(en Apragôpolis)
La llegada de la nueva formaciôn de la tribu germânica a la taberna
acarreô un gran bullicio y que salieran de êsta unos cuantos biberius. Sa-
rambo inmediatamente prepârase para la defensa agarrando un palo que
tenîa detrâs de la barra con basto tamaño y tremenda dureza. El bury, el
que percâtase raudo de lo anterior, aconsêjale a Sarambo que mejor suel-
te el palo y lo ponga cercano a êl, ya que para los bructeros cualesquier
calañas de preparaciôn para el combate eran el principal aliciente para y
pasar a la acciôn, entrar en conflicto y escindir cabezas del corpus a que
pertenecen. Macco, el que de momento dejô de pensar en la explicaciôn
mâs sencilla por la igualdad de condiciones, posicionôse en uno de los y
sucuchos mâs tocados por la sombra, y desde el cual podîa tenerse la vi-
sibilidad mâs completa de lo que pudiera pasar.
Pasados unos diez minutos sucede algo inesperado: solamente tres
bructeros y Dolfopân Colunnecio penetran en la taberna, y el resto de la
tribu germânica retîrase. Êste, con paso firme y mirada austera, acêrcase
a la barra; aquêllos, quêdanse adentro y al lado de la puerta, algo que os-
tensiblemente traduce que ni los biberius que quedaban en el interior po-
dîan salir ni los que habîan salido podrîan entrar. Y entonces, y ya frente
a Sarambo, Dolfopân pregûntale:
--- Conoce usted a Kîntlico de Kostâ?
----Sî!! es un conocido de tiempo, Por quê me lo pregunta?
----Por cuestiones que sôlo son de mi incumbencia.
----Y usted se puede identificar, que nunca lo he visto, su semblante no
me es conocido?---pregunta Sarambo aun sospechando de quiên tratâ-
base.
----Yo soy el nuevo jefe de la nueva formaciôn de la tribu germânica, y
me llamo Dolfopân Colunnecio.
----No serâ que usted busca a Kîntlico por haber tenido relaciôn con su
supuesta madre Florentina en el lupanar de Omonia?
----Por lo que lo busco a usted no le interesa.
----Dolfopân, puedo hacerle la prôxima pregunta?
----Segûn la que sea se la respondo.
----Pues he aquî la pregunta: si yo le regalo las copas, se las dejo gratis,
usted me revela el porquê busca a Kîntlico de Kostâ?
----De acuerdo!!, pero tambiên las copas las pido gratis para los tres y
bructeros que me acompañan.
----Aceptada su peticiôn, Dolfopân, no hay problema. Mire, aquî tiene,
y para empezar una botella y cuatro copas.
---Bructeros vengan acâ, vengan!!---dice Dolfopân, como si fuese y un
edicto, y agrega: que podemos beber gratis.
---Brindemos por Saturno---dice uno de los bructeros levantando la co-
pa.
----Por Saturno, por Saturno!!---afirma Dolfopân.
----Muy buena su bebida, señor Ganimedes---reconoce otro de los bruc-
teros.
----Le agradezco su reconocimiento, mas yo no estoy tan alto---dice Sa-
rambo que añade: estoy donde hay polvo y muerden las ratas.
----Quê usted quiso decir con eso de que donde muerden las ratas, nos
ofende usted?
----Separa, quita la mano de la espada, que no me parece una ofensa si-
no un chiste de coperos---dice Dolfopân.
----Y entonces, Dolfopân, me revela el porquê?---pregunta Sarambo.
----Mire, no es por lo de Florentina, sino por lo del comprador que mu-
riô a causa de un pinchazo con la punta de un sigynon en el estrecho de
España y en la tienda de quien busco; era un buen amigo mîo, cuasi un
hermano.
----Pero, Dolfopân, hasta donde sê eso fue un accidente.
----Eso es lo que dice Kîntlico, y por lo mismo quiero escuchar su ex-
plicaciôn al respecto, Sabe usted dônde puedo encontrarlo, tiene la di-
recciôn de dônde se hospeda o vive?
----No, no la tengo, ademâs que ni le hace falta porque ya se fue de la
ciudad del ocio.
----Y cômo usted sabe eso?
----Porque no hace mucho estuvimos tomando juntos y me dijo que se
iba lo mâs râpido posible, que sôlo estaba de paso por aquî.
----Sarambo, una mentira de usted le puede costar la vida...
----Yo no miento, es la verdad, Dolfopân. Cree usted que yo quisiera y
perder mi cabeza?
----Yo solamente le digo una cosa: estê preparado para la consecuencia
si yo descubro que lo que usted me ha dicho es una falacia.
----Le repito que no lo es.
----Bueno [...] ya estâ advertido, ya sabe---dice Dolfopân y seguido a los
bructeros: a los caballos que nos vamos.
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