Sonntag, 13. März 2022

La cazuela de Vitelio (970)

        No tan intranquilo por cuestiones de ansiedad, mas un tanto movido por el

sentido de oliscar, cual resultante fue que saliera en busca del magister equitum

para formularle una pregunta, el mago hiperôsmico abandona cêlere su modesta

vivienda a las siete de la noche. Un aguacero tremendo fue la conspicua causan-

te de que su bâculo jorobado hundiêrase en lo fangoso, mas sôlo en algunas par-

tes del camino caracterizadas por la opulencia de tierra. La conducente horizon-

tal que terminaba justa y exactamente en el costado izquierdo de palacio, la que

segûn el cibiosactes habîa sido pensada como medio de fuga, en los tiempos de

su majestad Volgeso convirtiôse en una vîa para carretas atiborradas de grandes

baûles que llegaban al puerto de Bedriaco, mas sin que nadie supiera, salvo Vo-

logeso, lo que en su interior habîa, siendo êsta la causa apodîctica de que el ca-

mino, con el pasar del tiempo, fuera destruyêndose por lo pûmbleo que pasaba

sobre êl. 

---Pero, Manes, que usted hace con este aguacero dando un paseo, no serîa me-

jor que se quedara en su habitâculo? 

---Sabe usted una cosa, magister, que si salî fue precisamente para hacerle una

pregunta?

----Y Manes, es tan urgente tal pregunta? A ver, que me tiene que preguntar?

----Si hay en palacio la presencia de una persona recientemente llegada.

----Sî que la hay, la del cinciunatus. Pero, cômo usted lo supo, Manes?

----Por el olor a distancia. Se le olvidô a usted que soy mago hiperôsmico?

----Verdad que sî , claro.

----No me diga usted que el cinciunatus, mi viejo vecino. Cree usted que pue-

da hablar con êl?

----Tal vez cuando termine de hablar con la reina, Manes, tal vez.

----Y cuânto dura esa conversaciôn?

----Y cômo voy a saber eso, quê sê yo. Pero hagâmos una cosa.

----Diga usted, magister, cuâl?

----Regrese usted a su vivienda, que cuando yo sepa de la culminaciôn de la

conversaciôn me encargo personalmente de pedirle la autorizaciôn a Dido y

para llevarle al cinciunatus a su vivienda.

----Regresar, ahora?, quê va!!, si me ha costado un trabajo tremendo aquî lle-

gar manteniendo el equilibrio. No pudiera esperar en su puesto de guardia?

----Si asî lo prefiere no hay problema, claro que sî.

----Gracias, magister, no sabe usted el cansancio que me quita de encima o el

esfuerzo que ya es imposible con este bâculo y con esta edad.

----De nada, Manes!; y vamos, vamos a mi puesto de guardia. Pero, Manes, y

por quê usted no cambia ese bâculo jorobado por uno recto?

----Porque lo nuevo traiciona; lo viejo, es fiel.

----Cômo?

----Olvîdelo, magister, yo sê lo que (le) digo.


(bajo una carpa y protecciones de costado para que no entrara el agua)       


      Simultâneamente, y cerca de las tres plantas sembradas por Rubria (el trê-

bol de cuatro hojas, el jazmîn de Arabia y la hierbaluisa), y las que ya un tanto

crecidas proporcionaban algo de sombra, jugaban Kôsmythos y Ateriana exen-

tos de tener en cuenta la seriedad con la que hacîanlo, seriedad infantil que los

conceptos no ornan con verbalizantes repasadas o en funciôn de establecer por

conveniencias el correspondiente vînculo con emisiones factuales provenientes

de la experiencia. Pero a su vez es el juego sempiterno, y si con tal caracterîsti-

ca por la razôn concreta y especîfica, de mantenerse incôlume en el espacio de

la memoria, lo que implica que al ser recordado llegue hasta incluso (a)carrear

algûn tipo de emociôn, una que al tenerse pudiera conducir al llanto si la perso-

na que la padece es dominada por la sensibilidad. Saliendo de estas filosôficas

excursiones, el caso es que Kôsmythos al acercarse a Ateriana interesâbase por

el lunar que êsta tenîa en la mejilla izquierda, por lo que entonces querer tocâr-

selo resultâbale prioritario. Esto ontensiblemente conllevaba a una consecuen-

cia lôgica: al tener las manos embadurnadas de tierra, la mejilla izquierda de y

Ateriana quedarîa embarrada. Dirîase entonces que no fue a retaguardia la nor-

mal reacciôn de Sunev, sino tan puntual que eludiô a tiempo que cumpliêrase

la acciôn de Kôsmythos apellidada preferente. Non plus ultra de tres segundos

Kôsmythos da calaña de enfado, irritaciôn que manifestô plenamente eyectan-

do un llanto. Inmediatamente, y con la intenciôn de lenificar la irritaciôn, deci-

de Sunev cambiar de posiciôn a Kôsmythos, pero al hacerlo êste empezô a re-

mover las tres plantas al quedarles mâs cerca del alcance de sus manos. Sunev

valorô, tuvo en consideraciôn que este entretenimiento de su hijo no significa-

ba pernicio alguno para las tres plantas, porque de facto carecîa del vigor nece-

sario para partirlas en su misma base, dirimirles su fijeza a la tierra que les per-

mitiô el crecimiento.

    Hasta aquî un cantar simple, sin muchas complicaciones en lîneas semânti-

cas de jaez descriptivas, pero para decir algo que fue una consecuencia, sâca-

se de nuevo a puesto, a colocaciôn al mago hiperôsmico. Por la vîa mâs cau-

sal y que en lo atinente a êste deberîa sobresalir, conviene sobre el pucho dar-

le primacîa por tener la funciôn concreta y fenomênica de percibir olores, una

agudeza olfativa desarrollar, a la que destaca una hiper-sensibilidad que total-

mente opônese a la anosmia, Esta percepciôn y agudeza olfativas son las que

a diario Manes de Nicôpolis utiliza para llevar una existencia un tanto disîmil

a la de los demâs, y que por esta diferencia es que êl mismo pudiera dilucidar

sobre una hiper-sensibilidad, mas que ora sin explicarla entra en funciôn al y

estar êl sentado en el puesto de guardia del magister equitum, y la que propor-

ciona lo siguiente: el sentir el olor sobre todo del jardîn de Arabia y de la hier-

baluisa, mas ignorando que las plantas eran removidas por Kôsmythos.






   



 








  


  























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