(en Apragôpolis)
Llegados a la ciudad del ocio van directo a la taberna, mas si Macco
un poco constispado, amên que padeciendo un estado febril y por lo mis-
mo cansado; Buridân, al que algunos de los bebedores mâs senectos llâ-
manle el Bury, apôcope que no funciona por reducciôn al absurdo sino y
que por cariño y simpatîa, repitiendo una frase latinizada que escuchô en
el navîo que encantôle: fruges consumere nati.
---Claro estâ que es la uva la que se consume aquî de tales frutos de la y
tierra--dice Macco que pregunta: pero nacidos para consumir ustedes tal
fruto o nacidos para vivir?
---Dime, Bury, de dônde tû sacaste a este señor que acaba de formular la
pregunta intempestiva?---indaga uno de los biberius cercano.
---Hicimos juntos el viaje en el navîo, o sea, que lo saquê del navîo.
---Mi nombre es Macco, el venerabilis Inceptor, y no formulê la pregunta
intempestiva; al contrario, enunciê la adecuada o correspondiente: es aca-
so este local una charcuterîa?
---Charcuterîa ha dicho usted, Macco?
---Quê esta pasando aquî, quê sucede?---pregunta Sarambo.
--Que acâ, Macco, ha preguntado si es acaso este local una charcuterîa, lo
que me parece una ofensa---responde el biberius.
---No es para tomârselo tan a pecho ni cogerlo en serio, que es sôlo una y
pregunta---dice Sarambo que le pregunta a Macco: desea usted tomar una
copa de vino para menguar un poco la fuerza de su resfriado?
---De facto por eso es que estoy aquî.
---Mire, aquî tiene, y por cada sorbo haga gârgara, la que es santo elixir.
---Sî sî, es un viejo remedio; lo conozco bien.
---Y a mî quê?
---Sarambo, trâigale una copa a Bury que yo se la pago, va por mi cuenta,
por mi bolsillo---dice el biberius.
---Mire, Bury, aquî la tiene---dice Sarambo que dîcele al biberius: pues y
meta la mano en su bolsillo y pâgeme ipso facto la copa.
----No faltarîa mâs!! Tenga la moneda, Sarambo, agârrela y cierre bien su
mano, que si por casualidad se le cae y choca con el piso pierde su valor.
----No estarâ usted pasado de copas para decir un disparate tan descollan-
te?---pregunta Macco.
----Quê?, si precisamente el pasarse de copas ayuda a decir la verdad.
----In vino veritas!!---afirma Buridân.
---Tiene su refutaciôn, mas ahora que hago gârgaras...
---Sîgalas haciendo, venerabilis Inceptor, continûe con ellas.
---Y quê me cuentan de Bedriaco, alguna novedad, ya saben por allâ lo de
la nueva formaciôn de la tribu germânica?---pregunta Sarambo.
---Yo mismo le entreguê un correo a Dido, en persona se lo dî.
---Cômo, Bury, cômo? Quê tû hayas entrado en contacto con Dido me re-
sulta una felonîa---dice el biberius.
---Y por quê felonîa, por quê eso?
---Porque tû sabes bien que...
---A ver, a ver, que estamos aquî para disfrutar no para pelear---destaca y
Sarambo que pregûntale a Buridân: dijo usted que le entregô un correo a la
reina, no?
----Eso dije, Sarambo, eso. Y?
----Correo de quiên? Estâ usted al servicio de alguien?
----De nadie: de mi mismo!!
----De sî mismo y le dio un correo?
----No es esto una novedad, escribir para no decir?
----Oh sî!!, pero de locos, de trastornados con belebele.
----Belebele!! En algûn momento de nuestra conversa escuchê a Kosmos y
decir esa palabra---revela Macco.
----El viejo Kosmos!!---afirma Sarambo.
----De facto es abuelo y tiene una nieta y un nieto, mas yo sôlo conocî a la
nieta, Ateriana.
----Entonces estuvo usted en la Kosmona, Macco?
----Êsa era mi intenciôn, o sea, visitarla y por los cursos gratis, mas yendo
hacia ella me encontrê con Kosmos, el didâscalos filosôfico y Ateriana.
----La kosmona!!, instituciôn compleja.
----Pero sabe usted una cosa, Sarambo? Cuando lleguê a palacio salîa y de
êste un señor llamado Angelicus, el que le informô a Dido sobre la presen-
cia de la tribu en las Cutilias---dice Buridân.
----Esto sî que es una novedad de lûcidos.
----Entonces conoce usted a Angelicus, Sarambo?
----Cômo no lo voy a conocer si es el que se ocupa del nuevo negocio que
abrî en Bedriaco, y en el que sôlo se venden vestidos blancos.
----Ah, entonces goza usted con la entrada de capital por dos lados.
----Por aquî y por allâ, Macco, por Apragôpolis y por Bedriaco---dice Sa-
rambo que pregunta: y cômo vieron la situaciôn ustedes en Bedriaco.
----Yo no vî mucha agitaciôn, sôlo a un oficial en la corte y al que Dido le
dio la orden de levantar defensa---responde Buridân.
----Un oficial de buen porte y aspecto?
--- Sî!!, êl mismo.
----Ah, entonces no es otro que el magister equitum. Y usted, Macco, quê
me dice?
----Que ademâs de conversar con Kosmos y el didâscalos filosôfico, hablê
breve con el controlador peonio, quien me respondiô a la pregunta de dônde
estaba la Kosmona. Por el resto yo no percibî nada sobresaliente.
----Por lo que me han dicho pudiera sacar la conclusiôn que de momento no
peligra Bedriaco por el ataque de la tribu germânica.
----Y ni aun atacando pudiera significar un alto pernicio, porque esos solda-
dos bâtaros son muy excelentes guerreros; caracterîzales el buen manejo y
de las armas y êgidas---acentûa Buridân.
----Y usted, Macco, cuânto timpo quêdase en la ciudad del ocio?
----Sarambo, hasta que mi novia me soporte, me aguante.
----Ah, con que tiene usted una novia, no? Pues sabe usted una cosa? Que y
goza de un privilegio tremendo al tener una hembra apragopolitana, y por y
ser muy fogosas y apasionadas.
----Pues la mîa no tiene nada de eso; al contrario, es frîa y nada vehemente.
----Entonces se cumple aquî eso de que toda regla tiene su excepciôn.
----Eso le hubiese dicho de hacerme usted una prôxima pregunta.
----Y dîgame, Macco: se siente usted mejor despuês de haber hecho gârga-
ras?
----Sî, claro que sî!!, y hasta creo que la fiebre me ha bajado.
----Muy bien!! Entonces brindemos por la salud de usted.
----De acuerdo!!
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