los brezos!!, que la presencia del bri-

llante mantiênese.

----Quê si no, Kosmos, quê?



















  

Montag, 8. März 2021

La cazuela de Vitelio (842)

      

         Seguido al barrunte a Sunev de que îbase en busca del corcel asturiano y 

de Xabier, el grumete redomado, Kosmithôs abandona el cuarto con luciente jo-

vialidad. Al dejar unos endebles toques en la puerta del cuarto de Corônide, ni

êsta ni Xabier aberturaron la puerta, lo que pudiera ser por dos razones especî-

ficas: o no estaban adentro o sî [mas complicados con el ludus venusiano]. En-

tonces ocûrresele la idea de que tal vez pudiera hallarlos en el salôn de los cris-

tales, donde la bailarina pelirroja mantiene sus piernas en forma con el impres-

cindible ejercicio danzario, el que no realiza sobre el ampo marmôleo, sino en-

cima de una especie de tarima baja construida hace ya un tantôn de tiempo por

el leñador de Britania. Al ser testigo visual de que en el susodicho salôn no es-

taba ni Corônide ni Xabier, no insiste mâs en la bûsqueda y arrumba sus pasos

hacia donde estaba el corcel asturiano. Ya cuasi a poca distancia del cuadrûpe-

do, la que no por grande no pasaba de unos cuatro o cinco metros, a partir del

câlculo hecho por êl mismo, la presencia del magister equitum (acopas) provô-

cale la detenciôn de sus pasos y, sin dilaciôn, hâcele la siguiente pregunta:

----Tû sabes algo tanto del colosero como de Prixeletes, Kosmithôs?

----Lo ûnico que sê, magister, es que usted y la guardia bâtara los estaban bus-

cando por todo Bedriaco...

----Y cômo tû sabes eso?

----Porque lo contô mi hermana en la Kosmona. Quiere saber cômo lo supo mi

hermana?

----No pudo saberlo de nadie que no lo sabîa, por lo que sê quiên hîzoselo saber,

que era la ûnica que sabîalo y me dio el edicto de buscarlos. 

----Vaya jugarreta la de usted con el infinitivo saber...

----Los contertulios no son los ûnicos que manejan la marranada, lo que eso sî y

en parangôn con la mîa tiene mâs uso o continua aplicaciôn.

----Entonces, magister, ni rastro de los desaparecidos?

----Par de ciudadanos me informaron que los habîan visto direcciôn a la encruci-

jada, pero mâs nada, sôlo eso obtuve con algunas preguntas.

----Y ya lo sabe mi abuela?

----Se lo acabo de informar, informaciôn fresca.

----Y quê le dijo?

----Que mantuviera la vigilancia con la guardia bâtara de recorrido, el patrullaje

de dos en dos. Por el rumbo que llevas vas hacia el corcel asturiano, no?

----Sî, magister, hacia êl voy. Dîgame usted: ha visto a Xabier?

----Negativo, no lo he visto!, quê, tambiên desapareciô?

----No no, es que no lo encontrê ni en el cuarto ni en el salôn de los cristales.

----Êse lo que estâ es enamoradito de la esponja rosada.

----Y risas de Kosmithôs.

----Bueno, ahora te dejo, que tengo cosas que hacer. Buen paseo con el corcel.

----Gracias, magister, gracias!!













 






    

Samstag, 6. März 2021

La cazuela de Vitelio (841)

         Los atributos separables de la naturaleza del objeto ( o cualidades acciden-

tales) serîan una perîstasis con peso para entrar en rol en la escena de la comple-

ja titularia, si no que el baricentro paliativo contra algunas opiniones que han so-

brevivido en el tiempo de soslayo a una proyecciôn concreta, pero a mî me pare-

ce. señala el didâscalos filosôfico, que en cuanto menos el arraigamiento sea po-

sible tanto mâs no es imposible que tales cualidades no se mantengan unidas por

tan sôlo el hecho de que sean atributos, sino mâs bien por la dilaciôn en un deter-

minado reconocimiento de que no son efîmeras caracterîsticas de un corpus acci-

dental.

