Por una efîmera conversa entre el cazador y Kosmos, amên que exenta total-
mente de la participaciôn de los contertulios por haberse tenido en privado, una
sobre (o en lo atinente a) el capacete parecido al de Plutôn (Orci Galea), enterô-
se Kosmos de que el cazador podîa hacer el intento de darle al susodicho casco
algo de vigor mediante un cuidadoso laboro de magia, mas sin poder garantizar
que el trabajo tuviese resultado conspicuo; de que tal trabajo deberîa realizarse
o en las horas que sucede el crepûsculo o de dos a cuatro de la madrugada, por
la razôn concreta de que en estos perîodos de tiempo determinadas condiciones
suelen ser muy favorables o dadoras, o que si no primordiales para el menester
desarrollo de imprescindibles atingencias pudientes con el infinito, las que y de
facto aprovecha el estrîgido de Minerva para que su presencia en una rama sue-
la ser satisfactoria, aunque asimismo que Argos para eludir el posible pestañeo
de uno de sus cincuenta ôculos que mantiênense de guardia.
---Câspita, cazador!!, quê bien suena todo este concierto semântico con ciertas
notas crîpticas y mîticas----dice Kosmos.
---Venidas de ti no me extrañan tus palabras, no quedo asombrado por ellas.
---Ni su asombro ni su extrañeza ni tan siquiera serîan posibles, porque con el
tiempo que usted conôceme êstas resultarîan intempestivas, y como tal queda-
rîan fuera de juego y sin dar pâbulo de salto...
---Ni tan siquiera serîa posibles? No estoy de acuerdo con eso de ni tan siquie-
ra, porque sî es verdad que te conozco hace rato, pero las cosas cambian y con
ellas nosotros.
---Reconozco que ni tan siquiera lo ha tomado usted como un aliciente, algo y
que resûltame deleitoso...
---Aliciente dices tû, cômo que asî?
----Porque a partir de lo que dije ha dejado usted planteada una pregunta.
----Ya veo que no has perdido tu costumbre de lograr tus fines o propôsitos.
----Y si no he perdido mi costumbre, cômo es que pudiera haber cambiado: de
cambiar ya no tuviese otra?
----Si no quê sentido tuviese el cambio: se cambia por y para algo?
----Rectifico: câmbiase para y por algo.
----El orden de los factores no altera el producto!!
----Ve usted, logrê mi propôsito o mi fin---dice Kosmos y rîe.
----Pillîn, astuto, perspicaz!!
----Muchitantas gracias por la adjetivaciôn!!, mas volviendo a lo del casco...
----A ver, dime.
----Que si pensê en usted fue por una cosa.
----Por cuâl?
----Porque Manes dîjome que cualquier otro mago pudiera hacer un trabajo con
el casco menos que uno hiperôsmico.
----O sea, menos que uno como êl?
----Estâ usted muy juguetôn desde que ha puêstose senecto..
----La palabra senecto me acerca mâs a Caronte.
----Ya tiene la bolsita?
----Y risas del cazador que pregunta: y dônde tienes el casco?
----Ni muy lejos para que sêame difîcil alcanzarlo ni muy cerca para darle una
patada..
----Dêjate de tus acrobacias verbales y dime: aquî en la Kosmona?
----Êsa es la res!! Venga que muêstroselo, en el caso de que desee verlo.
Empero en lo que esto sucedîa, algo que fuele necesario sus minutos corres-
pondientes y la debida discreciôn para eludir que alguno de los contertulios pa-
sara de un estado habitual a uno ditirâmbico, mas que excitante en el sentido y
de una exuberancia verbal por haber tocado el casco, tanto el didâscalos filosô-
fico como Kosmithôs ya estaban encima de sus queridîsimos cuadrûpedos, pe-
ro con la diferencia notabilîsima de que sî êste sentado en una albarda especio-
sa aquêl sobre un raîdo saco, diferencia que como tal dejarîa patente el privile-
gio con el que cuenta el corcel asturiano. Habrîa que ver que si los jinetes no y
caerîanse de sus cuadrûpedos por la diferencia susodicha, la que de facto influ-
ye en la pertinente comodidad, sî que pudiesen llegar al suelo por un resbalôn
de los cuadrûpedos en lo fangoso, algo de lo que precisamente hablô el magis-
ter equitum previo a la salida de los jinetes, caîda que tal vez, a lo mejor para
Kosmithôs no serîa acarreante de una sûmula de problemas, mas que indubita-
blemente no asî para el didâscalos filosôfico por ya tener sus huesos tantisîma-
mente delicados por cuestiones de su edad. De tal guisa no pasô nada; pero sî
que de soslayo a la acêmila del didâscalos, el andar de una criatura que y a su
casa dirigiâse en los arrabales de Bedriaco, y que a saber no es otra que el ar-
quîatra Golemo, el que fue la ûnica, ex-clusiva causa de la parada no en seco
de los cuadrûpedos.
----Estâ usted mâs sucio que un carbonero de Asia. Quê, se restregô en lo fan-
goso, arquîatra Golemo?
----Quê preguntas, Kosmithôs?, claro que no. Cômo crees que un arquîatra y
eso pudiera hacer?
----Yo no lo creo, sôlo pregunto, y preguntar es curiosidad, no creencia.
----Como si estuviese oyendo hablar a tu padre, ya se nota el contagio.
----Quê usted cree de eso, didâscalos?---pregunta Kosmithôs.
----Que yo creo en la filosofîa--responde el didâscalos filosôfico y pregûntale
a Golemo: y entonces, ha sabido usted algo mâs del saltimbanqui mordido por
la serpiente?
----Ah, ya estân enterados? Cômo lo supieron?
----Por el cazador, por êl, por el mismitico êste.
----En realidad no sê mâs que lo que sabe el cazador, por lo menos ya estâ fuera
de pernicio gracias al psilo. Y ustedes adônde van?
----A cualquier lugar siempre y cuando estê en Bedriaco---responde Kosmithôs.
---Pues mi casa estâ en los arrabales del mismo lugar: quiên de ustedes me hace
el favor de llevarme hasta mi habitâculo?
----La acêmila no puede con mâs peso, que ya con el mîo es suficiente-- dice el
didâscalos filosôfico.
----Trêpese en el corcel, que nos vamos---dice Kosmithôs.