Donnerstag, 26. Mai 2022

La cazuela de Vitelio (1009)

      Las mejores conversas (dirîase que) ni son cortas ni largas; la de Dido con

Endimiôn alcanzô el justo medio. Seguido al intercambio de verba ocupôse el

cibiosactes de (pacientemente) mostrarle la cocina de palacio a Endimiôn, asi-

mismo que el lugar preciso donde encontrâbanse todos los utensilios pertinen-

tes e imprescindibles, aunque tambiên relevantes en lo atinente a dejar al coci-

exento de un posible estado que apellîdase de jeta, de una pejiguera que termi-

nar pudiera en iracundia, o que si no de una sûmula de querellas que influyen

indubitablemente en el proceso que produce una diamantina magnanimidad.

---Nôtase que es una cocina de corte, nunca habîa estado dentro de una de ês-

tas ni tan siquiera por invitaciôn---dice Endimiôn.

---No conozco de invitaciones a una cocina de corte; ni en Alejandrîa, que el

relajo de los cocineros es sumamente conocido por el afrodisîaco que consu-

men; y, que segûn ellos, los hace creativos en cuestiones de platos.

----Alejandrîa, por quê usted la menciona precisamente a ella?

----Porque soy un alejandrino, oriundo de ella.

----Verdad que usted viene de Alejandrîa?

----No tengo razones para mentirle; aun teniêndolas nunca mentirîa, no es mi

estilo ni jamâs lo serâ. Pero dîgame una cosa, Endimiôn: por quê usted no me

creyô?

----Cibiosactes, porque tuve un amigo que era alejandrino, y ahora que usted

dijo la palabra mentira, mi amigo era un destacado mentiroso, y como tal hî-

zose popular para mal.

----Puedo imaginarme la suerte que haya corrido; a que seguro lo lapidaron y

varias veces?

----Cuasi siempre tenîa la testa rota; sangraba como un buey en sacrificio.

----Como que le creo sin refutaciôn alguna, ya que yo conozco muy bien ese

mêtodo de castigo contra las personas no gratas.

----Yo no dije que mi amigo era un ingrato.

----No lo dijo, ciertamente, pero alguien que se hace popular para mal, para

el bien de muchos no dirîase que resulta grato.

----Pudiera ser, no lo habîa pensado desde ese punto de vista. Y cibiosactes,

quê tiempo usted lleva aquî en palacio?

----Tanto que ya ni me acuerdo,

----Estâ claro, lo que traduce que bastante.

----Bastante es cantidad como tanto..

----Lo que en retôrica es un sîmil.

----Quê, sabe usted algo de retôrica?

----Yo?, quê va, nada de eso!!, de hecho ni la soporto.

----Y entonces cômo usted sabe que es un sîmil en retôrica?

----El hecho de que no sepa nada de retorîca no quiere decir que sea ignorante.

----Entonces usted sî sabe algo.

----A lo mejor no me expresê bien...

----A lo mejor no, mal se expresô. A lo mejor es una posibilidad.

----Me doy cuenta de que usted, cibiosactes, es un buen conversador.

----Y de quê me sirve serlo si nunca converso con nadie: sôlo cumplo edictos y

de la reina.

----Nunca no es ahora que usted conversa conmigo.

----Por eso es que ahora converso porque nunca lo hago..

----Entonces sî que le sirve de algo ser buen conversador; porque si malo, no se

alargarîa ninguna conversa ni con el mâs parco que conversa brevemente.

----Yo no creo que usted no converse con nadie; de hecho, y delante de mî, con

la reina conversô.

----Y usted cree que eso haya sido una conversaciôn?

----Sî, claro, aunque corta.

----Eso para mî no es una conversaciôn. No tiene en cuenta usted la que tenemos?

----Por conclusiôn o proposiciôn: la conversaciôn, para que lo sea, debe de no ser

corta?

----De acuerdo con la conclusiôn o la proposiciôn!!

----Entonces ya sê lo que para usted es una conversaciôn, cibiosactes.

----Êste que parece el final de la de hoy; mejor dicho, de la de ahora, me agrada

por ser el justo, ademâs que incluyente de la comprensibilidad de su parte, que y

le dirîa que me encanta. Le doy las gracias, y ya volveremos a conversar.

----De nada, cibiosactes, de nada!!; que yo, le confesarîa, hacîa "muchîsimo tiem-

po" que no conversaba, ni corta ni largamente, por lo que tambiên las gracias doy.

