Freitag, 27. Januar 2023

1092, 33.

     (Siete años atrâs y en la ciudad del ocio, Apragôpolis)

 

        Tenîa Florentina la edad de veinte años. Casualmente una noche que

paseaba por la zona de Omonia, nocturna ademâs lluviosa y por lo que se

quitô los zapatos para meter sus pies desnudos en una sûmula de charcos,

encontrôse con el propietario del lupanar de esta parte de la ciudad desco-

llante por la prostituciôn. La coralina visiôn y experiencia fundamentales

de  êste en el mundillo de la venta de los cuerpos facilitâbanle la casi per-

fecta selecciôn a primera vista de las fêminas jôvenes que pudieran hacer

crecer  su capital en cuestiones de horas al tener la carne fresca un precio

considerable, y los componentes en primavera y con especiosa masa pre-

ferencia por antonomasia. Florentina, la que por esta êpoca de su existen-

cia nada tenîa que ver con tal mundillo, lo que traduce que ignoraba total-

mente  lo contingente que  côrrese al abrirle las piernas a un desconocido

a continuaciôn de un denudarse frente a frente a sus ôculos, fuele menes-

ter una justificaciôn tempestiva para escapar de la verba manipulativa del

propietario, mas no por lo anterior amplificada con palabras toscas o des-

conocidas sino con las mâs dulces y populares posibles.

---Mire, señor, lo que usted me dice es muy seductivo, pero a mî no me

interesa, y si paso por aquî, y en esta noche con lluvia, dêbese solamente

a que corto camino y llego mâs râpido a la farmacia donde comprarê y el

medicamento que necesita mi madre enferma---dice Florentina.

---Eso que me estâs diciendo me parece una mentira, pero te digo una co-

sa: si en algûn momento quieres ganarte un buen salario trabajando en mi

lupanar, aquî tienes ni nombre y mi direcciôn, en el caso de que no desees

venir directamente al burdel, al congal o al putero.

---Gracias por la tarjeta, pero no creo que en algûn momento quiera ganar-

me un salario bueno trabajando en tal lugar.

----Eso dicen muchas chicas como tû y terminan trabajando como carrusia-

nas. De todas maneras guarda la carta y tiempo al tiempo.

----Adiôs, señor, adiôs!!


       Dos meses despuês vese Florentina en una situaciôn difîcil: al haberse

ido de su casa por una pudiente discusiôn con sus progenitores, y debido a

que êstos no permitîanle traer su novio a la vivienda, tiene que buscarse un

trabajo  para ganarse el peculio con el que pagarîa mâs de la mitad del pre-

cio del cuarto alquilado con su novio, ya que êste lo que ganaba era muy în-

fimo. Empero  como ella no tenîa experiencia laboral, lo que traduce sobre

el  pucho que carecîa de alguna recomendaciôn u opiniôn relevantes, que y

si no al  menos  garantes de la atenciôn en las oficinas administrativas, en-

contrar oficialmente un trabajo cuasi que resultaba imposible, a no ser que 

por sociolismo alguien pudiêrala ayudar, pero como desdeñaba las ayudas

porque  con el tiempo tienen su precio, tal posibilidad quedaba descartada.

Con el paso de las horas, de los dîas y de las vigilias por la preocupaciôn,

decide contarle al novio lo del encuentro con el propietario del lupanar en

la zona de Omonia, algo que a los oîdos de aquêl llegô para dejar mâs tris-

teza  que alegrîa, porque escuchar que su novia tendrîa que prostituirse ra-

jâbale en pedazos su corazôn. Un dîa despuês, y al percibir un cambio en

su novio a raîz de una conversa tenida con un senecto analista, Florentina

arrumba sus pasos a casa del propietario del lupanar. Llegada a la vivien-

da de êste, la que no estaba  demasiado lejos del cuarto alquilado y carac-

terizada por tener cubierta la fachada con buganvillas




  



 

  
















 





  

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