A raîz de la tirada del sprintia sucediô una cosa, una en lo atinente al gayo
recuerdo de Sabinsqui de dos criaturas fêminas, Scarnia y Dina; y si jovial por
dos razones: por ser fanâticas de los actores trâgicos y por ser mirîficas ami-
gas. A las dos dâbales lo mismo pasar la noche en locales donde los juglares
daban a conocer sus ûltimas canciones o sus recientes poemas que pernoctar
en barrios de las partes senectas o populares de una ciudad, por lo que enton-
ces el hecho de irse al lecho previo a la llegada puntual de la aurora y de la ro-
sadez del rosicler era totalmente imposible. Modus vivendi o costumbre jamâs
fueron têrminos utilizados por ellas para explicitar el porquê de lo que las dos
hacîan, sino que mâs bien de una sola vez y por todas dejaban claro e inteligi-
ble, in casu de alguna insensata o intempestiva pregunta, de que no ocupar si-
tio o puesto en la cama estando en posiciôn el imperativo del astro con mâs y
de un estado resultâbales una tremendîsima fruiciôn, la que amên y como tal
las concomitaba desde edades muy tempranas. Por extensiôn dirîase que son
parte (o que la forman) de la clasificaciôn de criaturas de la noche: de incons-
cientemente estar con Artemis, sin que nada tenga que ver con el acto del dis-
paro o del lanzamiento de flechas, de momento o en este kairôs no subraya y
relevancia, no traduce una causa o posible de fondo. Estas revelaciones como
que pudieran conducir a creer, lo que como hipotêtico es marcante de una po-
sibilidad de tenerse un pensamiento con arco de plata o figuraciôn côncava y
valiosîsima, de que como unas castañuelas Sabinsqui acuêrdese de sus mirîfi-
cas amigas, aunque transpôrtelas de un pasado a la plaza que el ocupa libera-
das del parangôn con las plumelas, exentas de una comparaciôn con êstas, lo
que elude sacar a relucir una jerga que pincelarîa la pertinente o la exclusiva
morphê que caracterîzalas; que machucarîa con su tecnicismo y empaparîa y
con sus lluviosas ambigüedades; que sobre el pucho transformarîa hasta la y
mismîsima hierva que descolla en un terreno olvidado, mâs sobre todo al es-
tar êste incluido en una imago. Mas habrîa que ver que si Scarnia desdeñaba
los señalamientos, ya que segûn su concepciôn de ver las cosas êstos tenîan
funciôn de prioridad, Dina marcaba incesantemente todo lo que engendrâba-
le placer, razôn por la cual Sabinsqui bautizôla sûbito con una originalîsima
expresiôn: Dina marca. Con el tiempo esta expresiôn quedô tan normal a su
escucha, que sentirla ausente en sus oîdos llegô a ser hasta motivo de quere-
llas, de tener rabieta como si tal sentido fuese el de un mancebo malcriadîsi-
mo, queja y modo de conducta (al)cance de la crîtica de Scarnia. Seguido a
formularse la siguiente pregunta: no serâ que mi crîtica es deficiente o poca
eficaz?, Scarnia decidiô olvidarse de la crîtica a todo trance, empero aun asî
costôle algo de trabajo, de abandonar un mêtodo ocasionante de pejiguerosa
resonancia, y tan asî que al pernoctar por los barrios susodichos sentîala del
todo presente, estando ahî donde debîa estar con su vigor y reciedumbre in-
soportables e indelebles, dos componentes de una potencia enemiga que per-
judican a la ataraxia. Sumando datos o centrando apuntes, Sabinsqui dejâba-
le saber a Scarnia, que lo que ya estâ arraigado, por utilizar una palabra que
traduce un apegamiento a un espacio determinado, cuenta de tal guisa con y
esa resistencia que impide que una crîtica deshaga o dirima extensiones con
fijeza, extensiones que pudieran analogarse con tentaculoridades inmôviles,
mas que con alongamiento no atrapan ni apercollan al que con opiniôn o si
no que con juicio penetra en algûn otro lado al hacer de su capital verba un
instrumento horadante, un introductor de su punta acarreante de cierta y de-
terminada inquietud, lo que no equivale a decir que por perforador sea total-
mente garante de algûn tipo de triunfo aunque antecêdale una pre-visiôn.
De otras derivantes que de momento sôlo servirân para gustosamente en-
fatizar dadorîas de una êpoca a partir de un caracterizante, de una peculiari-
dad que posibilitaba el acercamiento a forâneas lenguas, la que implica favo-
rablemente una seriedad por el estudio que es necesario o el repaso que es y
fundamental venîale muchitanto rigurosa a Sabinsqui, y si de tal manera por
proporcionarle una justeza en cuestiones idiomâticas, una exactitud que êl y
aprovechaba al cien por ciento sobre todo en la madrugada, y con êsta sus y
horas protegidas por el mutismo, el que de ôrdago acoge al estrîgido de Mi-
nerva como sîmbolo de sapiencia. Esta precisiôn mantûvolo pescador perse-
verante tanto de palabras como de expresiones latinas, cual sûmula de aquê-
llas como de êstas que con el tiempo facilitôle tener una insôlita facundia, y
hasta envidiada por sus amigas. Habrîa asimismo que decir, que si la madru-
gada era el baricentro de su actividad estudiosa, la tarde la parte del dîa que
sentâbase en una dureta del templo de Jano Quirino para escuchar al flamen
hablar latîn, mas sin que su estancia fuese muy larga por razones especîfica-
mente ônticas. Sin arrebatar puestos ni confundir categorîas, Sabinsqui desa-
rrollô su facilidad de palabras en un ambiente poco dado a la sophîa, de lo y
que sale que la precariedad de conocimiento estaba a la orden del dîa, empe-
ro que aun asî jamâs lenificô su potencia expresiva ni sintiôse ligeramente y
apercollado por la ignorancia constante, por la danza de la exigüidad patêti-
ca. De tal guisa sus amigas hacîan todo lo posible por entenderlo; nunca, ja-
mâs lo abandonaron por ser indubitable y loyal portador de una compleja y
verbalidad; de vez en cuando dejâbanle huevos hervidos para que famêlico
no estuviese en la madrugada, sustento que eludirîa el hecho corto de escin-
dirse por unos minutos de su mesa de estudios para dirigirse a la cocina, al-
go que como tal [aunque fuese breve] resultâbale ingrato, hecho que enton-
ces no escucharîase acompañado de la expresiôn Dina marca, por no ser ni
para su amiga de jaez deleitoso.
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