Samstag, 30. März 2024

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        De quererlo Cratino hubiera podido seguir agregando verba, mas como êl sabe la

consecuencia que traerîa seguirme la corriente [que pertencese al rîo del jueguito] pre-

firiô (de momento) quedarse  en mutismo. Al no  decir ninguno de los presentes ni tan

siquiera  una interjecciôn, la que aun por  corta pudiera resultar acicateante por expre-

sar o asombro o sorpresa entre signos de admiraciôn, el silencio resultô ser mâs desco-

llante. Entonces Aspasia, y menos que para romper  êste para dejar saber que harîa al-

go  que por hacedero no representa ningûn tipo de problema, dice que llevarîa al cuar-

to la orquîdea para ponerla en la ventana, y de paso pondrîase su querida bata transpa-

rente. A raîz de este decir Esmeralda prêstase volitivamente para concomitarla, razôn

por la que pensê que mâs por entrar en contacto con una zona de intimidad que por el

simple acto de abandonar el sofâ es que ella quiso acompañar. Al quedarnos solos no-

sotros en la sala Cratino pregûntame lo siguiente:

---Kosmos, que tû crees si cerramos con llave la puerta del cuarto y nos vamos al bar

nocturno?

---Que quê creo, Cratino, que es una maravillosa idea; pero, que despuês no quiero 

ser yo sôlo el que tenga que aguantar lo que dirân esas dos, cuando salgamos del bar

regresas conmigo.

---Aguantan mâs dos oyendo que uno solo, por lo que estarân presentes el que mata

la vaca y el que le aguanta las patas. Pero dime, Kosmos: tienes la pericia de cerrar

con llave la puerta sin hacer ruido?

---Câspita Cratino!! La cierras tû que la ocurrencia es tuya.

---De acuerdo. Y dônde estâ la llave?

---En aquel cenicero que estâ encima de la zapatera y puesta en un llavero del que la

imago de Hermes cuelga.

---Y por quê estâ ahî?

---Cratino, porque jamâs utlizamos esa llave.

---Voy a buscarla.

           Media hora despuês alegrôse Forligen por nuestra presencia en el bar nocturno.

Seguido a invitarnos a la primera copa preguntô el porquê de no haber venido con no-

sotros Esmeralda y Aspasia, respondiêndole Cratino lo que habîamos hecho. Muêrese

de la risa Forligen al escuchar la verdad, y como quien celebra un momento exclusivo

eleva su copa y dice: brindemos por el encierro!! A continuaciôn del tintineo de copas

aparece Juliette, recôgese su cabello pelirrojo con una liga de color azul y pregûntanos

lo siguiente: 

---Saben ustedes algo de Esmeralda, que es raro que no estê aquî?

        Tan sensatamente como pudimos nos miramos los tres, y como una forma de co-

municarle a Forligen que lo responderîa serîa una mentira hâgole un guiño con el ôcu-

lo derecho.

---Juliette, deplorablemente no sabemos nada.

---Estâ bien, Kosmos, estâ bien. Pero dônde pudiera estar Esmeralda. No estarâ con

Aspasia?

---No lo creo, porque Aspasia dîjome en la mañana que hoy quedâbase con su padre

porque estaba enfermo.

---Bueno, ya aparecerâ. Quê, no me invitan a una copa? No me das un beso, Cratino?

---Te doy mi copa, que el beso tû sabes que no lo doy en pûblico.

---Tû y tu indivudualismo al besar. Dame la copa.

---En todo caso con mi privacidad. Aquî la copa, côgela!

---Quê sabor que tiene este vino! Cuâl es?

---Es uno de Francia, pero se me olvidô el nombre.

---Tan mala memoria tienes, Forligen?

---Eso parece, Juliette.

---Como para un âgape de Petronio esta dadorîa bâquica!!

---Para un âgape de quiên, Kosmos?

---No es relevante, pensaba en voz alta.

---Cuando tû dices eso...

---Y quê tal la caja de mûsica? Tengo que decirte algo que dejôme con asombro.

---Kosmos, que tû te asombres es una novedad. Quê es?

---Que Aspasia, y no hace mucho en la ducha, cantaba la misma melodîa de la ca-

ja de mûsica.

---Y eso te asombrô? Por quê?

---Porque cômo puede conocerla con tantas cajas de mûsica que existen?

---Bueno, eso a mî no me asombrarîa.

---Una monografîa del asombro serîa conveniente para...

---Kosmos, por favor, no empieces con tus complejidades.

---Sirvo fielmente a los pedidos. 

---Gracias, Kosmos, gracias!! Y tû, Cratino, dônde estuviste por la mañana, que me

levantê y no te vi en la cama?

---Con Kosmos en el cementerio del Cerâmico, y despuês nos cogieron presos.

---Quê? Cômo? Repites?

---Te explico...

---Despuês, mâs tarde.

---Contra, Kosmos, contra.

---Ya es tiempo de la segunda y ûltima presentaciôn.

---Al avîo, Forligen, al avîo!!

---Sî, Kosmos, ya sê: al avîo!!

---Juliette, sabes de quê nos enteramos hoy?

---Cratino, una comprobaciôn?

---Kosmos, me dejarâs hablar?

---Todo yo mutismo ora!!

---De quê, Cratino, de quê?

---De que el padre de Esmeralda es general.

---No entiendo, porque Kosmos me dijo que no sabîa nada de Esmeralda.

---Juliette, en el cementerio del Cerâmico el general nos dijo que Esmeralda era su

hija.

---No sabîa que era general el padre de ella.

---Entonces Esmeralda no te lo habîa dicho.

         Y pienso yo: he aquî la comprobaciôn para saber Cratino si es verdad lo que 

Esmeralda dijôle a Aspasia: Juliette tampoco sabe que mi padre es general.

---Kosmos, quê pasa por tu testa, que cuando tû la...

---Cratino, sôlo escucho y hago ejercicio.

---Ejercicio? Mejor me callo la....

---Que puedes meter la pata.

---En quê ustedes (dos) estân?

---Juliette y quê te hace pensar que estamos en algo?

---Cratino, no te acaba de decir Kosmos que puedes meter la pata?

---Se nota que aûn no lo conoces lo suficiente.

---No sê, pero me parece que aquî hay gato encerrado.

---Quê, ya te empezô a hacer efecto el vino francês?

---No quiero discutir, Cratino, no tengo ganas de eso, asî que piensa lo que te dê

la gana. Es mâs, me voy, que estoy preocupada por Esmeralda. No te pido un be-

so porque ya sê que no me lo darâs: me lo das despuês?

---Despuês te lo doy, Juliette, en privado y si quieres doble.

---Triple mejor. Bueno, hasta que te vea.

---Adiôs, Juliette, adiôs!

          Por no dejar de mirarla en lo que dirigîase a la puerta del bar es que Cratino dî-

ceme  que antes de salir  quitôse la liga azul, e inmediatamente  agrega una pincelada 

que  penetrô por mis  oîdos como una parecida a la del vate de mi novelôn: cae como 

cascada el cabello de Juliette en su delgada espalda, coloridad que diôme sûbito pâbu-

lo  de por la verba hacer un brindis, el segundo hasta ora en la nocturna. A raîz del to-

que del cristal de las copas aparece frente a nosotros Yelas, razôn de yo pensar que el

tintineo acarreô una vibraciôn de sonido basta como para imantar a una identidad que

por su diligo tiene cercanîa con el segundo sistema.

---Yelas su presencia como que hâceme recordar ciertas cosas de mi novelôn. Quê ha-

ce usted en este bar nocturno?

---Kosmos, el hecho de que sea sepulturero no quiere decir que sea abstemio.

---Yo creo que por el mismo hecho es que usted no pudiera serlo, empero no quise con

mi pregunta saber sobre tal hecho sino que mâs bien sobre el porquê de estar usted en

este bar que no en otro.

---Kosmos, y acaso un bar no es un bar igual su lugar?

---Yelas, a este bar por antonomasia es al que vienen todos los faranduleros de cuales-

quier partes de esta ciudad.

---Kosmos, me dan lo mismo los faranduleros que los farolelos...

---Si es que los faranduleros no son lumbre en la noche.

---Demasiada fantasîa pudiera tener sus consecuencias, Kosmos.

