Sonntag, 8. Mai 2022

La cazuela de Vitelio (1000)

     Teariôn y la campesina, y en los brazos de êsta Ateriana, salieron a dar una

vuelta. Por el lado derecho del camino descollaba la especiosidad intensa y de

la coloridad de una sûmula de cipreses, los que tal vez vistos por retinas sensi-

bles, o sea, las que por analogîa no estân muy distantes de las que de tal guisa

favorecen a un poeta, pudieran tener parangôn con lo que erigido despierta la

fantasîa, o que si no servirîan como aliciente para satisfacer ciertas y determi-

nadas necesidades de jaez expresivo; mas por el izquierdo, lo que serîa sin re-

futaciôn alguna calaña de una total y gran diferencia, era el vacîo lo que fren-

te a los ôculos sobresalîa, por lo que pensar en una caterva de faranduleros ti-

rados al borde de êsta horizontal seguido a pasar una madrugada de un lado a

otro de la ciudad en busca de las actividades mâs gratas, de las que indiscuti-

blemente son asî para ellos por cuestiones de una inveterada costumbre tanto

cimera como imprescindible, quedarîa como posible y en el caso de que ipso

facto laborara una conciencia pudiente, ya que la endeble ni con una destaca-

da receta a tal pensar se arrima. Referente a lo dicho, que mâs por extensiôn

que por reducciôn pincela jovialmente con vista a detallar, allende que y sin

pecar por defecto, Teariôn pudiera mâs que la campesina encajar en lo y que

viênese amplificando, mas que como es un hipotêtico mejor salir de êl sobre

el pucho, no vaya a ser que vislûmbrese un exceso donde hay tan sôlo una y

posibilidad.

      Mas la campesina, menos que por la coloridad de la sûmula de cipreses

por la imago frente a la vista de los cupresâceos, no pudo eludir el recuerdo

de su secuestro en el Estrecho de España por los dos moros, debiêndose y la

razôn a que aquêllos no estaban muy lejos del lugar donde sucediô el rapto, 

del que gracias a los dos halcones que volaban en direcciôn contraria pudo y

en un periquete liberarse --- como todo tiene una consecuencia, en este caso

la que resultô ser fue la del  fenecimiento del halcôn de Kalîas---y de tal gui-

sa salir incôlume, quedadno solamente una cosa como significativa: el dado

trastazo contra el suelo que diose por tenerla los secuestradores cargada.

    Convendrîa no olvidar, por los estrechos lazos que ûnense entre una cosa

y la otra, que la causalidad funciona igual sea el momento, la hora y el inta-

chonable dîa que la permite. No es de extrañar entonces, por lo anteriormen-

te dicho, que una conexiôn actîvese, que un vînculo a puesto llegue o que y

una relaciôn haga posible cualesquier encuentros funcionales, o que si no y

de jaez diamantinos por lo que de relevante proporcionan una vez que apro-

vechados son, que lo mismo al mâximo que al mînimo un valor no se les y

quita de carâcter existencial.

----Mira quiênes vienen hacia nosotros---dîcele la campesina a Teariôn.

----El grumete redomado y la bailarina pelirroja. Pero te digo una cosa: yo

no estaba pensando en ellos.

---Y yo te digo otra: me acordaba del dîa de mi secuestro en el Estrecho de

España.

----Ah sî?, y a quê se debe el acordaste de eso?

----Por estos cipreses al lado derecho...

----Te explicas?

----Te recuerdas de la zona donde me secuestraron?

----Sî claro, y quê hay con ella?

----Que cerca de ella habîan cipreses.

----Y cômo tû pudiste verlos si te habîan puesto un saco en la testa?

----Sî, ya sê, pero aun asî los vi; se podîan ver y saber que eran cipreses. Sabes

el porquê de que hayan cipreses en el lugar donde descansan los muertos?

----No lo sê!, por quê?

----Porque segûn se dice, y por la forma que tienen los cipreses, el cielo y la tie-

rra unen.

