El dîa comenzaba, y con êl el barrunte a Dido, por uno de los soldados bâta-
ros de recorrido, del fenecimiento del escultor Kifisodoto. Dejâbale saber aquêl
a la reina el lugar exacto donde hallô el cuerpo sin vida del artista, el que a sa-
ber no es otro que en una explanada cercana al barrio de los Sigilarios, una lisa
superficie donde en los tiempos de su majestad Vologeso celebrâbanse los com-
bates entre gladiadores. Asimismo comunicôle a la reina sobre la posiciôn teni-
da del cadâver: la de bruces, lo que al parecer traduce el hecho, de que al artista
antes de sucumbir, y por preferencia, diole prioridad a la postura con la cual su
semblante quedarîa pegado a la tierra.
---No quiero entrar en refutaciones, pero eso de la prioridad no me deja muy y
convencida, porque tal vez haya sido algo debido a otra cosa----dice Dido que
agrega: de lo que sî no tengo duda es que Kifisodoto, y por ser artista, prefiriô
morir no muy lejos de un barrio donde cuasi todos los que allî habitan son ar-
tistas.
---Algo que tiene su lôgica. Pero dîgame, majestad: quê debo hacer, o cuâl es
el edicto?
----Vaya inmediatamente a ver al magister equitum, y dîgale de mi parte, que
se ocupe de traer el cadâver a palacio, como que asimismo que vaya a la Kos-
mona y dê la noticia.
----A su orden majestad, a su orden!!
Retirado el soldado bâtaro de recorrido, Sunev acêrcase a Dido y pregûn-
tale:
----Ha sucedido algo, que es extraño ver a un soldado bataro tan temprano en
palacio?
----Êl ha encontrado el cadâver de Kifisodoto.
----Cômo, que Kifisodoto ha muerto, y de quê?
----Eso no lo sê, lo ignoro.
----Quiere usted que yo me ocupe de escribirle a Prixeletes, que estâ en mi ca-
sa en la ciudad del ocio?
----No se trata de que lo quiera o no, sino de que es normal y correcto ponerlo
al tanto de lo sucedido. Cuando le escribas, dile que puede venir sin preocupa-
ciôn de ningûn tipo, que no le voy a hacer nada por lo que hizo.
----De acuerdo, de acuerdo.
----Y a quê se debe que estês de pie tan temprano?
----Quê usted cree Dido, que la razôn puede ser una sola?
----Ah, entonces es por Kôsmythos, no?
----Exacto!!, que es muy puntual con sus rabietas.
----Y Kosmithôs tambiên se despierta por tales rabietas?
----Êse es una piedra durmiendo; cuando se duerme no hay rabieta que lo des-
pierte.
----Igualito que su padre, igualito!!
----Harê otra cosa tambiên.
----Cuâl?
----Ir a decirle a los contertulios lo que pasô.
----No hace falta que lo hagas, porque eso lo harâ el magister equitum.
----Entonces me voy a escribir la esquela.
----Muy bien, Al avîo!!
Media hora despuês, y algo que por valoraciôn pudiera ser destacado por
no hacerlo nunca, Kosmos acicala la pequeña estatua de Hermes cargando al
niño Dionisios, la que fue un donativo de Kifisodoto a la Kosmona, a su vez
que hecha y dadivada a êste por su hijo Prixeletes. El laboro de limpiarla pa-
ra quitarle el polvo llevôle siete minutos, tiempo mâs que basto como para y
êl mismo preguntarse: y quê yo hago haciendo esto, quê diome pâbulo de ha-
cerlo? Sin dar con la respuesta vuelve a colocar la estatua en el centro y de la
mesa redonda, luciendo êsta como si fuese nueva, acabada de hacer, reciente
en su confecciôn por ya estar exenta del polvo. Empero como estaba solo, sin
concomitancia aûn, exento de la pluralidad semântica de los contertulios, tie-
ne tranquilidad para contemplar la estatua de arrib(a)bajo. En lo que hacîalo
pasaron por su mente diversas y dadoras ideas, las que pudieran utilizarse y
(indubitablemente) muy que bien como perîstasis, ya que estaban atiborradas
de elementos diamantinos; como que asimismo caracterizâbanse por la tenen-
cia de una pudiencia que pudiera seducir, o que atrapar a los contertulios so-
bre el pucho, suntuoso en seguida que dale mâs relevancia a la expresiôn im-
provisada, que es la que de facto lleva un sello conspicuo por no estar atrave-
sada por las puntas horadantes de la sapiencia repetida, aunque real sea el de-
cir, que la expresiôn improvisada en la instituciôn no sucede por lengua y bo-
ca de todos los contertulios.
----Kosmos, vengo para dejar una lamentable noticia---dice el magister equi-
tum.
----Amplifîquela, magister, amplifîquela, age!!
----El escultor Kifisodoto falleciô.
----Por el oro de las retamas y la pûrpura de los brezos!!, que tal barrunte si
que no esperâbamelo. Y cuândo sucumbiô?
----Eso no lo sê!! Sôlo sê que un guardia de recorrido encontrô el cadâver en
una explanada cercana al barrio de los Sigilarios, y de bruces. Tû sabes algo,
o alguno de los contertulios, de si estaba enfermo o padecîa de algo en espe-
cîfico?
----No magister, de eso no sê nada, y creo que tampoco los contertulios. Mas
sepa usted que ahora sê una cosa.
----No sabîas nada y de repente sabes algo?
----Mas lo que sê no es en lo atinente al escultor, sino al hecho de yo haber y
esta estatua acicalado---dice Kosmos señalando la estatua pequeña.
----Y quê tiene que ver una cosa con la otra?
----Que esta pequeña estatua de Hermes cargando al niño Dionisios donôla
Kifisodoto a la Kosmona.
----O sea, que es una obra de êl?
----Dije que donôla, no que habîala hecho êl.
----Y quiên la hizo entonces?
----Su hijo Prixeletes; el artîfice es su retoño, que estâ ora en Apragôpolis.
----Bueno, ya cumplî con el cometido, y como edicto de tu madre, (de)jar y
saber lo sucedido, por lo que entonces me voy, que debo asimismo ocuparme
de recoger el cadâver y transportarlo a la corte.
----Al avîo, magister, al avîo!!
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