Donnerstag, 31. März 2022

La cazuela de Vitelio (981)

     Por una efîmera conversa entre el cazador y Kosmos, amên que exenta total-

mente de la participaciôn de los contertulios por haberse tenido en privado, una 

sobre (o en lo atinente a) el capacete parecido al de Plutôn (Orci Galea), enterô-

se Kosmos de que el cazador podîa hacer el intento de darle al susodicho casco

algo de vigor mediante un cuidadoso laboro de magia, mas sin poder garantizar

que el trabajo tuviese resultado conspicuo; de que tal trabajo deberîa realizarse

o en las horas que sucede el crepûsculo o de dos a cuatro de la madrugada, por

la razôn concreta de que en estos perîodos de tiempo determinadas condiciones

suelen ser muy favorables o dadoras, o que si no primordiales para el menester

desarrollo de imprescindibles atingencias pudientes con el infinito, las que y de

facto aprovecha el estrîgido de Minerva para que su presencia en una rama sue-

la ser satisfactoria, aunque asimismo que Argos para eludir el posible pestañeo

de uno de sus cincuenta ôculos que mantiênense de guardia.

---Câspita, cazador!!, quê bien suena todo este concierto semântico con ciertas

notas crîpticas y mîticas----dice Kosmos.

---Venidas de ti no me extrañan tus palabras, no quedo asombrado por ellas.

---Ni su asombro ni su extrañeza ni tan siquiera serîan posibles, porque con el

tiempo que usted conôceme êstas resultarîan intempestivas, y como tal queda-

rîan fuera de juego y sin dar pâbulo de salto...

---Ni tan siquiera serîa posibles? No estoy de acuerdo con eso de ni tan siquie-

ra, porque sî es verdad que te conozco hace rato, pero las cosas cambian y con 

ellas nosotros.

---Reconozco que ni tan siquiera lo ha tomado usted como un aliciente, algo y

que resûltame deleitoso...

---Aliciente dices tû, cômo que asî?

----Porque a partir de lo que dije ha dejado usted planteada una pregunta.

----Ya veo que no has perdido tu costumbre de lograr tus fines o propôsitos.

----Y si no he perdido mi costumbre, cômo es que pudiera haber cambiado: de

cambiar ya no tuviese otra?

----Si no quê sentido tuviese el cambio: se cambia por y para algo?

----Rectifico: câmbiase para y por algo.

----El orden de los factores no altera el producto!!

----Ve usted, logrê mi propôsito o mi fin---dice Kosmos y rîe.

----Pillîn, astuto, perspicaz!!

----Muchitantas gracias por la adjetivaciôn!!, mas volviendo a lo del casco...

----A ver, dime.

----Que si pensê en usted fue por una cosa.

----Por cuâl?

----Porque Manes dîjome que cualquier otro mago pudiera hacer un trabajo con

el casco menos que uno hiperôsmico.

----O sea, menos que uno como êl?

----Estâ usted muy juguetôn desde que ha puêstose senecto..

----La palabra senecto me acerca mâs a Caronte.

----Ya tiene la bolsita?

----Y risas del cazador que pregunta: y dônde tienes el casco?

----Ni muy lejos para que sêame difîcil alcanzarlo ni muy cerca para darle una

patada..

----Dêjate de tus acrobacias verbales y dime: aquî en la Kosmona?

----Êsa es la res!! Venga que muêstroselo, en el caso de que desee verlo.


     Empero en lo que esto sucedîa, algo que fuele necesario sus minutos corres-

pondientes y la debida discreciôn para eludir que alguno de los contertulios pa-

sara de un estado habitual a uno ditirâmbico, mas que excitante en el sentido y

de una exuberancia verbal por haber tocado el casco, tanto el didâscalos filosô-

fico como Kosmithôs ya estaban encima de sus queridîsimos cuadrûpedos, pe-

ro con la diferencia notabilîsima de que sî êste sentado en una albarda especio-

sa aquêl sobre un raîdo saco, diferencia que como tal dejarîa patente el privile-

gio con el que cuenta el corcel asturiano. Habrîa que ver que si los jinetes no y

caerîanse de sus cuadrûpedos por la diferencia susodicha, la que de facto influ-

ye en la pertinente comodidad, sî que pudiesen llegar al suelo por un resbalôn

de los cuadrûpedos en lo fangoso, algo de lo que precisamente hablô el magis-

ter equitum previo a la salida de los jinetes, caîda que tal vez, a lo mejor para 

Kosmithôs no serîa acarreante de una sûmula de problemas, mas que indubita-

blemente no asî para el didâscalos filosôfico por ya tener sus huesos tantisîma-

mente delicados por cuestiones de su edad. De tal guisa no pasô nada; pero sî

que de soslayo a la acêmila del didâscalos, el andar de una criatura que y a su 

casa dirigiâse en los arrabales de Bedriaco,  y que a saber no es otra que el ar-

quîatra Golemo, el que fue la ûnica, ex-clusiva causa de la parada no en seco

de los cuadrûpedos.

----Estâ usted mâs sucio que un carbonero de Asia. Quê, se restregô en lo fan-

goso, arquîatra Golemo?

----Quê preguntas, Kosmithôs?, claro que no. Cômo crees que un arquîatra y

eso pudiera hacer?

----Yo no lo creo, sôlo pregunto, y preguntar es curiosidad, no creencia.

----Como si estuviese oyendo hablar a tu padre, ya se nota el contagio.

----Quê usted cree de eso, didâscalos?---pregunta Kosmithôs.

----Que yo creo en la filosofîa--responde el didâscalos filosôfico y pregûntale

a Golemo: y entonces, ha sabido usted algo mâs del saltimbanqui mordido por

la serpiente?

----Ah, ya estân enterados? Cômo lo supieron?

----Por el cazador, por êl, por el mismitico êste.

----En realidad no sê mâs que lo que sabe el cazador, por lo menos ya estâ fuera

de pernicio gracias al psilo. Y ustedes adônde van?

----A cualquier lugar siempre y cuando estê en Bedriaco---responde Kosmithôs.

---Pues mi casa estâ en los arrabales del mismo lugar: quiên de ustedes me hace

el favor de llevarme hasta mi habitâculo?

----La acêmila no puede con mâs peso, que ya con el mîo es suficiente-- dice el

didâscalos filosôfico.

----Trêpese en el corcel, que nos vamos---dice Kosmithôs.





































Dienstag, 29. März 2022

La cazuela de Vitelio (980)

      Sin que diêrase cuenta Lolia Paulina, y por el pneuma ligero de un vienteci-

llo que pasô acopas, el papelito que le dejô el capitan orcivo fue sacado del bol-

sillo izquierdo de su vestido, y una vez en el piso abriôse, siendo êste el *kairôs

que aprovecha Sabinsqui para echarle una miradita; y entonces, en un periquete,

lee: el artîfice de la novela es tu nieto, verba como tal que no acarreôle el sûbito 

pensar de que Lolia Paulina fuese una mentirosa, mas que sî no dudô de que ês-

ta, por sensatez y al parecer en momentos determinados, como de facto reciente   

en uno del que êl mismo fue testigo, tuviese facilidades para el convencimiento 

utilizando habilidosamente las palabras adecuadas, justas o exactas. Allende de

lo anteriormente dicho, y saliendo de lo que no dudô, Sabinsqui regresa a los y

tiempos en que fue actor, tiempos (inolvidables) en que la palabra "articife" be-

neficiosamente resonaba como matraca china, como que asimismo sumamente

relevantes por contar con la presencia de sus dos mirîficas e inteligentes amigas 

Scarnia y la bautizada por êl mismo Dina marca. Pero a pesar de tener estos ad-

jetivos sus amigas, los que jamâs fueron sustituidos ni transformados brevemen-

te por cuestiones de exigencias artîsticas, o de otro jaez con la intenciôn de dar-

les un toque mâs rimbombante; que no de capitôn, que entonces quedarîan sim-

bôlicamente como forrados por la tela de la palabra, Dina tambiên contaba con

el de atrabiliaria, ya que su irritabilidad eyectâbala muy frecuente, empero no y

delante de todo el mundo, frente a cualquiera y no en todos los sitios. A Sabins-

qui este adjetivo removîale la conciencia, de lo que sale el hecho de no sacarlo

a relucir a no ser que viêrase en la necesidad de hacerlo o en ocasiones que por 

capricho, tener ganas de discutir o querer formar embrollos (insoportables) po-

nerlo en puesto, en colocaciôn, resultara prioritario.

       En lo atinente a la irritabilidad proyectada muy frecuente, el compinche y

del flamen del colegio de los sacerdotes Salios Pempeo Noncola [que visitaba

la signora Lacrusea con destacada frecuencia y con el objetivo de encontrar un

solvento contra los continuos abusos de Tircano Cilatino, su novio], aunque y

en realidad no fuese su materia concretamente, lo que no quiere decir que por

no serlo careciera totalmente de una mînima informaciôn, tenîa clarîsimo quê

significaba eyectar: defensa propia. A partir de esta defensa, la que como y tal

nada tiene que ver con una forma de ponderamiento por triunfos logrados, pe-

ro sî con el hecho de que protege de tener que reconocer partes de uno mismo

que de facto no gustan, o que si no con ella, cualesquier criaturas proyectan en

el otro emociones o rasgos indeseados, lo que êl mismo valorô como una utili-

taria manera de liberarse de tales componentes con la ayuda tempestiva de la

verba, mas una manera no fâcil de captar de faltar el conocimiento correspon-

diente. Ahora bien, y lo que responde concreta y especîficamente a la confian-

za que existiô con el flamen; Pempeo Noncola, y en conversaciones con êste,

no solapô, encubriô su valoraciôn aûn no considerada, por aquellos lejanos y

tiempos, una utilitaria manera de soltar "ciertos y determinados componentes"

menos deseados, y mucho menos teniendo en cuenta que en materia teolôgi-

ca lo que cada cual tiene lo tiene por imago y analogîa, podrîa existir enton-

ces, y desde el punto de vista de la teologîa, el aceptar fâcilmente el expulsa-

miento de lo concedido por el creador?

       Pero Sabinsqui, del que ya sâbese que acudîa al templo de Jano Quirino

para oîr al flamen parlando en latîn, de vez en cuando dialogaba con êste, un

intercambio de especiosas palabras que ni jamâs olvidô ni calificô de impera-

tivas por ser expresadas con algo de vigor, como si llevasen corona, pero que

exenta de categorîa mayestâtica. Mas sobre el pucho dirîase, sin ser relevante

el dîa en que sucediô, que el flamen dejôle saber a Sabinsqui la valoraciôn de

su amigo Pempeo Noncolo en una de las conversaciones tenidas, y debido es-

pecîficamente a que Sabinsqui dejô entredicho el adjetivo que removîale y la

conciencia, y por resultarle justo a su amiga por la razôn de "proyectar" y su

irritabilidad a menudo repetida.




 














   

Sonntag, 27. März 2022

La cazuela de Vitelio (979)

     Sucedîa a la misma vez (coincidencia) la llegada de los veinte soldados bâ-

taros a palacio y la del didâscalos filosôfico concomitado por Kosmithôs. Si y

aquêllos trayendo de Albula los cadâveres de Meli, Circe y Hagapajitas de Fa-

logracia; êstos con el objetivo de treparse cada uno en sus animales cuadrûpe-

dos para salir a dar una vuelta, necesitândola muchitanto y urgente la acêmila

del didâscalos. El magister equitum, que venîa al frente de la tropa pequeñisi-

ma, de lo que no sigue que por ser de reducido tamaño no fuese capaz de salir

incôlume de cualesquier imprevistos en el camino, lo primero que hace al ver

a Kosmithôs es preguntarle si sabîa dônde estaba el cazador, pregunta que sin

dilaciôn respôndese de la siguiente manera:

----Magister, el cazador estâ en la Kosmona, y vino a la instituciôn para infor-

mar sobre la mordida de [....] de quê, didâscalos, que se me olvidô el nombre?

----Un coralillo, un reptil ofidio.

----De la mordida de un carajillo..

----Te lo acabo (de)cir y se te olvidô? Un coralillo, no un carajillo

----Y risas de Kosmithôs que pregûntale al magister equitum: y es urgente la

necesidad de usted de hablar con el cazador?