---Yo responsable de ella, Yelas. Y dîgame: hizo las gestiones debidas en la estaciôn

de policîa?

---Ya estân hechas, pero lo que sigue es la demora. Bueno, si es que algo funciona râ-

pido en esta ciudad.

---Êsa es la res, Yelas, êsa!! Esta ciudad caracterîzase por la parsimonia en todos, en

cada uno de sus sectores. Tengo una diamantina noticia que darle.

---No me vayas a decir que es referente al abogado.

---Êsa es la diamantina noticia. Mire, aquî la tarjeta del abogado.

---Triptolemo Eleusîs? Vaya nombre para entrar en relaciôn! Pero da lo mismo cômo

se llame al abogado, que de todas maneras ningûn nombre es garante de la transforma-

ciôn de las cosas lentas.

---No lo es de êstas, Yelas, mas sî del signo de admiraciôn, de interrogaciôn o del asom-

bro. 

---Se nota que a todo lo que puedes le sacas provecho. Y desde cuândo tienes la tarjeta?

---No mucho, cuestiôn de pocas horas. Metôn conoce a cinco abogados, mas segûn dîjo-

me, êste es muy bueno en el asunto de su interês.

---Gracias, Kosmos, gracias!! Y es mâs, de mi parte va la compra de la prôxima bote-

lla.

---Erastes es usted del vino de la Francia?

---Respecto al vino me da lo mismo su procedencia.

---No igual nosotros, mas somos tolerantes.

---Me toca saberlo.

---Esto puede entenderse de dos maneras.

---Kosmos, entiêndelo a la manera tuya. Quiên de ustedes dos me hace el favor de ir a

comprar la botella?

---Cratino, vas tû o yo?

---Voy yo, Kosmos, yo voy.

---Mira, Cratino, aquî los pesos, y nada de propinas.

---Nada de ellas, Yelas, le traigo el vuelto justo.

---Yelas, y usted conoce asimismo al chofer del general?

---No, Kosmos, no lo conozco. Por quê deberîalo conocer?

---Por pertenecer a la misma generaciôn del general.

---No no, ni idea de quiên es.

---Sus padres fallecidos son dublineses, por lo que su ônoma es Daoine Sidhe, empero

dîcenle Dasid.

---Y de dônde tû lo conoces?

---De cuando salimos de la estaciôn de policîa, ya que el general le dijo que pasara por

êsta para saber si todo habîa salido bien.

---Ah, entonces lo conociste hoy en la tarde.

---Êsa es la res, Yelas, êsa!! Mas hay otra cosa.

---Cuâl, kosmos, cuâl?

---Que del retrovisor del automôvil cuelga el sîmbolo de los tres zarcillos.

---Y quê representa ese sîmbolo?

---En la cultura celta a la triple diosa y a la energîa de la numeral tres.

---Completamene ajeno a lo que dices.

---Aquî la botella!! Y Yelas, aquî el vuelto exacto, ni mâs ni menos.

---Cratino gracias!! Pero no acabas de decir que es exacto el vuelto?

---Cômo olvidarlo si lo acabo de decir?

---Preguntê porque agregaste ni mâs ni menos, y cômo ni mâs ni menos si algo es

exacto, o sea, el vuelto?

---Tû ves, Kosmos, me contagiaste con la repeticiôn de lo mismo, porque ni mâs ni

menos y exacto son diferentes sôlo por la forma de decirlo.

---Câspita!! Lo que se pega pêgase!!

---Y hablando de pegarse, quiên de ustedes dos es el que se pega a la muchachita pe-

lirroja que no hace mucho se fue?

---Yelas, Juliette es mi novia.

---Quê bien, Cratino, que goces con tan jovencita flor. Quê les parece si brindamos y

por Venus?

---Que como a la tercera va la vencida serâ el ûltimo brindis de esta nocturna.

---Yelas, Kosmos lo dice porque ya hemos brindado dos veces.

---Pues que esta nocturna no terminê sin el brindis por tercera vez.

         Como ni Cratino ni yo estuvimos al tanto del cambio de hora llegamos a mi apar-

tamento en vez de a las siete a las ocho de la mañana. Seguido a penetrar en êste sin ol-

vidar que el mînimo ruido pudiera ser la causa de que nos descubrieran llegando, amên

que medio ebrios, lo primero que hice fue posicionarme cerca de la puerta del cuarto y

con  el têlos  de pegar mi oîdo  izquierdo en la madera de êsta, y para saber si ya se ha-

bîan levantado Aspasia y Esmeralda. A continuaciôn de no escuchar ni la voz de una ni

de la otra con tremendîsimo cuidado hundî la llave en la cerradura y abrî poco a poco la

puerta, siendo entonces cuando mis retinas observaron algo placentero: Esmeralda abra-

zaba a Aspasia estando a la zaga de êsta, y como estaba la sâbana descorrida del tronco

para arriba las dos estaban desnudas. Sigue la res con el cerrar [como mismo la abrî] la

puerta y con el barrunte a Cratino de lo que acabê de ver.

---Cômo que desnudas? Tû pensaste que algo entre ellas pudiera suceder?

---Cratino, yo sobre lo deleitoso sôlo pienso cômo pincerlarlo al escribirlo, cômo darle

un color, allende piensa en una cosa, o tênla en cuenta: necesariamente algo entre ellas

sucediô?

---Kosmos, y si la pienso o la tengo en cuenta quê mâs da?

---Cratino, no pudiera ser que, como buenas amigas, simplemente quiêranse?

---Y simplemente quererse no es algo que sucede con placer?

---Pasa asî porque no ôdianse.

---Kosmos, para nunca acabar. 

---Tû sabes mejor que nadie que el fin yo lo demoro, que no llegô a êl con rapidez.

---En fin, tomamos cafê?

---Hacerlo es mâs râpido que un fin que trabâjase: lo haces?

---Lo hago, Kosmos, lo hago.





 




 



 



 







































 





 









 




























































 


 










  

 

Freitag, 29. März 2024

56 (cont)

           Entonces no demora Aspasia en dejarme saber que la orquîdea quedarîa vertical

no en la de la sala sino en la ventana del cuarto, ya que de acuerdo a la posiciôn de mi

apartamento en êsta cuasi todo el dîa tendrîa la luz de los rayos apolîneos. De mi parte

refutaciôn ninguna como tampoco una pregunta en lo atinente a quiên de los dos le to-

carîa  la responsabilidad de echarle agua a la planta por lo menos una vez a la semana,

mas lo que sî no pasê por alto fue la cuestiôn de la ornamentaciôn, asunto que para mî

es de mayûscula relevancia por la llana y sencilla razôn de la viveza (o vivacidad) que 

adquiere un recinto a cabalidad o no adornado. Por lo que acabo de decir pudiera fâcil-

mente entenderse el porquê en mi novelôn yo saquê a puesto, a colocaciôn la siguiente

frase: lo adornativo que impide caer en taciturnidad. A pesar de la constancia de la da-

dora  repeticiôn en mi novelôn esta frase la amplîfiquê una vez solamente en la segun-

da parte de êste, no siendo en otro momento que cuando Cornelia y Rubria regresaron

del  bosque con el trêbol de cuatro hojas y Cornelia posicionô êste en el lugar adecua-

do  en la sala de su casa en la ciudad del ocio (Apragôpolis). Parêceme que ya se pue-

de notar que tanto a Cornelia como a mî nos resulta indefectible la materia de la orna-

mentaciôn; que en Aspasia es mâs bien la iluminaciôn la res que primeramente valora,

que subraya la lînea lo que ya tiene resonancia, y que si [durable o] con duraciôn me-

jor.  





Mittwoch, 27. März 2024

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          Y vaya causalidad la siguiente: el encuentro con Metôn en la escalera, razôn por 

la cual yo le di la llave de mi  apartamento a Cratino, allende de decirle que hiciêrame

el favor de darle a Forligen el sobre con el peculio que estaba dentro de la primera ga-

veta  de la parte izquierda de la mesa de mi estudio, y a continuaciôn pregûntole a Me-

tôn:

---Conoce usted, banquero pensionado, a algûn abogado, sin que sea relevante si de 

prestigio o no?

---Kosmos, la suerte de acompaña, porque no a uno sino a cinco conozco.

