En Albula, y sin que fuese sentido por la modulaciôn de su caminar por las
fêminas que descansaban, a saber, la signora Lacrusea y Nausica, el cinciuna-
tus (viejo vecino del mago hiperôsmico Manes de Nicôpolis que vendiôle a Di-
do el casco parecido al capacete de Plutôn, el Orci galea) acêrcase a êstas sin
perder el cuidado de atisbar si alguna otra criatura lo descubriese (in fraganti)
en el momento tempestivo del cumplimeinto al raso de lo hacedero sin sorna,
lo que podrîa por consecuencia dar pâbulo de la pertinente denuncia. Seguido
a echarle una miradita rauda a las fêminas, cual propôsito no serîa otro que el
de saber si conocîalas o no, siendo el resultado que jamâs habîalas visto, a las
dos las zarandea para sacarlas del dormir que disfrutaban. La primera que sa-
ca a relucir la pregunta, quiên es usted?, es la signora Lacrusea, pregunta que
como tal es a su vez la prueba sin sospecha e indubitable de que quien la des-
pierta era tambiên desconocido para ella.
----Disculpe usted que la haya sacado de su disfrute, que haya interrumpido
su descanso, pero yo soy un viejo ciudadano de Bedriaco; los que saben y de
mi existencia me conocen por el cinciunatus.
----Y por quê usted ya tan mayor tiene larga cabellera?---pregunta la signora
Lacrusea.
----Señora [....] me dice su nombre, por favor?
----Me nombro Lacrusea, asî me llamo.
----Mire, señora Lacrusea, precisamente por tener cabellera larga, ondulada y
rizada es que me conocen como el cinciunatus...
----No lo sabîa, ya entiendo. Y dîgame, cinciunatus, quê desea de nosotras?
----Sôlo preguntarle si ustedes vieron (a)lguien por acâ, si escucharon algo en
lo referente a una barca hundida que he descubierto yo mismo.
----Y este señor de dônde tû lo conoces?---pregunta Nausica despertândose.
----De ninguna parte, de ninguna; pero espera, que me ha preguntado algo que
no sê---responde la signora Lacrusea.
----Y, entonces, quê me responde usted?---pregunta el cinciunatus.
----Ni hemos visto a nadie ni sabemos de eso de la barca. Y dônde estâ?
----No muy lejos de aquî.
----Y cômo usted pudo dar con la barca si acaba (de)cir que estaba hundida?
Sin dilaciôn para responder la pregunta, el cinciunatus deja primeramente
saber, algo que aclararîa el porquê de que êl nadara bien y sumergiêrase con
respiraciôn necesaria y basta como para estar un considerable tiempo debajo
del agua, que êl creciô rodeado de suntuosos nadadores; asimismo que popu-
lares por la costumbre de bucear a pleno pulmôn, hâbito repetido no muy co-
mûn por aquellos tiempos de su majestad Vologeso, y cuasi un desafîo por y
el pernicio que representaba de consuno con una creencia vigente, de que en
las profundidas estaba la morada de una deidad inexorable y brutal, pero que
de una que no aparecîa descripciôn [si acaso o ni siquiera] mîtica ni descolla-
miento posible por un cotorreo de lenguas locales, por la batahola que proce-
de de êstas, culmen de un impulso verbal tîpico de lo gregario.
----Culmen de un impulso verbal tîpico de lo gregario?
----Asî es, signora Lacrusea, como usted acaba de escucharlo----dice apodîc-
ticamente el cinciunatus, decir que es seguido por una señalizaciôn al preci-
so lugar donde estaba la barca.
----Pero, cinciunatus, quê son esas tres lonas que se ven desde aquî?--indaga
Nausica.
----Tapan o cubren a tres personas fallecidas que yo desconozco; un hombre
y dos mujeres.
----Y por quê usted no dijo que habîan tres personas fallecidas?
----Signora Lacrusea, porque pensê que ustedes podrîan tener una reacciôn o
una emociôn fuerte causante de mâs de un grito...
----No, no puede ser, Meli muerta?, quiên lo iba a decir---dice Nausica una y
vez descubiertos los cadâveres.
----Ven, una primera reacciôn---dice el cinciunatus que pregunta: una amiga
o una conocida tuya?
----Una conocida y novia del cocinero de Irlanda y de palacio.
----Y las otras dos personas quiênes son?
----Las desconocemos, cinciunatus, no sabemos la identidad de ellas...
----No, espera, esta debe ser Circe, por las caracterîsticas que me dejaron saber
Lucila y Crotonia, que conversaron con ella...
----Y quiênes son êsas?---pregunta el cinciunatus.
----Las âcraticas y oriundas de la desaparecida isla de Aphros.
----Interesante!!
----Interesante dice usted, cinciunatus, y por quê?
----Signora Lacrusea, porque las âcraticas tiene fama de ser buenas nadadoras,
como yo.
----De hecho vinieron nadando desde la isla hasta Bedriaco---agrega Nausica.
----Ve, usted, signora Lacrusea...
----Si, pero tû tambiên nadaste con ellas desde allâ hasta acâ, segûn me dijiste,
no?---dice la signora Lacrusea.
----Exacto, mas yo no soy âcratica; mâs bien vivî un tiempo con ellas en la în-
sula de la Espuma.
----Ah, mira, entonces tenemos algo en comûn---destaca el cinciunatus.
----Estarâ usted de acuerdo, cinciunatus, de que debemos informarle a Dido in-
mediatamente de todo esto, no?
----Por supuesto que estoy de acuerdo, cômo no?
----Entonces a palacio, que no hay tiempo que perder--dice la signora Lacrusea.
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