----No no, urgente no es, puede esperar el encuentro entre nosotros. Y ustedes

que hacen por acâ?

----El didâscalos sacarâ su mula a dar un paseo, y de paso yo al corcel asturia-

no---responde Kosmithôs.

----Pongan cuidado, que por lo fangoso que estâ el camino pueden periclitar y

las patas de los cuadrûpedos.


      Seguido a dejarle el inviolable y adecuado edicto a los soldados bâtaros, y

 que no era otro que el de llevar raudamente a los cadâveres trasladados desde

Albula a palacio de las criaturas fenecidas al lugar destinado por la reina, sitio

donde quedarîanse hasta que fuesen sepultados, llega el magister equitum a su

garita de guardia y con la necesidad urgente de quitarse sus telas empapadas y

por el ûltimo aguacero pudiente bajo el que tuvo que cabalgar. Sobre el pucho

a la abertura de la puerta resûltale (un tanto) insôlito la presencia de Manes de

Nicôpolis y del cinciunatus, como que asimismo el hecho de que entre ambos

la verba aûn mantuviêrase activa, fluyendo, dando sus frutos o dadivando be-

neficios.

----No lo puedo creer, increîble que ustedes lleven hablando un tiempo consi-

derable, ni que fuesen contertulios---dice el magister equitum a la vez que se

despoja de sus ropas empapadas para ponerse unas secas.

----Yo le agradezco a usted, magister, que la conversa sea posible, que suce-

diera sin ningûn tipo de planificaciôn, exenta de causalidad----dice Manes de 

Nicôpolis.

----Manes, que se posible aquî en palacio sî, pero acaso serîa imposible y en

algûn otro lugar de Bedriaco?---indaga el magister equitum.

----Claro que no, mas como sucede aquî, hoy y en este lugar, le debo [.....] le

debîa un agradecimiento.

----Parece que cuando las conversaciones son imprevistas se alargan mâs, se

extienden, que cuando uno ni piensa en tener un intercambio semântico salen

cantidad de palabras, de ahî que un lîmite sea difîcil de predecir, y que se en-

tienda un lîmite por finalizaciôn----dice el cinciunatus.

----Esta consideraciôn de usted tendrîa algunas oponencias; darîa pie a la su-

ma de unos tantos desacuerdos, de comentarios y crîticas, pero como lo que

en realidad ahora me interesa es acabarme de sentir bien por llevar ropas se-

cas, su consideraciôn no serâ refutada por mî----clara el magister equitum.

----A mî sî me parece, que cuando las conversaciones son imprevistas no ne-

cesariamente tienen que alargarse; pero sî creo que les caracteriza una que y

muy saludable espontaniedad, lo contrario a que sean pre-vistas, que tal co-

mo la palabra indica, por anticipaciôn de lo que se va a decir prevalecerîa y

un câlculo de la expresiôn, de la palabra o la verba, y en funciôn o de hacer

tambalear al interlocutor o de engendrarle la confusiôn, la duda o una breve

sospecha.

----Aplaudo sus palabras, Manes; se parecen a las que pudieran oîrse, escu-

charse en la institucîôn, ya que se asemejan bastante---dice el magister.

----Magister, los contertulios no son los ûnicos que hablan bien, aunque ha-

blen siempre bien; no tienen el monopolio de la palabra aunque la monopo-

licen...

----Ya sê, Manes, y tiene usted razôn, pero aquî en Bedriaco no encontrarîa

otra analogîa posible, ya que el hablar bien es cuasi precario.

----Cuando usted fue mi vecino, Manes, nunca lo escuchê hablar bien...

----Y cômo va a escucharme si yo nunca hablaba con nadie fuera de mis se-

manales consultas. Sabe usted, cinciunatus, quiên sî tiene la prueba de que

yo sî hablaba bien?

----Por lo que usted acaba (de)cir alguien que acudîa a sus consultas, no?

----Exacto!!

----Pero como no sê quiênes acudîan a sus consultas, cômo voy a saber de

quiên se trata?

----De su majestad, de la reina, de Dido. Pero no se haga el que no sabe, el

que desconoce, que usted no estâ ajeno a esto...

----Usted lo dice por lo del capacete parecido al de Plutôn?

----Por lo mismo, por quê si no?

----Sî, pero yo jamâs conocî a la reina.

----Yo dije que usted sabîa que ella venîa a mis consultas, no que la conocîa.

----No se preocupe usted por mi presencia, cinciunatus, que aunque yo sea y

la mano derecha de la reina, esta conversaciôn queda entre nosotros.

----Pero, magister, cuâl es el problema?, si de todas maneras la reina sabe ya

desde hace ya un tiempo de esto que hablamos.

----Problema ninguno, Manes, sôlo que aclaro para evitar que aparezcan cier-

tas y determinadas dudas, sôlo eso, que se piense en mî como si fuese ascâla-

fo, aunque hacer o recibir denuncias forme parte de mi oficio, parte incluida

en lo que hago y por seguridad de la corte. Bueno, ahora los dejo, que preci-

samente por tal seguridad debo salir a controlar precisas cosas, pero si lo de-

sean ustedes pueden quedarse y seguir hablando.

---Gracias, magister!!, que me parece que nos quedan algunas palabritas por

decir---dice Manes de Nicôpolis.

----Y de mî gracias tambiên, por dejarnos que hablemos en su garita, magis-

ter---dice el cinciunatus a la vez que estrêchale su mano derecha.











































 





Freitag, 25. März 2022

La cazuela de Vitelio (978)

     Contando con datos especîficos, aunque asimismo con la dadora idea del ojo 

asomante, Kosmos analizaba coralinamente la inextricable forma que tiene y la

existencia, quedando flagrante que si êsta es posible tanto pônese en vigencia la

sentencia *multi sunt vocati pausi vero electi, que el principio senil *nihil est in in-

tellectu quod non fuerit in sensu, de hacer representaciôn [ de la que dirîan esos

testaduros mâs ilustres que ponderada, mas careciendo de la demostraciôn nece-

saria del porquê de ser equilibrada, mas que a su vez justificando esta falta total-

mente ingrata con jerga poco cientîfica] en cualesquier sitios a la hora pertinente 

o en el momento oportuno. Agrêgale a este anâlisis de la complejidad de la suso-

dicha forma, empero mâs bien un añadido que colma a ese sempiterno deseo ga-

yo de utilizar la verba como algo ornamentativo, el toque êpico de una campana

simbôlica de una catedral (barroca) inveterada. 

      Mas el didâscalos filosôfico oponîase totalmente a eso del quedar evidente 

que pusiêrase en vigencia la sentencia y el principio siendo (al ser) posible y la 

compleja forma que tiene la existencia de hacer representaciôn, dejando retoca-

do que de facto por hacer representaciôn pudiera solapar tanto los mûltiples lla-

mados como a lo que favorece al entendiminto estando antes en los sentidos; y

que esta misma forma, ademâs, hace representaciôn valiêndose de la naturale-

za de los cuerpos humanos menos que la del "espacio".

----Câspita, didâscalos!!, que usted ha dado un salto tremendo hasta llegar a la

geometrîa euclidiana con su verba culminante del pârrafo; pero, sabe usted una

cosa?, que tal geometrîa no es siempre la mâs conveniente...

----Y tû, sabes otra, Kosmos?

----Amplifîquela, didâscalos, amplifîquela!!

----Que no lo es de no haber "relaciones"....

----Y de no haberlas no hay disposiciôn de los puntos del espacio en cualquier 

orden imaginable....

----Por lo que entonces no percibirîamos ni la cercanîa de los objetos que êstan 

lejanos ni la lejanîa de los cercanos.

----Vaya enbrollos que ustedes forman!!, pero me gustarîa hacer una pregunta

en lo atinente al principio en general---dice el tîo de Kosmos.

----Solo una?, el interês suyo es muy limitado aunque sucediendo en la existen-

cia; o siendo, como interês, un existente.

----Ningûn existente es adecuado a su definiciôn formal, y ninguna definiciôn

formal es adecuada a un existente---puntualiza Kosmos.

---- Me van a dejar hacer la pregunta?

----Eureka, hâgala!!, que ya tengo abierto uno de los dos sentidos del conoci-

miento objetivo---dice el didâscalos filosôfico.

----Age!!, suelta la lengua antes que regrese un artîfice del mundo de los muer-

tos o un prîncipe cuente la historia de un fantasma---pide Kosmos.

----El principio se hace cierto por expresar una propiedad de la mente?

----De la mente de quiên?---pregunta el didâscalos filosôfico.

----Cômo que de quiên la mente?, la mente como tal...

----Espêrese un ratico!!, que la mente tiene que ser la de alguien, aunque sean 

todas parte de la naturaleza.

----Esto tiene un corte psicolôgico, como de analîtica de la mente que tenga su

propietario.

----Las "operaciones" de câlculo ayudan o facilitan el avance.

----No entiendo esto, Kosmos---dice el tîo de Kosmos.

----Tu entendimiento es escaso por estar vacîos tus sentidos; mas, para dejârte-

lo clarado, te digo: la psicologîa considêrase tan cierta como la aritmêtica. 

----Por eso hablaste de operaciones de câlculo?

----Dejô de ser escaso su entendimiento!!---afirma el didâscalos filosôfico.

----Didâscalos, usted no dijo que deberîa sacar su mula a dar una vueltecita?

----Kosmithôs, como que tienes ganas de irte, no?

----Cômo voy a tener ganas de quedarme, si de lo que estân hablando mucho no

comprendo?

----No serâ mucho, por lo que entonces es algo, porque si hubieras dicho: de lo

que estân hablando no comprendo nada, quedarîa indubitable que no comprendes

 ni tan siquiera algo.

----Contra, didâscalos, que yo lo consideraba una persona serîa.

----Seriedad por la verborrea engendrada por la ataraxia?---indaga Kosmos.

----De ti no me extraña una jugarreta como êsta, o que si no un viraje en funciôn

del juego...

----No estâ mal tu seriedad expresiva---dice Kosmos y rîe.

----Como que de mî te mofas?

----A ver, Kosmithôs, vâmonos a buscar la mula, que ya conoces a tu padre.

----Por el oro de las retamas y la pûrpura de los brezos!!, con quiên estâ usted, di-

dâscalos, con los troyanos o con los aqueos?

----Por unas horas dejo de participar en el juego, asî que te respondo cuando vuel-

va, regrese.

----Y retorno de la risa de Kosmos.
















 



















   

Donnerstag, 24. März 2022

La cazuela de Vitelio (977)

     Percatândose de que Sunev no podîa tranquilizarlo, hacîasele difîcil menguar

la potencia del llanto de Kôsmythos, kosmithôs carga a su hijo y, como solvento

contra su llanto, le da el crôtalo para que entreteniêrase. Este inesperado acto de

Kosmithôs dejô un tanto atônita a Sunev, aunque sin darle pâbulo de que formu-

lârese la pregunta: y por quê Kosmithôs ahora se hace el progenitor ejemplar en

la instituciôn, sin en privado ni tan siquiera hâcele mohînes a su hijo?, asombro

que fue desapareciendo con la dilucidaciôn de lo sucedido recientemente en Al-

bula, explicaciôn pedida por el didâscalos filosôfico. A raîz de terminada tal ex-

plicaciôn, la que de facto ni fue muy larga ni demasiado corta, amên que exenta

de conspicuos detalles, viose en la necesidad apremiante de amplificar la exacta

o tempestiva verba la misma criatura que pidiô la dilucidaciôn, mas sucediô que

fue imposible de que sacârala a puesto, a colocaciôn, no siendo el motivo o el y

porquê otro que el de la llegada a la Kosmona del cazador, a su vez que barrun-

tando sobre la mordedura del reptil ofidio al saltimbanqui.

----Por el oro de las retamas y la pûrpura de los brezos!!, saltimbanquis aquî en

Bedriaco?, totalmente una novedad---dice Kosmos.

----Y con esta lluvia!! Cômo es posible que no resbalen en la cuerda?

----Perrasiestes, cuestiones del oficio, de prâctica y de experiencia...

----Y eso que no me dijiste cenutrio, Kosmos?

----Ya sobrarân las veces para volvêrtelo a decir.

