Ya dentro del pasadizo, antorcha en mano y ôculos bien abiertos encuêntrase Kosmos
con una piedra de esteatita que tenîa grabada la siguiente divisa: Qui non intelligi aut
discat aut taceat, Ostensible y totalmente de acuerdo con ella leyôla varias veces y en
voz alta, mas en lo que hacîalo no pudo eludir pensar en el flamen del templo de Jano
Quirino, quien seguramente la sacarîa a colocaciôn en el instante preciso de un duelo
teolôgico con el primer ministro de la sombra oculta, y con el propôsito exclusivîsimo
de sacar de circulaciôn una arenga de mal gusto amplificada ludicamente, de inmedia-
tamente dirimirla para transformarla en arena, de lo que sale que por consecuencia no
quedarîa como otra cosa que como una deleznable, y por lo que entonces al pneuma y
mâs cercano de algûn vientillo poderoso estarîa expuesta, si no que por êsta condiciôn
utilizada por un decâpodo que diviêrtese por el dominio [con pericia] que posee o tie-
ne del ineluctable tiempo, no ya decir que sometida al peso apabullante de una aventu-
rera bota que lleva el pie de un vigîlico selenita----aunque dîgase que tîmido, una cosa
cosa no quita a la otra---que saliô a pasear a las dos de la madrugada, menos que en la
hora doce o la una y por ser êstas las propicias para el desarrollo o manifestaciôn de la
sûmula de entidades viajantes y como tal exentas de carta identidaria, de un gentilicio
especîfico, de un sombrero y de cuatro ropas, de la obligatoria por verecundia breve o
efîmera risa. Empero (allende) sabîa asimismo Kosmos, que la divisa es aplicable en y
cualesquier momentos en que la sensatez es la receta contra esos apercollamientos con
apellido premeditados, con antelaciôn a un suceso y por voliciôn fijos a la raîz senecta
de una conciencia finita, cual posible que en su vaivên busca la orilla antes de tener un
barco con el que a êsta arribarîa ampuladas sus correspondientes velas; aunque tal vez
o a lo mejor sin hinchamiento menester, pero ver para creer: aforismo sin patas largas,
mas abarca espacio, ocupa superficie y resuena, como matraca china?. Ahora bien, que
ni las respuestas flotan ni caen gratuitas de nubarrones en formaciôn de un ejêrcito gri-
salloso, Kosmos hâcese la pregunta: Por quê la divisa grabada en una pêtrea esteatita y
no en unas, por paradigma, calizas o areniscas? Vâlgale su pensar coralino para un cla-
rar de tal monta, pero las complejidades, a veces, imperan inextricables, sin contar que
como tales resulten aporîas; que ya entonces la soluciôn, menos que el lumbramiento y
de una respuesta, entrarîa en escena e incluyendo a su vez un ludus puzzleado con frag-
mentadas fichas, o mejor decir dispersas sobre la magnitud de un tablero que, estâtico y
en una mesa, espera por las manos que a êl llegarîan con soltura regalada, con esa ono-
mada disposiciôn fêrrea, firmeza o tenacidad mayûsculas que deben siempre repasarse,
porque de tomar (perspicua) circunspecta la proposiciôn heraclitana ( lo ûnico que per-
dura es el cambio), un siempre "volver a ver" es cimera relevancia, honcejo que por al-
tura respira muchitanto mejor ventiscas confluyentes y embrisamientos armoniosos, în-
clitos elementos con rebote en un sistema. A fortiori----globo para los engorros y cimi-
tarra para la cucûrbita----la idea del ojo asomante, pero en lo atinente a recurrir al dos y
una mâs mirada, que es lo que de facto hace Kosmos.
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