Freitag, 3. Juni 2022

La cazuela de Vitelio (1014)

     Kîntlico de Kostâ y Tublides de Malamonta abordan el navîo en pleno hora-

rio de crepûsculo.  Haciêndole caso al controlador peonio, quien dejôles saber

que mejor hicieran el viaje no en el siete, sino en el camarote con la numeral y

seis, aunque sin clarar el porquê de lo que les habîa dicho, explicitarlo sin nin-

gûn tipo de metaforizaciôn para una comprensiôn mâs fâcil, para que la poten-

cia que procesa no encontrase ôbice o tuviera la necesidad de duplicar su cora-

lino mecanismo, ambos suntuosos compinches dieron calaña sûbita de una ex-

celente obediencia, algo muy tîpico o caracterîstico de las criaturas disciplina-

das. Seguido al correspondiente tiempo que necesîtase, el que en dependencia

de la ubicaciôn que tenga la habitaciôn de barco define su lîmite, ocûpase con

cierta pachorra Kîntlico de abrir la puerta, lo que traduce ostensiblemente que

era êl el que tenîa la llave. Empero si por algo queda pensativo Tublides es no

por otra cosa que por la siguiente pregunta que êl mismo hîzose: en quê exac-

to momento diole la llave el controlador peonio a Kîntlico?, pregunta hecha y

ya estando ambos dentro del camarote. Como tal y siendo una pregunta total-

mente de jaez efîmero, o sea, que por carecer de cierta relevancia su duraciôn

es corta, Tublides cêleramente la olvida y entrêgase a la actividad de estirar y

la sâbana de una colchoneta que estaba un tanto engurrada, como si el tafana-

rio de alguien hubiese sido puesto encima de ella por mâs de si no de diez de

veinte minutos, câlculo aproximado que cumple con la funciôn de satisfacer

ciertos deseos de encontrar una cantidad de algo donde sea, lo que hasta y un

punto determinado no estâ muy lejos de un vendedor y, en este caso, del Es-

trecho de España, mas que viaja a la ciudad del ocio, no a êste. Mas en cam-

bio, y razôn para querellarse, la colchoneta de Kîntlico no tenîa ninguna tela

que la cubriese, que tapârale algunas mâculas que sobresalîan como pirâmi-

des en Egipto, de lo que sigue que viose con el apremio de volver (a)brir la

puerta para dirigirse a hacer la pertinente reclamaciôn, aun desconociendo y

con quiên ir a exigirle que diêrale una sâbana para la denuda y no impoluta

colchoneta. Puesto ya en funciôn de lo anterior, y cumpliendo con el traba-

jo de ir puerta por puerta hasta hallar la que tiene el cartel denunciante y de

"lavanderîa", oye su nombre pronunciado por una voz que resûltabale cono-

cida, siendo êste el motivo de su rauda detenciôn en seco.

---Quê sorpresa encontrarlo a usted en el navîo, mas pense que usted ya es-

taba en su lugar de origen, en la Irlanda---dice Kîntlico de Kostâ.

---Si usted supiera, Kîntlico, que desde que abordê el navîo no me he baja-

do de êl.

---Y cuâl es la razôn de su permanencia?

---He pensado varias veces al respecto, y siempre doy con la imago del dîa

en que conocî a Meli en esta embarcaciôn, de la primera noche del mismo

dîa en la que tuvimos un disfrute tremendo, quedando de mâs que yo le ex-

plique el tipo de gozo que es....

----El gozo mayor para muchos, de ahî que cuando no se tiene quisiêranse

cortar las venas. Sabe usted?, a mî me parece que yo soy una excepciôn.

----Porque no tiene tal gozo y sus venas estân sin corte alguno?

----Ha entendido usted correctamente,

----Pero, Kîntlico, a pesar de lo que ya le dije de la imago con la que siem-

pre doy, han llegado a mis oîdos comentarios diversos, mas relacionados y

con el mismo asunto.

----Y cuâl asunto es êse?

