(tres horas antes al horario del crepûsculo)
Daba calaña de intranquilidad, de un moverse de un lado a otro incesante-
mente, por lo que pudiera pensar cualquiera de los tripulantes que esperaban y
para abordar el navîo, que dentro de êl habîa una tremenda turbaciôn, pero co-
mo saben los mâs doctos de una determinada materia, la diferencia que existe
entre pensar una cosa y dar con el motivo concreto del suceder de una cosa es
de facto tremendîsima, diferencia que, como tal, pudiera conducir a lo contin-
gente, de que por lo mismo que piênsase el agente que piensa no ha pensado y
bien, y que tan sôlo lo que piensa es algo asî como un acicate que satisface li-
mitadamente el deseo de tener algo siempre en el pensar a posteriori de la mi-
rada dirigida hacia un objetivo posible. Pero el caso es, que la eyectada mues-
tra de intranquilidad del controlador peonio mâs tenîa que ver con el haber sa-
bido de que vendrîa un emperador dos minutos antes de que el navîo alzara el
âncora y emprendiera su viaje hacia Apragôpolis, que con especîficamente un
problema interior de alguna clase o de algûn jaez. Comprensible queda, que y
dos minutos antes por razones de seguridad, de la que allende ocupâbase a ca-
balidad un pretoriano con excelsa disciplina y con especioso uniforme. Habrîa
que decir, que el emperador susodicho llevarîa una orquesta a la ciudad apellî-
dada del ocio, la que dadivôle un senador de gran prestigio, y de madera de al-
ta calidad, y la que traerîase al puerto en una carroza de tamaño medio cargada
por unos esclavos de Egipto, los que por su musculatura pudiesen tener paran-
gôn con los atletas olîmpicos, que si no con Hombre.
Al llegar la carroza, instante para disfrutar de toda una demostraciôn lujosa,
y por la misma el motivo de que los tripulantes no pudiesen eludir una en con-
junto abertura de boca, a la que siguieron comentarios con un tono bajito, y no
debiêndose êste a otra cosa que a la sensatez que deberîase tener a la hora de
amplificar palabras que pudieran intrepretarse de disîmiles maneras, porque no
todos los oîdos captan lo mismo ni todas las lenguas pronuncian una misma pa-
labra con la menester brillantez fonêtica que de facto merece, que le es indefec-
tible para una valoraciôn mejor de la calidad con que un hablante se expresa y
con su propia lengua, la madre por antonomasia de los triunfos o fracasos y en
el campo de la comunicaciôn, el controlador peonio pide a los tripulantes en fi-
la, que por favor dirimieran êsta para que la carroza pudiera seguir avanzando
hasta el lugar preciso, y desde el cual resultarîa mâs râpido el traslado de la or-
questa al navîo por haber una distancia corta---si mâs larga traerîa como conse-
cuencia la dilaciôn de la partida del navîo a la hora prevista, demora que harîa
sentir mal al emperador por carecer de una virtud pinacular: la paciencia. Y en
fin, que en lo que el controlodar peonio cumplîa con su trabajo, una voz, y a la
zaga, acopas pregûntale:
---Y quê es lo que estâ pasando aquî, que percibo algo de movimiento?
---Ah es usted, Kîntlico, y quê alivio!!, porque pensê que me iban a regañar o
a criticar mi trabajo---dice el controlador peonio.
---No entiendo el porquê de que usted haya dicho lo que acaba (de)cir.
---Porque usted tiene la voz muy anâloga a la del pretoriano que protege al em-
perador, que es guardia personal de êste.
---Un pretoriano, un emperador?, de quê usted habla, controlador peonio.
---Ve usted esa carroza?
---Claro que la veo, que no estâ muy lejos de nosotros.
---Bueno, la carroza pertenece a un emperador que llegarâ dos minutos antes y
de la salida a la mar del navîo, y el pretoriano, como acabo (de)cir, es su guar-
dia personal.
---Vaya privilegio para este navîo, que por lo que hasta ahora sê, nunca habîa
escuchado que un emperador viajase en este medio de transporte, a excepciôn
de Dido.
----Aunque asimismo Vologeso, mas cuando êste abordô el navîo, el controla-
dor de êste era Gaye Macinas.
----Gaye Macinas, el que tuvo como concubina a Konfuza?
----Tal êl y, por ser êl mismo, no otro.
----Esto que acaba de soltar pudiera ser una perîstasis para los contertulios.
----Cômo, le parece a usted muy complicado lo que dije?
----Complicaciôn no por lo que dijo, sino por la forma (de)cirlo, de cômo lo y
dijo.
----Si usted lo dice, que ha estado mâs cerca de los contertulios.
----Y dîgame, controlador: de dônde es el emperador?
----De Cremona. Sabe usted, ha sabido que Bedriaco estâ entre Cremona y Ve-
cona?
----Si no lo he olvidado, es la primera vez que lo escucho. Lo que sî sê, es que
Bedriaco era una ciudad fortificada, y que Vologeso le quitô la fortificaciôn.
----Es que Vologeso fue un pacîfico y un confiado, por eso le pasô lo que le y
pasô, pero bueno, ya eso es historia. Kîntlico, y va usted al estrecho de Espa-
ña?
----No!!, vamos a la ciudad del ocio.
----Vamos?
----Sî!, es que Tublides estâ a retaguardia porque se toma unos tragos antes de
abordar el navîo.
----Y quê va a hacer a la ciudad del ocio?
----Voy a ver a Sarambo, que conoce ya unas cuantas gentes, que necesitamos
vender unas cuantas cosas.
----O sea, que el viaje no es vacacional sino que mâs bien de negocio, no?
----Asî mismo!!
----Discûlpeme que ahora tenga que dejarlo, mas le deseo que le vaya bien con
el negocio. Ah, y una cosa: no vaya al camarote siete sino al seis--- dice el con-
trolador peonio, a la vez que dêjale caer la llave en el bolsillo del camarote su-
sodicho sin que diêrase cuenta Kîntlico.
----De acuerdo, controlador, eso harê!! Y hasta la prôxima.
Keine Kommentare:
Kommentar veröffentlichen