----Verdaderamente, didâscalos, que mejor lugar para la representaciôn no la en-

cuentran sino en la compleja titularia---dice Temîganes de Alejandrîa.

---Aquî hay implîcito un movimiento que a medida que separa une, pero asimis- 

mo a medida que une separa----acentûa Asonis.

----No estâ mâl su katalêpsis, Asonis, ademâs de que tal movimiento es eterno...

----Al igual que la materia, didâscalos, no?

----Exacto, Asonis, exacto!!

----La compleja titularia!, cômo no?, si hasta me quedo dormido....

----Puedo entenderte, Kosmithôs, puedo---dice el didâscalos filosôfico.

----Saben una cosa?, me largo en busca del corcel asturiano, y de paso veo si es-

tâ disponible mi compinche Xabier, y no ocupado con la bailarina pelirroja.

----Esa Corônide va a secar a tu compinche el grumete redomado.

----Si fuera flor siempre mojada, a tierra de jardîn---colorea el vate.

----Câspita, vate!!, que tiene al "brillante" dador cien por ciento---suelta Kosmos.

----Sin que periclite su presencia por la presencia de Pitôn----agrega el didâscalos

filosôfico.         

-----Pues ahora no pregunto nada, sino que me largo.

----Age, age!!---afirma Kosmos.


       Simultâneamente en palacio Jancia dialogaba con Sunev (secretamente), mas

aun asî era bajito su tono de voz, ya sabiendo que la resonancia en la corte era per-

niciosa, por tener la caracterîstica de hacer rebotar las palabras como si fuesen bo-

las infladas. Confesâbale (absolutamente decidida) que no estaba dispuesta a labo-

rar en la cocina de la corte, quedândole como ûnica soluciôn irse de Bedriaco  (de

manera subrepticia) llegada la prôxima segunda vigilia; que su idea era la de esta-

blecer su estancia en la ciudad del ocio, una ciudad que como tal siempre fue de y

su encanto y a la que nunca fue por sentirse bien en la Isla de Aphros, sumamente

bien y satisfecha por las posibilidades que ofrecîale, las que a su vez perfectamen-

te encajaban con su propia naturaleza, por lo que no harîa falta decir que si existie-

ra aûn la însula de la Espuma cambiarîala por Apragôpolis. Ipso facto [y a raîz de

esto], (entonces), no deja para mâs tarde la siguiente pregunta:

----Tû me autorizas vivir en tu casa, me das el permiso para que habite en ella?

----Verdad que tû quieres hacer eso, irte de Bedriaco?---indaga Sunev.

----Totalmente eso harê, ya estâ decidido.

----Y quê dicen tus amigas âcraticas?

----Aûn no saben que me voy, ya les dirê.

----Bueno, respecto a mi casa en la ciudad del ocio, tû sabes que allî vive Sarambo

no?

----Sî lo sê, y?

----No te molestarîa vivir con un desconocido?

----No no, eso no es un problema.

----Si es asî no hay inconveniente ninguno de mi parte...

----Por el dinero del alquiler no te preocupes, que ya venderê el diamante que me y

regalô Flacius Ilyricus.

----Vaya afortunada que eres!; pero te digo una cosa, que no quiero problemas con

Dido por ser cômplice de tu ida: mi casa la puedes habitar, pero yo no sê nada de y

tu partida, ok?

----De acuerdo, Sunev, de acuerdo! Y gracias, gracias tantas!!


     Acopas abre la puerta del cuarto Kosmithôs y sûbito pregunta:


----De quê ustedes hablaban?

----Cosas de fêminas!!, no seas chismoso---responde Sunev.

----Y risas de Jancia y de Kosmithôs.



















