Desconociêndolo totalmente, pero a su vez seleccionado con soltura por
la propia voliciôn, al camarote con la numeral 7 llegaron Jancia, Prixeletes y el
colosero. A raîz de la indagaciôn correspondiente, aunque superficial con la uti-
lizaciôn del mêtodo que hîzola posible, entêrase Prixeletes del porquê de la pre-
sencia en el navîo de Jancia; el revelante, claro estâ, de la sanciôn adecuada si
no que la correspondiente puesta por Dido, allende que con el dato preciso de la
hora del dîa en que fue dada a conocer. Empero el colosero no considerâbala tan
difîcil de cumplir como para abandonar la corte sûbito o de sopetôn, alejarse de
las amistades tanto cercanas como lejanas y someter al individualismo a los em-
bates culturales propicios de la ciudad del ocio. A continuaciôn de escuchar con
atenciôn la consideraciôn del colosero, Jancia claraba inteligiblemente, que ella
estaba acostumbrada a exponer su existencia a los trastazos mâs duros que posi-
bles fueran, igual donde fuesen o tuvieran lugar, puesto o colocaciôn; que la lon-
ga estancia en la isla de Aphros la preparô para enfrentar tanto situaciones carac-
terizadas por su complejidad, como por sus cambios de acuerdo a un destino se-
ñalado; o subrayado, para que sobresaliese mâs, por una tinta con secretos, senil
e inexorable; que separâbase de sus socias âcraticas [sî!], mas que por lo tanto y
lo cual no las perderîa, sino que mediando un desunir las harîa mâs distanciadas.
----Saben una cosa?---pregunta Prixeletes.
----Quê, te arrepientes de haber subido al navîo?---pregunta Jancia.
----No, eso no!!, es que siento algo extraño en este camarote, pero no puedo de-
cir exactamente lo que es...
----Ah, entonces no es mareo, porque eso no es raro y se puede decir, no?
----Sî, tienes razôn, no es eso, colosero, es algo mâs que eso...
----Pero si es algo mâs que eso ya dices algo.
----Por decir algo digo...
----Yo no siento nada, sôlo el movimiento del navîo, digo---acentûa Jancia.
----Nada raro o extraño, ya que eso lo sentimos todos---dice Prixeletes.
----Dejê mi diario en el cuarto; lo olvidê---deja saber Jancia.
----Y tan importante es para ti?---fisga el colosero.
----Importante no: necesario!!
----Necesario?, si acaso es asî comer, beber y dormir, no?
----Se nota que no tienes uno.
----Claro que me dices algo para decirme que, por no tenerlo, no sê lo que es y
necesario...
----Puedes decir algo sin demasiado adornamiento?
----Claro que sî: algo! Sôlo cuatro letras..
----Gracioso, muy gracioso!! Y cuânto tiempo dura el viaje a la ciudad del ocio?
----Jancia, no mucho como para aburrirse y, no poco, como para dejar de echar un
sueñito---puntualiza Prixeletes.
(inesperadamente toques en la puerta)
----Me parece que ustedes se han equivocado de camarote, porque êste no es para
todo el mundo, pero si desean quedarse el precio del pasaje es doble.
----Y usted quiên es señor, identifîquese---pide el colosero.
----Mi identidad no importa, sino mi palabra; y crêanme, que cuando la aplico, por
tener resonancia y fuerza, es causante de algûn problema en el caso de no hacerle y
caso, asî que si no quieren tenerlo, o se van o pagan lo que deben.
----Paga lo que debes!!, eso me recuerda una canciôn.
----Colosero, y cuâl canciôn es êsa?----pregunta Prixeletes.
----Una que oî cantar.
----Yo nunca la escuchê!----afirma Jancia.
----Y cômo, si vivîas en esa însula apartada del mundo?---pregunta el colosero.
----Olvîdense de esa canciôn, que esto no es una escuela de mûsica, y acaben de pa-
gar, que si no se van inmediatamente de aquî.
----A ver, señor, a cuânto asciende la suma?----fisga Prixeletes.
----No es usted el hijo del escultor Kifisodoto?
----El mismo, señor, tal yo soy!!, y cômo usted lo sabe?
----La respuesta queda negada, sôlo confôrmose con saber que lo sê.
----No tendrâ que ver lo que tû sentîas extraño esto que estâ sucediendo?
----No lo sê, porque dije que no podîa decirlo como es exactamente, Jancia.
----Ya sê, Prixeletes, que usted lo dijo; como olvidarlo si lo dejô dicho no hace mu-
cho?
----Acabarân de pagar, que mi tiempo estâ regulado por un programa?
----Bueno, señor, yo pregunttê a cuânto ascendîa la suma y usted me preguntô si
yo era el hijo del escultor Kifisodoto, no?
----Pues se acabaron las preguntas, asî que pague.
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