Freitag, 13. Januar 2023

1085, 26.

      Como la proa del navîo no acercâbase a ninguna orilla, sino mâs bien

era la popa la que alejâbase lentamente del puerto, el venerabilis Inceptor

posiciônase vertical en aquêlla, parte de la embarcaciôn donde puede ocu-

larse mejor la cadena del âncora recogida, asimismo que un tanto oxidada

por el toque de la sal. Pero si recuerda algo al observar con fijeza la cade-

na es la inveterada tragedia aquea atribuida a Esquilo, y no tanto por refe-

rirse  a la atadura de un titân con una cadena al desafiar a las deidades, si-

no mâs bien por haber sido dador de fuego a la humanidad, uno de los se-

nectos elementos de la naturaleza dentro de los cuatro mâs seniles. Pudiê-

rase ostensiblemente entender que, por la necesidad de tener êl mismo ca-

lor. esta reminiscencia  fuese lôgica y tempestiva, la justa que de momen-

to encaja, y a fortiori al tenerse en cuenta que donde estâ es en la proa.

---Señor, quê usted hace en esta parte del navîo donde la temperatura que

hay acarrea un tiriteo?

---Tiriteo ha dicho usted?---pregunta el venerabilis Inceptor.

---Sî!! Tiriteo. Por quê pregunta?

---Porque primera vez que escucho en mi vida una desviaciôn semântica 

como...

----Desviaciôn semântica? Quê entiende o llama usted por eso?

----Que en todo caso es tiritar y no tiriteo.

----Y acaso la diferencia es muy grande como para que usted me hiciera

una pregunta?

----No se trata de diferencia sino de hablar correctamente, de tener un res-

peto por las palabras, que un cambio de êstas puede tener su consecuencia.

---Cômo? Es usted maestro, tiene que ver con la enseñanza, con la acade-

mia?

----Si de maestro se trata nunca pude serlo, pero me hubiera gustado.

----Por lo mismo no estarâ usted frustrado y le busca a su frustraciôn una

compensaciôn?

----Le dirîa solamente que yo sin buscar encuentro.

----Y cômo se puede encontrar lo que no se busca?

---Ya noto, percibo, compruebo que usted carece al respecto de la debida

experiencia. Señor, escuche. Por quê mejor no nos amistamos, lo que elu-

dirîa el hecho de hacer un viaje ingrato, desagradable [...] pesado?

---Deme cinco minutos para pensarlo, que necesito tiempo para dar una

respuesta definitiva.

----De acuerdo, señor, de acuerdo, pero sôlo cinco, que si mâs tiempo sû-

bito cambio de idea o de proposiciôn.

     

         Macco  entonces aprovecha estos cinco minutos para dejar en su ca-

marote un pequeño saco en el que guardaba sus pocas pertenencias, y que

a saber no son otras que un diccionario de ontologîa, un cepillo de dientes,

dos  mudas de ropa, pluma y tinta para escribir, un mediado cofre con la y

foto  de su novia y una  cajita metâlica donde echaba la picadura de su ca-  

chimba  que comprô en Egipto. Empero ya estando en el camarote le da y

por  sacar las pertenencias del saco, y en lo que hacîalo pasô el tiempo su-

sodicho, lo que en realidad fue la causa especîfica de los toques tempesti-

vos y repetidos en la puerta.

----Usted disculpe que lo moleste, pero ya pasaron los cinco minutos.

----Perdôneme usted, es que no tuve en cuenta el tiempo al concentrarme

en una actividad---clara Macco que pregunta: y cuâl es su respuesta?

----Positiva, y entonces me amisto con usted.

----Muy bien, ya que me parece la respuesta mejor. Pero pase, acomôdo-

se y siêntese si lo prefiere.

----Gracias!! Y cuâl es su nombre, ya que estamos amistados?

----Me llamo Macco, el venerabilis Inceptor. Y usted?

----Buridân, un biberius y asiduo a la taberna de Apragôpolis.

----Y quê usted, Buridân, vino a hacer a Bedriaco, tiene familia aquî?

----Ni aquî ni en la ciudad del ocio tengo familia. Vine para traerle un y

correo a Dido y por la presencia de la tribu germânica en las Cutilias.

----Y quiên decidiô, despuês del examen correspondiente, que fuera us-

ted el elegido para cumplir con tal misiôn, porque de hecho biberius hay

de sobra en tal taberna?

----Decidir, Macco?, nadie decidiô. Volitivamente, y apoyado por mi ra-

zôn, trasladê el correo de un lugar a otro.

----Razôn, cuâl?

----La de que si hago algo del tal jaez, y expuesto al riesgo que se corre

al venir de un punto a otro, el servicio debe ser pagado. Pero dîgame us-

ted, Macco, que hîzole pensar en la palabra decisiôn?

----No tiene importancia, cuestiones de mi pensar, o exigencias de êste.

----Verdad que eso, Macco?

----Ah, Buridân, piensa usted en que digo mentira?

----No!!, mas sî en lo siguiente, y algo que yo que muy que bien defien-

do: la posibilidad de calcular cualquie decisiôn a partir de la razôn.

----Eso estâ muy bien, Buridân, me ha sorprendido usted.

----Quê, esperaba menos de mî, Macco, me habîa subestimado?

----Sinceramente dicho, no lo creîa capaz de llegar tan lejos, de que de-

fensor de algo fuera usted.

----Y por quê no me creyô capaz?

----Porque quien habla mal no puede pensar bien.

----Pero, Macco, sôlo por una palabra ya usted saca una conclusiôn, o y

discursa una proposiciôn como êsta?

----Buridân, lo bâsico para algo no tiene pluralidad, un senecto principio:

lo conoce?

----De oîda sî, y precisamente en la taberna.

----Mire usted, Buridân, quê pasa de dârsele candela a la materia seca?

----Que inmediatamente se prende.

----Correcto!! Es algo bâsico, no?

----Lo bâsico es lo que no tiene una dilucidaciôn compleja.

----Y quê engendra la pluralidad?

----Complejidad o complicidad!!

----Y êstas quê ocasionan?

----Una explicaciôn que no es sencilla.

---Y si no es sencilla pudiera ser dada por la categorîa de una condiciôn

entre dos personas con conocimiento?

----Me parece que no, porque lo sencillo caracteriza a tal categorîa.

----Perfecto, Buridân, perfecto!! Y dîgame: fuma usted cachimba?

----Sôlo cuando alguien la fuma, pero no en este camarote.

----Cômo, y por quê no en êste?

----Porque es el nûmero siete.

----Se explica usted sencillamente, Buridân?

----Este camarote es complicado y suceden cosas complejas.

----Bueno, Buridân, si esto es lo bâsico para dejar saber que este cama-

rote tiene su cosa, entonces vamos afuera.

----De acuerdo: vamos!!








 





















 



















 




  

       

















   

Keine Kommentare:

Kommentar veröffentlichen

199

         Terencio, el ônoma del cartero que dejaba las correspondencias en cada buzôn de mi edificio, fue el motivo de que acordârame en la ...