  

Freitag, 5. März 2021

La cazuela de Vitelio (840)

 

      Amplificaba Kosmos que en lo que miccionaba concentraba sus ôculos en el

chorro que caîa sobre un batallôn de hormigas, las que transportaban una hoja de

malanga un tanto ya ârida y amarilla, si no debido a la causa de estar expuesta al

toque inexorable de los rayos apolîneos por haber sido sacada de algûn follaje ya

con tiempo en derredor de un ârbol con incesante sombra; que al formarse el co-

rrespondiente charco, sin precisar el câlculo que darîa el producto de cuântos se-

gundos pasaron para la creaciôn de êste, sôlo salvâronse las hormigas que pudie-

ron treparse en la hoja, la que a su vez empellonaba el soplo del grato o apacible

Favonio venido del oeste, sitio donde estâ occidente y progenitor por excelencia

de un tongôn de dadorîas, sin que en ludus entre del tipo que son o el jaez al que

pertenecen, algo ûtil que servirîa para una pôstuma clasificaciôn a partir de la sa-

piencia que têngase acumulada e impoluta.

       Eso de [batallôn de hormigas que transportaban una hoja de malanga y êsta

servir como medio de sobrevivencia] contar con el aliciente tempestivo activante

del magîn, relevancia capital para el avance de la plumbagina o para el pinchazo

de una punta por donde sale la tinta, la que embadurna al papel con determinada

delicadeza, si es que la mano que la posiciona sin nerviosismo no tiembla, lo que 

tendrîa como resultado el periclitamiento de la linealidad del equilibiro, no faltô-

le  al vate para arropar una imago que comenzaba a saltar, a dar calaña de su pre-

sencia sin cortina de ningûn tipo, a pedir atenciôn como un mancebo que solloza

a las tres de la mañana porque urgêntale el biberôn.


que la hoja de la malanga no la controla un grumete

sino la posible sopladura de un vientecillo (primaveral),

la conducente oportuna sobre un lîquido que no es el

agua),

y tan amarillo, como la hoja, y que moja a la sequedad,


----Câspita, vate!!, que usted saca de una nota lo menester preludiante.

---Sôlo yo, Kosmos, seguro que no hay otro que extrae lo necesario de una sim-

ple nota diaria que proporciona el organismo?

----El otro anônimo, el que pasô y ni se nombra?

----No hace falta que sigas ludicando con tu pincel costumbrista, el destacado y

tenor....

----Alejado del renquiar, del muletôn cojitranco?

----Renguera que no le pega ni en onîricos alternativos...

----Los alterados o los que no estân dentro de lo habitual?

----Y risas del vate que dice: Tû sabes, dominas, conoces.

----Dansons la capucine!!

----Cômo, que tû has dicho?----pregunta Kosmithôs.

----Te explico mâs tarde, despuês.

----Pero, Kosmos, verdad que un batallôn de hormigas, o es una de tus inventi-

vas indefectibles?----pregunta Asonis.

---Por el oro de las retamas y la pûrpura de los brezos!!, que de muchitanto pro-

ducir ya ni crêenme: me voy por el ancilar que complementa!

----Quê, acaso hace falta añadir algo, porque falta?

----Cave canem!!, cave...

----Felonîa tuya al precaver de una mordida; que si es en la piedra, es una tonte-

rîa---dîcele Kosmos a su tîo.

----Eventa!!----afirma del didâscalos filosôfico. 

----Symptômata!!---afirma el tîo de Kosmos.

----Cada cual con su lengua amplificando lo mismo---dice Kosmos.

----Quien traduce?---indaga Kosmithôs.


 







 

Donnerstag, 4. März 2021

La cazuela de Vitelio (839)

       Temîganes de Alejandrîa un tanto interesado en saber quê responderîale a

su hija (la campesina) Kosmos, a raîz de la pregunta del didâscalos filosôfico,

pônele la interrogativa siguiente:

-----Y cuâl serîa entonces la respuesta, Kosmos, a la ûltima pregunta hecha por

el didâscalos filosôfico?

-----Conoce usted, Temîganes, El Ambrosianus de Plauto o El Bembinus de Te-

rencio si no que El Mediceus de Virgilio?

-----Quê, ahora me coges a mî para tus cosas?