---Dejarle saber transparente quiero que no es para mî sino para el sepulturero Yelas.

---Y sabes concretamente el porquê de necesitarlo?

---Para la compra de una casa: la del difunto zapatero Cliôn.

---Ah, se trata de propiedad. Mira, que ahora tengo que ir a comprar algunos alimen-

tos primarios, que como sabrâs con estos setenta y cinco años los secundarios no me

sustentan mucho, mâs tarde te meto por debajo de la puerta la tarjeta de presentaciôn

de uno que es bastante bueno en esta cuestiôn.

---De acuerdo, Metôn, mêtamela por debajo de la puerta, y por lo que le doy las mu-

chitantas gracias.

---Kosmos, no tienen que ser tantas, cantidades de gracias.

---Es un inveterado ethos el causante de mi decir muchitantas, y cuando estoy con el

humor excesivo pôngole rabo: tas, tas, tas...

---Entiendo, cosa de escritores o poetas. Bueno, hasta mâs tarde, Kosmos.

---Hasta entonces Metôn, que yo estoy adentro de mi apartamento; digo, espero estar-

lo, porque nunca sâbese si por alguna novedad o algûn imprevisto tenga la necesidad

de salir de nuevo.

---Igual, Kosmos, que de todas maneras la meto por donde te dije.

---Age, Metôn, age!! Mêtala por ahî.

          Al entrar en mi apartamento la primera pregunta que hâceme Cratino es êsta:

---Y, conoce Metôn a algûn abogado?

---Conoce a cinco, y de uno del quinteto me dejara su tarjeta de presentaciôn por deba-

jo de la puerta.

---Por debajo de êsta, y por quê por ahî, Kosmos?

---Ni idea, Cratino. Y ora dime tû: le diste el sobre a Forligen?

---Aquî estâ, Kosmos, asî que ya no me debes nada.

---Exento de la deuda aprêmiame brindar.

---Kosmos, por otra cosa asimismo podemos brindar.

---Amplifîcala Cratino, am.pli-fî-ca-la!!

---Por el triunfo contra la autoridad.

---Pues como tiro de flecha voy a la cocina por la botella y las copas.

         Al regresar a la sala con lo que fui a buscar a la cocina pregûntame Esmeralda

quê significaba Kata-Shiro, ya que al estar escrito en un papelito que pegô Aspasia

a la tapa de la caja de zapatos que protege del polvo a la cuarta parte de mi novelôn

podîa fâcilmente ser alcanzado por la mirada de cualquiera. Y entonces respôndole:

---Esmeralda, êse es el ônoma de un papel que forma parte de una ceremonia de pu-

rificaciôn que pertenece al sistema sintoista.

---Kosmos, y por quê el papelito estâ en el mismo centro de la tapa?

---Ignoro por cuâl razôn Aspasia pegôlo ahî.

---Y por quê una caja de zapatos encima de esta mesa, no deberîa estar en el cuarto?

---Esmeralda, cada una de las partes, que son cinco, de mi novelôn estân guardadas

en cajas de zapatos; la que êsta dentro de esta caja es la cuarta, la que aûn no ha ter-

minado de leer Aspasia.

---Kosmos, y por quê no en carpetas?

---Por cuestiones de preferencia, Esmeralda, no por otra cosa.

---Asimismo hay que tener en cuenta que a una caja de zapatos le caben muchîsimas

mâs hojas que....

---Cratino, êsa es la res, empero acabo de decir que no es por otra cosa que por la...

---Preferencia, Kosmos, preferencia. 

---Por interrupciôn estamos empatados, Cratino.

---Kosmos, quiên desempata primero?

---El que no hable como primero, porque uno no desempâtase a sî mismo.

---Claramente que el que escucha es el que interrumpe.

---Quê clase de jueguito es êste al que juegan ustedes dos?

---Forligen, punto a la raya y que continûe la letra, que êsta es imprescindible para

ludicar.

---Como que me pides participaciôn en el jueguito, Kosmos?

---Te lo pido, sî!! Pî-dotelo.

---Bellaco!! No estâ incluida una "constante"?

---Interesante!! Tendrê en cuenta, para siempre, tu rauda captaciôn.

---Kosmos, hablas en serio o jugando?

---Câspita!! 

---Kosmos, recuerda que le debemos una explicaciôn a Esmeralda.

---Cratino, ora mismo se la doy. Escucha, Esmeralda.

---Toda oîdo, Kosmos, todita.

            Justamente al terminar de dârsela llega Aspasia, allende que trayendo entre

sus brazos la orquîdea que estaba en la cafeterîa.

---Tan cerca esas hojas duras y erigidas a tu pecho cômo no sentirte....

---Kosmos, no quieras sacar a relucir tu fantasîa en pûblico para que te la celebren.

---Nôtase que ya tienes la barriga llena.

---Y quê tiene que ver que la tenga llena con lo que te dije?

---Que si huera tu decir hubiera sido otro, totalmente diferente o distinto en un por-

ciento considerable. No me vayas a decir que hurtaste la orquîdea de la cafeterîa.

---Kosmos, y cômo tû sabes que estaba allî?

---Porque la vi sin que tû viêrasme mirando.

---Kosmos, lo que acabas de decir estâ muy bueno para musicalizarlo.

---Forligen, la guitarra es tuya y asimismo tu experiencia musical; pero, que apro-

vechar cualesquier oportunidades tiene una relevancia tremenda, por derecho de ar-

tîfice vas a tener que pagarme el correspondiente precio.

---Forligen, y no puedes decir que no tienes dinero, lo que serîa una mentira...

---Ya sê, Cratino, ya sê que lo serîa. Y Kosmos, te vuelvo a preguntar: hablas en se-

rio o jugando?

---Impepinable que ludicando, amigo mîo. Cômo tû crees que yo reducirîa la canti-

dad del peculio que tienes que junta los pesos con los que te pago mi deuda contigo?

---Esta bie, Kosmos, no pasa nada.

---Kosmos, la orquîdea no me la robê, sino que me la regalô su dueño.

---Con esa saya tan corta cômo no te va a dadivar una orquîdea con las hojas que tie-

ne.

---Quê, Kosmos, celoso?

---No Forligen, eso no es celo, que el dîa que Kosmos pôngase celoso habrîa que pen-

sar que estâ enfermo. Y tû, Esmeralda, por quê no me habîas dicho que tu padre es ge-

neral, que nos conocemos hace un montôn de años tû y yo?

---Aspasia, y cômo le respondî a Kosmos la misma pregunta, quê importancia tendrîa

que tû lo supieras?

---Esmeralda, y acaso no lo sabe Juliette?

---No, Aspasia, Juliette no lo sabe.

---Espero que ya sepas que gracias a tu padre....

---Sî, Aspasia, ya lo sê, y me acaba de contar Kosmos cômo y dônde conociô a mi pa-

dre.

---Aspasia, puêdese saber el porquê tû escribiste en ese papelito el nombre del papel

que pertenece a...

---A lo que tû sabes Kosmos. No por otra cosa que por gustarme el nombre, solamen-

te por eso, por nada mâs.

---Si solamente por una cosa puede ser por algo mâs?

---No empieces con tus preguntas investigativas. A ver, por quê no me preguntas: As-

pasia, quieres tomar vino?

---Aspasia, quieres tomar vino?

---Eso, Kosmos, eso, rîete!!

---Riêndome voy en busca de una copa.

---No se puede con êl, no sê cômo tû puedes, Aspasia.

---Esmeralda, tendrîa que recordarte que tû tambiên pudiste?

---No hace falta que me lo recuerdes.

---Entonces?

---Que no esperaba que me hicieras esta pregunta.

---Olvîdala!! Es una pregunta que ya se me olvidô.

---Damas y caballeros les dejo saber que me voy porque el bar de los faranduleros

me espera, asî que sigan pasândola bien y hasta que nos volvamos a ver.

---Buena descarga, Forligen.

---Gracias Cratino!! Kosmos, me voy.

---Sî Forligen, lârgate!! Age y al avîo!!

---Kosmos, hay una tarjeta de presentaciôn debajo de la puerta.

---Dâsela a Aspasia.

---Aquî la tienes, Aspasia. Y me voy.

