Adriana buscaba el deleite a todo trance en la noche;
el espejo le servîa para un raudo penetrar en el ambiente
preciso de la materia adusta),
donde en fiesta los flamigeros bien que excitan y acicatan;
indiferente total a la mirada de al lado contemplâbase desnuda
exenta de cortapisa),
porque ya sabîa un tanto de lo que existe en su esencia
y activândose para un gozo cuando su blanco la Luna posa,
baricentro con un ampo donde pueden destacarse las sumantes
que en tenencia orgullecen contempladas);
es de ese jaez de las fêminas indômitas,
y como tal no llegarîa a ser sriviente de algûn fuste que golpea en
la cuadrada jaula para su control lograr.

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