-----Câspita, Temîganes!!, no cogiôme usted a mî para las suyas?

----Temîganes, aûn le falta entrar en la lînea recta trazada por flecha que ludica

con seriedad---señala el didâscalos filosôfico.

----Didâscalos, que la metaforizaciôn a usted no le pega---dice Temîganes.

----Y acaso ella tiene propietario?

----Temîganes, de las preguntas fâciles hay que reîrse---dice el tîo de Kosmos.

----Ah sî, y eso por quê?

----Porque la respuesta siempre es la misma.

----Por lo que entiendo, entonces, que la respuesta serîa: êsa es la res!!

----Êsa, Temîganes, êsa!!----afirma Kosmos.

----Pero la respuesta siempre es la misma por vicio o por repeticiôn?---fisga Aso-

nis.

----Tanto que la repeticiôn pudiera ser un vicio como que el vicio una repeticiôn.

----No habîa pensado en eso, Kosmos.

----Lo complicado con denominaciôn deja mâs espacio para la respuesta difîcil.

----Didâscalos la compleja titularia!!---exclama Kosmos que agrega: el espacio

que onomamos vacîo donde sucede el movimiento.

----Eureka!!, que todo se reduce a materia y vacîo.

----Polus dun sidera pascet!!----afirma el tîo de Kosmos.

----Una intempestiva tempestiva con pintojo de trans-posiciôn---suelta Kosmos.

----A partir de la base y el lumbrar contenido---dice el vate.

----Regio, vate, que al haber espacio ya usted empezôse a mover...

----Aunque tambiên hay lugar...

----Avanza la compleja titularia!!

----Vengan acâ, y a ustedes les importa un [....] que mi hijo haya desaparecido?

----Kifisodoto, no tômeselo tan a bombeo y piense en el objetivo estoico.

----Un examen, Kosmos, para saber si yo sê cuâl es ese objetivo?

----Mondo lirondo que la captaciôn llegô a fondo!

----Para darte el gusto y aprobar el examen, te digo que lo sê, mas como progeni-

tor que soy no es tan fâcil aplicarlo.

----Animi ratione!!

----Sabes, Kosmos, siento una sensaciôn extraña, rara, pesada...

----Puedo captarlo, Kifisodoto, por una lado: el de progenitor; pero por otro, am-

plificarîale, que usted estâ sientiendo el principio esencial de una Canônica.

----"La sensaciôn es el criterio fundamental de verdad"---dice el didâscalos filo-

sôfico.

----Pero la sensaciôn es normal en los hombres, no?---pregunta Kifisodoto.

----Comûn a los hominis!!---afirma Kosmos.

----Communis sensus!!----concretiza el tîo de Kosmos.

----Discûlpenme unos minutos, que aprêmiame miccionar----dice Kosmos.




  






 




Mittwoch, 3. März 2021

La cazuela de Vitelio (838)

 

        

(cont)

        Quedô la resonancia en el tîo de Kosmos de eso de que pasan cosas en el

mundo ( lo inevitable, lo impepinable y lo ineluctable, cômo no?), lo que pâbu-

lo no darîale de entrar (a)nalizar tales cosas, sino mâs bien a recordar de nuevo

aquellos tiempos de su desaparaciôn de Bedriaco, lo que por vînculo con lo re-

ciente sucedido ( la novedad) es una cosa que atingencia tiene: el tiempo con y

un parecido cordel gira en derredor a las identidades que ocupan espacio, pero

no en otro lugar que en el recinto de la vida. Esta pincelada que no es suya, si-

no que pertenece a Kosmos, sî que impulsôlo a examinar [en cuestiones de mi-

nutos algo que ya no puede enmendarse] su salida tempestiva de Bedriaco y su

llegada a la ciudad del ocio (Apragôpolis) en las nonas del mes de Abril, razôn

por la cual el dîa siguiente con la numeral seis convirtiôse (improvisadamente)

