Teariôn y la campesina, y en los brazos de êsta Ateriana, salieron a dar una
vuelta. Por el lado derecho del camino descollaba la especiosidad intensa y de
la coloridad de una sûmula de cipreses, los que tal vez vistos por retinas sensi-
bles, o sea, las que por analogîa no estân muy distantes de las que de tal guisa
favorecen a un poeta, pudieran tener parangôn con lo que erigido despierta la
fantasîa, o que si no servirîan como aliciente para satisfacer ciertas y determi-
nadas necesidades de jaez expresivo; mas por el izquierdo, lo que serîa sin re-
futaciôn alguna calaña de una total y gran diferencia, era el vacîo lo que fren-
te a los ôculos sobresalîa, por lo que pensar en una caterva de faranduleros ti-
rados al borde de êsta horizontal seguido a pasar una madrugada de un lado a
otro de la ciudad en busca de las actividades mâs gratas, de las que indiscuti-
blemente son asî para ellos por cuestiones de una inveterada costumbre tanto
cimera como imprescindible, quedarîa como posible y en el caso de que ipso
facto laborara una conciencia pudiente, ya que la endeble ni con una destaca-
da receta a tal pensar se arrima. Referente a lo dicho, que mâs por extensiôn
que por reducciôn pincela jovialmente con vista a detallar, allende que y sin
pecar por defecto, Teariôn pudiera mâs que la campesina encajar en lo y que
viênese amplificando, mas que como es un hipotêtico mejor salir de êl sobre
el pucho, no vaya a ser que vislûmbrese un exceso donde hay tan sôlo una y
posibilidad.
Mas la campesina, menos que por la coloridad de la sûmula de cipreses
por la imago frente a la vista de los cupresâceos, no pudo eludir el recuerdo
de su secuestro en el Estrecho de España por los dos moros, debiêndose y la
razôn a que aquêllos no estaban muy lejos del lugar donde sucediô el rapto,
del que gracias a los dos halcones que volaban en direcciôn contraria pudo y
en un periquete liberarse --- como todo tiene una consecuencia, en este caso
la que resultô ser fue la del fenecimiento del halcôn de Kalîas---y de tal gui-
sa salir incôlume, quedadno solamente una cosa como significativa: el dado
trastazo contra el suelo que diose por tenerla los secuestradores cargada.
Convendrîa no olvidar, por los estrechos lazos que ûnense entre una cosa
y la otra, que la causalidad funciona igual sea el momento, la hora y el inta-
chonable dîa que la permite. No es de extrañar entonces, por lo anteriormen-
te dicho, que una conexiôn actîvese, que un vînculo a puesto llegue o que y
una relaciôn haga posible cualesquier encuentros funcionales, o que si no y
de jaez diamantinos por lo que de relevante proporcionan una vez que apro-
vechados son, que lo mismo al mâximo que al mînimo un valor no se les y
quita de carâcter existencial.
----Mira quiênes vienen hacia nosotros---dîcele la campesina a Teariôn.
----El grumete redomado y la bailarina pelirroja. Pero te digo una cosa: yo
no estaba pensando en ellos.
---Y yo te digo otra: me acordaba del dîa de mi secuestro en el Estrecho de
España.
----Ah sî?, y a quê se debe el acordaste de eso?
----Por estos cipreses al lado derecho...
----Te explicas?
----Te recuerdas de la zona donde me secuestraron?
----Sî claro, y quê hay con ella?
----Que cerca de ella habîan cipreses.
----Y cômo tû pudiste verlos si te habîan puesto un saco en la testa?
----Sî, ya sê, pero aun asî los vi; se podîan ver y saber que eran cipreses. Sabes
el porquê de que hayan cipreses en el lugar donde descansan los muertos?
----No lo sê!, por quê?
----Porque segûn se dice, y por la forma que tienen los cipreses, el cielo y la tie-
rra unen.
----Eso nunca lo habîa oîdo, pero....
