Veinte es la cantidad (indeleble) de soldados bâtaros que saldrîan de palacio
para cumplir con un preciso edicto de la reina: recoger los cadâveres en Albula
[de Circe, Meli y el barquero de la ciudad del ocio, Hagapajitas de Falogracia]
y traerlos a la corte, allende de la presencia infalible y menester del que eyecta
buen porte y aspecto, el magister equitum, y la del cazador; quien justa y exac-
tamente sabîa, al igual que el cinciunatus, el que de momento quedô intercam-
biando verba en la corte con Manes de Nicôpolis, mas despuês de la conversa
tenida con Dido, la signora Lacrusea y Nausica, el lugar donde estaba la barca
hundida y los cuerpos sucumbidos, ahogados.
Cinco minutos despuês de la partida hacia Albula de los soldados bâtaros,
como que cuasi Klonariôn tropieza con la bailarina pelirroja, Corônide, al es-
tar trasladândose êsta de un punto a otro de uno de los pasillos de palacio, y a
la vez que ejercitando sus piernas para mantener la elasticidad indefectible de
sus mûsculos.
---Hacîa rato que no te veîa, dônde te metes, te escondes?---indaga Klonariôn.
---Eso mismo te preguntarîa yo, Klonariôn, pero si de verdad me quisieras en-
contrar, tû bien sabes dônde practico todos los dîas, no?
---Cierto que lo sê; pero sabes lo que pasa?
---Quê es, Klonariôn, lo que pasa cierto?
---Que sencillamente no quiero molestarte cuando haces tus ejercicios, como y
ahora, que casi que chocamos.
---Ahora no fue ninguna molestia, sino un encuentro inesperado...
---Inesperado como sinônimo de casualidad?
---Deja de hacer ese tipo de preguntas y dime una cosa: sabes lo de Albula?
---Cômo no voy a saberlo, sabiendo que aquî en palacio es tremenda la resonan-
cia: una mînima palabra a puertas cerradas basta para engendrar movimiento vi-
bratorio...
---Ven acâ, te contagiaste con los contertulios?
---Nada de eso, yo soy ûnica.
---Puedo decirte algo?, pero debe quedar entre nosotras.
---Claramente que sî!!, quê es?
---Que yo estuve en la barca, antes de que se hundiera, con Xabier.
---No entiendo quê hacîas ahî, aclara, explica [...] cuenta.
---Xabier y yo nos bañâbamos en Albula. De repente mi esponja rosada la co-
rriente se la lleva, y Xabier trata de alcanzarla, pudiendo sôlo recuperarla al y
chocar con la barca. Êl subiô a la embarcaciôn; yo, mâs tarde, y sabes lo que
vi?, tres cuerpos desnudos; pero, ademâs, me encontrê con otra cosa.
---Con quê?
---Con un libro sobre danzas senectas, estando entre êstas la del cordax...
---Interesante tal danza, te recuerdas cuando la bailamos en Albula?
---Cômo voy a olvidarlo.
---Y dime: cômo fue que ustedes no se hundieron con la barca?
---Vamos a caminar un poco y te explico mâs.
---De acuerdo, vamos.
Diez minutos despuês de irse a caminar êstas, la guardia de posta detiene
a un personaje que revelaba ser el propietario del bote alquilado al cazador, pe-
ro que a su vez insistîa en hacer la correspondiente denuncia, ya que ni el bote
fue devuelto ni el cazador aparecîa. Al estar ausente el magister equitum, uno
de los oficiales que lo sustituye encargase de barruntarle sûbito a la reina sobre
este asunto, por lo que sin dilaciôn ninguna êsta le da la autorizaciôn para que
deje pasar al personaje llegado.
----A ver, señor, cuâl es el motivo de la denuncia?
----Mire usted, majestad. Hace ya tres dîas que le alquilê por una hora un bote
al cazador, y hasta hoy no sê nada ni del bote ni del cazador.
----Señor, cuâl es su nombre?
----Angelicus, pero nada que ver con el medicus.
----El que decîa, que las sustancias razonables son dueñas de sus actos.
---Se nota que es usted una persona instruida; porque yo, que entre otras cosas
alquilo botes, ni idea tengo de lo que acaba (de)cir.
----Entre otras cosas?, y quê mâs usted hace?
----Todo lo que pueda con tal de ganarme las monedas.
----Pues escuche usted una cosa, Angelicus.
----Diga usted, majestad, diga.
----Por el cazador no se preocupe, que de momento estâ cumpliendo con algo y
que yo le encomendê. Respecto al bote, cuânto le costô?
----No recuerdo con exactitud, porque hace ya mucho de la compra.
----Mire, Angelicus, tome usted esta bolsita y asunto arreglado. De acuerdo?
----Cômo no, majestad, totalmente de acuerdo. Gracias, muchas gracias!!
A continuaciôn, y una vez abierta la puerta del salôn de los recibimientos, la
señal emitida por Dido al cibiosactes significaba de que êste deberîa conducir a
Angelicus a la puerta principal de palacio, algo con lo que cumple tan bien y râ-
pidamente, que el traslado queda exento de algûn tipo de cosa por la cual viêra-
se la reina en la necesidad de acudir a una medida que apellîdase disciplinaria.
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