----Otra serpiente de nuevo en Bedriaco?---pregunta Kosmithôs a su vez que de-

jando a Kôsmythos gateando en el piso y jugando con el crôtalo.

----Pero cômo se te ocurre dejar a tu hijo en el suelo?---pregunta Sunev.

----Y acaso tû no lo dejaste que ludicara en la tierra, que es peor?

----A ver, dâmelo acâ, que la tierra de palacio estâ mâs limpia que el suelo de y

esta instituciôn. Es mâs, regreso a palacio, donde hay menos estrêpito. Adiôs a

todos---dice Sunev volviendo a cargar a Kôsmithos y quitândole el crôtalo.

----Gracias por la dilucidaciôn, Sunev, efjaristô!!---  afirma el didâscalos filosô-

fico.

----Otra serpiente, acaso hubo otra alguna vez aquî en Bedriaco?

----Asî es, Asonis, y yo mismo me ocupê de matarla---responde el cazador.

----La muerte de Lolia Paulina fue por asfixia por un apretôn---revela Kosmos.

----Esa serpiente la matô?

----No exactamente, sino un retoño de ella el en salôn de los cristales...

----Retoño que saliô de uno de los huevos.

----Câspita!!, y de dônde si no?---pregunta Kosmos.

----No empieces a fastidiarme.

----Pero si dejô huevos, cômo es que sôlo hubo un retoño?

----Buena pregunta, Asonis, nôtase que estâ concentrado, que pone atenciôn.

----Pero eso no responde a la pregunta que hice, Kosmos.

----La siguiente es la respuesta: los demâs huevos fueron quemados por mi ma-

dre.

----Y por quê uno no?

----Porque uno solo fue robado de la cesta donde estaban todos para ser quema-

dos...

----Robado, por quiên?

----Por el difunto eunuco Posides.

----Y por quê lo robô?

----Por cuestiones de creencia ôntica.

----Y si estaban en una cesta, cômo el eunuco Posides llegô a ellos?

----Porque Lolia Paulina le dio trabajo aquî en palacio.

----Quê tipo de trabajo?

----Responsable de atender los helechos gigantes que estaban en el salôn de y

los cristales.

----Y por quê ahî y no al aire libre?

----No al raso por decisiôn de Lolia Paulina.

----Como que se adueñaron de la mayêutica ustedes solos--suelta el didâscalos

filosôfico.

----Al parecer êsa es la res, êsa!!----afirma Kosmos.

----Ya veo, percibo, noto que no les interesa mucho lo sucedido al saltimbanqui.

----Cazador, aunque usted no lo capte, aquî todo funciona correlativamente, una

cosa es consecutiva de otra, a partir de una suceden todas las demâs, por algûn y

lado a la cosa sacâmosle provecho, etc.

----Te acuerdas de lo que pasô en el herbazal, Kosmithôs?---pregunta el cazador.

----Cômo olvidarme de la caza del tejôn, de su testa que pasô despuês a ceremo-

nia.

----De eso mismo me acordê al atravesar el herbazal con el cuadrûpedo, hace po-

co.

----Entonces, cazador, serâ el corpus del reptil ofidio blanco de sus flechas, cen-

tro de su punterîa con el arco?---pregunta el tîo de Kosmos.

----Me temo que sî!! Y dîganme: ya estâ enterados de los sucedido en Albula?

----Por la lengua de Sunev ya estamos barruntados--- responde el didâscalos fi-

losôfico.

----Voy a extrañar a Meli---acentûa Kosmithôs.

----Meli melosa, su dulzura ya no es contagiosa----pincela Kosmos.

----Y sabe usted, cazador, algo del cocinero, cômo ha reaccionado?

----Estuve en palacio, mas de êl no sê nada.

----Un jâculo saca a otro!!---afirma Kosmos.

----No era el clavo?

----Didâscalos, que el cambio del ônoma propio de algo no altera el agujero..

----Como que este aforismo es nuevo, no?

----Viejo imposible, porque entonces ya no existiera ni el agujero.

----Y risas del didâscalos filosôfico.

----Cazador, y de dônde usted conoce al que alquilôle el bote, porque que yo

sepa nunca usted de êl hablôme?

----Kosmos, de los tiempos que fui taumaturgo y me ocupaba de la disciplina 

del navîo, pero de esto êl no se acuerda ni yo se lo recordê, ni cuando el bote

le alquilê ni ahora que me lo acabo de encontrar.

----Y desde cuândo taumaturgo es un oficio?---indaga Temîganes de Alejandrîa.

----Yo no he dicho que lo sea.

----No dijo que se ocupaba de la disciplina del navîo?

----Se nota que usted desconoce el navîo al que me refiero.

----Le aconsejarîa que si no quiere terminar en un laberinto...

----Quê, Kosmos, que no pregunte sobre ese navîo?

----Lo que eludirîa que usted no piêrdase.

----Pero, Kosmos, tû no te has perdido y hablas de ese navîo en El bullicio en el

silencio, no?

----Precisamente porque lo conozco bien, Asonis.

----Quê le dirîas del camarote con la numeral siete?---pregunta el tîo de Kosmos.

----Dirîa, si ya de facto he dicho?

----Yo dirîa que me resultô mâgico---dice Kosmithôs.

----Ya te creo, Kosmithôs, ya te creo---dice el cazador.

----Discûlpenme el excurso, mas sin saber por cuâl motivo, debo hacerle una pre-

gunta al didâscalos filosôfico---anuncia Kosmos.

----Oîdos abiertos, escucha indefectible!! La pregunta cuâl es?

----Didâscalos, que ha sido de su acêmila, que mire que hace rato que en ella no

trêpase?

----Quê bien que me lo preguntaste, que me habîa olvidado que la tenîa, lo que y

me causa "asombro".

----Y risas de Kosmos que dice: no me extraña que la palabra asombro sâquela a

puesto, a colocaciôn un didâscalos filosôfico.

----Pero sabes una cosa?, que hablando en serio debo sacar a la mula a dar una y

vueltecita, que debe tener tedio y ella sî que no sabe quê es tener asombro.

----Age, didâscalos, age!!

----Didâscalos, me permite concomitarlo con el corcel asturiano?

----No hay problema, Kosmithôs, ninguno hay, sea de la manera que fuese o de

la magnitud que caracterîzale.








































































Mittwoch, 23. März 2022

La cazuela de Vitelio ( 976)

      Fuera de pernicio totalmente el saltimbanqui por el buen trabajo de succiôn 

del tôsigo hecho por el psilo, êste dêjale ostensiblemente dicho (a)quêl el precio 

que deberîasele pagar por haber acudido a socorrerlo tan raudo como pudo y en

una circunstancia tan difîcil por el aguacero que estaba cayendo, sin contar con

el hecho ingrato de tener que mojarse y de embadurnar (ineludiblemente) sus y

caligas africanas con el fanguizal del camino. A raîz de escuchar esto el saltim-

banqui, y entonces lo primero que hace, es darle las gracias al psilo por haberle 

salvado la vida; lo segundo, es noticiarle que le pagarîa una vez terminada y la 

funciôn de acrobacia, momento en que el contratante causa [casi siempre y ha-

ciendo (efîmeramente) mâs fâcil de llevar la vida] una tremendîsima jovialidad 

bulliciosa al dejar como posible la entrega de la bolsita con las monedas corres-

pondientes, algo que de facto y sin parangôn estimula maravillosamente. A con-

tinuaciôn el psilo no da calaña de oponencia; pero clara, lo que eludirîa la posi-

ble consecuencia de utilizar o una cimitarra o un cuchillo, que no esperarîa una

demora del pago ni tan siquiera de veinticuatro horas.

---Quede tranquilo, psilo, que yo ni entro en marranadas ni en cosa que se le y

parezca---acentûa el saltimbanqui.

---Eso espero, saltimbanqui, eso espero--- dice el psilo que pregûntale al caza-

dor: me puede llevar a palacio?

----Claro que sî!!, como mismo lo traje lo llevo de vuelta. Sûbase al cuadrûpe-

do, que nos vamos.

----Un momentico, psilo, pero dônde lo encuentro para pagarle?---fisga el sal-

timbanqui.

---En palacio, en palacio.

----Si lo detiene la guardia bâtara no se asuste, que no le pasarâ nada, que es y

sôlo un control establecido por parte de la reina---anuncia el cazador.

----Gracias!!, cazador, y asimismo por participar de la ayuda ofrecida a mî.

----De nada, saltimbanqui, de nada!!


     Media hora despuês de haber dejado el cazador al psilo en la corte, y del que

aûn sus querellas resonaban en sus oîdos, y debido al embadurnamiento de las y

caligas africanas con la mezcla de agua y tierra, arrumba sus pasos hacia la Kos-

mona, ya que el caballo habîalo dejado en la corte. Acopas oye una conocida voz

a la zaga, y la que pausadamente dice:

---Si no hubiera sido por la reina, usted ya tuviese problemas conmigo.

---Ah es usted, Angelicus, vaya susto que me ha dado. Pero dîgame: quê hay con

la reina, por quê la saca a relucir?

----Porque ella me dio una bolsita como pago a la pêrdida de mi bote...

----Y cuândo pasô eso, que no estoy entereado?

----Yo estuve en palacio, en el salôn de los recibimientos, y la reina conversaba y

con una señora bien arreglada...

----La signora Lacrusea, y quê, le gustô la signora?

----Hace rato que perdî el gusto, cazador.

----Y entonces por quê me dice lo de la signora Lacrusea?

----Para que no dudara de que estuve en la corte...

----Angelicus, dêjese de esas acrobacias verbales, que yo mâs bien soy cazador; y

es mâs, que ya de facto tiene el pago por su bote, siga su camino que ya no le de-

bo ningûn problema.

----Suerte que tuvo, o privilegio el de usted al conocer a Dido, pero le informo de

que si en otra ocasiôn usted necesita un bote, ni se le ocurra pedirme uno alquila-

do.

----Ni que usted fuera el ûnico que alquila botes en Bedriaco. Mire, acabe (de)sa-

parecer, que mi paciencia tiene un lîmite.

----Quê es lo que estâ pasando aquî, Angelicus?---pregunta uno de los guardias y

de palacio que estaba de recorrido.

----Su semblante me es conocido---dice Angelicus.

----Claro que le es conocido, porque yo fui uno de los guardias que detûvolo no 

hace mucho en la entrada de palacio.

----Ya sabîa que lo conocîa de alguna parte.

----Lo acaba (de)cir, no lo repita.

----En realidad no pasa nada, sôlo hablâbamos sobre el bote hundido---dice el y

cazador.

----Con este aguacero ustedes bajo el agua hablando de un bote hundido?---fisga

el guardia.

----Bueno, ya yo me voy, y adiôs a los dos---dice Angelicus.

----Y usted, cazador, quê hace o va a hacer?---pregunta el guardia.

----Voy a la Kosmona.

----Pues lo llevo, que estando de recorrido paso cerca de la instituciôn.

----Como que me viene de maravilla, gracias!!



































