Antes de la llegada de Circe al lûdico con los arilos del Taxus, y para cono-
cer a Pilaris, idea que tuvo Casandra para que entraran en atingencia dos fêmi-
nas que tuvieron el mismo oficio, el actor trâgico [que en el odêon tirô la mâs-
cara que cogiô equivocadamente el aldabate] apodêrase de la verba a raîz de
la tirada con los arilos que êl mismo hizo. Debiôse el hacerse dueño de la ver-
ba la reminiscencia tenida de la amiga de Sabinsqui, la bautizada por êste co-
mo Dina marca, mas fue posible la reminiscencia al hecho de ser varias veces
nombrada por Sabinsqui su amiga o en mâs de una ocasiôn, lo que a la postre
y al cabo viene a ser anâlogo.
Por el pensar de Sabinsqui, que fue uno de jaez analîtico, pasaron una sû-
mula de dudas, siendo una de êstas, verbi gratia, la de si o que el actor trâgico
en algûn momento hallô placer con la idea de conquistar a Dina marca, o que
si no con la de ganarse su confianza para lograr otros fines, otros propôsitos e
inmarcesibles en un periodo de co-rrelaciôn secreta, reciprocidad mantenida
en mutismo por cuestiones de sensatez histriônica.
Habrîa que recordar, que tanto Dina marca como Scarnia fueron seguido-
ras de los actores trâgicos; que faranduleras lo mismo dormîan sobre una col-
choneta de paja que pernoctaban tanto en casas de amigos como de amista-
desde êstos, dândoles igual las disîmiles caracterîsticas de carâter que las de
(a)sociamiento con el prôjimo.
----Pues serîa totalmente nueva para mî la noticia, de que la noche que yo cogî
la mâscara Dina marca estaba en el odeôn---dice el aldabate.
----Usted, aldabate, se equivocô en coger la mâscara, mas tambiên se ha equi-
vocado en lo que acaba (de)cir---dice el actor trâgico.
----La mâscara que usted tirô cayô frente a frente mis pies, no frente a los de
Kosmos, por si lo ha olvidado. Y respecto a lo de la amiga de Sabinsqui....
----Tenga cuidado con lo que usted va a decir de ella, que yo pudiera reaccio-
nar de la forma menos grata---advierte Sabinsqui.
Empero acopas interrumpe la dialogizaciôn Circe y al hacer la pregunta si-
guiente:
----Quiên de entre las fêminas presentes es Pilaris?
----Yo no soy---dice Lolia Paulina.
----Yo tampoco---dice Cornelia.
----Soy yo!! Y tû quiên eres y para quê me buscas?
----Yo soy Circe, y en realidad no te busco. Preguntê por ti porque me dijo Ca-
sandra que le gustarîa que te conociera, ya que tû y yo tenemos algo en comûn:
el oficio.
----Circe con un oficio como el de Pilaris?---pregunta Lolia Paulina.
----Señora, en la Circe que usted piensa êsa no soy yo.
----Verdad que tenemos en comûn eso? Y de dônde tû eres?---indaga Pilaris.
----Yo?, de Apragôpolis, y trabajê en la zona de Omonia---responde Circe.
----Y te fue bien en tal zona; quiero decir, ganaste lo suficiente como para po-
der vivir desahogadamente?
----Te responderîa que sî, pero aclarando que para ganar lo basto en esa zona
hay que trabajar hasta el cansancio, asimismo que enfrentando continuamen-
te la concurrencia. Si tû conoces la zona podrâs entender lo que te digo.
----Claro que la conozco, pero por lo mismo que acabas (de)cir nunca me de-
cidî a trabajar allî, sino que preferî hacerlo en cualesquier lugares de la ciudad
del ocio.
----Sî, estâ bien, pero en esos lugares cualesquieras el peligro es doble, se co-
rre mâs riesgo.
----En nuestro oficio el riesgo siempre hay que correrlo, nos puede pasar en
el momento menos pensado algo, que mira lo que me pasô a mî.
----Quê fue lo que te pasô?
----Que los centunviros me sentenciaron a muerte; pero antes de hacerlo, y en
la pura noche, me desnudaron, me tocaron toda y me quitaron mi torques.
----Es que los jueces son hombres, y como tal sienten y padecen.
----No los justifique, que esos hombres pertenecen a la justicia.
----Entonces los ciento ocho gozaron con tu cuerpo?
----Sî!!, pero no todos al mismo tiempo, sino que por grupos y durante cuatro
inolvidables horas.
----Yo conozco bien el poder del poder---dice Cornelia.
----Tambiên fue tocada usted por los centunviros?---pregunta Circe.
----No, eso no, pero fui violada por un emperador, y tuve que guardar silencio
todo el tiempo que me quedô con vida. De esta violaciôn saliô mi primera hi-
ja.
----Cômo, que usted tuvo una hija de ese emperador?
----Obligada, porque por aquellos tiempos no podîa abortarse; estaba vedado.
----Esa justicia, en la ciudad del ocio, y en general, es un desastre; jamâs bien
funcionô---dice Lolia Paulina.
----Y a usted tambiên le pasô algo?---pregunta Circe.
----A una casada con un rey le pasan otras cosas de otra îndole.
----Y êsas las sê yo---dice Cotisôn Alanda Coto.
----Y cômo es que usted las sabe?----indaga Circe.
----Porque yo soy su marido.
----Entonces fue usted rey, no?
----De Ferencia, de allî.
---Yo pudiera hablar de tales cosas que le pasan a una casada con un rey; su-
ceden regularmente de noche con su silencio ---dice Akalistôn.
----Mejor te callas la boca, y asî no te doy la bofetada----dice Cotisôn Alanda
Coto.
----Quê agresivo que eres, que si no violento-----destaca Lolia Paulina.
----No voy a decir nada no por miedo, no porque quiera ser prudente, no por-
que me falten las exactas palabras con las que un suceso cuenta para sobresa-
lir, no por....
----Dejarâ usted el no por esto y el no por lo otro?
----Ya lo dejo, Cotisôn----dice Akalistôn.
----A ver, Circe, no quieres hacer una tiradita con los arilos del Taxus, que es
el juego en el que estamos?----pregunta Lolia Paulina.
----Ya que estoy aquî por quê no.
----Mira, aquî los tienes---dice Lolia Paulina entregando los arilos.
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