Montag, 2. Januar 2023

1084,22

       (en la ciudad del ocio, Apragôpolis)


      En los urbis acta barruntâbase el siguiente suceso: Las fiestas luperca-

les fueron atacadas en Cutilia por la nueva formaciôn de la tribu germâni-

ca, y bajo  el mando de un bructero que dice ser el hijo del ûltimo jefe de

êsta, Pandolfo Colunnecio, y onomado Dolfôpan Colunnecio. No hay he-

ridos ni muertos, mas sî pavor general por las lanzas y las flechas. A raîz

de leer lo anterior, aunque exento de preocupaciôn alguna, de una inquie-

tud, Sarambo comunîcale la noticia a Jancia con el fin de saber cuâl serîa

su reacciôn, o quê dirîa al enterarse de que Pandolfo tenîa un hijo.

---Sarambo, quiero dejarle claro que yo nunca me acostê con Pandolfo a

pesar de que aceptê el regalo del diamante, asî que saque de su mente al-

gûn pensamiento que tenga al respecto.  

---Puedo asegurarte que no tengo ninguno.

---Pero dîgame usted una cosa: De dônde salîô ese hijo, y por quê de nue-

vo la tribu germânica?

----Bueno, el hijo saliô de la madre, no? Lo de la tribu no lo sê [...] a lo y

mejor por venganza, pero con el tiempo sabrê mâs por los comentarios de

los biberius en la taberna.

----Me resulta un poco raro que jamâs hâyase hablado al respecto. Quê y

dice usted?

----Decir yo, quê?---pregunta Sarambo y quêdase pensando.

 

       Mas en lo que pensaba llega Prixeletes y pregunta:


----Ya saben lo de la tribu germânica?

----Sobre eso hablâbamos. Quê se escucha afuera, quê se comenta?

----Sarambo, banalidades, estupideces y tonterîas verbales.

----No descartes, Prixeletes, que dentro del trîo anterior pueden estar las

cosas mâs serias.

----Serîas, aquî en la ciudad del ocio, verdad Sarambo, verdad?

----Prixeletes, por quê tû algunas veces eres tan negativo, a ver, dime?

----Negativo yo? La positiva por error si acaso eres tû.

----No empiecen con el conflicto semântico, que de todas maneras siem-

pre terminan ustedes besândose y apretândose hasta sacar el zumo---dice 

Sarambo.

----Y desde cuândo usted es poeta, Sarambo?

----Poeta, Jancia?, si acaso alguien con buena imaginaciôn en determina-

do momento.

----Sarambo, y usted no estâ preocupado?---indaga Prixeletes.

---Si me lo preguntas por lo de la tribu te respondo que no; al contrario,

porque esos bructeros son amantes del vino caliente y, como tal, me con-

viene, ademâs de que por carâcter no soy ni parecido al difunto Anaxîme-

tro de Apolonia, el que por su conducta ya estâ del otro lado. Tû sabes y

quiên si deberîa estar alerta, al tanto [...] preocupado?

----Quiên Sarambo, quiên?

----El cazador de Bedriaco, el que matô de un flechazo a Pandolfo Colun-

necio aquella noche en palacio.

----La misma noche que me regalô el diamante, êsa!!---afirma Jancia.

----Y en la primera y ûltima cena que sustentâronse juntos.

----Asî es, Prixeletes, asî es---dice Jancia.

----Y en la que tambiên tû alcanzaste placer, no?

----De cuâl placer usted habla, Sarambo?

----Jancia, del acarreado por la pierna de Pandolfo por debajo de la mesa

entre tus piernas.

----Vaya memoria la suya, Sarambo, que buena.

----Si no la tuviese, como vendedor, mejor retirarme del oficio.

----Como ex-vendedor!!---afirma Prixeletes.

----Con el trabajo que tengo actual tambiên es necesaria, y con la que pue-

do recordar las deudas que tienen conmigo los biberius, que mira que son

mâs de una---clara Sarambo dândose golpecitos en la testa.

