Traspasado el umbral de la puerta del cuarto, amên de ser lo primero que hi-
zo por darle prioridad, Nausica cuêntale a Crotonia y a Lucila sobre "todo" y lo
sucedido en Albula. Por la fantasîa que despierta o el acicate que representa por
pensarlo mâs de una vez con fijeza o detenimiento, a Crotonia mâs interesôle lo
atinente al solaz a toda flor del cazador, interês demostrado por una buena canti-
dad de preguntas formuladas, mas ninguna exenta de la gaya alusiôn a preferen-
cias conspicuas por cuerpos que eyectan su candidez en ambientes donde de tal
guisa impera la naturaleza, aunque asimismo los correspondientes atractivos de-
talles que de facto colman la necesidad de un ojo que determinadas caracterîsti-
cas busca. Pero Lucila, lectora incesante de temas mîticos y creyente aferrada y
acêrrima de la suerte o del destino---en este aspecto, en el de lectora, algo tiene
de comûn con Nausica, Jancia y Sunev-----, mâs inclinôse a pensar (apodîctica-
mente) que las Morias no equivôcanse, no fallan, no ludican al entregarse a sus
tejeduras [esbozantes de algo asî como de un fin indefectible] ineluctables.
---Yo que las conozco a las dos mâs que bien, no me extraña que cada cual pôn-
gale atenciôn a una cosa concreta, mas aun asî son ustedes mis amigas, no?
---Vaya pregunta que haces, Nausica, claro que lo somos, cômo se te ocurre la
formulaciôn de una pregunta asî, cômo?---pregunta Lucila.
----Seamos lo que somos, que es lo que no podemos dejar de ser, siempre jun-
tas estaremos---dice Crotonia.
----Algo parecido recuerdo que dijo Jancia una vez, y miren dônde estâ vivien-
do ahora, en la ciudad del ocio---señala Nausica.
----Sî, es cierto, mas no creo que nosotras seamos Jancia, que es tambiên nues-
tra amiga a pesar de que estê allî, en Apragôpolis; pero ademâs, que bien que y
lo sabes, Jancia no se fue porque quiso, o ya te olvido?
----No se me ha olvidado, pero si hubiera querido se podîa haber quedado...
----Nausica, estâs pensando desde tu punto de vista, no del de Jancia, que no y
piensa igual que tû, ni nosotras tampoco...
---Estâ claro que pensamos diferentes, no entremos en discusiôn ahora por eso.
----No discutimos, hablamos, participamos de un diâlogo, intercambiamos pa-
labras, etc...
----Y dônde estâ tu madre ahora, Nausica?----indaga Lucila.
----Fue a ver a Dido para quejarse del arresto injusto del cinciunatus.
----Quê, que se fue a quejar con la dueña o propietaria del reglamento de pala-
cio?
----Ay si supieran, que mi madre querêllase hasta de lo minûsculo....
----En esto no te pareces en nada a tu madre, sacaste poco de ella---acentûa y
Crotonia.
----Yo no soy amante de las quejas; si acaso, lo que viene de la parte de mi pa-
dre difunto, de retocar detalles.
----Yo creo que retocar lo propio de la naturaleza es difîcil, porque si ya tiene
un toque que no es fâcil de realizar, imagînate re-tocarlo...
----Lucila, como que estâs hablando parecido a los contertulios.
----Quê dices, Nausica, si en primer lugar los odio; en segundo, ni tan siquiera
me acerco.
----Miren, que se ve desde aquî, desde esta ventana...
----De quê se trata, Crotonia?----fisga Nausica.
----De ese [....] cômo es que se llama el personaje que las despertô a tu madre y
a ti en Albula?
----Cinciunatus!!, pero no es su nombre sino como le dicen.
----Quê pasa con êl, Crotonia?---pregunta Lucila.
----Que el magister equitum lo trae a palacio.
----Eso significa que Dido dio el beneplâcito de que entrara en la corte---dice
Nausica.
----Y quê tû crees que pase con êl?----pregunta Crotonia.
----De pasarle yo creo que nada, porque como ya contê êl se ocupo de sacar los
cuerpos de la barca hundida.
----Seguro que tu madre mâs tarde te dice---dice Lucila.
----Seguro!!
----Y quê hacemos mientras tanto, a quê jugamos?---pregunta Crotonia.
----Da igual a quê, mas juguemos---colofona Nausica.
En el salôn de los recibimientos, y al que llega el cinciunatus siguiendo al
cibiosactes, Dido ya habîa entablado conversaciôn con el cazador y la signora
Lacrusea, la que [claro estâ por una lôgica infaltable o por un motivo especîfi-
co] tenîa que ver con el ya sabido suceso en Albula. Mas el cinciunatus acto y
de presencia hace en el mîsmîsimo momento en que la signora Lacrusea exen-
ta de sorna concentraba su mirada en el cazador, a la vez que el intercambio de
palabras fluîa con algo de soltura. Lejos de imaginarse el porquê de tal enfoca-
mientos de ôculos, el cinciunatus acomoda sûbito su tafanario en una silla pim-
pante, a raîz de que la reina concêdele el permiso de hacerlo. Pasados siete mi-
nutos de ya estar sentado, Dido interrumpe la conversaciôn para hacerle la pre-
gunta siguiente:
----Y cômo fue que usted dio con el lugar donde estaba la barca hundida?
