Como la proa del navîo no acercâbase a ninguna orilla, sino mâs bien
era la popa la que alejâbase lentamente del puerto, el venerabilis Inceptor
posiciônase vertical en aquêlla, parte de la embarcaciôn donde puede ocu-
larse mejor la cadena del âncora recogida, asimismo que un tanto oxidada
por el toque de la sal. Pero si recuerda algo al observar con fijeza la cade-
na es la inveterada tragedia aquea atribuida a Esquilo, y no tanto por refe-
rirse a la atadura de un titân con una cadena al desafiar a las deidades, si-
no mâs bien por haber sido dador de fuego a la humanidad, uno de los se-
nectos elementos de la naturaleza dentro de los cuatro mâs seniles. Pudiê-
rase ostensiblemente entender que, por la necesidad de tener êl mismo ca-
lor. esta reminiscencia fuese lôgica y tempestiva, la justa que de momen-
to encaja, y a fortiori al tenerse en cuenta que donde estâ es en la proa.
---Señor, quê usted hace en esta parte del navîo donde la temperatura que
hay acarrea un tiriteo?
---Tiriteo ha dicho usted?---pregunta el venerabilis Inceptor.
---Sî!! Tiriteo. Por quê pregunta?
---Porque primera vez que escucho en mi vida una desviaciôn semântica
como...
----Desviaciôn semântica? Quê entiende o llama usted por eso?
----Que en todo caso es tiritar y no tiriteo.
----Y acaso la diferencia es muy grande como para que usted me hiciera
una pregunta?
----No se trata de diferencia sino de hablar correctamente, de tener un res-
peto por las palabras, que un cambio de êstas puede tener su consecuencia.
---Cômo? Es usted maestro, tiene que ver con la enseñanza, con la acade-
mia?
----Si de maestro se trata nunca pude serlo, pero me hubiera gustado.
----Por lo mismo no estarâ usted frustrado y le busca a su frustraciôn una
compensaciôn?
----Le dirîa solamente que yo sin buscar encuentro.
----Y cômo se puede encontrar lo que no se busca?
---Ya noto, percibo, compruebo que usted carece al respecto de la debida
experiencia. Señor, escuche. Por quê mejor no nos amistamos, lo que elu-
dirîa el hecho de hacer un viaje ingrato, desagradable [...] pesado?
---Deme cinco minutos para pensarlo, que necesito tiempo para dar una
respuesta definitiva.
----De acuerdo, señor, de acuerdo, pero sôlo cinco, que si mâs tiempo sû-
bito cambio de idea o de proposiciôn.
Macco entonces aprovecha estos cinco minutos para dejar en su ca-
marote un pequeño saco en el que guardaba sus pocas pertenencias, y que
a saber no son otras que un diccionario de ontologîa, un cepillo de dientes,
dos mudas de ropa, pluma y tinta para escribir, un mediado cofre con la y
foto de su novia y una cajita metâlica donde echaba la picadura de su ca-
chimba que comprô en Egipto. Empero ya estando en el camarote le da y
por sacar las pertenencias del saco, y en lo que hacîalo pasô el tiempo su-
sodicho, lo que en realidad fue la causa especîfica de los toques tempesti-
vos y repetidos en la puerta.
----Usted disculpe que lo moleste, pero ya pasaron los cinco minutos.
----Perdôneme usted, es que no tuve en cuenta el tiempo al concentrarme
en una actividad---clara Macco que pregunta: y cuâl es su respuesta?
----Positiva, y entonces me amisto con usted.
----Muy bien, ya que me parece la respuesta mejor. Pero pase, acomôdo-
se y siêntese si lo prefiere.
----Gracias!! Y cuâl es su nombre, ya que estamos amistados?
----Me llamo Macco, el venerabilis Inceptor. Y usted?
----Buridân, un biberius y asiduo a la taberna de Apragôpolis.
----Y quê usted, Buridân, vino a hacer a Bedriaco, tiene familia aquî?
----Ni aquî ni en la ciudad del ocio tengo familia. Vine para traerle un y
correo a Dido y por la presencia de la tribu germânica en las Cutilias.
----Y quiên decidiô, despuês del examen correspondiente, que fuera us-
ted el elegido para cumplir con tal misiôn, porque de hecho biberius hay
de sobra en tal taberna?
----Decidir, Macco?, nadie decidiô. Volitivamente, y apoyado por mi ra-
zôn, trasladê el correo de un lugar a otro.
----Razôn, cuâl?
----La de que si hago algo del tal jaez, y expuesto al riesgo que se corre
al venir de un punto a otro, el servicio debe ser pagado. Pero dîgame us-
ted, Macco, que hîzole pensar en la palabra decisiôn?
----No tiene importancia, cuestiones de mi pensar, o exigencias de êste.
----Verdad que eso, Macco?
----Ah, Buridân, piensa usted en que digo mentira?
----No!!, mas sî en lo siguiente, y algo que yo que muy que bien defien-
do: la posibilidad de calcular cualquie decisiôn a partir de la razôn.
----Eso estâ muy bien, Buridân, me ha sorprendido usted.
----Quê, esperaba menos de mî, Macco, me habîa subestimado?
----Sinceramente dicho, no lo creîa capaz de llegar tan lejos, de que de-
fensor de algo fuera usted.
----Y por quê no me creyô capaz?
----Porque quien habla mal no puede pensar bien.
----Pero, Macco, sôlo por una palabra ya usted saca una conclusiôn, o y
discursa una proposiciôn como êsta?
----Buridân, lo bâsico para algo no tiene pluralidad, un senecto principio:
lo conoce?
----De oîda sî, y precisamente en la taberna.
----Mire usted, Buridân, quê pasa de dârsele candela a la materia seca?
----Que inmediatamente se prende.
----Correcto!! Es algo bâsico, no?
----Lo bâsico es lo que no tiene una dilucidaciôn compleja.
----Y quê engendra la pluralidad?
----Complejidad o complicidad!!
----Y êstas quê ocasionan?
----Una explicaciôn que no es sencilla.
---Y si no es sencilla pudiera ser dada por la categorîa de una condiciôn
entre dos personas con conocimiento?
----Me parece que no, porque lo sencillo caracteriza a tal categorîa.
----Perfecto, Buridân, perfecto!! Y dîgame: fuma usted cachimba?
----Sôlo cuando alguien la fuma, pero no en este camarote.
----Cômo, y por quê no en êste?
----Porque es el nûmero siete.
----Se explica usted sencillamente, Buridân?
----Este camarote es complicado y suceden cosas complejas.
----Bueno, Buridân, si esto es lo bâsico para dejar saber que este cama-
rote tiene su cosa, entonces vamos afuera.
----De acuerdo: vamos!!
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