Donnerstag, 23. Juni 2022

La cazuela de Vitelio (1022)

      Sobre el pucho de terminar de satisfacer al organismo con bebida y comida,

una de las diez eteras dase cuenta de la imago del emperador grabada en los pa-

gados sestercios. A continuaciôn llega el pretoriano y pregûntale:

----Y acaso no te habîas fijado de que el rostro de quien te pagô cuasi que llena

la circularidad de la moneda?

----Me acabo de fijar ahora, antes no.

----Ella no hace mucho recuperô la vista; estuvo mucho tiempo en Masalia que

no veîa; alguna de nosotras ayudâbala a caminar---dice una de las diez eteras.

----Mucho tiempo, cuânto?

----No se moleste si no le digo, que es cosa personal.

----Entiendo, muchacha, entiendo!! Y ahora todas ustedes deben seguirme, que

ya el emperador estâ listo para empezar con el jolgorio.


     Entonces, y por el lado izquierdo del navîo, allende que al alcance de un de

barlovento viento, fueron llevadas las diez eteras de Masalia, por el mismo por

el que venîa el cocinero de Irlanda. Al ser angosto no resultaba extraño que dos

personas chocaran, que fue lo que sucediô al cruzarse el cocinero con la hilera

formada por las eteras. Pero el choque de aquêl fue precisa y justamente con la

etera que estuvo ciega y recuperô la vista, y el que ademâs acarreô la caîda de

la moneda que estâ aûn llevaba en su mano.

----Discûlpame la colisiôn, pero como ves hay muy poco espacio para pasar.

----No hace nada señor. Y usted quiên es?---pregunta la etera arreglândose y un

poco el cabello removido por el viento.

----Antes de revelarte mi identidad, puedo recoger la moneda que saliô de tu y

mano?

----Es usted todo un caballero. Gracias!!

----Caballero no, sino cocinero---dice el cocinero entregando la moneda.

----Entonces tal es su identidad.

----Êsa es, no otra.

----Pero usted le llama identidad a un oficio?

----De explicarte me entenderîas.

----De momento no tengo tiempo, pero si nos volvemos a encontrar escucha-

rîa la explicaciôn.

----Y cômo no encontrarnos otra vez, si estamos en un navîo?

----Precisamente, porque pueden pasar mâs de dos cosas.

----Como yo sê que no van a pasar, ya escucharâs mi explicaciôn.

----Estâ usted seguro?

----Completamente!!

----Completamente?, bueno, ya veremos.

----Ya verâs!!


      Una hora despuês, y conversando el cocinero con Kîntlico y con Tublides, le

dice êste al cocinero de Irlanda:

----Pero que suerte que tiene usted de encontrarse con eteras de Masalia.

----No serâ êse mi destino?---pregunta el cocinero.

----No serîa mejor decir: lo semejante se atrae?---pregunta Kîntlico de Kostâ.

----Tambiên pudiera ser, Kîntlico, no estâ descartado.

----Quê cosas las de la vida!!, se le fue su etera y le llega otra---dice Tublides de

Malamonta.

----Son las cosas de la vida, como usted acaba (de)cir---dice el cocinero que pre-

gunta: pero, podrê conquistarla?

----Tal pregunta sôlo puede responderla usted mismo---dice Kîntlico de Kostâ.

----Convencerse uno mismo, de que sî puede hacer algo, ya es algo que puede ha-

cerse bien.

----Tublides, yo pregunte si podrîa conquistarla, y no que si podîa hacerlo o no.

----Y cômo usted va a conquistarla haciendo nada?, tiene que hacer algo, no?

----Como que muy bien que te la planteô, cocinero---dice Kîntlico de Kostâ.

----La Kosmona parece ser buena en enseñanzas y aplicaciones---señala el coci-

nero de Irlanda.

----No te equivocas, mas no todo es Kosmona---destaca Tublides de Malamon-

ta.

----No lo serâ todo, pero es mucho---dice el cocinero de Irlanda.

----Yo creo que es suficiente---dice Kîntlico de Kostâ.

----Estoy de acuerdo contigo---dice Tublides de Malamonta.

----Cocinero, y no le preguntô su ônoma a la etera de Masalia?

----No, Kîntlico, no se lo preguntê, porque me dijo que de momento no tenîa y

mucho tiempo, asî que no quise causarle demasiada pejiguera.

----Las pejigueras se olvidan cuando el pago es estimulante---sentencia Tublides

de Malamonta.

----Pero como yo no paguê.

----Ha entendido usted, cocinero, perfectamente.

----Por unas horas le pertenecen las eteras al emperador---dice el cocinero de Ir-

landa.

----No habrîa que decir por quê le pertenecen, no?

----No, Tublides, no habrîa que decirlo.

----Y hablando del emperador, has escuchado algo venido del camarote con la y

numeral siete?---indaga Kîntlico de Kostâ.

----Sî!. cuando saliô y cerrô la puerta---responde Tublides de Malamonta.

----Bueno, los tres sabemos adônde fue---dice el cocinero de Irlanda.

----Al festejo con las eteras de Masalia!!---afirma Tublides de Malamonta.

----Hay festejo porque les pagô?----fisga Kîntlico de Kostâ.

----Y risas del cocinero de Irlanda y de Tublides de Malamonta.










































  

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