en ocasiôn de arrumbar sus pasos a la taberna de esta ciudad y, sacando las mo-

nedas correspondientes, las que servirîanle para poder tener el menester solven-

to contra el peso de conciencia, pagar la sûmula de copas al tabernero adecuado

en aquel entonces en su puesto. Acuêrdase de que unos minutos despuês acêrca-

sele uno de los biberius presentes, el que al parecer ya pasado de copas le empe-

zô a hablar de la derrota de Alia, perîstasis que como tal acentuaba a los invete-

rados galos y su presencia en el afluyente del Tiber. Pero como si fuera tantillus

y  seguido a lo de la derrota, el venido y posicionado a su lado agregô las verba-

les  colisiones que tuvo Mesalina en la corte  neroniana, las que segûn êl fueron 

reveladas por un *epistolario hallado, choques internos que mantuviêronse muy

que bien guardados durante muchitanto tiempo. Pasadas unas cuatro horas y me-

dia despiêrtasele la idea de hacerse secutor, la que posible fue (tal vez) por lo di-

cho por el biberius sobre la derrota de Alia, ya que si algo indubitable quedâbale

 es que êl abandonô Bedriaco exento de la mîmesis en su testa de verse con escu-

do, yelmo y espada, sin mâs bien con la de laborar intensamente con el objetivo

de ganarse, si no mucho, por lo menos un decoroso peculio para mejorar su exis-

tencia (estancia ) en el recinto de la vida. Empollando (incesantemente) esta idea,

como una gallina a mâs de tres huevos, un especioso hemêra encuêntrase con un

lanista, empero ignorando totalmente a quê dedicâbase êste. Seguida a la justa y

exacta dilucidaciôn dada por el susodicho lanista, la que claraba inteligiblemente

que era propietario de una cantidad y burujôn de casas, pero que sôlo alquilâbale

una con la condiciôn de que formârase como secutor, como unas castañuelas pen-

sô que al dîa siguiente saldrîa a comprar yelmo, escudo y espada, y con êstos em-

pezar a prepararse como secutor. Y si pasaron cosas en su vida; êsta, para êl, fue

relevante, y la que logrô.

 






Dienstag, 2. März 2021

La cazuela de Vitelio (837)

   

       Como no dejan de ocurrrir los momentos tempestivos, las ocasiones oportu-

nas y los instantes en que algo puêdese resolver, el kairôs de que saliera de reco-

rrido la guardia bâtara, y ostensible estâ que bajo el mando del magister equitum,

con no otro conciso objetivo que el de buscar al colosero y a Prixeletes, a raîz de

que Dido diera el edicto y concediera el beneplâcito, la campesina aprovecha tal

salida para ir a la Kosmona y dejarle saber a Kosmos sobre la desapariciôn justi-

ficada de aquêllos. Mas no trasladôse a pie del palacio a la instituciôn, sino mâs

bien trepada en el caballo del magister equitum a la zaga de êste, el que no puso

ni mala jeta ni hizo ningûn tipo de mohîn para hacerle el favor de llevarla al sitio

al cual querîa ir. Durante el viaje breve; ya que la separaciôn, matematizada dis-

tancia con tiempo suficiente como para definirla correcta en funciôn de un espe-

cîfico propôsito, caminarse podrîase en cuestiones de minutos, la campesina con

sinceridad decîale al magister, que en realidad poner sus pies sobre la superficie

horizontal no era tanto de su agrado, que preferîa cambiar de lugar con un medio

de transporte, lo que no querîa decir que despreciaba andar si tuviera que hacerlo

necesaria o urgentemente; pero que ahora, algo improvisado o a causa de una for-

tuita ocurrencia, ni mediaba la necesidad ni la urgencia, sino que verdaderamente

un impulso que a su vez despertôle el deseo de no quedarse donde estaba, acopas

movimiento que harîa posible de que su padre supiera, de una vez y por todas, la

reciente novedad que por no saberla la desconocîa. Vencida entonces la distancia

corta, el tramo que no acarrea cansancio, arriba el cuadrûpedo adonde deberîa lle-

gar, y tan fresco como un pneuma de un cêfiro de poniente. Entonces la campesi-

na le da las gracias al magister equitum y sin dilaciôn penetra en la Kosmona, Ya

adentro, e interrumpiendo una dialogizaciôn fluyente ( quê si no?), de jaez difîcil

para una pronta clasificaciôn, sostenida con vigor y con acentos mâs que bien tra-

tados, lo mismo oriundos de Ferencia que de Apragôpolis, suelta la novedad que

ni imaginâbanse los contertulios, siguiêndole a êsta la explicaciôn del suceso que 

tuvo lugar en Albula: el que dio pie a la novedad?

