Con la llegada al lûdico con los arilos del Taxus de Anaxîmetro y Akalis-
tôn, llegada en el caso de ellos gracias a la ayuda ofrecida volitivamente y por
Casandra de acercarlos al espejo de dos caras, donde el juego desarrôllase con
la presencia de una gran parte de los integrantes del segundo sistema, del inve-
terado colectivo que participa de las dadorîas numerales como resultado de una
sûmula, y la que tanto engendra reminiscencias como pensamientos [empero a
partir del significado (o del significate) que tienen los nûmeros o que si no de y
lo que representan] dentro de un "movimiento circular" in casu, Sabinsqui se y
alborota, se inquieta, sâlese de su casilla emocional, y sobre todo por el recono-
cimiento del semblante de Anaxîmetro de Apolonia, el que como ya sâbese fue
el tercer tabernero de la taberna de la ciudad del ocio (Apragôpolis) durante un
alongado tiempo.
A primera vista pudiera pensarse, que si por un sencillo reconocimiento un
alteramiento de la conducta no deberîa suceder, habrîa que dilucidar que depen-
de esto de lo que se desprende de un saber consciente de la persona que se reco-
noce, saber que tanto sabe de unas cuantas cosas como que de las consecuencias
que dieron pie a que las cosas fuesen mâs que una, llegasen a categorîa de canti-
dad; aun quedando expuestas, por la misma razôn de no ser pocas, a la marrana-
da del tiempo que como mismo da asimismo quita, dando igual que si lo quitado
sêale indiferente a la criatura que redûjosele en suma las cosas de su posesiôn.
Al canto entonces Sabinsqui, y al extraer de su saber lo basto que sabîa, que
por suficiente es saber lo menester que hace falta para dar en el hito, menos que
un grito por lo que sûpose como resultado de la comprensiôn, recordô que y de
Anaxîmetro comentâbanse ciertas deficiencias, defectos que como tales lo inci-
taron a trasladarse a la ciudad del ocio y, comprobar por êl mismo, si lo que am-
plificâbase del tabernero era cierto en realidad. Ahora bien, que por los tiempos
aquellos su interês recayô sobre la psicologîa, la ida a la ciudad del ocio vînole
de maravillas a Sabinsqui; tambiên que de gozo, y por conocer en el navîo a la
que serîa su futura esposa, y con la que tendrîa travieso hijo que onomarîa cua-
si como êl. Mas dejemos tal funciôn progenitora que de momento no tiene des-
tacada representacion, ya se hablarâ de ella en otro bien-venido kairôs; es y co-
mo es sin despuês perder su brillo, su fuerza ni su pudiente constancia de mag-
na responsabilidad. Mas si algo no imaginôse fue lo siguiente: que sûbitamente
y al alimôn tuviese que escuchar una reta-hîla de querellas que sacâronlo de su
actividad recordativa, por lo que entonces dice:
---No es justo que me digan lo que me dicen, no me lo merezco, no me lo he y
ganado.
---Sabinsqui, aquî nada tiene un precio, es todo gratuito---dice Cotisôn Alanda
Coto.
----Yo no mencionê nada sobre precios, asî que su verba es intempestiva--dice
Sabinsqui que dice: Miren, mejor dejen las quejas, y saluden a los dos llegados,
los que incorpôranse al lûdico.
----Yo saludar a Akalistôn?, quê va, yo no hago eso..
----Pero y tal rescoldo por quê? Lo que pasô pasô hace tiempo, y mira que tan-
to, muchîsimo---dîcele Lolia Paulina a Cotisôn Alanda Coto.
----Pues sabes quê?, que el rescoldo para mî tiene eternidad.
----De mi parte, y menos que un saludo, queda el agradecimiento a Anaxîmetro
por el buen trato y servicio que le dio a la parte de la tribu germânica que pasô
por la ciudad del ocio, por aquellos tiempos de los buenos guerreros---dice Fla-
cius Ilyricus.
----Quê tiempos tales!!, que fueron los de mi inicio como tabernero en la taber-
na de la ciudad del ocio---dice Anaxîmetro de Apolonia.
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