Dos dîas despuês del arresto quîtase la vida Viator. Su cuerpo mâs cân-
dido que el ampo del mârmol y tan frîo como una pêtrea de hielo es de la
ergâstula sacado por el soldado Argos, el que con la ayuda de otros dos y
soldados bâtaros mêtelo en una caja fûnebre a raîz del edicto del magister
equitum. Con exactitud no podîase decir cuândo ocurriô lo trâgico a pesar
de que Argos mantûvose todo el tiempo al tanto del reo, vigilante y hasta
servicial al ocuparse êl mismo de facilitarle un buen alcance del alimento
al ponerle el plato cerquitîsima de las manos, aunque asimismo de llenar-
le varias veces de agua una botella de color oscuro y con cristal frâgil. Al
entrar en verba con el magister equitum, momento de aclaraciôn y como
tal el menester para demostrar que nada tuvo que ver con el suicidio, que
no era responsable de êste por alguna que otra cosa que hubiêrale servi-
do como aliciente al prisionero para hacer lo que hizo, Argos hablô del de-
recho que tenîa de separarse de la ergâstula en el caso de una apremiante
necesidad de micciôn o de soltar la carga del cropolito, algo allende con
subrayamiento en el reglamento militar con una lînea rosada fosforescen-
te, y la que como tal salîa a relucir hasta lumbrada por la cosiata flama de
una vela. Y es entonces que el magister pregunta:
----Me quiere decir usted, Argos, que en este momento de micciôn o de y
lo otro pudiera haber sido la ocasiôn, el kairôs aprovechado por Viator pa-
ra salir de lo existencial?
---Sî magister!!, ha entendido usted perfectamente, tiene usted buena cap-
taciôn.
---Argos, que un militar sin buena captaciôn es como un ciego sin bâculo.
----No entiendo el sîmil, magister.
----No estamos en la Kosmona, no soy un contertulio.
----Disculpe usted, magister, disculpe!!
----Pero debo, Argos, como responsable de la seguridad de palacio, de la
caballerîa y de que cûmplase estrictamente el reglamento militar sancionar-
lo brevemente. Por quê? Porque usted sabe que estâ vedado que a los reos
se le den botellas de cristal para el agua..
----Pero, magister...
---Nada de peros, Argos. Asî que dêjeme aquî mismo todas sus armas y re-
tîrese sin chistar, lo que podrîa alongar su sanciôn a mâs de una semana.
----De acuerdo, magister, de acuerdo. Y mire, aquî tiene mis armas, me que-
dê sin ninguna.
----Bien. Ya puede irse, que ya le avisarê para que venga a recogerlas.
----A su edicto, magister, a su edicto!!
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