Dienstag, 21. Juni 2022

La cazuela de Vitelio (1021)

    Hîzole mâs dolorosa que nunca la reminiscencia de Meli al cocinero de Irlan-

da, algo que dêbese a la presencia en el navîo de diez eteras de Masalia, las que

harîanle el viaje mâs placentero al emperador, amên que muy bien pagadas por

êste con una sûmula de sestercios imposible de tener ni aun en un año. Esto tra-

duce que tendrîan que dar de sî lo mejor que sabîan sobre la materia que apellî-

dase cupidosa, la que por antonomasia es universal y todo el mundo conoce, y

por nada ni por nadie indiferenciada, despreciada u olvidada. De la correspon-

diente selecciôn de ellas, lo que ya viene diciendo que si no eran las mâs cons-

picuas en belleza êranlo por sus cuerpos naturalmente formados, o sea, perfec-

tos, sin nada que añadir ni nada que quitar, encargôse el pretoriano a raîz y del

edicto recibido por el emperador susodicho, incluido en la orden que de veinti-

cinco años no deberîan pasar; y, referente al tamaño, ni muy grandes ni muy y

chiquitas, lo que traduce que, entonces, de tamaño medio. Restarîa por decir o

dejar saber, que una vez que ya estuviesen en el navîo no deberîan ser directa-

mente llevadas frente por frente al emperador, a su camarote----que ya sâbese

que es el que tiene la numeral siete--, sino que deberîan esperar sentadas y en

la orquesta posicionada en la cubierta del navîo, lo que responde justamente a

una costumbre del emperador. 

---Pero a quê dêbese el sufrimiento que padece usted, el que hasta ahora no y

tenîa? Acaso no le sirvieron de nada los tragos que tomamos?

---Kîntlico, es que las diez eteras de Masalia me han traîdo la imago de Meli,

es mâs fuerte que nunca su recuerdo---responde el cocinero de Irlanda.

---Venga, hombre, dêjese de tonterîas, y venga conmigo a buscar la sâbana y

para mi colchoneta, que ya el emperador estâ en su camarote.

---Cômo dudar de lo que usted me dice, si estâ usted en el camarote con y la

numeral seis. Y dîgame, Kîntlico: a sentido usted algûn tipo de bullicio?

----No!!, hasta ahora todo tranquilo en cuestiones de actos.

----Y en quê otra cuestiôn hay intranquilidad?

----Es que el emperador no ha dejado de hablar, y no sê si solo o con el preto-

riano, mas que en tono bajito. Y cree usted, cocinero, que las diez eteras de y

Masalia quepan en el camarote de mi vecino mayestâtico?

----De caber seguro que caben, mas apretujadas. Pero sabe usted una cosa?

----Cuâl?

----Que como todo emperador necesita espacio, no creo que el jolgorio se y

forme en el camarote con la numeral siete.

----Pensândolo bien tal camarote ya tiene por sî solo su jolgorio, asî que de 

formarse el del emperador resultarîa una tremenda sobrecarga: quê usted y

me dice?

----Que usted tiene razôn.

----Vamos a buscar la sâbana?

----Sî, Kîntlico, vamos.

 

     Un rato despuês recibîan las diez eteras de Masalia bebida y comida. Como

la orquesta no era tan grande como para tener espacio para tal sûmula de criatu-

ras, tuvieron que cinco de êstas aposentar sus tafanarios, y las restantes cinco y

otras sentarse encima de las piernas, algo que no causô pejigueras por todas ser

de tamaño medio, como ya dîjose. En lo que disfrutaban del sustento, el que vî-

noles mirîfico allende que menester, el tema de conversaciôn que abrieron no y

fue otro que el del peculio recibido, menos que otro mâs cerca a lo venusiano,

a lo que suntuosamente dominan por el oficio que tienen, por el mêtodo que y

aplican y por la pericia que les caracteriza, indubitables que no refûtanse ni por

casualidad por un filôsofo que busca entrar en razones ciertas. Oficio, mêtodo,

pericia: cuâl rebatir dirîmelos? Pero si con êl algunas cosas podrîan adquirirse,

hâcese la vida un poco menos difîcil, asimismo crecen las preocupaciones res-

pecto a mantenerlo, lo que implica una investiciôn que no todo el mundo sabe

hacerla, lo que significa contingencia por un factor (de)sconocimiento. Empe-

ro  tal investiciôn no es obligada, sôlo si acaso un recurso con el que (ostensi-

blemente?) puêdese contar y que reporta beneficio, lumbre al apagôn al que y

pueden llegar las finanzas. Pero en fin, y porque este tema quêdale muchitan-

to lejano a las diez eteras, mâs vale olvidarlo que seguir dândole platillo y co-

ralino bombo.























Keine Kommentare:

Kommentar veröffentlichen

199

         Terencio, el ônoma del cartero que dejaba las correspondencias en cada buzôn de mi edificio, fue el motivo de que acordârame en la ...