----Por el oro de las retamas y la pûrpura de los brezos!!, que podrîa esperar algo

asî de la parte del colosero, pero no de Prixeletes---dice Kosmos.

----Hasta yo estoy sorprendido como progenitor, me cuesta creerlo--dice Kifiso-

doto rascândose la testa.

----Pero desaparecer por lo que hicieron con Jancia? No me parece un ingente y

motivo como para eso---acentûa el didâscalos filosôfico.

----Entraron en rol conspicuo anima y animus, por lo que habrîa que saber cuâl

preponderô---puntualiza Kosmos.

----Eso estâ muy lejos de mi comprensiôn, pero el caso es que ahora mismo son

buscados por el magister y la guardia bâtara en todo Bedriaco---informa la cam-

pesina mirando a su padre.

----Câspita!!, que lo sigo repitiendo, repitirîalo aeternamente: el perfume de cer-

ca mata!!---afirma Kosmos.

----Hedonê en marcha e imperativo el aroma---versa el vate.

----Êsa es la res, vate, êsa!!

----Eîdola!!---exclama el didâscalos filosôfico.

----Simulacra!!---afirma el tîo de Kosmos.

----Efluvio de sutiles imagos seductivas!!

----Parece que entendiste, Kosmos---ironiza el didâscalos filosôfico.

----Pero adônde irân ido a parar?----indaga Kifisodoto.

----Mi madre disfruta, goza, relâjase y comparte, pero amplifico una cosa: con las

propiedades de la corte es ingentemente exigente y celosa; si hurtânle algo de sus

pertenencias pônese como se pone---clara Kosmos.

----Pero si el colosero no robô nada, sino Jancia fue la que le quitô el arreo al ca-

ballo, y en el caso de que eso se considere hurto, entonces es la âcratica ladrona.

----Culpable tanto el que mata un vacuno como el.....

----Kifisodoto, el destino no importa, sino que sea bueno el escondite.

----Pudiera ser, Temîganes, pudiera ser.

----Tambiên lo doy como un hipotêtico, porque la guardia bâtara cuenta con regios

exploratores---agrega Kosmos.

----Entonces tû crees que los encuentren?----fisga la campesina.

----Si estân en Bedriaco, pudiera ser; no es imposible porque ser pudiera.

----Y quê dijo Jancia respecto a la sanciôn de mi abuela?

---No sê, Kosmithôs, no he hablado con ella despuês del suceso---responde la cam-

pesina.

----Câspita!!, que periclita la ataraxia del cocinero de la Irlanda...

----Kosmos, por el perfume de cerca?---indaga el didâscalos filosôfico.

----Y risas de Kosmos.

----Bueno yo me voy, que sôlo vine para informarte de la novedad---dice la campe-

sina.

----Muy bien que lo hayas hecho, porque aquî entre verba que rebota y la con êgi-

da protecciôn, el mundo pasa; o mejor dicho, pasan cosas en el mundo de las que y

nos enteramos tarde, despuês...

----Lo tâ pros tô têlos, Kosmos?

----En casu de que el têlos estê definido a êl contribuye.

----No esperaba una respuesta como êsa; toda una novedad.

----Yo ya me estoy yendo, que sus conversaciones son complejas---dice la campesi-

na.

----Y quê le responderîas, Kosmos?----pregunta el didâscalos filosôfico.

----Y retorno de la risa de Kosmos.









