Freitag, 12. März 2021

La casuela de Vitelio (845)

     


           Desconociêndolo totalmente, pero a su vez seleccionado con soltura por

la propia voliciôn, al camarote con la numeral 7 llegaron Jancia, Prixeletes y el

colosero. A raîz de la indagaciôn correspondiente, aunque superficial con la uti-

lizaciôn del mêtodo que hîzola posible, entêrase Prixeletes del porquê de la pre-

sencia en el navîo de Jancia; el revelante, claro estâ, de la sanciôn adecuada si 

no que la correspondiente puesta por Dido, allende que con el dato preciso de la

hora del dîa en que fue dada a conocer. Empero el colosero no considerâbala tan

difîcil de cumplir como para abandonar la corte sûbito o de sopetôn, alejarse de

las amistades tanto cercanas como lejanas y someter al individualismo a los em-

bates culturales propicios de la ciudad del ocio. A continuaciôn de escuchar con

atenciôn  la consideraciôn del colosero, Jancia claraba inteligiblemente, que ella

estaba acostumbrada a exponer su existencia a los trastazos mâs duros que posi-

bles fueran, igual donde fuesen o tuvieran lugar, puesto o colocaciôn; que la lon-

ga estancia en la isla de Aphros la preparô para enfrentar tanto situaciones carac-

terizadas por su complejidad, como por sus cambios de acuerdo a un destino se-

ñalado; o subrayado, para que sobresaliese mâs, por una tinta con secretos, senil

e inexorable; que separâbase de sus socias âcraticas [sî!], mas que por lo tanto y

lo cual no las perderîa, sino que mediando un desunir las harîa mâs distanciadas.


----Saben una cosa?---pregunta Prixeletes.

----Quê, te arrepientes de haber subido al navîo?---pregunta Jancia.

----No, eso no!!, es que siento algo extraño en este camarote, pero no puedo de-

cir exactamente lo que es...

----Ah, entonces no es mareo, porque eso no es raro y se puede decir, no?

----Sî, tienes razôn, no es eso, colosero, es algo mâs que eso...

----Pero si es algo mâs que eso ya dices algo.

----Por decir algo digo...

----Yo no siento nada, sôlo el movimiento del navîo, digo---acentûa Jancia.

----Nada raro o extraño, ya que eso lo sentimos todos---dice Prixeletes.

----Dejê mi diario en el cuarto; lo olvidê---deja saber Jancia.

----Y tan importante es para ti?---fisga el colosero.

----Importante no: necesario!!

----Necesario?, si acaso es asî comer, beber y dormir, no?

----Se nota que no tienes uno.

----Claro que me dices algo para decirme que, por no tenerlo, no sê lo que es y

necesario...

----Puedes decir algo sin demasiado adornamiento?

----Claro que sî: algo! Sôlo cuatro letras..

----Gracioso, muy gracioso!! Y cuânto tiempo dura el viaje a la ciudad del ocio?

----Jancia, no mucho como para aburrirse y, no poco, como para dejar de echar un

sueñito---puntualiza Prixeletes.


(inesperadamente toques en la puerta)

----Me parece que ustedes se han equivocado de camarote, porque êste no es para

todo el mundo, pero si desean quedarse el precio del pasaje es doble.

----Y usted quiên es señor, identifîquese---pide el colosero.

----Mi identidad no importa, sino mi palabra; y crêanme, que cuando la aplico, por

tener resonancia y fuerza, es causante de algûn problema en el caso de no hacerle y

caso, asî que si no quieren tenerlo, o se van o pagan lo que deben.

----Paga lo que debes!!, eso me recuerda una canciôn.

----Colosero, y cuâl canciôn es êsa?----pregunta Prixeletes.

----Una que oî cantar.

----Yo nunca la escuchê!----afirma Jancia.

----Y cômo, si vivîas en esa însula apartada del mundo?---pregunta el colosero.

----Olvîdense de esa canciôn, que esto no es una escuela de mûsica, y acaben de pa-

gar, que si no se van inmediatamente de aquî.

----A ver, señor, a cuânto asciende la suma?----fisga Prixeletes.

----No es usted el hijo del escultor Kifisodoto?

----El mismo, señor, tal yo soy!!, y cômo usted lo sabe?

----La respuesta queda negada, sôlo confôrmose con saber que lo sê.

----No tendrâ que ver lo que tû sentîas extraño esto que estâ sucediendo?

----No lo sê, porque dije que no podîa decirlo como es exactamente, Jancia.

----Ya sê, Prixeletes, que usted lo dijo; como olvidarlo si lo dejô dicho no hace mu-

cho?

----Acabarân de pagar, que mi tiempo estâ regulado por un programa?

----Bueno, señor, yo pregunttê a cuânto ascendîa la suma y usted me preguntô si

yo era el hijo del escultor Kifisodoto, no?

----Pues se acabaron las preguntas, asî que pague.































 




 

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