---Triptolemo Eleusîs, vaya nombre el de un abogado. Mira, Kosmos, aquî estâ la tar-

jeta.

---Aquî la copa, Aspasia. Triptolemo Eleusîs, cierto que es un ônoma que impresiona;

uno para novela.

---Kosmos, para tu novelôn hubiera sido ideal.

---Indubitablemente que sî. Mañana llêvole la tarjeta a Yelas.

---Yelas? Quiên es, Kosmos?

---Esmeralda, el sepulturero del cementerio del Cerâmico, amên que conoce a tu padre;

de facto en la estaciôn de policîa llamô con mi telêfono al general.

---Nunca he escuchado de la boca de mi padre ese nombre en casa; bueno, que como lo

conozco  puedo estar del  todo segura, en realidad êl es un amante extremo de la vida y,

como tal, que no mencione el nombre de un sepulturero puedo entenderlo. Kosmos, por

favor, me pasas la botella?

---Aquî la tienes, allende que bien vertical.


















 


























 

















   

































 

Dienstag, 26. März 2024

54

          Al bajar la ventanilla del automôvil el chofer nos revelô que onomâbase Daoine

Sidhe, mas que los que conocîanlo de tiempo llamâbanle Dasid, y seguido nos dejô sa-

ber que el general Francis pidiôle que pasara por la estaciôn de policîa con el objetivo 

de saber si el responsable del arresto habîa cumplido a cabalidad con lo que habîa pro-

metido  por telêfono: dejar libres a los que êl mismo mandô a detener injustamente. A

continuaciôn de yo decirle que no hubo ningûn problema, pero que antes de salir tuvi-

mos que firmar un papel en el que consta la "intervenciôn" del general, echêle un vis-

tazo al  sîmbolo que colgaba del retrovisor: el de los tres zarcillos, motivo por el cual

hîceme esta pregunta: con el ônoma que tiene este chofer acaso estâ de mâs uno y de

los tres sîmbolos  mostrantes de la energîa de la  numeral tres, amên que vinculado a 

la triple diosa? Ostensiblemente que no. [Darîame pâbulo hacerme otra pregunta me-

nester  de tener en cuenta, de no  pasar por alto que el automôvil es del general, pe-

ro de momento tales cuestiones puedo obviarlas, sacarlas de circulaciôn]. Y cômo en

este instante no recordar que del cuello del cocinero de Irlanda colgaba el mismitico

sîmbolo? Imposible. 

---Kosmos, viendo como ves ese sîmbolo me parece o que te sorprende o que lo co-

noces.

---Câspita, Dasid, que yo soy un erastes de todito lo que tenga que ver con el mundi-

llo celta. Pero dîgame una cosa: cômo usted supo que yo era Kosmos?

---Se te olvidô que este mismo automôvil no estaba parqueado muy lejos de la que y

ya es la tumba del zapatero Cliôn?

---Muy fâcil entonces: usted estaba dentro del automôvil esperando por el general.

---Se nota que entiendes râpido.

---Puedo preguntarle una cosa, señor Dasid?

---Y tû eres Cratino, no?

---No hace falta preguntarle ni de dônde me conoce ni cômo es que sabe mi nombre,

ya que yo tambiên estuve en el cementerio y presente en la conversa del general con

Kosmos.

---Bravo, Cratino, bravo!! A ver, cuâl es la pregunta?

---Por quê usted tiene un nombre extranjero?

---Cratino, porque mis fallecidos progenitores eran dublineses.

---Queda claro. Gracias por su aclaraciôn, Dasid.

---Esta muchacha sî que no estaba en el entierro en el cementerio del Cerâmico.

---Mi nombre es Aspasia, Dasid.

---Espero, Aspasia, que con esa saya corta no le hayas causado un impulso emotivo a

los policîas.

---Señor Dasid, se los causê pero no dio resultado, no el que esperaba.

---Ya me puedo imaginar cuâl fue el resultado. Lamentablemente ya me tengo que ir, 

y debido a que en diez minutos debo estar esperando al general frente a la puerta del 

edificio central de la academia.  

---Lamentablemente?

---SÎ, kosmos, porque rara vez tengo la oportunidad de ponerme a conversar sobre al-

go que nada tiene que ver con lo militar.

---Mâs claro ni la transparencia de un carâmbano. Dele al general nuestras muchitan-

tas gracias, nuestro agradecimiento sempiterno,

---En cuanto suba al automôvil le digo, Kosmos. Adiôs, y que tengan buena noche.

---Lo igualito para usted, Dasid.

           Al recordarme Cratino que yo dîjele al mûsico Forligen que pasara despuês de

las siete de la noche a recoger el peculio con el que pagarîa la deuda que tengo con êl,

Aspasia  pônese la mano izquierda en la barriga, se da unos toquecitos en êsta y dîce-

nos:

---Por el hambre que tengo me urge comer algo lo mâs râpido posible, asi que si uste-

des quieren me esperan en el apartamento de Kosmos.

---Câspita Aspasia!! Quê, no puedes aguantar unos minutos mâs, que mi apartamento

no estâ a un kilômetro de distancia?

---No kosmos, no puedo aguantar; y es mâs, que sin eso no puedo comprar nada, da-

me algo de dinero.

---Kosmos, quien quiere masa debe ocuparse de ella.

---Muy bien, Cratino, tienes toda la razôn. Gracias por el apoyo.

---De nada, Aspasia.

---Por el oro de las retamas y la pûrpura de los brezos!! Con quiên tû estâs, Cratino?

Mira, Aspasia, aquî tienes peculio.

---Dame mâs, que eso no alcanza, asî que deja la tacañerîa.

---Vaya cara que sâleme la masa. A partir de mañana querrê huesos.

---Verdad, Kosmos, verdad? Eso no lo crees ni tû mismo, que mira que te encanta mi

masa.

---A mî no me mires, Kosmos, deja de mirarme que yo no soy el responsable de esa

masa.

---Cratino, que si quieres podemos compartirla, que a la postre y al cabo tû eres buen

amigo.

---Como si no te conociera, que lo que intentas es tener un motivo para morirte de la

risa.

---Kosmos, sê que no eres celoso, pero compartirme? A eso no llegas.

---Tû crees Aspasia, crees que no?

---Creo no, estoy segura. Y bueno, me voy a comer algo, asî que hasta mâs tarde.

---Buen apetito!!

---Gracias a los dos!

---Câspita Kosmos, que lo dijimos a la misma vez.

---Parte de la subrutina que de facto desconocemos. Nos vamos?

---Y por quiên o por quê esperar?

---Por nadie y por nada!!

---Estâ claro que nos vamos.

---Vâmonos!!

           Al empezar a andar, y debido a lo de compartir, Cratino hâblame de Cornelia

y de Rubria, y porque bien sabe êl  ( aunque no con detalles por no haber leîdo pâgi-

na por pâgina mi novelôn) de mi relaciôn con aquêlla estando yo con êsta, pero igno-

rando que este compartir sucediô en un momento de dudas y sospechas, de cavilacio-

nes e incertidumbres, de negaciones y querellas, etc.., ya  que Rubria al  no decidirse 

a entregarse del todo, a toda flor, yo vime en la necesidad de hallar una salida que de

facto solventara el problema de una escasez con tremenda resonancia, pero una solu-

ciôn que por cosas de la vida trajo como consecuencia que Cornelia quedara embara-

zada  de mi primer retoño, y el que no es otro que la campesina, un asunto en mi no-

velôn tremendamente insôlito por el hecho de que yo, como progenitor, supe que era

mi hija  muchitantos años despuês de su llegada al mundo. De tal guisa no faltôle la

mirîfica crianza del leñador de Britania en la granja, y hasta quedô estupefacta cuan-

do enterôse de que êste no era su padre biolôgico sino alguien que la adoptô desde y

muy pequeña, y que con el tiempo le dio la tarea de sacar a pasear a las ocho ovejas,

siendo de êstas la llamada Capricho con la que mejor llevôse. En fin, que yo le clarê

a Cratino que este compartir fue de circunstancia que no mantenciôn, o sea, que y a

pesar de la suntuosa amistad que existîa entre los tres nunca mâs volviô a suceder.