----Que posiblemente el cocinero actual del navîo abandone el puesto por y

razones familiares, mejor dicho, por las que tienen que ver con lo taciturno:

melancolîa por la ausencia de sus seres queridos.

----Y cômo se entiende entonces que haya aceptado un trabajo como el que

hace, que precisamente lo aleja de los queridos seres por largo tiempo?

----Êsa misma pregunta me la (he)echo mâs de una vez.

----Y estâ usted seguro de que el puesto quedarâ para usted, de que no hay y

otro cocinero esperando y que usted no lo sabe?

----Con la permanencia en el navîo he tenido la posibilidad de hacer una pes-

quisa al respecto, por lo que le responderîa que no, que no hay otro cocinero,

ni en lista ni en nada.

----Y supo usted, y por la misma pesquisa, cuândo es que el cocinero se va?

----Es una ida abierta...

----Quê usted quiere decir con eso?, como si la ida tuviese puerta.

----Que puede ser en cualquier momento, y hasta en plena travesîa del navîo.

----Entonces es buen nadador?

----No, no es eso, sino usando un bote. Hay servicio de bote gratuito.

---Gratuito?, un adjetivo que cuasi ni se oye en este mundo, salvo que en muy

contadas ocasiones.

----Entonces se oye en tales ocasiones que contadas son, no?

----Asî es, y asî son: contadas.

----A dîgame, Kîntlico: sabe usted si ya Kosmos tiene los tres zarcillos?

----Sî, ya los tiene; y entregados por el magister equitum.

----A êste se los di yo para que se los diera a Kosmos.

----Y otra pregunta: pasea usted por el navîo?

----No paseo, sino que iba en busca de una sâbana para mi colchoneta.

----Mire usted quê casualidad..

----Por quê casualidad?

----Porque tengo un buen amigo en la lavanderîa, asî que podrâ tener todas y

las sâbanas que usted quiera.

----No necesito mâs de una, con una me basta, ya que duermo con ropas.

----Pues tendrâ una sin ningûn tipo de problema.

----Muy bien!! Y, alguna otra pregunta?

----En cuâl camarote estâ y si solo?

----En el seis y acompañado por Tublides de Malamonta.

----Y por quê entonces, y si hay dos colchonetas, una sola sâbana?

----Porque la colchoneta de êl ya la tiene.

----Eso es raro que pase en el navîo: una sî y otra no; pero igual, estâ pasan-

do.

----Hay un hecho que confirma que estâ pasando algo: la ausencia de una sâ-

bana.

----Pasa el hecho!! Y venga conmigo, para acabar con la ausencia.

----Gracias por llevarme a la lavanderîa, que estaba perdido.

----De nada!!, que yo sê que este navîo es como un laberinto, por eso no de-

be faltar la brûjula; no le pregunto si usted la tiene, porque serîa una pregun-

ta tonta, o que estarîa de mâs.

----Me parece muy lôgico, porque si no no me perderîa: al no tener la brûju-

la no hallo la lavanderîa.

----Eso, Kîntlico, eso!!

----Y dîgame: quê pasa con el camarote con la numeral siete?, que el controla-

dor peonio me dijo que mejor viajara en el que estoy, que viajâramos en el y

que estamos.

----Eso no lo sê, pero si el controlador peonio se lo dijo, se lo dijo por algo, y

no por gusto.

----Por gusto en decirlo?

----No, porque no es en vano, por lo que no es por gusto.

----Entiendo, entiendo.

----En fin, vamos a la lavanderîa.

----De acuerdo, vamos!!


      Ya frente a la puerta que tenîa un cartel que decîa "lavanderîa", la que ade-

mâs estaba pintada de un color diferente a las demâs de todo el navîo, y de to-

tos los camarotes, tanto Kîntlico como el cocinero de Irlanda son visuales tes-

tigos de la mala jeta que puso un pretoriano al verlos muy cerca de êl, debiên-

dose el porquê a una situaciôn muy especial: un emperador estaba adentro del

lugar donde lâvanse las ropas en busca de la adecuada tela para cubrir una pre-

ciosa orquesta que habîale dadivado un senador de gran prestigio, y con el ob-

jetivo concreto de protegerla de la sal que quedaba en el aire, y proveniente de

las olas que chocaban cara a cara con el navîo.

