Sucedîa a la misma vez (coincidencia) la llegada de los veinte soldados bâ-
taros a palacio y la del didâscalos filosôfico concomitado por Kosmithôs. Si y
aquêllos trayendo de Albula los cadâveres de Meli, Circe y Hagapajitas de Fa-
logracia; êstos con el objetivo de treparse cada uno en sus animales cuadrûpe-
dos para salir a dar una vuelta, necesitândola muchitanto y urgente la acêmila
del didâscalos. El magister equitum, que venîa al frente de la tropa pequeñisi-
ma, de lo que no sigue que por ser de reducido tamaño no fuese capaz de salir
incôlume de cualesquier imprevistos en el camino, lo primero que hace al ver
a Kosmithôs es preguntarle si sabîa dônde estaba el cazador, pregunta que sin
dilaciôn respôndese de la siguiente manera:
----Magister, el cazador estâ en la Kosmona, y vino a la instituciôn para infor-
mar sobre la mordida de [....] de quê, didâscalos, que se me olvidô el nombre?
----Un coralillo, un reptil ofidio.
----De la mordida de un carajillo..
----Te lo acabo (de)cir y se te olvidô? Un coralillo, no un carajillo
----Y risas de Kosmithôs que pregûntale al magister equitum: y es urgente la
necesidad de usted de hablar con el cazador?
----No no, urgente no es, puede esperar el encuentro entre nosotros. Y ustedes
que hacen por acâ?
----El didâscalos sacarâ su mula a dar un paseo, y de paso yo al corcel asturia-
no---responde Kosmithôs.
----Pongan cuidado, que por lo fangoso que estâ el camino pueden periclitar y
las patas de los cuadrûpedos.
Seguido a dejarle el inviolable y adecuado edicto a los soldados bâtaros, y
que no era otro que el de llevar raudamente a los cadâveres trasladados desde
Albula a palacio de las criaturas fenecidas al lugar destinado por la reina, sitio
donde quedarîanse hasta que fuesen sepultados, llega el magister equitum a su
garita de guardia y con la necesidad urgente de quitarse sus telas empapadas y
por el ûltimo aguacero pudiente bajo el que tuvo que cabalgar. Sobre el pucho
a la abertura de la puerta resûltale (un tanto) insôlito la presencia de Manes de
Nicôpolis y del cinciunatus, como que asimismo el hecho de que entre ambos
la verba aûn mantuviêrase activa, fluyendo, dando sus frutos o dadivando be-
neficios.
----No lo puedo creer, increîble que ustedes lleven hablando un tiempo consi-
derable, ni que fuesen contertulios---dice el magister equitum a la vez que se
despoja de sus ropas empapadas para ponerse unas secas.
----Yo le agradezco a usted, magister, que la conversa sea posible, que suce-
diera sin ningûn tipo de planificaciôn, exenta de causalidad----dice Manes de
Nicôpolis.
----Manes, que se posible aquî en palacio sî, pero acaso serîa imposible y en
algûn otro lugar de Bedriaco?---indaga el magister equitum.
----Claro que no, mas como sucede aquî, hoy y en este lugar, le debo [.....] le
debîa un agradecimiento.
----Parece que cuando las conversaciones son imprevistas se alargan mâs, se
extienden, que cuando uno ni piensa en tener un intercambio semântico salen
cantidad de palabras, de ahî que un lîmite sea difîcil de predecir, y que se en-
tienda un lîmite por finalizaciôn----dice el cinciunatus.
----Esta consideraciôn de usted tendrîa algunas oponencias; darîa pie a la su-
ma de unos tantos desacuerdos, de comentarios y crîticas, pero como lo que
en realidad ahora me interesa es acabarme de sentir bien por llevar ropas se-
cas, su consideraciôn no serâ refutada por mî----clara el magister equitum.
----A mî sî me parece, que cuando las conversaciones son imprevistas no ne-
cesariamente tienen que alargarse; pero sî creo que les caracteriza una que y
muy saludable espontaniedad, lo contrario a que sean pre-vistas, que tal co-
mo la palabra indica, por anticipaciôn de lo que se va a decir prevalecerîa y
un câlculo de la expresiôn, de la palabra o la verba, y en funciôn o de hacer
tambalear al interlocutor o de engendrarle la confusiôn, la duda o una breve
sospecha.
----Aplaudo sus palabras, Manes; se parecen a las que pudieran oîrse, escu-
charse en la institucîôn, ya que se asemejan bastante---dice el magister.
----Magister, los contertulios no son los ûnicos que hablan bien, aunque ha-
blen siempre bien; no tienen el monopolio de la palabra aunque la monopo-
licen...
----Ya sê, Manes, y tiene usted razôn, pero aquî en Bedriaco no encontrarîa
otra analogîa posible, ya que el hablar bien es cuasi precario.
----Cuando usted fue mi vecino, Manes, nunca lo escuchê hablar bien...
----Y cômo va a escucharme si yo nunca hablaba con nadie fuera de mis se-
manales consultas. Sabe usted, cinciunatus, quiên sî tiene la prueba de que
yo sî hablaba bien?
----Por lo que usted acaba (de)cir alguien que acudîa a sus consultas, no?
----Exacto!!
----Pero como no sê quiênes acudîan a sus consultas, cômo voy a saber de
quiên se trata?
----De su majestad, de la reina, de Dido. Pero no se haga el que no sabe, el
que desconoce, que usted no estâ ajeno a esto...
----Usted lo dice por lo del capacete parecido al de Plutôn?
----Por lo mismo, por quê si no?
----Sî, pero yo jamâs conocî a la reina.
----Yo dije que usted sabîa que ella venîa a mis consultas, no que la conocîa.
----No se preocupe usted por mi presencia, cinciunatus, que aunque yo sea y
la mano derecha de la reina, esta conversaciôn queda entre nosotros.
----Pero, magister, cuâl es el problema?, si de todas maneras la reina sabe ya
desde hace ya un tiempo de esto que hablamos.
----Problema ninguno, Manes, sôlo que aclaro para evitar que aparezcan cier-
tas y determinadas dudas, sôlo eso, que se piense en mî como si fuese ascâla-
fo, aunque hacer o recibir denuncias forme parte de mi oficio, parte incluida
en lo que hago y por seguridad de la corte. Bueno, ahora los dejo, que preci-
samente por tal seguridad debo salir a controlar precisas cosas, pero si lo de-
sean ustedes pueden quedarse y seguir hablando.
---Gracias, magister!!, que me parece que nos quedan algunas palabritas por
decir---dice Manes de Nicôpolis.
----Y de mî gracias tambiên, por dejarnos que hablemos en su garita, magis-
ter---dice el cinciunatus a la vez que estrêchale su mano derecha.
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