          Ora bien, y dândole "expansiôn" a la perîstasis del compartimiento [que nada

tiene que ver con el compeler que a travês de imperativos dicta a hacer lo que no re-

sulta agradable], a ultranza dîgole a mi concomitante: >>yo sê que Aspasia "partici-

pa en lo que es de otro que  muy que repetidas veces `con la pudiencia de su mirada` 

en busca o del correspondiente beneficio  (armonîa o ponderamiento) o de la analo-

gîa que alimenta su fantasîa"<<.

---Kosmos, verbi gratia.

---Cratino, uno reciente y que tû no viste: la orquîdea que estâ pegada al cristalôn de

la cafeterîa donde Aspasia entrô.

---Kosmos, te explicas?

---Allâ voy, por quê me llamas? De soslayo observê que ella quedôse mirando con y

fijeza la orquîdea susodicha, la que no es de su propiedad.

---Quê, debo hacerte la pregunta, o preguntarte por quê con fijeza la miraba?

---No hace falta, Cratino, sôlo piensa la analogîa que podrîa encontrar al observar la 

vigorosidad de las hojas erigidas.

---Como que la participaciôn en lo que es de otro (la orquîdea) en busca, en este ca-

so, de la semejanza que sustenta su fantasîa.

---Aplausos, Cratino, a-plau-sos!!

           Al interesarse Cratino por la perîstasis en curso, aunque asimismo por otras de

las muchitantas escenas de mi novelôn que tienen atingencia con este tema, cômo yo

negarle la indefectible dilucidaciôn, la que de acuerdo a la escena que fuese serîa cla-

ra que si no ininteligible, porque de hecho cada una de las escenas tienen una caracte-

rîstica determinada [en correspondencia con el lugar y con el momento], lo que tradu-

ce mâs bien que descollen que no que por êsta sean exclusivas. Tan entretenidos estâ-

bamos  que ni nos dimos cuenta que ya habîamos llegado al barrio Strawinsky, y que

si no hubiera sido por Esmeralda, la que dijo nuestros ônomas en voz alta, quiên sabe

adônde llegarîamos a parar. 

---Y ustedes de dônde vienen, quê hacîan?

---Esmeralda, de la estaciôn de policîa.

---Cômo Cratino, comô que de la estaciôn de policîa? Y quê hacîan ustedes allî?

---Quê hacîamos no, sino quê hicieron con nosotros, incluyendo a Aspasia que se que-

dô comiendo algo en la cafeteria?

---Y quê hicieron con ustedes?

---Nos arrestaron.

---Cratino, tû estâs hablando en serio, o es que se pusieron de acuerdo para fastidiar-

me?

---Esa pregunta no deberîa ser para mî sino para Kosmos, que yo no acostumbro a na-

die fastidiar.

---Esmeralda, no se trata de ningûn fastidio sino de la verdad.

---Y cuâl fue la causa de la detenciôn?

---Por haber entrado en la casa del difunto zapatero Cliôn.

---Y quê hacîan ustedes en esa casa?

---Ya te explicaremos con calma. Y ora una pregunta mîa: por quê no me dijiste que

tenîas un progenitor que es general?

---Kosmos, y quê te importarîa a ti que fuese general o basurero? 

---Esmeralda, gracias a tu padre Francisco Sotolongo Almendrades (Francis) es que a

nosotros nos soltaron.

---Cômo, Cratino, cômo? Ahora sî que no entiendo nada.

---Esmeralda, subamos a mi apartamento y cuêntote.

---Y lo mâs râpido posible, Kosmos.

          Y aparece el mûsico Forligen y dîceme:

---Kosmos, me dijiste que podîa pasar despuês de las siete, y ya son las siete y cinco.

---Câspita Forligen, cinco minutos son muchitanto tiempo? Por el oro de las retamas

y la pûrpura de los brezos!! Sube con nosotros y pago lo que debo, que no es chocola-

te.

---Nada nuevo las combinaciones que tû haces.





 
























 




 









 








 




 




                   





















 

























 




 

Montag, 25. März 2024

54 (una primera posibilidad )

          Non plus ultra de veinte minutos llegamos a la academia militar. Ni bombos ni

trompetas, claro estâ, mas  que sî el cortejo de ocho cadetes que nos concomitô hasta

llegar al edificio central donde estân tanto las oficinas de los militares con mayûscu-

la charretera como los cuartos de êstos, aunque asimismo el departamento de control

donde la vigilancia es incesante, o sea, las veinticuatro horas. Para mî fue como traer

el pasado al presente, y como tal verme caminando por los pasillos angostos, largos e

impolutos, con la diferencia de que en vez de como visitante como un insuborninado

que serîa sancionado nueva y severamente, porque la rebeldîa, en un lugar como êste,

pâgase carîsimo, mas que un precio que a mî dâbame lo mismo, porque o me fugaba

o entraba en atingencia con Fonia, como ya dije. Estuve a punto de reîrme cuando el

general detuvo el paso debido a que un cadete no saludô militarmente, y al que sobre

el pucho pidiôle la libreta de disciplina para apuntar, con su puño y letra, la cometida

indisciplina, siendo entonces cuando Cratino pregûntame:

---Kosmos, me puedes decir el porquê de que casi que te rîes?

---Cratino, porque si te digo las veces que yo fui castigado por lo mismo hasta tû mis-

mo te vas a reîr.

---Y el cadete quê pinta en este edificio?

---O tiene algûn problema o es uno en funciôn de la limpieza.

---En funciôn de....no entiendo.

---Escucha. Cada mes cada batallôn tiene una semana dedicada a la guardia en las di-

mîles postas y a la limpieza tanto de los armamentos como a la de este edificio.

---Entonces este cadete forma parte de algûn batallôn que esta semana se dedica a ta-

les cosas.

---Cratino, tû me fastidias?

---Eso creo, Kosmos, creo que sî, que te fastidio.

         Y entonces dice el general:

---Ya podemos seguir con el paso. Sîganme, que no falta mucho para llegar a mi ofici-

na.

         Y cômo no ladear mi testa hacia la izquierda al pasar por la oficina donde Fonia

trabajaba como secretaria y acomodaba su tafanario en una silla lujosa? Ella fue para

mî la incunabula de mi experiencia en el mundillo cupidoso; sus besos acarreâbanme

un temblor; sus manos quemaban, y sus caricias y abrazos transportâbanme a una has-

ta el momento no muy conocida galaxia donde pastichâbanse todos estos estimulantes 

como componentes en una caldoza.

---Kosmos, y quê hay con esa oficina?

---Aspasia, quê hubo.

---Y quê fue?

---Te cuento despuês, mâs tarde.

---Por lo que es de esperarse que no me cuentes nada, porque cuando tû dices eso, y

ademâs de un decir muy repetido en tu novelôn, es que...

---Todo en su justa medida, en el momento oportuno y con la persona precisa.

---Ay, quê gracioso!!

---Con garbo es que canta el gallo encima de la verja.

          Seguido a decir el general: hemos llegado a mi oficina, sacô del bolsillo el lla-

vero del que colgaba el sîmbolo de los tres zarcillos, razôn por la de yo preguntarle:

---General, interêsale a usted la triple diosa y la energîa de la numeral tres?

---Kosmos, el hecho de que sea general no quiere decir que carezca, que no tenga y

preferencias. Pasen, acomôdonse.

        A continuaciôn pensê que si las "preferencias" del general son por las del mun-

dillo celta, serîa imposible con êl tener una interesante amistad? Mas quedôme claro

que no era un general muy comûn, por lo que empecê a entender el porquê de que êl

dijêrame, y en la conversa en el cementerio del Cerâmico, cierta cosa que hîzome re-

flexionar, y que, allende, dejôme  resonancia. Y otra res: cômo no acordarme de una

criatura novelada? El cocinero de Irlanda. Con este acicateante personaje tuve la po-

sibilidad de mantener viva mi atingencia con Escandinavia, aunque especîficamente

con  el paîs del que  es oriundo un artîfice que escribiô una novela que dos veces he

leîdo, la que saca a puesto, a colocaciôn una historia que pasa en veinticuatro horas

mas que el autor necesitô once años para escribirla. Insôlito empero cierto: es cierto

porque es imposible? No Tertuliano, ora te nombro mas no hâgote caso, mas el cau-

dal  no pierdo de tu dadora sentencia que de facto sustenta como una cesta atiborra-

da de  alimentos imprescindibles. Por extensiôn Meli, Meli-melosa, un adjetivo con

existencial  dulzura, edulcorado porque lo considerê propicio para establecer defini-

tivamente  una conexiôn entre ella y el cocinero  de jaez lujurioso, de pandemûnica

fiesta por lo caracterizante entre ambos que a su vez harîa posible lo correspondien-

te, lo que enlaza, atiza o deja nudo, que no hay sufragio para lo que semejante atrae

porque no hay urna para tal cual e întimo voto.




