Montag, 1. März 2021

La cazuela de Vitelio (836)

 

       El cocinero de la Irlanda cumplîa con el cometido de empanizar cuatro silu-

ros y ocho cazones, razôn por la cual sobre una mesa metâlica ubicada en un su-

cucho de la cocina descollaba la ingente cantidad de pan rallado como asimismo

la de huevos frescos, cuasi acabados de empollar y tan cândidos como la piel de

una rusa solapada por un gabân en Diciembre. Ya con tiempo considerable en la

cocina de la corte habîase acostumbrado a todo prepaparlo con una tremenda ce-

leridad, ser de rigor debido a que con los horarios destinados a los sustentos, a la

alimentaciôn indefectible, no ludicâbase en palacio y como tal ni adelantos ni re-

trasos serîan permitidos por la reina, que si no la consecuencia imaginârsela pue-

de cualquiera, partiendo del punto o estableciendo el enlace de que Dido, por ra-

zones fêrreas del reglamento que subrayan la disciplina, no demorarîa mucho en

dictar sanciôn o pronunciar la sentencia de carâcter definitivas. Son habas conta-

das y como tal no hay retroceso, como tampoco nublado o laguna posibles.

      En el momento adecuado y dirigiêndose a la persona precisa, Mêli melosa se

acerca a la cocina, empero un tanto furtiva aunque el momento fuese como es, ya

que siêndolo no estâ exento de la mirada escondida que parapetan las erectas co-

lumnas o que embrisa la incesante sombra. Ya frente a la puerta de su destino se-

ñalado por la flecha de su pensar, y antes de penetrar en la cuadratura donde con-

fecciônanse las suntuosas ambrosîas, espera a que el cibiosactes salga de adentro

para entrar ella de afuera, ya que aquêl vino con el objetivo de barruntarle al coci-

nero sobre la sanciôn de Jancia, En fin, que ido el cibiosactes, el hasta ahora visi-

blemente presente en el espacio con forma y medidas, Mêli empuja la puerta; pe-

ro, que vale no ocasionar un ruidito de bisagras si la intenciôn [de la visita] es la

de sorprender, de una manera tan buena que su entrar no fue escuchado, captado

por los orejones del cocinero de la Irlanda.

----Vaya susto que me has dado y menos mal que en la mano no tenîa un afilado

cuchillo, sino pan rallado y huevos que no matan---dice el cocinero.

----Pero embarran, no?, y a mî que no me gusta que me embadurnen---dice Mêli

hundiendo un dedo en la lomita de pan rallado.

----Vaya tû pescado!!, no quieres que te empanice?

----Con huevo y todo!!, el embarre que dura, que a la piel se pega...

----Sin huevo es imposible el adecuado empanizar!

----Quê vivan los huevos!!

----Blancos o colorados?

----Es igual, que por el color no dejan de ser huevos.

----Te entiendo, capto, disfruto!!

----Y menos mal, que quiên mejor si no que tû?

----Yo el sino, la coma y los puntos suspensivos---dice el cocinero y riê.

----Ese tamaño estâ grande, quê grandeza la de ese tamaño!!

----Es el tîpico del siluro, el que por naturaleza se repite.

----Deberîa haber sido silura, y no etera..

----Tal vez lo fuiste y no lo sabes; pero igual, que con lo que eres ya tienes expe-

riencia como para saber lo que es bueno de los tamaños, no?

----Y cuanta, mucha, demasiada!

----No me embarres la boca con tu dedo, que si nos coge el cibiosactes o me sen-

tencian o me sancionan...

----Pero si acaba de salir.

----Êse sale y entra como...

----Cômo quiên?

----Olvîdalo, no es importante la identidad a la que me refiero.

----Y cuânto tiempo te falta para terminar?

----Mâs o menos una hora...

----Bueno, entonces te espero en el cuarto.

----No me parece mal esa espera!, allî estarê, oh sî!!, cômo no?











 

 

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