Mâs con la intenciôn de alongar el discurso que por refutamiento, el didâs-
calos filosôfico amplifica, que no es exactamente que la pregunta es habla, co-
mo verbalizô Kosmos, sino que es tan sôlo con el habla que tiênese la posibili-
dad de formular una interrogativa, A esto reaccionô Kosmos como si le hubie-
ran hecho cosquillas sobacales, y a lo que agrêgase un pensar de jaez senten-
cioso, aunque analizado con cierta pachorra pudiera asimismo ser de îndole y
proposicional: la noche es el hontanar o de los axiomas mâs sublimes o de las
perogrulladas mâs conspicuas.
----Pues al parecer el discurso no se alarga; se queda donde estâ.
---Câspita, didâscalos, que si el propôsito de usted era êse, êntrame como una
desilusiôn por escucharle decir algo tan facilôn, tan bâsico en mesura que dor-
mirîase cualquier sastre.
----Ya olvidaste que a cada cosa su kathekôn, Kosmos?
----Por el oro de las retamas y la pûrpura de los brezos!!, lo derivado de katâ
tina hêkein?
----Al parecer mis ûltimas palabras han servido de aliciente---dice el tîo de y
kosmos.
----Hubiese sido mejor que se quedara callado---considera Perrasiestes.
----Con sûmula de verba sûmula de habla---amplifica Kosmos.
----Diana estâ especiosa, por quê no salen a verla?
----Cômo, sabe usted lo que estâ diciendo, Temîganes?
----Claro que lo sê si la vi, didâscalos.
----No me referîa a eso, sino mâs bien a lo atinente a que Diana es la fuente
de inspiraciôn.
----Algo muy dador, no?
----Por eso mismo.
----Cômo que por eso mismo?
----Que si ya tenemos inspiraciôn sin Diana, con ella multiplicarîase.
----Eureka, Kosmos, justa captaciôn---dice el didâscalos filosôfico.
----Subrayo para destacar una cosa.
----Amplifique la rerum, vate, amplifîquela---pide Kosmos.
----Que Diana influye mas no determina.
----No dêjame usted ninguna têrpis.
----De dônde sale esto, de kriseis de valor?----indaga el didâscalos filosôfico.
----Da igual, ya que la res es que venga o que salga, que entonces hay presen-
cia, y entonces sale a puesto, a colocaciôn---destaca Kosmos.
----Temîganes, pudiera dilucidar usted eso de "algo muy dador"?
----Kosmos, entiendo tu pregunta como un querer saber especîficamente que
dio Diana, no?
----In casu a usted, el que destacô que viola.
----Cômo, que êl destacô que viola, cuândo lo dijo?---pregunta Perrasiestes.
----Permîteme usted reîrme, cenutrio?
----Perrasiestes, no lo pondra a usted mâs tonto Diana?----fisga el didâscalos
filosôfico.
----Que si te lo permito?, si aunque no tambiên te vas a reîr.
----Y risas de Kosmos.
----Perrasiestes, el que destacô que "la vio".
----Gracias didâscalos!!, es que kosmos, a veces, forma palabras que se pue-
den entender de otra manera.
----Quê usted cree, didâscalos, aretê?---pregunta Kosmos.
----Ahora el que se rîe soy yo.
----Entonces quê, Kosmos, quieres saber o no lo que Diana me dio?
----Amplifique lo que diole, Temîganes, age!!
----Me dio una reminiscencia que no pude disfrutar.
----La razôn, el motivo, la causa o el porquê?
----Por la llegada de Konfuza que funcionô como interrupciôn.
----Konfuza: una franja negra que interpônese entre dos franjas blancas.
----Que de ser largas apercollan---agrega el vate.
----El mundo es reminiscencia---sentencia Asonis.
----Pero la reminiscencia que tuve no fue del mundo---acentûa Temîganes.
----Eso prêstase para polêmica, Asonis---dice el didâscalos filosôfico.
----No mîreme asî, didâscalos, que yo no creo nihil----dice Kosmos.
----Yo sôlo sê que piensas!!
----Cômo no saber que usted sâbelo?
----Sabiendo entonces lo que sabes...
----Didâscalos, dejarâ de formar complicaciones?---pregunta Perrasiestes.
----Ve usted, Perrasiestes, me ha hecho una pregunta difîcil.
----Que sôlo lo difîcil es estimulante!---afirma Kosmos.
----Eureka, Kosmos, eu-re-ka!!
----Asimismo sê que eureka, didâscalos.
Mas el tîo de Kosmos, y por la razôn de volver a pensar en la visita de y
Konfuza en horas inadecuadas, trasladôse a los años de su preparaciôn como
secutor. Por aquellos tiempos [ya lejanos], y en la ciudad del ocio, conociô a
una fêmina que asimismo hacia sus visitas a partir de la segunda vigilia, mo-
mento en el que por cansancio--- cuasi todo un dîa sobre el ampo de la arena
y recibiendo directamente las sofocaciones apolîneas----lo que mâs apremiâ-
bale era dormir. Pero a pesar de la fêmina ya estar barruntada de esto, y mâs
de una vez para que despuês no dijera: y cuândo tû me informaste de eso, se
las ingeniaba para hacer creer que su visita era relevante, triquiñuela hasta y
de la que no sospechaba el lanista, el que ocûpabase de tocar a la puerta para
anunciar la visita. No quedândole otro elixir al tîo de Kosmos que el de aten-
derla, cubrîase el cuerpo con una tela ligera y dejâbala pasar a su cuarto. A y
raîz de cerrar la puerta, y en vez de regresar a su punto de partida, el lanista,
y pegando oîdo en la madera, escuchaba todo lo que hablâse, lo que anâlogo
hacîa el *dictador de Siracusa, pero con la diferencia de que por ser en una y
cueva no habîa ninguna puerta. A la postre y al cabo lo que escuchaba el la-
nista eran puras nimiedades, parvedades de lengua con tedio, predicados de-
leznables calificando a un sujeto sin alguna resonancia, hasta que una noche
fue descubierto por un compinche del tîo de Kosmos, y que asimismo prepa-
rabase para ser secutor. Esta situaciôn terminô en enfrentamiento cuerpo y a
cuerpo, saliendo vencedor el tîo de Kosmos, el que hubiera podido hundir y
la punta de su espada en el pecho del lanista, pero que por razones que aho-
ra no tienen rol perdonôle la vida, una acciôn insôlita o rara de acontecer en
un ambiente en el que los metales afilados la ûltima palabra dicen, la sangre
hacen correr. Una semana despuês enterâse el tîo de Kosmos de la tomada y
decisiôn del lanista: vender todas sus propiedades y largarse a ejercer su ofi-
cio en otro lugar, ida como tal que no cambio en nada el hecho de que las vi-
sitas de la fêmina siguieran siendo a la misma hora, utilizando el mismo con-
vincente ardid, y amplificando pequeñeces verbales ajenas a la trascendencia.
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