----Mire usted, majestad. Yo caminaba placenteramente por Albula escuchan-
do el canto seductor de algunos pâjaros. De repente percibo unas vacîas y ta-
padas botellas que se acumulaban al ser arrastradas por la corriente. Esto pa-
reciêndome extremadamente raro me obligô a pesquisar râpido, investigaciôn
entonces que me llevô al lugar de donde venîan las botellas y en el que, insôli-
tamente, habîa una vorâgine...
----Es la palabra adecuada, porque jamâs yo habîa oîdo de un fenômeno como
êse en Albula. Pero siga usted con su narraciôn---pide Dido.
----Yo no puedo explicar el fenômeno, majestad; mas sî que, y por ser buen na-
dador, dispuesto a dirigirme al remolino nadê hasta êste, el que de forma enig-
mâtica desapareciô unos segundos antes de llegar a êl. De repente, y algo cau-
sante de un susto tremendo, veo que algo emerge del agua con un salto tremen-
do, reconociendo lo que era una vez que cayô sobre la superficie de la corrien-
te: un bote. Reconocido el objeto, diviso una soga que sujetaba al bote desde y
la profundidad, instante en que decido, y con la ayuda de la soga, descender y
hasta el fondo.
----Pero usted no me dijo de la vorâgine, cinciunatus----dice la signora Lacru-
sea.
----Ni yo....
----Ni usted quê, cazador?---indaga Dido.
----Que ni yo hubiese creîdo de un remolino de agua en Albula.
----Bueno, no interrumpan mâs para que el cinciunatus cuenta hasta el final lo
que pasô. A ver, continûe usted diciendo---dice Dido.
----Al llegar al fondo, y por tener buena respiraciôn, giro en derredor de la bar-
ca dândome cuenta de dos cosas: la primera, que la soga del bote estaba atada a
la cadena del ancla de la barca; la segunda, que salîan las botellas de una abier-
ta compuerta ubicada en la mitad de la barca. Interesado en saber mâs penetro y
por la compuerta, siendo entonces cuando descubro a las tres personas ya ahoga-
das, allende que totalmente desnudas.
----Y usted tuvo aûn suficiente aire en sus pulmones para trasladar a las tres per-
sonas del fondo a la superficie?---indaga Dido.
----Claro que no, majestad, ya era tiempo de ascender y rellenar los pulmones.
----Y entonces?
----Que subî y bajê seis veces, porque de una sola vez imposible de trasladarlas
a las tres.
----Yo tengo una pregunta, cinciunatus?
----Pregunte usted, signora Lacrusea.
----Cômo fue posible entonces de que sus ropas estuviesen secas al despertar-
nos a mi hija y a mî, y de que ni una gota de agua cayera de su cabellera larga?
----Signora Lacrusea, porque seguido a terminar de ubicar los cadâvares como y
usted los vio, puse a secar mis telas, y de paso hice un descanso que me hacîa y
falta.
----Mire, cinciunatus, el cazador fue el que amarrô a la cadena del ancla de la y
barca el bote, ademâs de que sabe muy bien del suceso, algo de lo que ya estoy
enterada---dice Dido.
----Pues yo, majestad, es primera vez que lo veo---dice el cinciunatus que al ca-
zador le pregunta: y por quê usted no hizo nada por esas tres personas?
----Primero porque no tuve tiempo; segundo, por no ser tan buen nadador ni te-
ner buena respiraciôn como usted...
----Eso lo puedo entender; pero, algo que no es imposible, no pudo haber pedi-
do ayuda?
----A ver, cinciunatus, que esto no es un juicio, asî que tranquilîcese, de acuer-
do?
----Disculpe usted, majestad, disculpe!!--afirma el cinciunatus que pregûntale
a Dido: majestad, puedo hacerle una pregunta?
----De cuâl se trata?
----Quê hizo usted con el casco que le vendî parecido al capacete de Plutôn?
----En las mîas ya no estâ, pero si en buenas manos.
----Lo que quiere decir que aûn existe, no?
----Asî es, cinciunatus, asî es!!
Unos golpes en la puerta hacen que Dido diga: que pase el que toca, que la
puerta no estâ con pasado pestillo.
----Soy yo, majestad, y querîa sôlo saber si debo preparar algo de merienda.
----Prepârela sûbito, cibiosactes, y cuando estê lista me avisa.
----A la orden, majestad, a la orden!!
Keine Kommentare:
Kommentar veröffentlichen