  








   







 







    


Samstag, 23. März 2024

53

       Por ser la ûnica res (humana, demasiado humana) que raramente pudiera ser desde-

ñada por las retinas mâsculas, y debido a que despierta una emociôn que a su vez es ga-

rante  del levantamiento de una dadora potencia, es que Aspasia sentada en una silla de

hierrro con dos brazos cruza las piernas e inclînase un poco hacia la izquierda. Sobre el

pucho  los tres policîas que  estaban frente a nosotros fijaron sus ôculos en el atrayente

paisaje que todos los dîas no puêdese ver en una estaciôn de policîa; empero que allen-

de rapidamente hechizante por tener Aspasia puesta una saya corta. Mas como todo lo

que empieza culmina, que nada grato es padecer de priapismo, los policîas terminaron

yendo al WC, pero  no los tres a la  vez sino que uno por uno. El motivo por el cual no

regresaran mâs, que  de facto con la funciôn oficial con la que cumplîan era la de vigi-

larnos, lo ignoro, y como quien me ha leîdo sabe que en mâs de un Kairos en mi nove-

lôn  saque a puesto, a colocaciôn la frase celebêrrima "de lo que no puêdese hablar es 

es mejor callar" --cômo poderse hablar de lo que ignôrase?-- ningûn comentario de mi 

boca  saliô al respecto; aunque eso sî, que jamâs quedê en mutismo queriendo concre-

tamente saber algo, hîcele a Aspasia esta pregunta:

---Quê tû querîas lograr con lo que hiciste, que "el fin en todas las cosas es lo princi-

pal"?

---Kosmos, salir lo mâs râpido posible de aquî.

---Câspita Aspasia, verdad? Y dônde estamos aûn? Vaya, que si lo erôtico saca de una

estaciôn de policîa, que no alguna ayuda de alguien con influencia, con buenos contac-

tos  o con poder, por paradigma, cuântas  fêminas dieran calaña de resistencia al saber

que mostrando algo librarîanse del arresto?

---Bueno, Kosmos, por lo menos lo intentê. Pero quê malagradecido eres, que no lo hi-

ce sôlo por mî sino por los tres. 

---Eso no soy yo, Aspasia, es que...

---Kosmos, mira quiên penetra por la puerta.

---Quiên es êse, Cratino?

---Aspasia, Yelas, el sepulturero.

           Seguido a verme, y de yo dilucidarle la razôn por la que estâbamos arrestados,

Yelas no dilaciona en pedirme mi telêfono para llamar sûbito al general Francisco So-

tolongo Almendrades, ya  que ni aun diciendo  que fue êl quien me dio la llave que le

dio  el zapatero Cliôn de su casa  servirîa de mucho, porque cômo pudiera comprobar 

la policîa su decir si êste estâ muerto. Por lo mismo serîa menester una pesquisa y por

la  cual alongarîase mâs la cosa, la que de  facto tendrîa una soluciôn definitiva con la

intervenciôn exclusiva de alguien con mayûscula charretera, o sea, con la del progeni-

tor de Esmeralda (Francis).

---Muchitantas gracias, Yelas, por la ayuda. 

---De nada, Kosmos, de nada. Y menos mal que vine hoy y no mañana, como habîa y

pensado.

---Y por quê usted vino, Yelas.

---Por gestiones que debo hacer antes de la compra de la casa de Cliôn.

---Cômo? Usted comprarâ la casa? Kosmos, y por quê no me lo dijiste?

---Tiempo de sobra para decîrtelo, Aspasia.

---Y quiên es ella, Kosmos?

---Mi novia oficial!!

---Muy bonita muchacha, te felicito.

---Gracias, Yelas, gracias!!

---Un placer, Aspasia. Pero sabes una cosa? Con esa saya tan corta en este lugar co-

mo que...

---Yelas, es que antes de nos trajeran acâ limpiaba el suelo de la casa de Cliôn, y es-

ta saya, para tirarme en el suelo, me resulta cômoda.

---Y cômo tû entraste en la casa?

---Se lo digo en voz baja: por una ventana abierta, pero sepa usted que Cliôn fue al-

go  asî como  un abuelo para mî, ademâs de haber sido su vecina, ya que la casa de 

mis padres estâ al lado de la que fue su zapaterîa.

---Cliôn fue un buen amigo mîo.

---Sî, ya me dijo Kosmos. Y sabe usted quê pasarâ con su zapaterîa?

---Eso no lo sê, Aspasia, tal vez alguien llame a la administraciôn para alquilar el lo-

cal.

         Y hablando de llamada suena mi telêfono. La voz vigorosa de Francis resonô en

mi oîdo como un toque de campana, y de la que como un edicto sale lo siguiente: dale

tu telêfono a cualquier policîa que tengas cerca, que del resto me encargo yo.

---Y por quê le diste el telêfono a ese policîa, Kosmos?

---Por mandato del general, Yelas.

---Ah, entonces seguro que es para que este policîa le comunique al responsable del 

arresto lo que debe saber de parte de Francis, y siendo asî la estancia que les queda a

ustedes aquî es corta. Y dime, Kosmos: cogiste los libros que te interesaban?

---Yelas, cuando precisamente estaba en eso llegô la policîa.

---Y la llave la tienes tû o te la quitô la policîa?

---Estâ en mi bolsillo izquierdo.

---Ah.. Pero no la saques ahora, o mejor dicho, quêdate con ella, que de momento no 

la necesito. Y no olvides averiguarme lo del abogado.

---Quede con ataraxia, Yelas, que en cuanto regrese a mi apartamento pôngome y en

funciôn de eso.

        Y acopas aparece un policîa con la nariz parecida a la de Sôcrates, barrigôn amên

que de estatura aproximadamente de 1.58cm; quêdasenos mirando como si mirase va-

ya a saber quiên quê cosa, y seguido a suspirar y mirar al techo, del que colgaban unas

telarañas embadurnadas de cal, lo que traduce que por lo humectante fue retocado con

un material de poca calidad, nos dice:

---Disculpen por el mal momento que tuvieron que pasar, pero antes de salir la firma

de los tres debe quedar en este papel, en el que consta que gracias al general Francisco

Sotolongo Almendrades, militar al mando de la academia militar, ustedes quedan inme-

diatamente libres.

         Seguido a dejar cada uno de nosotros su firma en el papel, la que quedarîa sempi-

ternamente en êste en el caso de que no fuese botado conscientemente o alcanzado por

una  flama, el mismo policîa dîcenos que sentîa mucho que en el tiempo de nuestra es-

tancia en la estaciôn nadie nos preguntô si querîamos tomar o comer algo, y que por lo

mismo querîa dadivarnos unos pesos para compensar la mala atenciôn que jamâs habîa

sucedido con ninguno de los arrestados igual de la ralea que fuesen y del estatus que tu-

viesen. A raîz de estas palabras yo lo mirê con fijeza, y para eludir entrar entrar en liza,

lo que allende no servirîa de mucho porque en esta ocasiôn utilizarîa una jerga comple-

ja, dîjele  que nosotros lo que en realidad querîamos era salir de una vez de la estaciôn,

y que  en lo atinente a la atenciôn dâbanos igual, Su reacciôn no fue la de poner buena

jeta; pero, que encaja como una pregunta tempestiva, quê mâs podîa hacer despuês del

edicto que dio (el de arrestarnos) con soltura regalada? En fin, que sacôse la mano del

bolsillo, dio media vuelta sin decirnos adiôs, y nosotros salimos de la estaciôn, empero

con mâs sueño que el mismîsimo Endimiôn. Seguido a cruzar la calle tuvimos que mi-

rar  atrâs por la repeticiôn del sonido del claxons de un automôvil, y el que no era que

el del general Francis.


