Montag, 27. Juni 2022

La cazuela de Vitelio (1025)

      Antes de la llegada de Circe al lûdico con los arilos del Taxus, y para cono-

cer a Pilaris, idea que tuvo Casandra para que entraran en atingencia dos fêmi-

nas que tuvieron el mismo oficio, el actor trâgico [que en el odêon tirô la mâs-

cara que cogiô equivocadamente el aldabate] apodêrase de la verba a raîz de

la tirada con los arilos que êl mismo hizo. Debiôse el hacerse dueño de la ver-

ba la reminiscencia tenida de la amiga de Sabinsqui, la bautizada por êste co-

mo Dina marca, mas fue posible la reminiscencia al hecho de ser varias veces

nombrada por Sabinsqui su amiga o en mâs de una ocasiôn, lo que a la postre

y al cabo viene a ser anâlogo.

      Por el pensar de Sabinsqui, que fue uno de jaez analîtico, pasaron una sû-

mula de dudas, siendo una de êstas, verbi gratia, la de si o que el actor trâgico

en algûn momento hallô placer con la idea de conquistar a Dina marca, o que

si no con la de ganarse su confianza para lograr otros fines, otros propôsitos e 

inmarcesibles  en un periodo de co-rrelaciôn secreta, reciprocidad mantenida 

en mutismo por cuestiones de sensatez histriônica.

      Habrîa que recordar, que tanto Dina marca como Scarnia fueron seguido-

ras de los actores trâgicos; que faranduleras lo mismo dormîan sobre una col-

choneta de paja que pernoctaban tanto en casas de amigos como de amista-

desde êstos, dândoles igual las disîmiles caracterîsticas de carâter que las de 

(a)sociamiento con el prôjimo.

----Pues serîa totalmente nueva para mî la noticia, de que la noche que yo cogî

la mâscara Dina marca estaba en el odeôn---dice el aldabate.

----Usted, aldabate, se equivocô en coger la mâscara, mas tambiên se ha equi-

vocado en lo que acaba (de)cir---dice el actor trâgico.

----La mâscara que usted tirô cayô frente a frente mis pies, no frente a los de

Kosmos, por si lo ha olvidado. Y respecto a lo de la amiga de Sabinsqui....

----Tenga cuidado con lo que usted va a decir de ella, que yo pudiera reaccio-

nar de la forma menos grata---advierte Sabinsqui.


     Empero acopas interrumpe la dialogizaciôn Circe y al hacer la pregunta si-

guiente:

----Quiên de entre las fêminas presentes es Pilaris?

----Yo no soy---dice Lolia Paulina.

----Yo tampoco---dice Cornelia.

----Soy yo!! Y tû quiên eres y para quê me buscas?

----Yo soy Circe, y en realidad no te busco. Preguntê por ti porque me dijo Ca-

sandra que le gustarîa que te conociera, ya que tû y yo tenemos algo en comûn:

el oficio.

----Circe con un oficio como el de Pilaris?---pregunta Lolia Paulina.

----Señora, en la Circe que usted piensa êsa no soy yo.

----Verdad que tenemos en comûn eso? Y de dônde tû eres?---indaga Pilaris.

----Yo?, de Apragôpolis, y trabajê en la zona de Omonia---responde Circe.

----Y te fue bien en tal zona; quiero decir, ganaste lo suficiente como para po-

der vivir desahogadamente?

----Te responderîa que sî, pero aclarando que para ganar lo basto en esa zona

hay que trabajar hasta el cansancio, asimismo que enfrentando continuamen-

te la concurrencia. Si tû conoces la zona podrâs entender lo que te digo.

----Claro que la conozco, pero por lo mismo que acabas (de)cir nunca me de-

cidî a trabajar allî, sino que preferî hacerlo en cualesquier lugares de la ciudad

del ocio.

----Sî, estâ bien, pero en esos lugares cualesquieras el peligro es doble, se co-

rre mâs riesgo.

----En nuestro oficio el riesgo siempre hay que correrlo, nos puede pasar en

el momento menos pensado algo, que mira lo que me pasô a mî.

----Quê fue lo que te pasô?

----Que los centunviros me sentenciaron a muerte; pero antes de hacerlo, y en

la pura noche, me desnudaron, me tocaron toda y me quitaron mi torques.

----Es que los jueces son hombres, y como tal sienten y padecen.

----No los justifique, que esos hombres pertenecen a la justicia.

----Entonces los ciento ocho gozaron con tu cuerpo?

----Sî!!, pero no todos al mismo tiempo, sino que por grupos y durante cuatro

inolvidables horas.

----Yo conozco bien el poder del poder---dice Cornelia.

----Tambiên fue tocada usted por los centunviros?---pregunta Circe.

----No, eso no, pero fui violada por un emperador, y tuve que guardar silencio

todo el tiempo que me quedô con vida. De esta violaciôn saliô mi primera hi-

ja.

----Cômo, que usted tuvo una hija de ese emperador?

----Obligada, porque por aquellos tiempos no podîa abortarse; estaba vedado.

----Esa justicia, en la ciudad del ocio, y en general, es un desastre; jamâs bien

funcionô---dice Lolia Paulina.

----Y a usted tambiên le pasô algo?---pregunta Circe.

----A una casada con un rey le pasan otras cosas de otra îndole.

----Y êsas las sê yo---dice Cotisôn Alanda Coto.

----Y cômo es que usted las sabe?----indaga Circe.

----Porque yo soy su marido.

----Entonces fue usted rey, no?

----De Ferencia, de allî.

---Yo pudiera hablar de tales cosas que le pasan a una casada con un rey; su-

ceden regularmente de noche con su silencio ---dice Akalistôn.

----Mejor te callas la boca, y asî no te doy la bofetada----dice Cotisôn Alanda

Coto.

----Quê agresivo que eres, que si no violento-----destaca Lolia Paulina.

----No voy a decir nada no por miedo, no porque quiera ser prudente, no por-

que me falten las exactas palabras con las que un suceso cuenta para sobresa-

lir, no por....

----Dejarâ usted el no por esto y el no por lo otro?

----Ya lo dejo, Cotisôn----dice Akalistôn.

----A ver, Circe, no quieres hacer una tiradita con los arilos del Taxus, que es

el juego en el que estamos?----pregunta Lolia Paulina.

----Ya que estoy aquî por quê no.

----Mira, aquî los tienes---dice Lolia Paulina entregando los arilos.




































 








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