----Vaya, quê casualidad este encuentro!!---afirma Corônide, a su vez que pîde-
le a la campesina que dêjela cargar a Ateriana.
----Sî, aquî la tienes, mas ten cuidado, aguântala bien, que cuando no conoce a
una persona da unos cuantos saltos.
----Y quê e cuentas, Xabier, que rato que no te veîa?---pregunta Teariôn.
----Lo normal, el mismo ritmo de la vida cotidiana.
----Y quê te parecen estos cipreses?, y ven acâ que quiero mostrarte algo---dice
Teariôn.
En lo que Teariôn y el grumete redomado sepâranse un poco de la campesina
y de la bailarina pelirroja, êsta dîcele (a)quêlla:
----Hace rato que querîa revelarte algo, mas de hacerlo lo hago por tratarse de tu
hermano.
----Quê me tienes que decir de Kosmithôs?
----Que estaba en la barca del barquero de la ciudad del ocio antes de que se hun-
diera, ademâs que desnudo...
----Cômo?, y cômo tû sabes eso, viste a mi hermano desnudo?
----De verlo no, porque ya tenîa puesta una manta que le dio Xabier.
----Entonces tû tambiên estuviste en la barca?
----Llegamos Xabier y yo por la razôn de que mi esponja rosada se la llevô la co-
rriente, y fuimos tras ella para recuperarla.
----Tu esponja rosada?, no entiendo.
----Mira, ese dîa nos bañâbamos en Albula, y Xabier me restregaba la espalda y
con la esponja.
----Entiendo! Pero por quê mi hermano estaba desnudo?
----Por lo que vi aparentaba que habîan hecho una fiesta, y Circe, Meli y el bar-
quero dormîan tambiên desnudos.
----Vaya hermano mîo!!
----Y tû que bien lo conoces desde los tiempos que no sabîas que era tu hermano.
----No me lo recuerdes, que yo me acostê con mi propio hermano...
----Eso ya pasô, y tû lo ignorabas, al igual que Kosmithôs, asî que ninguno de los
dos son culpables.
----No es por lo de culpable o no, sino porque eso me ha dejado una tremenda re-
sonancia, ya menos que al principio a raîz de saber que era mi hermano, mas que
aûn estâ.
----Puedo entenderte como mujer; y mira, te devuelvo a tu hija, que pesa bastan-
te y yo no estoy acostumbrada.
----Y de quê ustedes estan hablando, se puede saber sobre quê?---fisga Teariôn.
----Sobre cosas de mujeres, asî que no seas chismoso--responde la campesina y
que pregûntale a Xabier y a Corônide: tienen algo que hacer ahora, quiero decir,
algûn plan?
----Plan ninguno, sôlo paseâbamos, sôlo eso---responde Corônide.
----Y por quê nos preguntas eso?
----Xabier, porque pensê que nos podîan acompañar, y asî damos la vuelta juntos.
----No me parece mala idea, de mi parte estoy de acuerdo---dice Corônide.
----Yo tambiên, yo tambiên!!---afirma Xabier.
A continuaciôn las dos parejas arrumban sus pasos en la misma direcciôn, y
(muy) con cierto disimulo pregûntale la campesina y Teariôn:
----Quê tû le mostraste a Xabier cuando se separaron un poco de nosotras?
----Pues te respondo como tû misma me respondiste: no seas chismosa que es y
cosa de hombres.
----Quê pesado que eres!!
----Pesado yo que soy ligerito?
----Tû sabes lo que te quise decir.
----Ahora dime tû: hay algo mâs respecto al recuerdo del dîa de tu secuestro, por-
que al interrumpir la bailarina pelirroja me parece que faltô algo por decir?
----Piensa quiênes fueron mis secuestradores.
----Los dos moros, no?
----Exacto!!, y?
----De quiên era el padre uno de ellos?
----De Xabier. Contra, quê causalidad que haya aparecido el grumete redomado.
----Viste?
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