   



  




 


 
































 








          








   

Freitag, 22. März 2024

52

         Cuando llegamos a la casa del difunto zapatero Cliôn, y como la puerta estaba del

todo abierta, nuestros ôculos abriêronse porque Aspasia limpiaba con un trapo rojo el pi-

so en cuatro patas, [allende que llevando puesta una saya corta], posiciôn que diome pâ-

bulo de amplificar afirmativamente lo siguiente : Iaco, oh Iaco!!

---Quê Kosmos, el querido de la fêmina no quisiera asperjar el jardîn de Babilonia?

---Cratino, yo sê que tû estâs plenamente consciente de a quiên pertenece lo que acabas

de preguntar.

---Kosmos, no te preguntê a quiên pertenecîa.

---Kosmos, eso de Iaco, oh Iaco, es el refrân lanzado por las ninfas que iban a los mis-

terios de Eleusis, segûn lo que lêese en tu novelôn.

---Aspasia, sabes lo que maravîllame?

---Quê?

---Que te aprendas de memoria lo que conviênete o gûstate.

---Y eso no serîa una razôn suficiente como para aprendêrmelo asî?

---Iaco no es otro de los nombres de Dioniso, Kosmos?

---Êsa es la res, Cratino, êsa!!

---Aspasia, y por quê tû limpias el suelo de una casa en la que ya no vive nadie?

---Cratino, por una vieja creencia que ahora no estoy para explicarla.

---Tû la conoces, Kosmos?

---No idea de la creencia de la que ella habla.

---Y cômo ustedes supieron de que yo estaba aquî?

---Aspasia, de nosotros estar aquî no es por otra cosa que por la de los libros que inte-

rêsanme del librero.

---Kosmos, y cômo entrarîas a la casa, por la ventana como yo?

---Tengo una lleva, Aspasia.

---Ah sî? Ya te la habîa dado Cliôn? Por quê no me lo dijiste?

---Me la dio el sepulturero Yelas.

---Cômo?

---Aspasia, Yelas fue un buen amigo no sôlo de Cliôn sino asimismo de mi padre; la

ûltima vez que me vio yo tenîa cuatro años.

---Y cômo pudo reconocerte despuês de tantos años?

---Por mi tîo que dîjoselo.

---Entonces tu tîo estuvo presente en el entierro?

---Intempestiva pregunta, Aspasia, porque tû sabes que Cliôn fue un buen compinche 

de mi tîo. Pero si te digo a quiên conocî, o mejor dicho, quiên me reconocîô, y el que

allende es el padre de Esmeralda..

---Kosmos, no pero si, sino que dilo de una vez.

---Al general Francisco Sotolongo Almendrades (Francis), el militar actual al mando y

de la academia militar.

---Cômo, que el padre de Esmeralda es general? Y por quê dijiste me reconocîo, acaso

te conocîa?

---No directamente sino que a travês de una foto pegada a un acta, y donde estân unos 

cuantos problemas mîos de disciplina en la academia acumulados como sardinas en la-

ta.

---Que tû pasaste por esa academia?

---Êsa es la res, êsa!! Y amên de la que me expulsaron.

---Cômo no expulsarte con tales problemas.

---Mas hay otra cosa.

---Escucho , Kosmos, escucho.

---El general tiene un gallo, y el que aprecia mâs por los beneficios que apôrtale que y

por su canto.

---Kosmos, cômo no tener en cuenta que el gallo es eterno sîmbolo de lo erôtico.

---Y cômo yo no creerte el cômo de tenerlo en cuenta.

---No empieces con tus acusaciones directas. Y quê mâs hablaste con el general?

---Cosas someras que ya no tienen relevancia.

---Seguro que tales cosas, Kosmos?

---Si no me crees pregûntale al general.

---Kosmos, cambia el mêtodo, que este explorativo ya no funciona, por conocerlo de

sobra, asî que ya sabes. Y quiên mâs estuvo en el entierro?

---Helade y Efîaltes, que trajeron una corona de margaritas cândidas, pero con ellas

no hablê, por lo cual no pude imitar el rol fuerte de Elio Arîstides.

---Kosmos, quiên es Elio Arîstides?

---Cratino, un neurôtico interesante.

---Kosmos, ese rol no te pega, asî que dêjate de jueguito. Miren, yo sigo con la limpie-

za.

---Y nosotros, koritzîa, vamos al librero.

---Kosmos, quê significa koritzîa?

---Aspasia, significa muchacha.

---De saber cômo se dice muchacho te lo dirîa, Kosmos.

---No hace falta, porque ya dejê de serlo.

---Mira, si tû no quieres que te dê un trapazo, ponte en funciôn de coger los libros de

tu interês.

---Cratino, al avîo!! Al librero, que un golpetazo con ese trapo rojo duele doble.

---Y por quê duele doble?

---Te explico despuês, mâs tarde.

         Acopas la sirena de un vehîculo policial deja de sonar precisamente al frente de

la puerta de la casa, la que aûn estaba abierta. No demoran en penetrar en la vivienda

dos criaturas arropadas con una tela del color que yo detesto, siendo la mâs jayana de

êstas  la que amplifica en voz alta que se presentaran  en la sala todos los que estaban

dentro de la casa, allende que con la mano derecha puesta encima de un pistolôn den-

tro de la cartuchera que colgaba de la parte izquierda. Seguido a estar los tres al fren-

te de los representantes de la autoridad, mas que no tan rectos como estacas clavadas,

yo pregunto cuâl era el problema y sin dilaciôn muestro la llave, siendo entonces que

el policîa quita la mano de donde la tenîa y dice:

---Recibimos una llamada por el motivo de que esta casa, de la que su dueño acaba y

de ser enterrado, habîa sido ocupada por tres personas.

---Oficial, si yo tengo la llave no cree usted...

---Ciudadano, nosotros no estamos aquî para creer nada sino para cumplir con la in-

violable orden de llevarlos a la estaciôn, lugar donde estarân hasta que se aclare del

todo el asunto, asî que los tres môntense en el vehîculo, y no traten de escapar si es

que no quieren buscarse un problema mayor.

---Por el oro de las retamas y la pûrpura de los brezos!!

---Quê usted acaba de decir, ciudadano?

---Pensaba en voz alta oficial, sôlo eso.

---Pues controle su pensamiento, que si le toca ir a juicio podrîase utilizar êste no a

favor sino en contra de usted mismo. Entendido?

---Tan transparente como el cuerpo de carâmbanos colgantes.

---Ciudadano, dêje de hablar cosas que no se entienden y escuche lo que voy a decir:

Usted siêntese en la parte delantera del vehîculo, o sea, al lado de mi compañero que

es el chofer, y ustedes dos conmigo en la parte trasera. Alguna duda? Igual, que y de

todas maneras estân arrestados.













  






 


































    

















Mittwoch, 20. März 2024

51

        Empero el honor que yo hâgole a Cratino bien sabe êl que aunque hâgaselo en mo-

mentos tempestivos nada tiene que ver con una laya juguetona de verbalismo forzado en

funciôn de sobresalir como reconocimiento, que [dudas no quêdanme] convencido estoy 

que  por ser un gran lector  la pericia no fâltale para hacer con palabras lo que antôjesele

o quiera. Por el tiempo  que hace que conôzcolo sê perfectamente que no es una criatura

dependiente del honor, arraigada a la creencia de que el halago es hontanar de estimula-

ciôn, creencia que tienen muchos aun habiendo comprobado que deplorablemente no es

asî sino que mâs bien una forma de lenificar la fuerza de lo que solivianta. 

---Kosmos, no me vayas a decir que tû conoces al sepulturero.

---Cratino, te dilucidas? Age!!

---Es que el sepulturero viene hacia nosotros. Mira hacia allâ.

          Mirê entonces hacia donde señalaba el dedo îndice de la mano derecha de Cratino

y efectivamente hacia nosotros venîa, amên que con una pala que descansaba sobre y el

hombro  derecho. Al estar a dos  metros de nosotros detiene su paso, deja caer la pala al

suelo y dîceme:

---Kosmos, si el zapatero Cliôn fue siempre un buen amigo tu padre, Tircano Cilatino,

tambiên. 