----Y hasta la prôxima, Endimiôn, que si usted debe ya a empezar a cocinar; yo a

ocuparme de los edictos de su majestad.


      Entonces, y ya listo para abrir de arriba a abajo un ingente puerco que colga-

ba de unos ganchos de plata----para mâs exactitud un gancho en cada pata trase-

ra---, Endimiôn concêntrase en el trabajo de penetraciôn de un afiladîsimo cuchi-

llo en la masa del animal, ya que de no ser el corte lîneal los ôrganos interiores y

de êste no saldrîan a la misma vez, lo que traerîa como consecuencia que tendrîa-

se que hacer otro corte paralelo al primero para que cayesen sobre el piso de mâr-

mol el resto de las partes del cuerpo que ocûpanse de una funciôn determinada o

especîfica. Pero de tal guisa no fue necesario un segundo corte, lo que traduce y

que el puerco de un solo tajazo quedôse completamente huero de sus componen-

tes imprescindibles, y siendo el destino de alguno de êstos terminar en sopas co-

mo sustento indefectible o pasados por la grasa una vez ya lascados, empero por

un cuchillo mâs pequeño a êste mas que tambiên con su correspondiente filo. A

raîz de echar en un cazuelôn todos los ôrganos ensangrentados, de sacar una sû-

mula de pedazos de la opulente masa con la que contaba el animal por tener un

peso insôlito, razôn por la que alguien pudiera hacerse la pregunta: quê fue y lo

que diêronle de comer al puerco para que llegase (a)lcanzar una unidad de peso

increîble?, Endimîon comienza a cocinar los pedazos sacados a la vez que los y

aderezaba con disîmiles hierbas, cebolla, ajo y pimienta. A medida que la carne

îbase lenificando por el toque del fuego, el olor que salîa de êsta cada vez era y

mâs intenso e impregnante, profundo y seductivo. Parsimônicamente fue la car-

ne cogiendo un color para ser descrito, detallado en alguna novela de acuerdo a

un capîtulo que sêale menester, es decir, que cubra el ampo de una hoja con el

tema gastro-nômico para todas las edades, menos que vedado para algunas por

cuestiones irracionales, que es lo mismo a decir por las caprichosas o por las y

que infieren carentes de experiencia, no ya decir que por las mâs insolentes en

fila o en pequeños grupitos. Una media hora despuês el olor expandîase a todo

el palacio por olvidarse Endimiôn de cerrar la puerta de la cocina, algo que co-

mo tal tuvo su efecto que a continuaciôn dilucîdase.

    Como es sabido las âcraticas quedaron en Albula, y algo que bien que saben

tanto Kosmos como Kosmithôs, en ayudar a Angelicus a llegar a su casa, y de-

bido al golpetazo que diôle a êste el ramôn que cayôle encima, y que por (suer-

te?) estar semicaîdo no lo aplastô, lo sacô de escena, de circulaciôn existencial.

Cumpliendo exitosamente con la ayuda aquêllas regresan a palacio. Ya habîa y

un tanto oscurecido; y, como tal, podrîa ocurrir algûn imprevisto, algûn suceso

desagradable de inmediato al pronunciamiento de un piropo intempestivo utili-

zando palabras de mal gusto, verbi gratia. Mas tal hipotêtico ni fue posible co-

mo culmen ni como apogeo de una posibilidad secreta, por lo que a fortiori di-

rîase que las âcraticas llegaron a palacio sin problema alguno. La entrada y a la

corta de êstas no fue por la puerta principal de palacio, sino por una que hay en 

la parte trasera de la construcciôn mayestâtica, por la que allende nadie entra y,

precisamente, por estar donde estâ. Con la intenciôn de arrumbar sus pasos ca-

llados a la estancia donde de ôrdago tienen mâs posibilidad de a-parecer y los 

onîricos, aunque asimismo el contacto efîmero con *Morfeo por la comodidad

incuestionable que ciertas posiciones ofrecen, tanto lucila como Crotonia atraî-

das siêntense por un olor que no era nuevo, mas que sî de no todos los dîas, de

un ser de vez en cuando imantaciôn para el olfato. No quedândoles otro dador

posible que el de la pesquisa adecuada, la que de facto clararîa el no subrayado

desconocimiento de ciertas y determinadas cosas que desprenden un olor iman-

tativo, mas que no antes que en el instante en que Prometeo las ablanda, sûbito

se dirigen a la cocina atentas de que nadie las viese. 








   











 





























   

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