----Verdad que las recuerda todas, Sarambo?---indaga Jancia.

----Una por una, y con su dîa y su fecha.

----Entonces ninguna ha llegado a ser anual, Sarambo.

----No Prixeletes, ninguna, ninguna se ha alargado tanto.

----Prixeletes, y cômo supiste que ninguna es anual?---pregunta Jancia.

----Porque Sarambo sôlo dijo que las recuerda con su dîa y con su fecha.

----Uff, se me escapô este detalle.

---Parece que fijarse en los detalles es parte de los que son tan negativos.

----Reconozco que tû tambiên tienes buena memoria, Prixeletes.

----Discrepo, porque una buena memoria no lo es para cosas cuasi acaba-

das (de)cir---acentûa Sarambo.

----No estoy de acuerdo con lo que usted ha dicho, Sarambo.

----Tu derecho, Prixeletes, derecho que tienes a no estarlo.

----Alguno de ustedes sabe dônde estâ el colosero?---pregunta Jancia.

----Me dijo que encontrâbase en Omonia con Kîntlico de Kosta y Tublides

de Malamonta, y que mâs tarde los traîa acâ---responde Sarambo.

----Ah sî?, pues comida para mâs de cuatro no hay preparada.

----No vienen por la comida, Jancia, sino por las copas, por la dadorîa dio-

nisîaca..

----Aun con la lluvia que estâ por caer?

----"Agua fuera, vino dentro"!!

----Bueno, me voy a la cocina para calentar un pedazo de alpistera que de

ayer quedô.

----Buen apetito, Jancia, provecho!!----afirma Prixeletes.


       Una hora despuês, y en lo que esperaban a que Kîntlico de Kostâ ter-

minara  de  satisfacer su  necesidad cupidosa, el colosero y Tublides con-

versan en el salôn de la casa donde los hombres mirâbanle de hito en hito

a  las carrusianas las partes mâs descollantes y destinadas a los ta erotika,

mirar con fijeza que paulatinamente despertaba el deseo lujurioso, el cual

podîa desarrollarse profundamente, sin lîmite o sin frontera en los cuartos

privados y. por ethos, pintados de rojo. Giraba la conversa en derredor del

tema de la supuesta madre del nuevo jefe de la tribu germânica, hontanar

biolôgico  aun sin comprobaciôn, mas que por ciertas sospechas parecîa y

ser de donde saliô el susosicho jefe. Habrîa que ver, que la lengua con al-

go de soltura de Diôtima, una de las carrusianas con mâs tiempo de servi-

cio en la casa y mâs usada por sus opulencias perfectas, revelaba haber y

visto mâs de una vez a Pandolfo Colunnecio entrar en el cuarto de la jo-

ven Florentina y en el cual quedâbase unas cuantas horas, de lo que sale

entonces que el peculio que tenîa que pagarle no era poco. Mas tal reve-

laciôn  tenîa lugar muy cerca de Tublides de Malamonta, el que allende

de escucharla a la vez que hablaba con el colosero espero un prudencial

tiempo para decirle a Diôtima lo siguiente:

---Quê casualidad que tanto usted, como nosotros, estuviêsemos hablan-

do sobre el mismo tema.

--Señor, quê usted quiere de mî, que me virase hacia usted para contem-

plarme de arriba a abajo, que yo aquî soy la mâs perfecta en dimensio-

nes y en servicio?

----No, claro que no!!, que no es mentira lo que acabo (de)cirle, y si no

me cree pregûntele a êl---dice Tublides señalando al colosero.

----Cômo se llama usted, señor?

----Mi nombre es Tublides de Malamonta y êl es el colosero.

----Yo me llamo Diôtima, la fêmina que todos quieren.

----Diôtima? Parece el nombre de una sacerdotisa.

----Sacerdotisa en un lugar como êste? Cree usted que eso serîa posible?










































 







        









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