  



Montag, 21. März 2022

La cazuela de Vitelio (975)

    Si por un lado sucedîa el traslado de los cadâveres [ de Meli, Circe y Hagapa-

jitas de Falogracia, el barquero de la ciudad del ocio] de Albula a palacio por los

veinte soldados bâtaros; por el otro, a pesar de la grisalla en el cielo que al pare-

cer anunciaba un prôximo aguacero, unos saltimbanquis daban funciôn de acro-

bacia, mas posicionada la cuerda fuera de la carpa de un circo. Uno de tales sal-

timbanquis, y por la necesidad urgente de micciôn, apârtase un poco del especî-

fico lugar donde estaba la cuerda, mas barruntado por el que hîzole el indefecti-

ble contrato, que si de no tenerlo verîase en una situaciôn problemâtica en el si

acaso caso de que el contratante no pagârale el peculio pertinente, de lo tantîsi-

mamente pernicioso que resultaban los herbazales en derredor, peligro no debi-

do a otra cosa que a la presencia de coralillos (reptiles ofidios de gran tamaño)

y de los que allende cuêntase que son (de ôrdago) tantîsimamente precisos co-

mo râpidos cuando de lo que trâtase es de la captura del mustêlido atractivo te-

jôn. A pesar de lo que pudiera, asimismo, considerarse una advertencia, el sal-

timbanqui hîzole poco caso, ya que al pensar que podîa escapar del ofidio rep-

til fâcilmente, mâs tuvo en cuenta su pericia que la longitud de la serpiente. Ya

entonces dentro del herbazal, sacado el miembro y orinando indiscutiblemente

deleitosamente, miraba la grisalla como un telôn gris tapando una considerable

parte del cielo, a la vez que recordândose de una leyenda senil contada (inte-

ligiblemente) un dîa ya lejano por su querido abuelo, el que precisa y regalada-

mente metiôle en su testa la idea de que fuera saltimbanqui. Contaba la susodi-

cha leyenda con el apoyo de las mentes (mâs) supersticiosas, lo que hasta cier-

to punto traduce, si no que del todo revela un aspecto interpretativo convertido

en aliciente para que duela menos la ignorancia, el hecho de hilvanar cosas del

todo responsables del crecimiento de la fantasîa, de que êsta prepondere perpe-

tuamente, de que proporcione la quantum satis de figuraciones desbarradas por

la canal de la conciencia que tachona lo empîrico y subraya los fantoches de un

escenario oculto, tîteres sostenidos, atañidos o favorecidos por los dedos que y

muêvenlos de consuno con vâyase a saber cuâl principio fundamental que defî-

nelos como relevantes: resonancias de un acervo con sus fantasmagorîas cupu-

lares? Y en fin, y una vez cerrada la cremallera del pantalôn sin dificultad algu-

na, el saltimbanqui dispuesto a regresar al lugar donde estaba la cuerda arrum-

ba sus pasos hacia êsta con la misma disposiciôn con la que sepârose y de ella.

A medida que avanzaba engendrâbase la convicciôn mâs creîble a su modo de

pensar, una que de facto ni activaba ningûn sentimiento ni acentuaba el verbo

periclitar, solvento contra los impulsos o empellones volitivos que señalan ha-

cia el acto justo en una circunstancia adecuada. Cuasi al faltarle la exactîsima

sûmula de siete metros, momento en que pârase para echar un vistazo general,

como si oteara desde una atalaya un campo con verdor pudiente, escucha y un

ruido de soslayo que pônelo sobre aviso. A raîz de sus retinas estar seguras de

que no habîa nada, algo que no pasô del tiempo concretîsimo de tres minutos 

y cincuenta segundos, vuelve a mover sus piernas convencido de que no se y

detendrîa de nuevo, otra vez. 

       Media hora despuês comenzô a llover, y esta vez con mâs fuerza que la y

primera, Entre visibilidad que dificultâbase y relincho de algunos de los vein- 

te cuadrûpedos de los soldados bâtaros, el cazador logra percibir una aglome-

raciôn de gente en derredor de un cuerpo posicionado horizontalmente sobre

la superficie fangosa. Yendo al frente de los veinte soldados y al lado del ma-

gister equitum, el que viose en la obligaciôn de alzar la mano con el objetivo 

(de)tener a la pequeña tropa, y por la razôn pertinente de la presencia en me-

dio del camino de muchitanta gente, algo insôlito en Bedriaco que si no poco

visto hasta el momento, barrûntale el cazador al magister de lo que harîa rau-

da o inmediatamente, cosa que no serîa otra que la de ir a indagar lo que ver-

daderamente pasaba. Arreo en manos y la correspondiente interjecciôn [que 

entenderîa su cuadrûpedo como señal de que deberîa empezar a cabalgar so-

bre la superficie donde ya el pastiche de tierra y agua resultaba posible] dirî-

gese el cazador adonde deberîa llegar, lugar en el que deberîa estar en un mi-

nuto y setenta y cinco segundos; no mâs, porque asî ya estaba precisado por

los matemâticos mâs înclitos, sin saber a ciencia cierta (o concretamente) la

identidad de estos matemâticos ilustres. Y en fin, que al cumplirse el tiempo

susodicho y otear por estar aûn sentado en la albarda, y seguido a dirimir la

figura circular engendrada por la aglomeraciôn, el cazador hace la siguiente

pregunta:

----Alguien me puede decir quê ha pasado aquî y quiên es ese hombre que y

estâ tirado en el suelo?

----Un saludo, cazador, cômo estâ usted?, ademâs de mojado.

----Mira quiên me hace la pregunta, el arquîatra Golemo, pero con esa capa

con capucha me fue difîcil reconocerlo. Yo estoy bien, como cuasi siempre,

 y usted, quê hace aquî?

----Precisamente vine a ver a los saltimbanquis que dan esta ûnica funciôn

aquî en Bedriaco, y el que usted ve en el suelo es uno de ellos que ha sido y

mordido por un coralillo dentro de ese herbazal; estâ cuasi moribundo...

----Y usted no puede hacer nada, arquîatra Golemo?

----Sî que puedo, pero demorarîa en preparar el antîdoto correspondiente, y

por tanto lo mejor serîa que alguien le chupara el tôsigo depositado, algo que

yo no puedo hacer.

----Entonces no hay tiempo que perder. Voy en busca del psilo de la corte. Y

usted, me puede hacer un favor?

----Sî claro, cuâl?

----Ve usted a los soldados bâtaros?---pregunta el cazador a la vez que señala.

----No tan claro por la lluvia, pero...

----Bueno, vaya hasta allî y dîgale al magister equitum que nos encontramos y

en la corte, como asimismo el porquê de irme urgente a palacio.

----De acuerdo, de acuerdo!!


     Sin dilaciôn alguna el cazador saca del cuadrûpedo su velocidad mâxima y

arrumbândolo hacia palacio. Con la intenciôn de cortar camino atraviesa el su-

sodicho herbazal como un disparo de flecha; pero al hacerlo, exento totalmen-

te de matices metafôricos o de otro recurso retôrico, viênele el recuerdo indele-

ble de aquella vez cuando cazô el tejôn en el mismo herbazal, empero que por

aquel entonces y en lo atinente a ocupar espacio, su tamaño era mâs reducido;

de que despuês de cazado cortôle la cabeza y regalôsela a Kosmithôs, quien y

por cuestiones de ceremonia la colgô en una de las paredes de su cuarto, aun e

ignorando lo que significaba hacer un ritual con la testa de un mustêlido.

    En palacio, y del todo divertidas por la acicateante conversaciôn, la signora

Lacrusea y Dido intercambiaban verba como joyas con brillo un mercader de

Venecia. Contâbanse de todo, y de un todo la parte mâs significativa, paradig-

ma de que entre ambas vigente era una atingencia, un vinculo plausible ajeno

a las acentuaciones que denomînanse criticonas. Las dos siendo madres, indu-

bitablemente progenitoras con educaciôn distinta, amplificaban un cognoscen-

te tocado por la experiencia, uno mâs bien de sufrimiento por las flagrantes y

cosas causantes de capîtulos para el novelôn de la vida, sin que rescoldos con-

fluyentes sobresaliesen al por mayor ni retazos subrayados de alguna inquieta

aventura fuesen hilo conductor.


(Y toque en la puerta y el cibioscates interrumpe)


----Majestad, que el cazador necesita urgente hablar con usted.

----Hâgalo pasar, cibioscates, hâgalo pasar!!

----Disculpe usted, Dido, pero hay que resolver una cosa râpidamente---dice

el cazador.

----Râpidamente, de quê se trata?---pregunta Dido a la vez que acêrcase al ca-

zador.

----De una mordida de coralillo a un saltimbanqui que estâ moribundo.

----Pero de eso debe ocuparse el psilo y no yo, no?

----Mas es usted la que da las ôrdenes, sin su edicto no serîa posible la ayuda

del psilo.

----No se equivoca en lo que dice usted, cazador. Mire, vaya en busca del psilo

y dîgale de mi parte que vaya (a)tender a ese saltimbanqui.

----Allâ voy cêlere!!

----Y dîgame, cazador: los cadâveres quê?

----No demoran en llegar, llegarân pronto.

----Muy bien!!, entonces vaya en busca del psilo.




































 




 




   


    









  

Samstag, 19. März 2022

La cazuela de Vitelio (974)

     Muy bien que sabîa el tîo de Sabinsqui de la facundia de Sabinsqui, a su vez 

que desarrollada en un ambiente nada tentado o sin preferencias por la magnîsi-

ma Sofhîa, menos que su hermano por haber, como ya sâbese, fenecido antes y

que êl. A pesar de esta patêtica situaciôn o realidad de una êpoca [en la que fue

posible la existencia de un Vologeso mâs atraîdo por los histrionismos protoco-

lares que por el financiamiento de locales culturales], Sabinsqui jamâs sintiôse

acosado por un pensamiento pesimista, por uno que de tal jaez en algûn instan-

te incitâralo tanto (a)bandonar lo que hacîa como a renunciar a su interês por la

escucha de la lengua latina en el templo de Jano Quirino, y amplificada suntuo-

samente por el mismîsimo flamen. Esta escucha claro que fue enriqueciendo su

facundia, que si no contribuyendo a su crecimiento, mas como todo tiene su co-

rrespondiente precio tuvo que pagar el de sentirse aislado, el de que la soez ma-

sa clasificâralo con un adjetivo infîmo las poquitîsimas veces que participaba o

veîasele en la sociedad, las que de facto sôlo respondîan a la necesidad de salir

a comprar los sustentos pertinentes o a la de visitar a sus amigas mirîficas Scar-

nia y Dina, siendo êsta bautizada por êl como Dina marca, y por la concreta ra-

zôn, como ya dîjose, de su gusto por marcas todito lo que causârale placer.

----Pero, alguien no dijo alguna vez que Vologeso construirîa una biblioteca?

----Una privada, Posides, y a la que sôlo tendrîan acceso compinches cercanos

a Vologeso y otros mînimos de plena confianza, y por paradigma siendo uno y

de êstos el polîmata Brugnoli, un excelente amigo mîo--- dice el tîo de Sabins-

qui.

----El que te despertô el interês por "los complejos derivantes matemâticos" y

expuestos en los Elementos---dice Sabinsqui.

----Te recuerdas el rechazo tuyo por estos complejos?

----Al principio sî; despuês, sin acordarme exactamente del tiempo pasado, me

resultaron interesantes, por lo que entonces pasaron a estudio facilitândome be-

neficiosamente comprender (la comprensiôn de) el enigma de concretas figuras 

geomêtricas.

---El enigma de concretas figuras geômetricas?, verdad que tienen un enigma?

---Sî, Posides!!, pero aquî enigma no tiene nada que ver con misterio, sino mâs

bien con la dificultad de câlculo a partir de la configuraciôn de tales figuras, y

que hasta pueden llegar a tener cinco ângulos---aclara el tîo de Sabinsqui.

----Respecto a ese polîmata Brugnoli, alguna vez te dije que tuve varios onîri-

cos con êl, y en los cuales oîale decir que yo era un reflejo de êl mismo?--fisga

el supuesto padre de Sabinsqui.

----Sinceramente si me lo dijiste no me acuerdo...

----Ya oî decir que en el sistema en el que ustedes estân todo es posible; ahora

bien, y a partir de esto mismo, ustedes nunca se han encontrado con Brugnoli?

----Yo nunca y tû?---pregunta el tîo de Sabinsqui a su hermano.

----Con tal oriundo de Nueva Zembla jamâs...

----Y si nunca te lo has encontrado, cômo sabes que es oriundo de ahî, te lo dijo

alguna vez en tales onîricos?

----Me lo dijiste tû mismo, tampoco de acuerdas?

----Eso no puede ser, y sabes por quê?

----Por quê no puede ser?

----Porque cuando yo conoci a Brugnoli ya tû habîas fenecido...

----Ya no estoy para discusiones, mas sôlo te digo que cuando lo conociste yo 

aûn vivîa.

----Yo tampoco estoy para discutir; pero, y si me lo permites, te harê una sola 

ûltima pregunta.

----Que serîa..

----No hace falta ni que usted hâgala ni que su hermano la oiga---dice el capi-

tân orcivo.

----Y por quê no?---pregunta el tîo de Sabinsqui.

----Porque ustedes sôlo existen como personajes de una novela, cuyo artîfice

es el responsable de que ustedes digan lo que êl quiere...

----Cômo, se ha vuelto loco usted?

----Nosotros fuimos oficiales de su majestad Vologeso; tanto que ganamos co-

mo que perdimos batallas en las parasangas mâs ilustres---dice el supuesto pa-

dre de Sabinsqui.

