Sonntag, 26. Juni 2022

La cazuela de Vitelio (1024)

      Dêjabale saber Sarambo al responsable de la fumigaciôn de la ciudad del

ocio, que el piso de madera de la taberna estaba cada vez mâs en mal estado,

lo que debîase a una invasiôn de xilôfagos extremadamente famêlicos; pero

y asimismo, y por la misma razôn que basta era para empezar a tener la per-

tinente preocupaciôn, que si en una semana no mandaba un fumigador escri-

birîa una esquela a la oficina de sanidad para querellarse de la dilaciôn repe-

tida de algunos servicios, algo que revela una falta de respecto y de conside-

raciôn--- no ya decir que burocracia---- por los ciudadanos que mes por mes

pagan alquileres que de facto no son baratos. A raîz de lo anterior el respon-

sable de la fumigaciôn dîcele a Sarambo, que lamentaba escuchar eso de la 

demora repetida en algunos servicios, algo incierto totalmente, porque casu-

al y recientemente  una encuesta  realizada demostraba lo contrario: que los 

habitantes estaban contentos con las raudas y eficientes atenciones que brin-

dâbanseles; que si acaso lo que estaba pasando ûltimamente era lo siguiente:

que habîan ciertos productos que escaseaban, lo que como tal nadita tiene y

que ver con buro-cracia y sî con problemas de comercio.

----Casual y recientemente una encuesta?---pregunta Sarambo.

----Asî es, Sarambo, se nota que usted no participô.

----Y cuândo concretamente?

----Pregûntele a los biberius, que muchos de ellos sî que participaron.

----Pues de los biberius no he oîdo ningûn comentario al respecto en la taber-

na, y mire usted que en la taberna se oyen los comentarios bastante alto.

----No se estarâ quedando usted sordo, Sarambo?

---Algo que serîa fatal para el oficio que actualmente tengo. No, claro que no.

----Mire, Sarambo, voy a hacer todo lo posible por enviarle un fumigador lo

mâs râpido que pueda, asî que eso de la esquela puede olvidarlo.

----Seguro que serâ asî?

----Tenga confianza en lo que le dije, asî serâ.

----Confiarê entonces en sus palabras, pero lo repito: sôlo una semana espero,

y no voy a fumar.

----Cômo, Sarambo, cômo?; si usted, que yo sepa, no fuma.

----Cuestiones de expresiôn, no me haga caso.

----Bueno, me retiro, y que tenga usted un buen dîa.

----Lo mismo para usted.

 

       Diez minutos despuês llega a la taberna Prixeletes y dîcele a Sarambo:

---Han llegado Kîntlico de Kostâ y Tublides de Malamonta; los atiende Jancia.

---Cômo que han llegado ellos, vienen sin avisar?

---Lo que al parecer es una mala costumbre, no?

---Lo que al parecer?, es una costumbre mala, asî es la costumbre êsta: estâ y

costumbre que me asombra!!

---Estâ costumbre que me asombra?, quê es eso, un disparate semântico?

---Pregunta menos y ayûdame mâs!!

---En quê puedo ayudarlo?

---En que te ocupes de los biberius por un rato, para yo ir a saludar a los que

llegaron: puedes hacerlo?, sôlo tienes que servir lo que ellos te pidan, y al mis-

mo tiempo darles la cuenta.

---Y si alguno no quiere pagarme, quê hago?

---Me mandas a buscar con el biberiu que no quiera pagarte.

---Usted bromea, no?

---Te lo digo en serio, funciona.

---De acuerdo, pero sôlo un rato, no mâs.

---No mâs de un rato, un rato solamente, so-lo-u-no!!

 

      Jancia respondia, a la pregunta concreta formulada por Kîntlico, que la y

muerte de Anaxîmetro de Apolonia fue totalmente accidental, que la intenciôn

de ella fue la de impresionarlo con el lanzamiento del cenicero de Murano, pe-

ro que por una desviaciôn del acumulador de pavesas, y por un pneuma que y

llegô, terminô golpeândole la testa fatalmente; asimismo dejô saber que la au-

toridad de la ciudad del ocio, y encargada de la pesquisa adecuada en funciôn

de (a)clarar dônde sucediô realmente el accidente, creyô que por tratarse y de

un tabernero fue en la taberna, lugar donde puêdense tirar una y mil cosas en

disîmiles direcciones estândose ebrio, mas que tal pesquisa hîzose de inmedia-

to al hallazgo del cuerpo en la orilla de una playa, y atiborrado de algas verdo-

sas enredadas a como si fuesen serpentines.