    

Montag, 1. März 2021

La cazuela de Vitelio (836)

 

       El cocinero de la Irlanda cumplîa con el cometido de empanizar cuatro silu-

ros y ocho cazones, razôn por la cual sobre una mesa metâlica ubicada en un su-

cucho de la cocina descollaba la ingente cantidad de pan rallado como asimismo

la de huevos frescos, cuasi acabados de empollar y tan cândidos como la piel de

una rusa solapada por un gabân en Diciembre. Ya con tiempo considerable en la

cocina de la corte habîase acostumbrado a todo prepaparlo con una tremenda ce-

leridad, ser de rigor debido a que con los horarios destinados a los sustentos, a la

alimentaciôn indefectible, no ludicâbase en palacio y como tal ni adelantos ni re-

trasos serîan permitidos por la reina, que si no la consecuencia imaginârsela pue-

de cualquiera, partiendo del punto o estableciendo el enlace de que Dido, por ra-

zones fêrreas del reglamento que subrayan la disciplina, no demorarîa mucho en

dictar sanciôn o pronunciar la sentencia de carâcter definitivas. Son habas conta-

das y como tal no hay retroceso, como tampoco nublado o laguna posibles.

      En el momento adecuado y dirigiêndose a la persona precisa, Mêli melosa se

acerca a la cocina, empero un tanto furtiva aunque el momento fuese como es, ya

que siêndolo no estâ exento de la mirada escondida que parapetan las erectas co-

lumnas o que embrisa la incesante sombra. Ya frente a la puerta de su destino se-

ñalado por la flecha de su pensar, y antes de penetrar en la cuadratura donde con-

fecciônanse las suntuosas ambrosîas, espera a que el cibiosactes salga de adentro

para entrar ella de afuera, ya que aquêl vino con el objetivo de barruntarle al coci-

nero sobre la sanciôn de Jancia, En fin, que ido el cibiosactes, el hasta ahora visi-

blemente presente en el espacio con forma y medidas, Mêli empuja la puerta; pe-

ro, que vale no ocasionar un ruidito de bisagras si la intenciôn [de la visita] es la

de sorprender, de una manera tan buena que su entrar no fue escuchado, captado

por los orejones del cocinero de la Irlanda.

----Vaya susto que me has dado y menos mal que en la mano no tenîa un afilado

cuchillo, sino pan rallado y huevos que no matan---dice el cocinero.

----Pero embarran, no?, y a mî que no me gusta que me embadurnen---dice Mêli

hundiendo un dedo en la lomita de pan rallado.

----Vaya tû pescado!!, no quieres que te empanice?

----Con huevo y todo!!, el embarre que dura, que a la piel se pega...

----Sin huevo es imposible el adecuado empanizar!

----Quê vivan los huevos!!

----Blancos o colorados?

----Es igual, que por el color no dejan de ser huevos.

----Te entiendo, capto, disfruto!!

----Y menos mal, que quiên mejor si no que tû?

----Yo el sino, la coma y los puntos suspensivos---dice el cocinero y riê.

----Ese tamaño estâ grande, quê grandeza la de ese tamaño!!

----Es el tîpico del siluro, el que por naturaleza se repite.

----Deberîa haber sido silura, y no etera..

----Tal vez lo fuiste y no lo sabes; pero igual, que con lo que eres ya tienes expe-

riencia como para saber lo que es bueno de los tamaños, no?

----Y cuanta, mucha, demasiada!

----No me embarres la boca con tu dedo, que si nos coge el cibiosactes o me sen-

tencian o me sancionan...

----Pero si acaba de salir.

----Êse sale y entra como...

----Cômo quiên?

----Olvîdalo, no es importante la identidad a la que me refiero.

----Y cuânto tiempo te falta para terminar?

----Mâs o menos una hora...

----Bueno, entonces te espero en el cuarto.

----No me parece mal esa espera!, allî estarê, oh sî!!, cômo no?











 

 

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         Terencio, el ônoma del cartero que dejaba las correspondencias en cada buzôn de mi edificio, fue el motivo de que acordârame en la ...