----Eso nunca lo habîa oîdo, pero....

----Vaya, quê casualidad este encuentro!!---afirma Corônide, a su vez que pîde-

le a la campesina que dêjela cargar a Ateriana.

----Sî, aquî la tienes, mas ten cuidado, aguântala bien, que cuando no conoce a

una persona da unos cuantos saltos.

----Y quê e cuentas, Xabier, que rato que no te veîa?---pregunta Teariôn.

----Lo normal, el mismo ritmo de la vida cotidiana.

----Y quê te parecen estos cipreses?, y ven acâ que quiero mostrarte algo---dice

Teariôn.


     En lo que Teariôn y el grumete redomado sepâranse un poco de la campesina

y de la bailarina pelirroja, êsta dîcele (a)quêlla:

 ----Hace rato que querîa revelarte algo, mas de hacerlo lo hago por tratarse de tu

hermano.

----Quê me tienes que decir de Kosmithôs?

----Que estaba en la barca del barquero de la ciudad del ocio antes de que se hun-

diera, ademâs que desnudo...

----Cômo?, y cômo tû sabes eso, viste a mi hermano desnudo?

----De verlo no, porque ya tenîa puesta una manta que le dio Xabier.

----Entonces tû tambiên estuviste en la barca?

----Llegamos Xabier y yo por la razôn de que mi esponja rosada se la llevô la co-

rriente, y fuimos tras ella para recuperarla.

----Tu esponja rosada?, no entiendo.

----Mira, ese dîa nos bañâbamos en Albula, y Xabier me restregaba la espalda y

con la esponja.

----Entiendo! Pero por quê mi hermano estaba desnudo?

----Por lo que vi aparentaba que habîan hecho una fiesta, y Circe, Meli y el bar-

quero dormîan tambiên desnudos.

----Vaya hermano mîo!!

----Y tû que bien lo conoces desde los tiempos que no sabîas que era tu hermano.

----No me lo recuerdes, que yo me acostê con mi propio hermano...

----Eso ya pasô, y tû lo ignorabas, al igual que Kosmithôs, asî que ninguno de los

dos son culpables.

----No es por lo de culpable o no, sino porque eso me ha dejado una tremenda re-

sonancia, ya menos que al principio a raîz de saber que era mi hermano, mas que

aûn estâ.

----Puedo entenderte como mujer; y mira, te devuelvo a tu hija, que pesa bastan-

te y yo no estoy acostumbrada.

----Y de quê ustedes estan hablando, se puede saber sobre quê?---fisga Teariôn.

----Sobre cosas de mujeres, asî que no seas chismoso--responde la campesina y

que pregûntale a Xabier y a Corônide: tienen algo que hacer ahora, quiero decir,

algûn plan?

----Plan ninguno, sôlo paseâbamos, sôlo eso---responde Corônide.

----Y por quê nos preguntas eso?

----Xabier, porque pensê que nos podîan acompañar, y asî damos la vuelta juntos.

----No me parece mala idea, de mi parte estoy de acuerdo---dice Corônide.

----Yo tambiên, yo tambiên!!---afirma Xabier.


      A continuaciôn las dos parejas arrumban sus pasos en la misma direcciôn, y

(muy) con cierto disimulo pregûntale la campesina y Teariôn:

----Quê tû le mostraste a Xabier cuando se separaron un poco de nosotras?

----Pues te respondo como tû misma me respondiste: no seas chismosa que es y

cosa de hombres.

----Quê pesado que eres!!

----Pesado yo que soy ligerito? 

----Tû sabes lo que te quise decir.

----Ahora dime tû: hay algo mâs respecto al recuerdo del dîa de tu secuestro, por-

que al interrumpir la bailarina pelirroja me parece que faltô algo por decir?

----Piensa quiênes fueron mis secuestradores.

----Los dos moros, no?

----Exacto!!, y?

----De quiên era el padre uno de ellos?

----De Xabier. Contra, quê causalidad que haya aparecido el grumete redomado.

----Viste?




































 







 













 




 



 




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