Mittwoch, 25. Januar 2023

1091, 32.

 (en Apragôpolis)


         La llegada de la nueva formaciôn de la tribu germânica a la taberna

acarreô un gran bullicio y que salieran de êsta unos cuantos biberius. Sa-

rambo inmediatamente prepârase para la defensa agarrando un palo que

tenîa detrâs de la barra con basto tamaño y tremenda dureza. El bury, el

que percâtase raudo de lo anterior, aconsêjale a Sarambo que mejor suel-

te  el palo y lo  ponga cercano a êl, ya que para los bructeros cualesquier

calañas de preparaciôn para el combate eran el principal aliciente para y

pasar a la acciôn, entrar en conflicto y escindir cabezas del corpus a que

pertenecen. Macco, el que de momento dejô de pensar en la explicaciôn

mâs sencilla por la igualdad de condiciones, posicionôse en uno de los y

sucuchos mâs tocados por la sombra, y desde el cual podîa tenerse la vi-

sibilidad mâs completa de lo que pudiera pasar. 

        Pasados unos diez minutos sucede algo inesperado: solamente tres

bructeros y Dolfopân Colunnecio penetran en la taberna, y el resto de la

tribu germânica retîrase. Êste, con paso firme y mirada austera, acêrcase

a la barra; aquêllos, quêdanse adentro y al lado de la puerta, algo que os-

tensiblemente traduce que ni los biberius que quedaban en el interior po-

dîan salir ni los que habîan salido podrîan entrar. Y entonces, y ya frente

a Sarambo, Dolfopân pregûntale:

--- Conoce usted a Kîntlico de Kostâ?

----Sî!! es un conocido de tiempo, Por quê me lo pregunta?

----Por cuestiones que sôlo son de mi incumbencia.

----Y usted se puede identificar, que nunca lo he visto, su semblante no

me es conocido?---pregunta Sarambo aun sospechando de quiên tratâ-

base.

----Yo soy el nuevo jefe de la nueva formaciôn de la tribu germânica, y

me llamo Dolfopân Colunnecio.

----No serâ que usted busca a Kîntlico por haber tenido relaciôn con su

supuesta madre Florentina en el lupanar de Omonia?

----Por lo que lo busco a usted no le interesa.

----Dolfopân, puedo hacerle la prôxima pregunta?

----Segûn la que sea se la respondo.

----Pues he aquî la pregunta: si yo le regalo las copas, se las dejo gratis,

usted me revela el porquê busca a Kîntlico de Kostâ?

----De acuerdo!!, pero tambiên las copas las pido gratis para los tres y

bructeros que me acompañan.

----Aceptada su peticiôn, Dolfopân, no hay problema. Mire, aquî tiene,

y para empezar una botella y cuatro copas.

---Bructeros vengan acâ, vengan!!---dice Dolfopân, como si fuese y un

edicto, y agrega: que podemos beber gratis.

---Brindemos por Saturno---dice uno de los bructeros levantando la co-

pa.

----Por Saturno, por Saturno!!---afirma Dolfopân.

----Muy buena su bebida, señor Ganimedes---reconoce otro de los bruc-

teros.

----Le agradezco su reconocimiento, mas yo no estoy tan alto---dice Sa-

rambo que añade: estoy donde hay polvo y muerden las ratas.

----Quê usted quiso decir con eso de que donde muerden las ratas, nos

ofende usted?

----Separa, quita la mano de la espada, que no me parece una ofensa si-

no un chiste de coperos---dice Dolfopân.

----Y entonces, Dolfopân, me revela el porquê?---pregunta Sarambo.

----Mire, no es por lo de Florentina, sino por lo del comprador que mu-

riô a causa de un pinchazo con la punta de un sigynon en el estrecho de

España y en la tienda de quien busco; era un buen amigo mîo, cuasi un

hermano.

----Pero, Dolfopân, hasta donde sê eso fue un accidente.

----Eso es lo que dice Kîntlico, y por lo mismo quiero escuchar su ex-

plicaciôn al respecto, Sabe usted dônde puedo encontrarlo, tiene la di-

recciôn de dônde se hospeda o vive?

----No, no la tengo, ademâs que ni le hace falta porque ya se fue de la

ciudad del ocio.

----Y cômo usted sabe eso?

----Porque no hace mucho estuvimos tomando juntos y me dijo que se

iba lo mâs râpido posible, que sôlo estaba de paso por aquî.

----Sarambo, una mentira de usted le puede costar la vida...

----Yo no miento, es la verdad, Dolfopân. Cree usted que yo quisiera y

perder mi cabeza?

----Yo solamente le digo una cosa: estê preparado para la consecuencia

si yo descubro que lo que usted me ha dicho es una falacia.

----Le repito que no lo es.

----Bueno [...] ya estâ advertido, ya sabe---dice Dolfopân y seguido a los

bructeros: a los caballos que nos vamos.






























 










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