----Eso es lo que cuenta la novela, entre otras cosas, de la que ustedes son par-

te, mas sin realidad empirîca; es un pastiche entre realidad y ficciôn que utili-

za el pasado por razones muy bien pensadas por su autor: ya se olvidaron y de

que aquî todo es posible?

----No me cabe ya duda: estâ usted completamente arrebatado de su testa...

----Eso es lo que quiere la novela, no ustedes concretamente, de que me tomen

por eso: por un arrebatado o loco.

----Sabe usted una cosa, capitân orcivo?, que nos largamos, que no estamos pa-

ra escuchar tales disparates---dice el tîo de Sabinsqui.

----Y yo quê, capitân orcivo, tambiên soy irreal?---indaga Sabinsqui.

----Ya lo sabrâs a su debido tiempo; mientras tanto, que te va a ser mejor, sigue

como hasta ahora, como ibas, que es necesario---responde el capitân orcivo y a

la vez desaparece.

----Quê tû crees de lo dicho por el capitân orcivo, Lolia Paulina?

----Cornelia, creo en lo que êl dijo, que aquî todo es posible.

----Yo me preguntarîa una cosa---dice Cotisôn Alanda Coto.

----Cuâl?---pregunta Cornelia.

----Por quê ahora, precisamente ahora, y no antes, el capitân informa sobre los

personajes de una novela?

----Tendrâ sus razones que nosotros desconocemos.

----Mira, tienes un papelito en el bolsillo izquierdo de tu vestido.

----De quê papelito tû hablas, Cotisôn?---pregunta Lolia Paulina.

----De êse, del que sobresale---responde Cotisôn a la vez que señala.

----Verdad que sî!!, no es una de tus bromas?

----Aquî todo es posible, mas yo nada tengo que ver con eso.

 

     Lolia Paulina abre el papelito y lee: el artîfice de la novela es tu nieto; con 

afecto y gratitud, el capitân orcivo.

----Y entonces, quê dice el papelito?---pregunta Cotisôn Alanda Coto.

----Nada; estâ en blanco.

----Y quê hace un papelito en blanco en tu bolsillo?

----Quê sê yo, aquî todo es posible.


        Mas a pesar de la respuesta dada por el capitân orcivo a Sabinsqui, de que 

a su debido tiempo sabrâ si es irreal, y que siguiera como hasta ahora, como iba, 

êste comenzô a tener dudas sobre su identidad, como asimismo a tener en cuen-

ta la pericia con la que vâlese el capitân orcivo para hacer algunas cosas; siendo, 

por ejemplo una reciente, y de la que êl mismo fue testigo visual, la del papelito y

depositar en el bolsillo izquierdo del vestido de Lolia Paulina, cosa que por sensa-

tez quedarîa en el mutismo, mas ignorando que el capitân orcivo sabîa que habîa

sido visto, pero que por correspondencia êl tambiên guardarîa silencio. 






 

































Freitag, 18. März 2022

La cazuela de Vitelio (973)

     La mano del poema escrito por el vate, a pesar de ya êste haber dejado la co-

rrespondiente aclaraciôn de que no tratâbase de una mano fêmina o mâscula, si-

no que mâs bien de la de una imago, en el sentido figurativo de ser la mano que

agarra al poeta que no soltarîa hasta que con verba pimpante alcance lo expresa-

do categorîa mayor, prestancia y fortaleza, la pensô Kosmithôs como la que be-

neficiosa o convenientemente pudiera servir de base a la gota que cuelga de un

pezôn que no quiere caer para no romperse, algo que los contertulios mâs seni-

les de la Kosmona, no precisamente por la edad sino que mâs bien por el consi-

derable tiempo que en la instituciôn llevaban, raudamente tanto supieron, como

que si no diêronse cuenta, de la gota susodicha, ya que no resultaba ser otra que

la perteneciente a un primer verso que Kosmithôs escribiô en su vida, e inspira-

do por el liber sofocador y adusto de Sunev con el agradable tîtulo, La vida erô-

tica de los griegos antiguos.

----Por el oro de las retamas y la pûrpura de los brezos!!, que esa titularia, que y

no es compleja--dice Kosmos riendo---porta, reporta y transmite una resonancia

clâsica. 

----Sî, ya sê lo que significa el tema para ti---suelta Kosmithôs.

----Kosmithôs, recuerdo el hemêra en que ese verso saliô a flote, llegô rimbom-

te a la superficie---dice el didâscalos filosôfico.

----Asimismo que yo, didâscalos, que le di un aplauso, planteamiento indirecto

de un reconocimiento---dice el vate.

----Me gusta eso de "resonancia clâsica" por ser buena.

----Allende que bella, Asonis----agrega Kosmos que pregûntale al didâscalos:

quê amplicarîa usted de lo bueno y lo bello?

----Ya percibo, noto y capto que conoces, sabes [...] dominas.

----Y risas de Kosmos.

----Y quê si no, didâscalos?, por lo que no veo la razôn de la risa de Kosmos.

----Cenutrio!!, con el tiempo que usted lleva aquî con nosotros, aûn no percibe,

nota o capta?---pregunta Kosmos.

----Ahora el que se rîe soy yo---dice el didâscalos filosôfico.

----Los burlones eternos, sin cesamiento, sin pausa!!---afirma Perrasiestes.

----Nosotros con mofa mas sin llegar a polichinelas ser.

----Poli quê, Kosmos?

----Me junto contigo para hacer la igualita pregunta---dice Kosmithôs.

----Vaya dos sordos, înfimos oyentes!!

----Kosmos, y desde cuândo son mâximos?

----Gracias por la defensa, didâscalos---dice Kosmithôs.

----Sîguete creyendo que es una defensa---dice Kosmos.

----Tâ pros tô têlos!!---afirma el didâscalos filosôfico.


     Acopas llega Sunev y entre sus brazos trayendo a Kôsmythôs, el que una y

vez traspasado el umbral de la Kosmona rompiô a llorar.

----Kosmithôs, rendiciôn de cuentas---dice el didâscalos filosôfico.

----La primera vez que penetra en la Kosmona y ya entra en llanto?, como si y

el parto hubiese sido hacia adentro....

----Y esta cantidad de tierra que tiene en las uñas a quê se debe?---fisga Kosmi-

thôs viendo las manos de su hijo.

----Jugaba en la tierra con Ateriana---responde Sunev que pregûntale sûbito a y

Kosmithôs: dônde estâ el poema que me robaste?

----Robârtelo?, lo cogî prestado; mira, aquî estâ, llêvatelo!!

----No me lo des a mî, sino al vate, que le pertenece...

----Te puedes quedar con êl si quieres, y si no te lo regalo---dice el vate.

----Y a quê dêbese el honor de su visita?---pregunta Kosmos.

----No es una visita, sino que vine para dejar saber una cosa---dice Sunev.

----Amplifîcala, entonces, amplifîcala, age!!

----Que han fallecido tres personas.

----Cômo, quê has dicho?---indaga Kosmithôs.

----La barca del barquero se hundiô y resultaron ahogados Meli, Circe y el mis-

mîsimo barquero, en Albula.

----Tû estâs hablando en serio?, sî, porque aquî no se sabe cuândo se termina y

de jugar---pregunta Kosmithôs mirando a Kosmos.

----Nada de jueguitos, que yo no soy contertulio.

----Pero cômo pudo pasar lo que pasô, nos explicas?---pregunta el didâscalos.

----Primero necesito unos minutos para tranquilizar a Kôsmythos, y despuês e

informo: de acuerdo?

----De acuerdo, Sunev, de acuerdo.
































   



Donnerstag, 17. März 2022

La cazuela de Vitelio (972)

     Veinte es la cantidad (indeleble) de soldados bâtaros que saldrîan de palacio

para cumplir con un preciso edicto de la reina: recoger los cadâveres en Albula

[de Circe, Meli y el barquero de la ciudad del ocio, Hagapajitas de Falogracia]

y traerlos a la corte, allende de la presencia infalible y menester del que eyecta

buen porte y aspecto, el magister equitum, y la del cazador; quien justa y exac-

tamente sabîa, al igual que el cinciunatus, el que de momento quedô intercam-

biando verba en la corte con Manes de Nicôpolis, mas despuês de la conversa

tenida con Dido, la signora Lacrusea y Nausica, el lugar donde estaba la barca

hundida y los cuerpos sucumbidos, ahogados. 

       Cinco minutos despuês de la partida hacia Albula de los soldados bâtaros,

como que cuasi Klonariôn tropieza con la bailarina pelirroja, Corônide, al es-

tar trasladândose êsta de un punto a otro de uno de los pasillos de palacio, y a

la vez que ejercitando sus piernas para mantener la elasticidad indefectible de

sus mûsculos. 

---Hacîa rato que no te veîa, dônde te metes, te escondes?---indaga Klonariôn.

---Eso mismo te preguntarîa yo, Klonariôn, pero si de verdad me quisieras en-

contrar, tû bien sabes dônde practico todos los dîas, no?

---Cierto que lo sê; pero sabes lo que pasa?

---Quê es, Klonariôn, lo que pasa cierto?

---Que sencillamente no quiero molestarte cuando haces tus ejercicios, como y

ahora, que casi que chocamos.

---Ahora no fue ninguna molestia, sino un encuentro inesperado...

---Inesperado como sinônimo de casualidad?

---Deja de hacer ese tipo de preguntas y dime una cosa: sabes lo de Albula?

---Cômo no voy a saberlo, sabiendo que aquî en palacio es tremenda la resonan-

cia: una mînima palabra a puertas cerradas basta para engendrar movimiento vi-

bratorio...

---Ven acâ, te contagiaste con los contertulios?

---Nada de eso, yo soy ûnica. 

---Puedo decirte algo?, pero debe quedar entre nosotras.

---Claramente que sî!!, quê es?

---Que yo estuve en la barca, antes de que se hundiera, con Xabier.

---No entiendo quê hacîas ahî, aclara, explica [...] cuenta.

---Xabier y yo nos bañâbamos en Albula. De repente mi esponja rosada la co-

rriente se la lleva, y Xabier trata de alcanzarla, pudiendo sôlo recuperarla al y

chocar con la barca. Êl subiô a la embarcaciôn; yo, mâs tarde, y sabes lo que

vi?, tres cuerpos desnudos; pero, ademâs, me encontrê con otra cosa.

---Con quê?

---Con un libro sobre danzas senectas, estando entre êstas la del cordax...

---Interesante tal danza, te recuerdas cuando la bailamos en Albula?

---Cômo voy a olvidarlo.

---Y dime: cômo fue que ustedes no se hundieron con la barca?

---Vamos a caminar un poco y te explico mâs.

---De acuerdo, vamos.


        Diez minutos despuês de irse a caminar êstas, la guardia de posta detiene

a un personaje que revelaba ser el propietario del bote alquilado al cazador, pe-

ro que a su vez insistîa en hacer la correspondiente denuncia, ya que ni el bote

fue devuelto ni el cazador aparecîa. Al estar ausente el magister equitum, uno

de los oficiales que lo sustituye encargase de barruntarle sûbito a la reina sobre

este asunto, por lo que sin dilaciôn ninguna êsta le da la autorizaciôn para que

deje pasar al personaje llegado.

----A ver, señor, cuâl es el motivo de la denuncia?

----Mire usted, majestad. Hace ya tres dîas que le alquilê por una hora un bote

al cazador, y hasta hoy no sê nada ni del bote ni del cazador.

----Señor, cuâl es su nombre?

----Angelicus, pero nada que ver con el medicus.

----El que decîa, que las sustancias razonables son dueñas de sus actos.

---Se nota que es usted una persona instruida; porque yo, que entre otras cosas

alquilo botes, ni idea tengo de lo que acaba (de)cir.

----Entre otras cosas?, y quê mâs usted hace?

----Todo lo que pueda con tal de ganarme las monedas.

----Pues escuche usted una cosa, Angelicus.

----Diga usted, majestad, diga.

----Por el cazador no se preocupe, que de momento estâ cumpliendo con algo y

que yo le encomendê. Respecto al bote, cuânto le costô?

----No recuerdo con exactitud, porque hace ya mucho de la compra.

