Montag, 22. März 2021

La cazuela de Vitelio ( 851)

 

      (en Apragôpolis)

     

     A raîz de una pesquisa rigurosa, la que durô algunos dîas y realizada en com-

pleto mutismo, llega a la conclusiôn Pandolfo Colunnecio de que habîan sido las

monedas cambiadas [ las que diole (anticipadamente) Anaxîmetro de Apolonia y

con el têlos concreto de sacar de la taberna a Sarambo], y cual ûnico responsable

de tal hecho tratâbase de el lictor.  Mas si algo diole pâbulo de hacer la investiga-

ciôn  fue debido a no otra cosa, que al juramento de Anaxîmetro por todas las dei-

dades de que las monedas entregadas no eran falsas, allende de que êl mismo vo-

litivamente  ofrecîa su vida en el caso de que no creyêrase que estaba diciendo la

verdad todita. Esto de voluntariamente entregarse a la muerte, tanto que menos un

resultado como consecuencia de un arraigado fanatismo y cuanto que mâs una se-

ñal concisa de un acto valeroso, aunque tambiên perînclito en el caso de que quien

realîcero hâgalo exento de algûn tipo de interês, despertô la curiosidad de Pandol-

fo Colunnecio en averiguar el porquê de tan ingente valentîa, algo un tanto insôli-

to en los dîas en que el mimso Sol sigue lumbrando (a)ntropos con incesante servi-

lismo y repetidas manîas (pero) en funciôn de una costumbre de jaez general. Que-

dâbale por hacer (entonces) a Pandolfo darle el edicto (a)lgunos de sus bructeros y

de que fuesen en busca del lictor, tambiên que en el caso de que en su casa no es-

tuviese que pasaran por la zona de Omonia, ya que como resultado de la pesquisa

saliô a flote que el lictor de vez en cuando visitaba a Circe.

      Si por un lado sucedîa lo anterior; por el otro, que no es el opuesto sino mâs y

bien el caracterizado por su diferente coloridad, Jancia, Prixeletes y el colosero ya

estaban en casa de Sunev, y de tal guisa no solos, sino concomitados por Sarambo,

quien escuchaba atentamente la razôn por la cual êstos abandonaron Bedriaco. 

---Por lo que tû cuentas, Jancia, puedo entender que hayas decidido venir para acâ 

y de que hayas hablado con Sunev para que permitiêrate estar en su casa, que es lo

correcto al ser esta vivienda su propiedad----dice Sarambo.

----Gracias a ella supe que usted estaba viviendo aquî, que le pagaba el correspon-

diente alquiler y de que ya el tiempo de su estancia en esta vivienda es considerati-

vo---acentûa Jancia a la vez que echa un vistazo a lo que en derredor atrae a su mi-

rada.

----Asî es, Jancia, hace bastante que estoy aquî...

----Y usted sigue igualito, no cambia---dîcele el colosero a Sarambo.

----Si de cambios se trata tû no has variado mucho desde la ûltima vez que te vi en

esta misma sala----suelta Sarambo y le dice a Prixeletes: un gusto en conocerlo.

----Tambiên lo es el mîo, señor!!---afirma Prixeletes dando su mano.

----Y cômo estân los contertulios, siguen con sus tertulias?

----Esos no salen de sus tertulias; son inagotables, continuas e infinitas: una detrâs

de otras----responde el colosero.

----Y la campesina cômo estâ, tu novia?

----Muy bien, Sarambo, ella estâ de maravillas, quê si no siendo la nieta de Dido?

----Estâ de mâs la pregunta, colosero; de sobra estâ.

----Y a usted cômo le va, Sarambo, con la taberna?

----Todo en su puesto y medida, aunque insista Anaxîmetro en volver a recuperar

su puesto como tabernero...

----Verdad que asî, cômo que a recuperar su puesto?

----De no ser por el lictor hubiese perdido mi trabajo, el que me salvô de una de las

bajezas de Anaxîmetro de Apolonia, y por la misma que ahora estâ siendo buscado

por unos bructeros de la tribu germânica.

----Se explica usted, Sarambo?

----No desean primero comer y beber algo?

----No me parece mala idea---dice Jancia.

----De acuerdo, de todas maneras tiempo tenemos---dice el colosero.

----Y usted quê dice, Prixeletes?---pregunta Sarambo.

----Que participo en lo que estâ por suceder...

----Pues regreso en diez minutos con los sustentos pertinentes--- dice Sarambo yen-

do en busca de ellos.

























 





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