(en Apragôpolis)
A raîz de una pesquisa rigurosa, la que durô algunos dîas y realizada en com-
pleto mutismo, llega a la conclusiôn Pandolfo Colunnecio de que habîan sido las
monedas cambiadas [ las que diole (anticipadamente) Anaxîmetro de Apolonia y
con el têlos concreto de sacar de la taberna a Sarambo], y cual ûnico responsable
de tal hecho tratâbase de el lictor. Mas si algo diole pâbulo de hacer la investiga-
ciôn fue debido a no otra cosa, que al juramento de Anaxîmetro por todas las dei-
dades de que las monedas entregadas no eran falsas, allende de que êl mismo vo-
litivamente ofrecîa su vida en el caso de que no creyêrase que estaba diciendo la
verdad todita. Esto de voluntariamente entregarse a la muerte, tanto que menos un
resultado como consecuencia de un arraigado fanatismo y cuanto que mâs una se-
ñal concisa de un acto valeroso, aunque tambiên perînclito en el caso de que quien
realîcero hâgalo exento de algûn tipo de interês, despertô la curiosidad de Pandol-
fo Colunnecio en averiguar el porquê de tan ingente valentîa, algo un tanto insôli-
to en los dîas en que el mimso Sol sigue lumbrando (a)ntropos con incesante servi-
lismo y repetidas manîas (pero) en funciôn de una costumbre de jaez general. Que-
dâbale por hacer (entonces) a Pandolfo darle el edicto (a)lgunos de sus bructeros y
de que fuesen en busca del lictor, tambiên que en el caso de que en su casa no es-
tuviese que pasaran por la zona de Omonia, ya que como resultado de la pesquisa
saliô a flote que el lictor de vez en cuando visitaba a Circe.
Si por un lado sucedîa lo anterior; por el otro, que no es el opuesto sino mâs y
bien el caracterizado por su diferente coloridad, Jancia, Prixeletes y el colosero ya
estaban en casa de Sunev, y de tal guisa no solos, sino concomitados por Sarambo,
quien escuchaba atentamente la razôn por la cual êstos abandonaron Bedriaco.
---Por lo que tû cuentas, Jancia, puedo entender que hayas decidido venir para acâ
y de que hayas hablado con Sunev para que permitiêrate estar en su casa, que es lo
correcto al ser esta vivienda su propiedad----dice Sarambo.
----Gracias a ella supe que usted estaba viviendo aquî, que le pagaba el correspon-
diente alquiler y de que ya el tiempo de su estancia en esta vivienda es considerati-
vo---acentûa Jancia a la vez que echa un vistazo a lo que en derredor atrae a su mi-
rada.
----Asî es, Jancia, hace bastante que estoy aquî...
----Y usted sigue igualito, no cambia---dîcele el colosero a Sarambo.
----Si de cambios se trata tû no has variado mucho desde la ûltima vez que te vi en
esta misma sala----suelta Sarambo y le dice a Prixeletes: un gusto en conocerlo.
----Tambiên lo es el mîo, señor!!---afirma Prixeletes dando su mano.
----Y cômo estân los contertulios, siguen con sus tertulias?
----Esos no salen de sus tertulias; son inagotables, continuas e infinitas: una detrâs
de otras----responde el colosero.
----Y la campesina cômo estâ, tu novia?
----Muy bien, Sarambo, ella estâ de maravillas, quê si no siendo la nieta de Dido?
----Estâ de mâs la pregunta, colosero; de sobra estâ.
----Y a usted cômo le va, Sarambo, con la taberna?
----Todo en su puesto y medida, aunque insista Anaxîmetro en volver a recuperar
su puesto como tabernero...
----Verdad que asî, cômo que a recuperar su puesto?
----De no ser por el lictor hubiese perdido mi trabajo, el que me salvô de una de las
bajezas de Anaxîmetro de Apolonia, y por la misma que ahora estâ siendo buscado
por unos bructeros de la tribu germânica.
----Se explica usted, Sarambo?
----No desean primero comer y beber algo?
----No me parece mala idea---dice Jancia.
----De acuerdo, de todas maneras tiempo tenemos---dice el colosero.
----Y usted quê dice, Prixeletes?---pregunta Sarambo.
----Que participo en lo que estâ por suceder...
----Pues regreso en diez minutos con los sustentos pertinentes--- dice Sarambo yen-
do en busca de ellos.
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