----Mire, Angelicus, tome usted esta bolsita y asunto arreglado. De acuerdo?

----Cômo no, majestad, totalmente de acuerdo. Gracias, muchas gracias!!

 

     A continuaciôn, y una vez abierta la puerta del salôn de los recibimientos, la

señal emitida por Dido al cibiosactes significaba de que êste deberîa conducir a

Angelicus a la puerta principal de palacio, algo con lo que cumple tan bien y râ-

pidamente, que el traslado queda exento de algûn tipo de cosa por la cual viêra-

se la reina en la necesidad de acudir a una medida que apellîdase disciplinaria. 













  

    

























Dienstag, 15. März 2022

La cazuela de Vitelio (971)

    Cumpliendo con el cometido de asir un plumero para quitar el polvo, el que

ya convertido en una capa gris y gruesa descollaba como imperio, entrêgase el

flamen a una actividad muy distinta de la que por ethôs realizaba cuasi toda la

semana, lo que no quiere decir que la hiciese mal por no ser la habitual, empe-

ro sî con algo de pachorra por esta misma razôn. Para evitar la pejiguera en la

nariz causada por una sûmula de estornudos, y algo que hace antes de entrar

en uno de los recintos mâs inveterados del templo de Jano Quirino, cûbrese el

semblante con un pañuelo de seda hasta la parte inferior de los ôculos, mas to-

talmente exento de la reminiscencia precisa de quiên habîaselo dadivado, por-

que a la postre y al cabo un textil material como êse jamâs comprarîa ni por y

casualidad. El recinto susodicho estaba atiborrado de cajas y baûles, mas tam-

biên de utensilios de mâs de un tipo ofrecidos generosamente por las criaturas

asiduas al templo, las mismas que los Domingos asistîan obligatoriamente a y

la eucaristîa. Pasada una hora de estar con la labor de dirimir la capa polvosa,

la gris y gruesa que asimismo engendraba impresiôn, percibe el flamen una y

columna de cajas ya un tanto amarillas, consecuencia ineludible del inelucta-

ble paso del tiempo, empero que por razones de îndole inextricables interêsa-

se sôlo por abrir la caja que servîale de base a la susodicha columna, que y a

decir resulta lo mismo que la primera de abajo hacia arriba. Una vez abierta

êsta, abertura que sôlo fue posible seguido a quitar las cajas del mismo tama-

ño que estaban encima, de una sûmula de cartas es testigo su vista, pero una

sûmula de la que êl mismo ni se acordaba, no siendo otro el motivo que debi-

do al tiempo que llevaban guardadas y protegidas por el cartôn. Sin dilaciôn

entonces suelta el plumero y, buscando la mejor posiciôn para que su colum-

na no viêrase afectada por el rato que iba a estar sentado, comienza a leer ya

acomodado una por una de las cartas. Como unas castañuelas sentîase al re-

sultarle placentero las palabras mandadas y recibidas, enviadas por êl tanto

a conocidos como (a)cabados de conocer, palabras que regresaron retocadas

por el afecto y la consideraciôn que tenîan por êl los otros, sin que diera pâ-

bulo esto de un crecimiento de la altivez, o del suspiro campanero y a favor 

de las causas mâs ilustres que no encuentran resonancia o rebote en esas lo-

calidades caracterizadas por un detalle exclusivo o por el rasgo incipiente o

inicial de promulgar medidas que van en contra de una senectîsima costum-

bre que pudiera resultar fatigosa para miembros de una sociedad que recha-

zan las resoluciones mâs absolutas dadas por el pensamiento a las complejî-

simas preguntas formuladas con soltura, hechas sin oponencias de un gober-

nador taciturno por haberlo abandonado su esposa. Empero si acopas empe-

zô a sentir el flamen como una especie de nerviosismo jamâs padecido, fue

por la razôn concreta de haber hallado, entre las cartas, las escritas con cali-

grafîa pimpante por el señor Bragnoli, una criatura con ingente saber allen-

de que con muy buen dominio de la lengua latina. motivo por el cual pudie-

ra quedar impepinable una cosa; que no serîa otra, que la de pensarse sûbi-

to que algunas de las cartas entre ellos estaban escritas en la lengua susodi-

cha, aunque realmente hasta el momento no hâyase encontrado alguna. Pe-

ro antes de continuar es preciso una dilucidaciôn.

    La explicaciôn comenzarîa con el decir; o mejor dicho, con la revelaciôn

que hasta este momento tempestivo nunca habîase tocado; y, a saber, que el

señor Bragnoli es el hermano del tîo de Kosmos, y que asimismo fue el pri-

mer novio que tuvo Dido cuando aûn ni pensaba en ser reina, algo que muy

bien sabîa el flamen. Pero si hasta aquî no dîcese mucho, con lo que sîguele

muchitanto de la verdad saldrâ a relucir, a puesto, a colocaciôn.

     Dido y el señor Bragnoli conociêronse un dîa despuês de la culminaciôn 

de las fiestas de la Bona dea. Aunque aquêl habîa concentrado sus retinas y

en aquêlla dos dîas antes, por la razôn de ser fiestas sôlo para mujeres no tu-

vo la oportunidad de acercarse a ella por estar vedado. Dido, por aquel ya y

lejanîsimo entonces, estaba completamente solitaria; si de su madre nada sa-

bîa, o sabîa sôlo que habîase ido con Cotisôn Alanda Coto; con Bole, su pa-

dre, ya no podîa contar por haber sucumbido, lo que significa que de la par-

te de sus padres no saldrîa ningûn pero, o aparecerîa alguna oponencia lôgi-

camente causante de algûn impedimento que (obligarîala a encerrarse en el

cuarto y pasar el pestillo de la puerta?) detuviese su impulso en el caso de y

querer largarse de (la) casa. Mas el señor Bragnoli nunca imaginô que tan y

sola estuviese, clarando esto el porquê de la compra de los pertinentes rega-

los con el propôsito de caerle bien a sus progenitores, de ganarse un mêrito.

Llegada la hora siete del dîa despuês de la culminaciôn de las fiestas, aparê-

cese en la casa (la que demoradamente pasarîa a ser propiedad de Dido de-

bido a la burocracia vigente en los tiempos de su majestad Vologeso) el se-

ñor Bragnoli, eyectando un semblante con crecida jovialidad y trayendo en

sus manos lo que iba a dadivar. A raîz del adecuado saludo, de enterarse de

que en la casa no habîan padres ni otro tipo de autoridad, ni gato, ni perro,

ni cerdito domeñado, pasan los regalos a las manos de Dido; a los del inter-

locutor oîdos la palabra gracias, empero de una forma tan edulcorada dicha

que el señor Bragnoli se estremeciô, temblô al imaginarse que la lengua de

Dido era de diosa por su dulce movimiento, su pronunciaciôn. En fin, y pa-

ra concretar lo sucedido sin una verba alargada, que esa noche inolvidable

pasô entre palabras especiosas y narraciones interesantes. Con el transcur-

so del tiempo la hora siete de la noche quedô fijada como la exacta, justa y

propicia para las visitas; hasta que un dîa, y ya siendo Dido dueña de la ca-

sa, êsta decide abandonar su soledad al aceptar apodîcticamente que el se-

ñor Bragnoli vêngase a vivir con ella. A partir de este momento, y sin nin-

gun tipo de responso de la parte de Dido, el hermano de Bragnoli empieza

a visitar la casa, el que siendo un tanto mâs joven soñaba a todo trance con

ser secutor. Este sueño significô para Dido un sîmbolo de valentîa y coraje,

de vigor paradigmâticamente mâsculo; a lo que adjuntaba, por extensiôn, y

una muestra (de)safîo indubitablemente. Hasta cierto punto, este sueño fue

acarreando como una cierta atracciôn, una imantaciôn sumamente delicada,

sobre todo por tener en cuenta una forma esquematizada de pensamiento y

en aquella êpoca sustentada por tabûes y pre-juicios, por el decir de esqui-

nas, de orilla y con ajetreo dramâtico, lo que como tal incita a no perder la

pericia si el paso prôximo expusiêrase a un pernicio por la lengua cortante

del otro, por el ôculo mirante a la zaga de una ventana con su cortina pasa-

da.

     Regresando a las cartas, el flamen podîa entender el porquê, porque de

facto sûpolo a travês de lo escrito por el señor Bragnoli, de que Kosmos y

en el ambiente de su novela contara con un personaje de jaez paterno, indi-

caciôn subrayada de que sus sospechas de quiên es verdaderamente su pa-

dre resuenan como matraca china, ampulan su magîn, ralentizan su expre-

siôn y escritura con la inventiva que es de su gusto y con su poderosa ima-

ginaciôn, de lo que sale que la sustituciôn por un polîmata (Brugnoli) sêa-

le tan fâcil como tomarse un vaso de agua, rascarse una rodilla y apabullar

una ampolla con el peso de un dedo. Mas el flamen, guardiân de los secre-

tos magnos, nunca barruntô a Dido sobre lo que êl sabîa; aun enterado, sa-

biêndolo, jamâs (por eso) dejô de acicatear a Dido con jerga teolôgica en 

los momentos que mâs necesitâbalo, siendo uno de los mâs conspicuos y

nada fâcil de soportar el que tocôle sobrepasar al desaparecer de Bedriaco

el hermano de Bragnoli. Sobre el pucho al acto de cerrar la caja continûa

el flamen con lo que estaba haciendo, mas con la diferencia de asir fuerte-

mente el plumero.


 







 









 






  








  


 


   




  

Sonntag, 13. März 2022

La cazuela de Vitelio (970)

        No tan intranquilo por cuestiones de ansiedad, mas un tanto movido por el

sentido de oliscar, cual resultante fue que saliera en busca del magister equitum

para formularle una pregunta, el mago hiperôsmico abandona cêlere su modesta

vivienda a las siete de la noche. Un aguacero tremendo fue la conspicua causan-

te de que su bâculo jorobado hundiêrase en lo fangoso, mas sôlo en algunas par-

tes del camino caracterizadas por la opulencia de tierra. La conducente horizon-

tal que terminaba justa y exactamente en el costado izquierdo de palacio, la que

segûn el cibiosactes habîa sido pensada como medio de fuga, en los tiempos de

su majestad Volgeso convirtiôse en una vîa para carretas atiborradas de grandes

baûles que llegaban al puerto de Bedriaco, mas sin que nadie supiera, salvo Vo-

logeso, lo que en su interior habîa, siendo êsta la causa apodîctica de que el ca-

mino, con el pasar del tiempo, fuera destruyêndose por lo pûmbleo que pasaba

sobre êl. 

---Pero, Manes, que usted hace con este aguacero dando un paseo, no serîa me-

jor que se quedara en su habitâculo? 

---Sabe usted una cosa, magister, que si salî fue precisamente para hacerle una

pregunta?

----Y Manes, es tan urgente tal pregunta? A ver, que me tiene que preguntar?

----Si hay en palacio la presencia de una persona recientemente llegada.

----Sî que la hay, la del cinciunatus. Pero, cômo usted lo supo, Manes?

----Por el olor a distancia. Se le olvidô a usted que soy mago hiperôsmico?

----Verdad que sî , claro.

----No me diga usted que el cinciunatus, mi viejo vecino. Cree usted que pue-

da hablar con êl?

----Tal vez cuando termine de hablar con la reina, Manes, tal vez.

----Y cuânto dura esa conversaciôn?

----Y cômo voy a saber eso, quê sê yo. Pero hagâmos una cosa.

----Diga usted, magister, cuâl?

----Regrese usted a su vivienda, que cuando yo sepa de la culminaciôn de la

conversaciôn me encargo personalmente de pedirle la autorizaciôn a Dido y

para llevarle al cinciunatus a su vivienda.

----Regresar, ahora?, quê va!!, si me ha costado un trabajo tremendo aquî lle-

gar manteniendo el equilibrio. No pudiera esperar en su puesto de guardia?

----Si asî lo prefiere no hay problema, claro que sî.

----Gracias, magister, no sabe usted el cansancio que me quita de encima o el

esfuerzo que ya es imposible con este bâculo y con esta edad.

----De nada, Manes!; y vamos, vamos a mi puesto de guardia. Pero, Manes, y

por quê usted no cambia ese bâculo jorobado por uno recto?

----Porque lo nuevo traiciona; lo viejo, es fiel.

