Para los ôculos de un lector fue la botella palabra
aparecida diez veces y de color jaspeado),
como si navegara incôlume sobre el ampo de un papel
recibido por un cartero),
que dejô mâs golpes en la puerta que una entidad festiva
en la pared a las dos de la mañana).
La botella inveterada resultaba ser,
y como tal antigualla de las mâs sobresalientes exenta de
un precio fijo en ferias o mercados),
asimismo que de un dueño oriundo de cualesquier partes
del mundo)
y orgulloso de un gentilicio con cuello, saco y corbata,
que lo mismo es al decir pimpante por cuestiones de
traslaciôn de un magîn que apellîdase pudiente).
Como unas castañuelas y en su tanto no quedaban los
ôculos que leîan de forma ralentizada),
porque de facto ocupô el medio de sus retinas una duda
con fijeza),
ya que el têlos de aparecer la botella en un mensaje por un
porquê no quedô respuesta de jaez impepinable.
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