El cocinero de la Irlanda cumplîa con el cometido de empanizar cuatro silu-
ros y ocho cazones, razôn por la cual sobre una mesa metâlica ubicada en un su-
cucho de la cocina descollaba la ingente cantidad de pan rallado como asimismo
la de huevos frescos, cuasi acabados de empollar y tan cândidos como la piel de
una rusa solapada por un gabân en Diciembre. Ya con tiempo considerable en la
cocina de la corte habîase acostumbrado a todo prepaparlo con una tremenda ce-
leridad, ser de rigor debido a que con los horarios destinados a los sustentos, a la
alimentaciôn indefectible, no ludicâbase en palacio y como tal ni adelantos ni re-
trasos serîan permitidos por la reina, que si no la consecuencia imaginârsela pue-
de cualquiera, partiendo del punto o estableciendo el enlace de que Dido, por ra-
zones fêrreas del reglamento que subrayan la disciplina, no demorarîa mucho en
dictar sanciôn o pronunciar la sentencia de carâcter definitivas. Son habas conta-
das y como tal no hay retroceso, como tampoco nublado o laguna posibles.
En el momento adecuado y dirigiêndose a la persona precisa, Mêli melosa se
acerca a la cocina, empero un tanto furtiva aunque el momento fuese como es, ya
que siêndolo no estâ exento de la mirada escondida que parapetan las erectas co-
lumnas o que embrisa la incesante sombra. Ya frente a la puerta de su destino se-
ñalado por la flecha de su pensar, y antes de penetrar en la cuadratura donde con-
fecciônanse las suntuosas ambrosîas, espera a que el cibiosactes salga de adentro
para entrar ella de afuera, ya que aquêl vino con el objetivo de barruntarle al coci-
nero sobre la sanciôn de Jancia, En fin, que ido el cibiosactes, el hasta ahora visi-
blemente presente en el espacio con forma y medidas, Mêli empuja la puerta; pe-
ro, que vale no ocasionar un ruidito de bisagras si la intenciôn [de la visita] es la
de sorprender, de una manera tan buena que su entrar no fue escuchado, captado
por los orejones del cocinero de la Irlanda.
----Vaya susto que me has dado y menos mal que en la mano no tenîa un afilado
cuchillo, sino pan rallado y huevos que no matan---dice el cocinero.
----Pero embarran, no?, y a mî que no me gusta que me embadurnen---dice Mêli
hundiendo un dedo en la lomita de pan rallado.
----Vaya tû pescado!!, no quieres que te empanice?
----Con huevo y todo!!, el embarre que dura, que a la piel se pega...
----Sin huevo es imposible el adecuado empanizar!
----Quê vivan los huevos!!
----Blancos o colorados?
----Es igual, que por el color no dejan de ser huevos.
----Te entiendo, capto, disfruto!!
----Y menos mal, que quiên mejor si no que tû?
----Yo el sino, la coma y los puntos suspensivos---dice el cocinero y riê.
----Ese tamaño estâ grande, quê grandeza la de ese tamaño!!
----Es el tîpico del siluro, el que por naturaleza se repite.
----Deberîa haber sido silura, y no etera..
----Tal vez lo fuiste y no lo sabes; pero igual, que con lo que eres ya tienes expe-
riencia como para saber lo que es bueno de los tamaños, no?
----Y cuanta, mucha, demasiada!
----No me embarres la boca con tu dedo, que si nos coge el cibiosactes o me sen-
tencian o me sancionan...
----Pero si acaba de salir.
----Êse sale y entra como...
----Cômo quiên?
----Olvîdalo, no es importante la identidad a la que me refiero.
----Y cuânto tiempo te falta para terminar?
----Mâs o menos una hora...
----Bueno, entonces te espero en el cuarto.
----No me parece mal esa espera!, allî estarê, oh sî!!, cômo no?
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