Montag, 6. Juni 2022

La cazuela de Vitelio (1015)

          (tres horas antes al horario del crepûsculo)


       Daba calaña de intranquilidad, de un moverse de un lado a otro incesante-

mente, por lo que pudiera pensar cualquiera de los tripulantes que esperaban y

para abordar el navîo, que dentro de êl habîa una tremenda turbaciôn, pero co-

mo saben los mâs doctos de una determinada materia, la diferencia que existe

entre pensar una cosa y dar con el motivo concreto del suceder de una cosa es

de facto tremendîsima, diferencia que, como tal, pudiera conducir a lo contin-

gente, de que por lo mismo que piênsase el agente que piensa no ha pensado y

bien, y que tan sôlo lo que piensa es algo asî como un acicate que satisface li-

mitadamente el deseo de tener algo siempre en el pensar a posteriori de la mi-

rada dirigida hacia un objetivo posible. Pero el caso es, que la eyectada mues-

tra de intranquilidad del controlador peonio mâs tenîa que ver con el haber sa-

bido de que vendrîa un emperador dos minutos antes de que el navîo alzara el

âncora y emprendiera su viaje hacia Apragôpolis, que con especîficamente un

problema interior de alguna clase o de algûn jaez. Comprensible queda, que y

dos minutos antes por razones de seguridad, de la que allende ocupâbase a ca-

balidad un pretoriano con excelsa disciplina y con especioso uniforme. Habrîa

que decir, que el emperador susodicho llevarîa una orquesta a la ciudad apellî-

dada del ocio, la que dadivôle un senador de gran prestigio, y de madera de al-

ta calidad, y la que traerîase al puerto en una carroza de tamaño medio cargada

por unos esclavos de Egipto, los que por su musculatura pudiesen tener paran-

gôn con los atletas olîmpicos, que si no con Hombre.

     Al llegar la carroza, instante para disfrutar de toda una demostraciôn lujosa,

y por la misma el motivo de que los tripulantes no pudiesen eludir una en con-

junto abertura de boca, a la que siguieron comentarios con un tono bajito, y no

debiêndose êste a otra cosa que a la sensatez que deberîase tener a la hora de 

amplificar palabras que pudieran intrepretarse de disîmiles maneras, porque no

todos los oîdos captan lo mismo ni todas las lenguas pronuncian una misma pa-

labra con la menester brillantez fonêtica que de facto merece, que le es indefec-

tible para una valoraciôn mejor de la calidad con que un hablante se expresa y

con su propia lengua, la madre por antonomasia de los triunfos o fracasos y en

el campo de la comunicaciôn, el controlador peonio pide a los tripulantes en fi-

la, que por favor dirimieran êsta para que la carroza pudiera seguir avanzando

hasta el lugar preciso, y desde el cual resultarîa mâs râpido el traslado de la or-

questa al navîo por haber una distancia corta---si mâs larga traerîa como conse-

cuencia la dilaciôn de la partida del navîo a la hora prevista, demora que harîa

sentir mal al emperador por carecer de una virtud pinacular: la paciencia. Y en

fin, que en lo que el controlodar peonio cumplîa con su trabajo, una voz, y a la

zaga, acopas pregûntale:

---Y quê es lo que estâ pasando aquî, que percibo algo de movimiento?

---Ah es usted, Kîntlico, y quê alivio!!, porque pensê que me iban a regañar o

a criticar mi trabajo---dice el controlador peonio.

---No entiendo el porquê de que usted haya dicho lo que acaba (de)cir.

---Porque usted tiene la voz muy anâloga a la del pretoriano que protege al em-

perador, que es guardia personal de êste.

---Un pretoriano, un emperador?, de quê usted habla, controlador peonio.

---Ve usted esa carroza?

---Claro que la veo, que no estâ muy lejos de nosotros.

---Bueno, la carroza pertenece a un emperador que llegarâ dos minutos antes y

de la salida a la mar del navîo, y el pretoriano, como acabo (de)cir, es su guar-

dia personal.

---Vaya privilegio para este navîo, que por lo que hasta ahora sê, nunca habîa

escuchado que un emperador viajase en este medio de transporte, a excepciôn

de Dido.

----Aunque asimismo Vologeso, mas cuando êste abordô el navîo, el controla-

dor de êste era Gaye Macinas.

----Gaye Macinas, el que tuvo como concubina a Konfuza?

----Tal êl y, por ser êl mismo, no otro.

----Esto que acaba de soltar pudiera ser una perîstasis para los contertulios.

----Cômo, le parece a usted muy complicado lo que dije?

----Complicaciôn no por lo que dijo, sino por la forma (de)cirlo, de cômo lo y

dijo.

----Si usted lo dice, que ha estado mâs cerca de los contertulios.

----Y dîgame, controlador: de dônde es el emperador?

----De Cremona. Sabe usted, ha sabido que Bedriaco estâ entre Cremona y Ve-

cona?

----Si no lo he olvidado, es la primera vez que lo escucho. Lo que sî sê, es que

Bedriaco era una ciudad fortificada, y que Vologeso le quitô la fortificaciôn.

----Es que Vologeso fue un pacîfico y un confiado, por eso le pasô lo que le y

pasô, pero bueno, ya eso es historia. Kîntlico, y va usted al estrecho de Espa-

ña?

----No!!, vamos a la ciudad del ocio.

----Vamos?

----Sî!, es que Tublides estâ a retaguardia porque se toma unos tragos antes de

abordar el navîo.

----Y quê va a hacer a la ciudad del ocio?

----Voy a ver a Sarambo, que conoce ya unas cuantas gentes, que necesitamos

vender unas cuantas cosas.

----O sea, que el viaje no es vacacional sino que mâs bien de negocio, no?

----Asî mismo!!

----Discûlpeme que ahora tenga que dejarlo, mas le deseo que le vaya bien con

el negocio. Ah, y una cosa: no vaya al camarote siete sino al seis--- dice el con-

trolador peonio, a la vez que dêjale caer la llave en el bolsillo del camarote su-

sodicho sin que diêrase cuenta Kîntlico.

----De acuerdo, controlador, eso harê!! Y hasta la prôxima.



































 



   

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