----Cômo?

----Olvîdelo, magister, yo sê lo que (le) digo.


(bajo una carpa y protecciones de costado para que no entrara el agua)       


      Simultâneamente, y cerca de las tres plantas sembradas por Rubria (el trê-

bol de cuatro hojas, el jazmîn de Arabia y la hierbaluisa), y las que ya un tanto

crecidas proporcionaban algo de sombra, jugaban Kôsmythos y Ateriana exen-

tos de tener en cuenta la seriedad con la que hacîanlo, seriedad infantil que los

conceptos no ornan con verbalizantes repasadas o en funciôn de establecer por

conveniencias el correspondiente vînculo con emisiones factuales provenientes

de la experiencia. Pero a su vez es el juego sempiterno, y si con tal caracterîsti-

ca por la razôn concreta y especîfica, de mantenerse incôlume en el espacio de

la memoria, lo que implica que al ser recordado llegue hasta incluso (a)carrear

algûn tipo de emociôn, una que al tenerse pudiera conducir al llanto si la perso-

na que la padece es dominada por la sensibilidad. Saliendo de estas filosôficas

excursiones, el caso es que Kôsmythos al acercarse a Ateriana interesâbase por

el lunar que êsta tenîa en la mejilla izquierda, por lo que entonces querer tocâr-

selo resultâbale prioritario. Esto ontensiblemente conllevaba a una consecuen-

cia lôgica: al tener las manos embadurnadas de tierra, la mejilla izquierda de y

Ateriana quedarîa embarrada. Dirîase entonces que no fue a retaguardia la nor-

mal reacciôn de Sunev, sino tan puntual que eludiô a tiempo que cumpliêrase

la acciôn de Kôsmythos apellidada preferente. Non plus ultra de tres segundos

Kôsmythos da calaña de enfado, irritaciôn que manifestô plenamente eyectan-

do un llanto. Inmediatamente, y con la intenciôn de lenificar la irritaciôn, deci-

de Sunev cambiar de posiciôn a Kôsmythos, pero al hacerlo êste empezô a re-

mover las tres plantas al quedarles mâs cerca del alcance de sus manos. Sunev

valorô, tuvo en consideraciôn que este entretenimiento de su hijo no significa-

ba pernicio alguno para las tres plantas, porque de facto carecîa del vigor nece-

sario para partirlas en su misma base, dirimirles su fijeza a la tierra que les per-

mitiô el crecimiento.

    Hasta aquî un cantar simple, sin muchas complicaciones en lîneas semânti-

cas de jaez descriptivas, pero para decir algo que fue una consecuencia, sâca-

se de nuevo a puesto, a colocaciôn al mago hiperôsmico. Por la vîa mâs cau-

sal y que en lo atinente a êste deberîa sobresalir, conviene sobre el pucho dar-

le primacîa por tener la funciôn concreta y fenomênica de percibir olores, una

agudeza olfativa desarrollar, a la que destaca una hiper-sensibilidad que total-

mente opônese a la anosmia, Esta percepciôn y agudeza olfativas son las que

a diario Manes de Nicôpolis utiliza para llevar una existencia un tanto disîmil

a la de los demâs, y que por esta diferencia es que êl mismo pudiera dilucidar

sobre una hiper-sensibilidad, mas que ora sin explicarla entra en funciôn al y

estar êl sentado en el puesto de guardia del magister equitum, y la que propor-

ciona lo siguiente: el sentir el olor sobre todo del jardîn de Arabia y de la hier-

baluisa, mas ignorando que las plantas eran removidas por Kôsmythos.






   



 








  


  























Donnerstag, 10. März 2022

La cazuela de Vitelio (969)

      Traspasado el umbral de la puerta del cuarto, amên de ser lo primero que hi-

zo por darle prioridad, Nausica cuêntale a Crotonia y a Lucila sobre "todo" y lo

sucedido en Albula. Por la fantasîa que despierta o el acicate que representa por

pensarlo mâs de una vez con fijeza o detenimiento, a Crotonia mâs interesôle lo

atinente al solaz a toda flor del cazador, interês demostrado por una buena canti-

dad de preguntas formuladas, mas ninguna exenta de la gaya alusiôn a preferen-

cias conspicuas por cuerpos que eyectan su candidez en ambientes donde de tal

guisa impera la naturaleza, aunque asimismo los correspondientes atractivos de-

talles que de facto colman la necesidad de un ojo que determinadas caracterîsti-

cas busca. Pero Lucila, lectora incesante de temas mîticos y creyente aferrada y

acêrrima de la suerte o del destino---en este aspecto, en el de lectora, algo tiene

de comûn con Nausica, Jancia y Sunev-----, mâs inclinôse a pensar (apodîctica-

mente) que las Morias no equivôcanse, no fallan, no ludican al entregarse a sus

tejeduras [esbozantes de algo asî como de un fin indefectible] ineluctables.

---Yo que las conozco a las dos mâs que bien, no me extraña que cada cual pôn-

gale atenciôn a una cosa concreta, mas aun asî son ustedes mis amigas, no?

---Vaya pregunta que haces, Nausica, claro que lo somos, cômo se te ocurre la

formulaciôn de una pregunta asî, cômo?---pregunta Lucila.

----Seamos lo que somos, que es lo que no podemos dejar de ser, siempre jun-

tas estaremos---dice Crotonia.

----Algo parecido recuerdo que dijo Jancia una vez, y miren dônde estâ vivien-

do ahora, en la ciudad del ocio---señala Nausica.

----Sî, es cierto, mas no creo que nosotras seamos Jancia, que es tambiên nues-

tra amiga a pesar de que estê allî, en Apragôpolis; pero ademâs, que bien que y

lo sabes, Jancia no se fue porque quiso, o ya te olvido?

----No se me ha olvidado, pero si hubiera querido se podîa haber quedado...

----Nausica, estâs pensando desde tu punto de vista, no del de Jancia, que no y

piensa igual que tû, ni nosotras tampoco...

---Estâ claro que pensamos diferentes, no entremos en discusiôn ahora por eso.

----No discutimos, hablamos, participamos de un diâlogo, intercambiamos pa-

labras, etc...

----Y dônde estâ tu madre ahora, Nausica?----indaga Lucila.

----Fue a ver a Dido para quejarse del arresto injusto del cinciunatus.

----Quê, que se fue a quejar con la dueña o propietaria del reglamento de pala-

cio?

----Ay si supieran, que mi madre querêllase hasta de lo minûsculo....

----En esto no te pareces en nada a tu madre, sacaste poco de ella---acentûa y

Crotonia.

----Yo no soy amante de las quejas; si acaso, lo que viene de la parte de mi pa-

dre difunto, de retocar detalles.

----Yo creo que retocar lo propio de la naturaleza es difîcil, porque si ya tiene

un toque que no es fâcil de realizar, imagînate re-tocarlo...

----Lucila, como que estâs hablando parecido a los contertulios.

----Quê dices, Nausica, si en primer lugar los odio; en segundo, ni tan siquiera

me acerco.

----Miren, que se ve desde aquî, desde esta ventana...

----De quê se trata, Crotonia?----fisga Nausica.

----De ese [....] cômo es que se llama el personaje que las despertô a tu madre y

a ti en Albula?

----Cinciunatus!!, pero no es su nombre sino como le dicen.

----Quê pasa con êl, Crotonia?---pregunta Lucila.

----Que el magister equitum lo trae a palacio.

----Eso significa que Dido dio el beneplâcito de que entrara en la corte---dice

Nausica.

----Y quê tû crees que pase con êl?----pregunta Crotonia.

----De pasarle yo creo que nada, porque como ya contê êl se ocupo de sacar los

cuerpos de la barca hundida.

----Seguro que tu madre mâs tarde te dice---dice Lucila.

----Seguro!!

----Y quê hacemos mientras tanto, a quê jugamos?---pregunta Crotonia.

----Da igual a quê, mas juguemos---colofona Nausica.


       En el salôn de los recibimientos, y al que llega el cinciunatus siguiendo al 

cibiosactes, Dido ya habîa entablado conversaciôn con el cazador y la signora

Lacrusea, la que [claro estâ por una lôgica infaltable o por un motivo especîfi-

co] tenîa que ver con el ya sabido suceso en Albula. Mas el cinciunatus acto y

de presencia hace en el mîsmîsimo momento en que la signora Lacrusea exen-

ta de sorna concentraba su mirada en el cazador, a la vez que el intercambio de

palabras fluîa con algo de soltura. Lejos de imaginarse el porquê de tal enfoca-

mientos de ôculos, el cinciunatus acomoda sûbito su tafanario en una silla pim-

pante, a raîz de que la reina concêdele el permiso de hacerlo. Pasados siete mi-

nutos de ya estar sentado, Dido interrumpe la conversaciôn para hacerle la pre-

gunta siguiente:

----Y cômo fue que usted dio con el lugar donde estaba la barca hundida?

----Mire usted, majestad. Yo caminaba placenteramente por Albula escuchan-

do el canto seductor de algunos pâjaros. De repente percibo unas vacîas y ta-

padas botellas que se acumulaban al ser arrastradas por la corriente. Esto pa-

reciêndome extremadamente raro me obligô a pesquisar râpido, investigaciôn

entonces que me llevô al lugar de donde venîan las botellas y en el que, insôli-

tamente, habîa una vorâgine...

----Es la palabra adecuada, porque jamâs yo habîa oîdo de un fenômeno como

êse en Albula. Pero siga usted con su narraciôn---pide Dido.

----Yo no puedo explicar el fenômeno, majestad; mas sî que, y por ser buen na-

dador, dispuesto a dirigirme al remolino nadê hasta êste, el que de forma enig-

mâtica desapareciô unos segundos antes de llegar a êl. De repente, y algo cau-

sante de un susto tremendo, veo que algo emerge del agua con un salto tremen-

do, reconociendo lo que era una vez que cayô sobre la superficie de la corrien-

te: un bote. Reconocido el objeto, diviso una soga que sujetaba al bote desde y

la profundidad, instante en que decido, y con la ayuda de la soga, descender y

hasta el fondo.

----Pero usted no me dijo de la vorâgine, cinciunatus----dice la signora Lacru-

sea.

----Ni yo....

----Ni usted quê, cazador?---indaga Dido.

----Que ni yo hubiese creîdo de un remolino de agua en Albula.

----Bueno, no interrumpan mâs para que el cinciunatus cuenta hasta el final lo

que pasô. A ver, continûe usted diciendo---dice Dido.

----Al llegar al fondo, y por tener buena respiraciôn, giro en derredor de la bar-

ca dândome cuenta de dos cosas: la primera, que la soga del bote estaba atada a

la cadena del ancla de la barca; la segunda, que salîan las botellas de una abier-

ta compuerta ubicada en la mitad de la barca. Interesado en saber mâs penetro y

por la compuerta, siendo entonces cuando descubro a las tres personas ya ahoga-

das, allende que totalmente desnudas.

----Y usted tuvo aûn suficiente aire en sus pulmones para trasladar a las tres per-

sonas del fondo a la superficie?---indaga Dido.

----Claro que no, majestad, ya era tiempo de ascender y rellenar los pulmones.

----Y entonces?

----Que subî y bajê seis veces, porque de una sola vez imposible de trasladarlas

a las tres.

----Yo tengo una pregunta, cinciunatus?

----Pregunte usted, signora Lacrusea.

----Cômo fue posible entonces de que sus ropas estuviesen secas al despertar-

nos a mi hija y a mî, y de que ni una gota de agua cayera de su cabellera larga?

----Signora Lacrusea, porque seguido a terminar de ubicar los cadâvares como y

usted los vio, puse a secar mis telas, y de paso hice un descanso que me hacîa y

falta.

----Mire, cinciunatus, el cazador fue el que amarrô a la cadena del ancla de la y

barca el bote, ademâs de que sabe muy bien del suceso, algo de lo que ya estoy

enterada---dice Dido.

----Pues yo, majestad, es primera vez que lo veo---dice el cinciunatus que al ca-

zador le pregunta: y por quê usted no hizo nada por esas tres personas?

----Primero porque no tuve tiempo; segundo, por no ser tan buen nadador ni te-

ner buena respiraciôn como usted...