---Cômo que un emperador dentro de una lavanderîa?, eso nunca lo habîa por

nadie escuchado---pregunta el cocinero de Irlanda.

---Pues ya lo ha oîdo por primera vez, asî que quêdese tranquilo donde estâ us-

ted para que no se busque problema---advierte el pretoriano.

---Buscarme problema?, mire guardia, yo sôlo he venido a buscar una sâbana,

nada mâs, y para este señor que me acompaña que la necesita para vestir y su

colchoneta.

---De momento eso es imposible, por lo que mejor me parece que deben retor-

nar a sus camarotes, o si lo prefieren vâyanse a dar una vuelta por el navîo.

 

    Kîntlico de Kostâ, y en lo que sucedîa este hecho verbal, atisbaba de arriba

(a)bajo al pretoriano. Esta observaciôn permitiôle descubrir, que del pantalôn

de uniforme de êste salîa un pedazo de madera que tenîa grabado el nûmero y

siete, por lo que sin dilaciôn supo la numeral del camarote donde estaba el su-

sodicho emperador, porque de ese pedazo de madera cuelga la llave sujetada

por una argolla. Asî entonces, y ya detectado esto, dîcele al cocinero de Irlan-

da:

----Vâmonos a dar una vuelta y regresamos mâs tarde, que de todas maneras

aûn no tengo sueño.


     Diez minutos despuês, y en la proa del navîo, desde donde podîase divisar

la orquesta, barrûntale Kîntlico al cocinero de Irlanda:

---Ya sê cuâl es la cosa con el camarote con la numeral siete.

---Cômo que la sabe si no la sabîa?, ni yo tampoco?

---En tal camarote viaje ese emperador.

---Que en el camarote con la numeral siete viaja un emperador?, cômo es eso,

cômo lo sabe?

---Mira esto.

---Sî, es la llave del camarote, y?

---Todas las llaves de los camarotes cuelgan de la misma madera, no?

---Asî es, todas sin excepciôn de ninguna.

---Bueno, del pantalôn del pretoriano salîa un trozo de madera con el nûme-

ro siete.

---Pero, Kîntlico, no pudiera ser el camarote donde estâ el pretoriano?

---No!!, y sabes por quê?

---Por quê?

---Porque el pretoriano es guardia personal de un emperador; el que lo cuida 

y ocûpase de abrir y cerrar la puerta con vista a la seguridad.

---Eso no lo sabîa, me ha dejado usted con la boca abierta.

---Pues ciêrrela, que se podrîa ahogar con la sal que estâ en el aire.

---Seguro que usted no va a poder dormir.

---Y por quê no?

---Porque los emperadores formam buen relajo de noche, segûn he oîdo.

---Sôlo de noche?, quê va!!, lo forman todo el dîa, asî que usted ha escucha-

do poco.

----Kîntlico, y cuândo regresamos por la sâbana?

----En una hora.

----Y quê hacemos mientras tanto?

----Irnos a tomar unos tragos. Hay alcohol en el navîo, no?

----Vaya pregunta, si alcohol es lo que sobra. Mâs mareos hay por el alcohol

que por la marea---dice el cocinero de Irlanda y rîe.

----Cocinero, y en cuâl camarote estâ usted?

----En el catorce!! Y, Kîntlico, quê van a hacer a la ciudad del ocio?

----Te recuerdas de Sarambo, el tendero expulsado de Bedriaco?

----Claro que me acuerdo y?

----Vamos en funciôn de negocios de venta, porque Sarambo, como tabernero,

conoce a unas cuantas gentes.

----Entiendo. Bueno, vamos por los tragos?

----Sî, claro, vamos.


















































 










































 







   

  

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