      Mientras sucedîa lo anterior, Sarambo penetra en la casa por la puerta del

sôtano. A hurtadillas quêdase escuchando a la zaga de una pared, y desde aquî

va enterândose de lo menester para seguido contar con una informaciôn que y

pudiera manipularse, en el caso de que por algo que perjudica vierâse expues-

ta la reputaciôn (a)algûn pernicio de jaez moral. De tal guisa que no fue y asî.

sale jovial del escondite detrâs del cemento, y haciêndose el que nada sabîa o

el ignorante pregunta:

----Y de quê estan hablando ustedes, cuâl es el tema de la conversa?

----Quê susto me diste!!, apareciste como Calîbula cuando querîa sorprender

a su hermana hablando a escondidas con un pretoriano---dice Jancia.

----Primera cosa que tengo que decirte: de emperadores yo no sê nada; segun-

da, que me da igual lo que hayas querido decir con eso---dice Sarambo.

----Hasta el dîa de hoy yo sôlo he conocido a una reina. Lo que te dije era co-

mûn o habitual oîrse en la isla de la Espuma....

----No me expliques, Jancia, que no me interesa.

----Mi viejo conocido compinche, quê tal le va como tabernero?

----Kîntlico, no tan bien como para decir que me sobra el dinero, pero no tan y

mal como para quejarme---  responde Sarambo saludando a Kîntlico y a Tubli-

des.

----En el medio es la mejor posiciôn, segûn he oîdo decir a especialistas en una

materia.

----No sê, Kîntlico, si verdaderamente es asî, tengo mis dudas. Y dîganme: por

quê vinieron, y ademâs sin avisar, que les hubiera preparado un recibimiento y

bueno?

----La respuesta es la siguiente: tenemos algo de negocio que hablar con usted.

----Kîntlico, la palabra "negocio" es una de mis favoritas.

----Eso lo sê desde que lo conozco; no lo he olvidado.

----Y cômo es la cosa, cuâl porciento recibo?

----Ciertos detalles ya lo hablaremos en privado.

----Quê, no quieren hablar delante de mî?---indaga Jancia.

----No muchacha, no se trata de eso, no te imagines lo que no es.

----Cree usted, Kîntlico, que yo me lo imagino?

----Pero, Jancia, quê te importa a ti eso, que tû no eres vendedora de nada.

----Ya sê, Sarambo, mas sî soy curiosa.

----No te parece mejor que deberîas salir a dar una vuelta, y, de paso, a ver y

si puedes conquistar (a)lgûn muchacho?

----No me parece mala idea lo de salir un rato de la casa---dice Jancia que le

pregunta a Kîntlico de Kostâ: y quê sabe usted de mis amigas âcraticas?

----Al respecto no sê nada, ya que nosotros no nos relacionamos con ellas.

----Lo sê, eso lo sê, pero no han oîdo algûn comentario en la Kosmona sobre

ellas?

----Que yo recuerde no, y tû, Tublides?

----Yo tampoco.

----Y, Sarambo, dônde estâ Prixeletes?----fisga Jancia.

----Sustituyêndome en el oficio de tabernero.

----Quê, un artista ocupândose de los biberius?

----Jancia, que no es difîcil lo que tiene que hacer, ademâs que es tan sôlo por 

un rato.

----Entonces salgo a dar una vuelta y paso por la taberna.

----Aprovecho que vas para decirte una cosa.

----Cuâl Sarambo, cuâl?

----Que me demoro un rato mâs del rato que le dije, lo que quiero que le digas.

----Se lo digo entonces. Nos vemos mâs tarde---dîcele Jancia a Kîntlico y a Tu-

blides que pregunta: y ustedes quê van a hacer?

----Conversar sobre el negocio, eso es lo que haremos, eso--- responde Saram-

bo.

----Ya lo pueden hacer, que se quedan en privado. Y bueno, me voy.




























 








  
































 


  

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