----Eso lo puedo entender; pero, algo que no es imposible, no pudo haber pedi-

do ayuda?

----A ver, cinciunatus, que esto no es un juicio, asî que tranquilîcese, de acuer-

do?

----Disculpe usted, majestad, disculpe!!--afirma el cinciunatus que pregûntale

a Dido: majestad, puedo hacerle una pregunta?

----De cuâl se trata?

----Quê hizo usted con el casco que le vendî parecido al capacete de Plutôn?

----En las mîas ya no estâ, pero si en buenas manos.

----Lo que quiere decir que aûn existe, no?

----Asî es, cinciunatus, asî es!!


     Unos golpes en la puerta hacen que Dido diga: que pase el que toca, que la

puerta no estâ con pasado pestillo.

----Soy yo, majestad, y querîa sôlo saber si debo preparar algo de merienda.

----Prepârela sûbito, cibiosactes, y cuando estê lista me avisa.

----A la orden, majestad, a la orden!!




















 



 







 









  



 































   


Mittwoch, 9. März 2022

La cazuela de Vitelio (968)

     Como la conciencia puede mâs que cualesquier elucubraciones apodîcticas,

el cazador presêntase en palacio una hora despuês de haber abandonado Albu-

la. Al recibirlo el cibiosactes directamente, ya que al conocerlo suficientemen-

te bien los soldados de posta de la guardia bâtara una detenciôn no era menes-

ter, dêjale saber o comunîcale la urgencia de hablar con la reina. Ipso facto va

el cibiosactes a barruntarle a Dido sobre la visita del cazador, asimismo que el

objetivo de êsta, por lo que Dido le da el edicto de traerlo al salôn destinado a

recibir tanto a las personas conocidas como a las que jamâs habîa visto. Pasa-

dos unos tres minutos el cazador posiciônase frente a frente a su majestad; tan

enhiesto como una estaca da calaña de respecto, rectitud sin diferencia con la

adoptada en instantes en que espêrase un mandato o un reglamentado respon-

so por una indisciplina cometida, mas sin que la reprimenda hâgase con un al-

zamiento de la voz, una forma de intimidar o debilitar al que la recibe, y cuasi

siempre dejante de buenos resultados por tambiên causar impresiôn. 

----A ver, cazador, quê me tiene que decir?---pregunta Dido.

 

     Entonces el cazador, sin solapar nada ni colocar inventos en la lînea discur-

siva, narra tanto lo que vio como lo que sucediô; mas eso sî, por amistad y pru-

dencia, sacô de todo esto la presencia de Kosmithôs, pero ignorando que dos y

testigos habîan que êl no habîa visto que vieron en la barca a Kosmithôs: Corô-

nide, la bailarina pelirroja y el grumete redomado, Xabier.

----Le agradezco su sinceridad, cazador, y por lo que usted me cuenta no lo de-

claro culpable, porque mâs bien fue un accidente lo de la barca hundida.

----Fue tan râpido, Dido, que ni tuve tiempo sacar los cuerpos dormidos de la

embarcaciôn----agrega el cazador.

----Yo le creo, cazador, lo conozco lo bastante para no creerle, no se preocupe.

En lo atinente al dueño del bote que usted alquilô y se hundiô, dîgale que pase

por aquî, que yo me ocupo de lo demâs, ok?

----De acuerdo, majestad de acuerdo. Pero y los cuerpos que estaban dormidos

al hundirse la barca, que ya usted sabe a quiênes pertenecen?

----Dêjeme eso a mî, cazador, dêjemelo, y no se mueva de aquî, que en cuanto

estê lista la cantidad de soldados bâtaros de recorrido, usted irâ con ellos para

conducirlos hasta el lugar donde estâ esa barca; pero antes, y por tal razôn, de-

bo mandar a buscar al magister equitum.

----A su orden, majestad, a su orden.


       Tras cerrar Dido la puerta del salôn y dirigirse al cibiosactes, al que enco-

mendarîale la tarea de barruntarle al magister equitum que viniese lo mâs rau-

do posible, êste crûzase con la reina acopas, a su vez que hâcele saber de una

detenciôn acabada de suceder a un personaje de cabellera larga, a pesar de es-

tar concomitado por la signora Lacrusea y Nausica, y que dijo que era un vie-

jo vecino del mago hiperôsmico, como que asimismo mâs conocido como el

cinciunatus.

----Usted se recuerda, magister, del casco que usted encontrô, entre algunas 

antiguallas cumuladas por mî, y que parêcese al capacete de Plutôn (orci ga-

lea)?

----Claro que sî, majestad!!, pero ahora lo tiene su hijo: quê hay con ese cas-

co?

----Que segûn la memoria de Manes de Nicôpolis, ese cinciunatus fue el que

me lo vendiô hace ya un montôn de tiempo....


    De inmediato es interrumpida la dialogizacîôn por la signora Lacrusea, pe-

ro para querellarse frente a la reina de la detenciôn del cinciunatus.

----Signora Lacrusea--dice Dido---, esos soldados de guardia cumplen con su

trabajo de protecciôn de palacio, con las ôrdenes que se les dan al pie de la le-

tra; y por tanto, como una de estas ôrdenes es detener el paso de cualesquier y

personas desconocidas, tuvieron que hacer lo que hicieron. Pero dîgame: cuâl

es el motivo de que usted estuviera con êl?

----Estâbamos en Albula descansando, y, de repente, el se apareciô frente a no-

sotras, nos despertô y comunicô sobre la barca hundida...

----Estâbamos?...

----Mi hija estaba conmigo, mas se acaba de ir a su cuarto.

----Ah, entonces ustedes tambiên saben lo de la barca..

----Como tambiên lo de las tres personas fallecidas. Y quiên mâs sabe lo de la

barca?

----El cazador, que estâ en el salôn de los recibimientos.

----Vaya, quê cosas que tiene la vida!!

----Quê usted quiere decir con eso, signora Lacrusea?

----Nada nada, yo me entiendo.

----Respecto a las tres personas sucumbidas usted las vio?

----Sî, las vimos!!, y fue ese cinciunatus, por ser buen nadador, quien las sacô

de la barca, segûn nos dijo êl mismo.

----Pues hagamos una cosa: usted, signora Lacrusea, venga conmigo al salôn, y

usted, magister equitum, trâigame al cinciunatus sûbito. Y otra cosa: disponga

usted del nûmero de soldados pertinentes para que recojan esos cadâveres y los

trasladen a palacio; cuando estên listos me manda a decir, para que el cazador y

los lleve al lugar donde estâ la barca.

----A su edicto, majestad---dice el magister equitum.
























 



 



     











Montag, 7. März 2022

La cazuela de Vitelio (967)

     En Albula, y sin que fuese sentido por la modulaciôn de su caminar por las

fêminas que descansaban, a saber, la signora Lacrusea y Nausica, el cinciuna-

tus (viejo vecino del mago hiperôsmico Manes de Nicôpolis que vendiôle a Di-

do el casco parecido al capacete de Plutôn, el Orci galea) acêrcase a êstas sin

perder el cuidado de atisbar si alguna otra criatura lo descubriese (in fraganti)

en el momento tempestivo del cumplimeinto al raso de lo hacedero sin sorna,

lo que podrîa por consecuencia dar pâbulo de la pertinente denuncia. Seguido

a echarle una miradita rauda a las fêminas, cual propôsito no serîa otro que el

de saber si conocîalas o no, siendo el resultado que jamâs habîalas visto, a las

dos las zarandea para sacarlas del dormir que disfrutaban. La primera que sa-

ca a relucir la pregunta, quiên es usted?, es la signora Lacrusea, pregunta que 

como tal es a su vez la prueba sin sospecha e indubitable de que quien la des-

pierta era tambiên desconocido para ella.

----Disculpe usted que la haya sacado de su disfrute, que haya interrumpido

su descanso, pero yo soy un viejo ciudadano de Bedriaco; los que saben y de

mi existencia me conocen por el cinciunatus.

----Y por quê usted ya tan mayor tiene larga cabellera?---pregunta la signora

Lacrusea.

----Señora [....] me dice su nombre, por favor?

----Me nombro Lacrusea, asî me llamo.

----Mire, señora Lacrusea, precisamente por tener cabellera larga, ondulada y

rizada es que me conocen como el cinciunatus...

----No lo sabîa, ya entiendo. Y dîgame, cinciunatus, quê desea de nosotras?

----Sôlo preguntarle si ustedes vieron (a)lguien por acâ, si escucharon algo en

lo referente a una barca hundida que he descubierto yo mismo.

----Y este señor de dônde tû lo conoces?---pregunta Nausica despertândose.

----De ninguna parte, de ninguna; pero espera, que me ha preguntado algo que

no sê---responde la signora Lacrusea.

----Y, entonces, quê me responde usted?---pregunta el cinciunatus.

----Ni hemos visto a nadie ni sabemos de eso de la barca. Y dônde estâ?

----No muy lejos de aquî.

----Y cômo usted pudo dar con la barca si acaba (de)cir que estaba hundida?


    Sin dilaciôn para responder la pregunta, el cinciunatus deja primeramente

saber, algo que aclararîa el porquê de que êl nadara bien y sumergiêrase con 

respiraciôn necesaria y basta como para estar un considerable tiempo debajo  

del agua, que êl creciô rodeado de suntuosos nadadores; asimismo que popu-

lares por la costumbre de bucear a pleno pulmôn, hâbito repetido no muy co-

mûn por aquellos tiempos de su majestad Vologeso, y cuasi un desafîo por y 

el pernicio que representaba de consuno con una creencia vigente, de que en

las profundidas estaba la morada de una deidad inexorable y brutal, pero que

de una que no aparecîa descripciôn [si acaso o ni siquiera] mîtica ni descolla-

miento posible por un cotorreo de lenguas locales, por la batahola que proce-

de de êstas, culmen de un impulso verbal tîpico de lo gregario.   

----Culmen de un impulso verbal tîpico de lo gregario?

----Asî es, signora Lacrusea, como usted acaba de escucharlo----dice apodîc-

ticamente el cinciunatus, decir que es seguido por una señalizaciôn al preci-

so lugar donde estaba la barca.

----Pero, cinciunatus, quê son esas tres lonas que se ven desde aquî?--indaga

Nausica.

----Tapan o cubren a tres personas fallecidas que yo desconozco; un hombre

y dos mujeres.

----Y por quê usted no dijo que habîan tres personas fallecidas?

----Signora Lacrusea, porque pensê que ustedes podrîan tener una reacciôn o

una emociôn fuerte causante de mâs de un grito...

----No, no puede ser, Meli muerta?, quiên lo iba a decir---dice Nausica una y

vez descubiertos los cadâveres.

----Ven, una primera reacciôn---dice el cinciunatus que pregunta: una amiga

o una conocida tuya?

----Una conocida y novia del cocinero de Irlanda y de palacio.

----Y las otras dos personas quiênes son?

----Las desconocemos, cinciunatus, no sabemos la identidad de ellas...

----No, espera, esta debe ser Circe, por las caracterîsticas que me dejaron saber

Lucila y Crotonia, que conversaron con ella...

----Y quiênes son êsas?---pregunta el cinciunatus.

----Las âcraticas y oriundas de la desaparecida isla de Aphros.

----Interesante!!

----Interesante dice usted, cinciunatus, y por quê?

----Signora Lacrusea, porque las âcraticas tiene fama de ser buenas nadadoras,

como yo.

----De hecho vinieron nadando desde la isla hasta Bedriaco---agrega Nausica.

----Ve, usted, signora Lacrusea...

----Si, pero tû tambiên nadaste con ellas desde allâ hasta acâ, segûn me dijiste,

no?---dice la signora Lacrusea.

----Exacto, mas yo no soy âcratica; mâs bien vivî un tiempo con ellas en la în-

sula de la Espuma.

----Ah, mira, entonces tenemos algo en comûn---destaca el cinciunatus.

----Estarâ usted de acuerdo, cinciunatus, de que debemos informarle a Dido in-

mediatamente de todo esto, no?

----Por supuesto que estoy de acuerdo, cômo no?

----Entonces a palacio, que no hay tiempo que perder--dice la signora Lacrusea.




































   

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         Terencio, el ônoma del cartero que dejaba las correspondencias en cada buzôn de mi edificio, fue el motivo de que acordârame en la ...