En lo que duraba la conversa entre Kosmithôs y Kosmos en el pertinente su-
cucho, y para no soliviantar a los presentes dejando para otro momento una am-
plificaciôn concisa, el vate barruntâbale a los contertulios, y justa y exactamen-
te sobre la mano de su poema, que no tratâbase de la de una fêmina o la de un
mâsculo, sino que mâs bien de la de una imago con basta pudiencia de producir
acercamientos o de acarrear imantaciôn; que apellidada atractiva juega mâs por
coloramiento un rol ornamentativo que por realidad infalible uno que pudiera e
instigar o a la crîtica o a la discusiôn. Agregaba a esto su certidumbre, de que es
la mano que cuasi siempre estâ presente hasta en los instantes de mayûsculos
tropiezos, lo que traduce o viene a ser lo mismo que aquellos en los que impre-
sionante e imponentemente descollan obstâculos de gran tamaño, mas que a su
vez habrîan que desafiar con el deseo de alcanzar un logro, un triunfo o una re-
gia conquista, reto que celebrarîa un senil veterano en el campo de la diamanti-
na expresiôn.
A la postre y al cabo el didâscalos filosôfico no sesgarîa la fantasîa del vate,
la que a todo trance y por su oficio resûltale fundamental, empero si algo trata-
rîa de cortar saliendo de lo [tâ pros tô têlos] fantasmagôrico, lo engendrante de
resonancias, y entrando en lo analizado, lo dador de inflexiones mînimas, de lo
que regula una transformaciôn de la tendencia direccional, serîa eso de la certe-
za por no ser para la conciencia sôlo que una posible sombra que escapa de ser
vista, que infiere una ilusiôn y hasta que la engorda para hacerla mâs resistente,
mâs vigorosa en un espacio con limitaciones propias, con insustituible prepon-
derancia e hilvanamientos codificados. Por otras cuestiones filosôficas, y tales
con longitud y peso, tuvo tambiên en cuenta la *causa sui, lo que se autocrea a
sî mismo llevândolo a un significado mâs amplio, y que no tiene efecto porque
siempre es causa; perpetua en lo perpetuo lucharîa consigo misma, creândose
entonces como un revoltijo de complementos dispares que van entrando en es-
cena a medida que desarrôllanse; que abarcan, en la misma dimensiôn en que
estân lo fantasmagôrico y lo analizado, un espacio donde allende cosas en tro-
pel pasan y suceden.
Mas ese nombramiento de la causa sui penetrô por los oîdos del tîo de Kos-
mos como un trueno, debiêndose el motivo, segûn su claramiento a posteriori,
a que su significado resonaba nada agradable en su conciencia, quien culpable
de esto es ûnica y exclusivamente el lanista, el que por ciertos y determinados
intereses habîaselo cambiado y, siendo otro, inculcôselo a los secutores previo
al comienzo de los combates en la arena. Con otro sentido entonces quedô tan
fijado en su nemôsine, que eludir saberlo ahî-donde estâ al menos hasta el hoy
era imposible, dejar de tener una reacciôn frente a êl convertîrîase en una com-
plicada o ardua tarea, lo que no traduce que no pueda realizarse siempre que el
querer asî lo desee o la voliciôn actîvese con el fin de hacer un borrôn.
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