---Hoy parece ser el dîa que deben pasar cosas inesperadas. Señor, y como acaba de de-

cir, mi progenitor fue un buen amigo, mas cômo usted sabe mi ônoma, porque es prime-

ra vez que lo veo?

---No, Kosmos, la primera no es, pero sî la primera despuês de hace bastante tiempo, y

fîjate si es asî que tû tenîas la edad de cuatro años.

---Por el oro de las retamas y la pûrpura de los brezos!! Señor, que de allâ a acâ he cam-

biado bastante. Cômo es que, entonces, usted me reconociô?

---Por tu tîo que me dijo no hace mucho: mira, Yelas, êse que estâ allî es Kosmos, que 

yo sê que tû y mi hermano hicieron linda amistad.

---Su ônoma entonces es Yelas.

---Sî, Kosmos, me llamo Yelas.

---Yelas, y mi tîo y usted son asimismo amigos buenos?

---A tu tîo lo conozco por ser parte de eso que llaman "la vieja guardia", de cuando en

esta ciudad los tiempos eran otros.

---Yelas, no cree usted que tanto un taxista como un sepulturero conocen a un montôn

de gente?

---Kosmos, eso es posible, pero dime: quieres saber si yo conozco a alguien?

---Aplausos, Yelas, que es usted una criatura inteligente.

---Gracias, Kosmos, gracias!! 

---En lo atinente a su pregunta respôndole que sî. Conoce usted al general Francis?

---Sî, Kosmos, lo conozco, y si êl estuvo aquî en el entierro fue gracias a mî que le di-

je por telêfono lo del fallecimiento de Cliôn.

---Queda respondida la pregunta que hîzole a mi tîo.

---Cuâl pregunta fue?

---Cômo supo el general de la muerte de Cliôn?, porque segûn contôme mi tîo êstos

no viêronse mâs despuês de la estancia en Âfrica.

---Y cômo supo tu tîo eso, Kosmos.

---Yelas, porque Cliôn dîjoselo. Sabe usted que Cliôn fue un buen amigo de mi tîo?

---No , Kosmos, ya que Cliôn jamâs me hablô de tu tîo.

---Yelas, y cuândo fue la ûltima vez que usted vio a Cliôn?

---Si mal no recuerdo hace dos semanas en su zapaterîa.

---Tan poco tiempo y ha dicho usted: si mal no recuerdo?

---Recuerdo bien que me dio una llave de su casa y me dijo: mete esta llave en tu lla-

vero que mi casa es la tuya.

---Este dar es bastante crîptico, Yelas, aun sabiendo yo que hay cosas que pasan...

---No hace falta que lo digas, que yo soy sepulturero.

---Yelas, y de quê sirve tener la llave de la casa de un amigo que ya no estâ en el primer 

sistema?

---Kosmos, no te dije que me dijo Cliôn que su casa era la mîa? Pienso comprar su ca-

sa, pero primero necesito un abogado.

---Câspita!! Vaya bueno que es el salario de un sepulturero!!

---Kosmos, bueno no es, pero sî que he ahorrado todo lo que he podido desde que em-

pecê con este trabajo.

---Yelas, disculpe la interrupciôn, mas como ha fluido la conversa me olvidê de decir-

le que êl es mi amigo Cratino.

--Contra, Kosmos, al fin me presentas.

---Ah, asî que te llamas Cratino, un nombre con destacada antigüedad.

---Asî es, Yelas. Encantado de conocerle.

---Seguro que estâs encantado de conocer a un sepulturero?

---Sî, Yelas, encantado estoy.

---Ya de hecho comenzô el hechizo.

---Puêdome reîr?

---Kosmos, la risa es tuya.

---Yelas, si usted lo conociera como conozco yo a Kosmos...

---Ya sê, Cratino, ya sê que bien que me conoces, mas no lo repitas que...

---Sigan con la conversa, que yo escucho.

---Câspita!! No me digas que te pusiste circunspecto, que tû me conoces.

---Kosmos, no me acabas de decir que no lo repitiera?

---No se fajen, que ustedes son amigos.

---No pasa nada, Yelas, ya estoy acostumbrado. Pero en serio, sigan conversando.

---Bueno, Kosmos, y como te decîa, que primero necesito un abogado, pero ninguno

conozco, aun siendo sepulturero.

---Yo tampoco, Yelas, pero tal vez sî Metôn.

---Y quiên es Metôn. Kosmos?

---Un banquero retirado y mi vecino.

---Y tû me puedes hacer el favor de preguntarle, Kosmos?

---Ostensiblemente que sî, Yelas. Tiene usted telêfono?

---No, Kosmos, no tengo, pero yo siempre estoy aquî hasta las ocho de la noche.

---Perfecto. En cuanto hable con Metôn paso por aquî. Y dîgame, Yelas: estâ interesa-

do usted en los libros?

---No!! Por quê preguntas?

---Porque algunos de los que hay en la librerîa de Cliôn me interesan.

---Hacemos una cosa, Kosmos.

---Cuâl, Yelas?

---Mira, aquî tienes la llave, asî que coge todos los libros que tû quieras, y cuando ven-

gas a decirme quê te dijo tu vecino Metôn me la devuelves.

---Gracias muchitantas, Yelas, gracias mâs de una!!

---De nada, Kosmos, de nada! Y me despido de ustedes, que aûn me queda tierra y en 

mâs de un hueco que echar.

---Al avîo, Yelas, al avîo!! En cuanto sepa algo vengo a decirle.

---Aquî estoy, Kosmos, aquî y hasta las ocho, como te dije.

---Adiôs, Yelas!!

---Adiôs, Cratino!

---Kosmos, y tu tîo se fue sin desperdirse?

---Nada nuevo, Cratino, que ni aun por senecto serîa relevante.

---Y quê hacemos ahora?

---Se te olvidô que tengo la llave que abre la puerta de la casa del difunto?

---Entonces vamos por los libros que te interesan?

---Êsa es la res, êsa!! Y andando, que entramos en calor.

---Tû hablando de entrar en calor?

---Y acaso tû no me conoces?

---Contra, Kosmos, contra, que te encanta fastidiarme. Claro, que si no? Rîete!!

---El fastidio conduce a la ataraxia que [...]




















 


































































Dienstag, 19. März 2024

50 (cont)

       Cualquiera que no lo supiese pudiera pensar que la intenciôn del general de caminar 

cuasi marchando era la de atraer la mirada de los presentes en el entierro, mas yo que tu-

ve que pasar por el programa disciplinario y austero de la academia domino, conozco, sê 

que  de muchitanto marchar las veinticuatro horas del dîa como que uno se acostumbra a

mantener el paso como si avanzara encima de una lînea recta de la que los pies no deben

salirse. Empero que yo haya tenido que pasar por el susodicho programa no quiere decir

que  no hâyalo violado para entrar en gozo con lo contrario, o sea, con lo vedado que no

engendra  ethos, lo que de  facto fue el motivo de que marcara un rêcord por la cantidad

de veces que por petitencia quedême sin salir de la academia los fines de semana, lo que 

a la postre y al cabo dâbame lo mismo, que lo mismo me fugaba al irse todos los oficia-

les que entraba en relaciôn con la secretaria Fonia, una fêmina con experiencia que muy

cerca de la academîa vivîa: en la parte de atrâs de êsta, pocos metros tanto para la perfe-

cciôn  de la rebeldîa como  para lustrar el vientre con la lija de la piel.  En lo atinente al 

caminar del general  fue exactamente oculado por mî cuando seguido a despedirse diri-

giôse  a un automôvil  de color negro parqueado debajo de la sombra de un âlamo tem-

blôn ( eadha), el que  allende de  muy utilizado por los celtas para la elaboraciôn de los 

escudos conôcese como el que elude la muerte; [con el susurro de sus hojas al soplar el 

viento  ôyense las voces  del mundo del espîritu], y el ûnico ârbol que en el cementerio 

del Cerâmico hay, lo  que traduce que de querer (quererse) otra sombra no es posible a 

no ser que abriendo una sombrilla.

--Kosmos, se me olvidô decirle al general que vivo en el edîculo que estâ delante de la

academia en el Karakorum.

--Cratino, calaña de que estamos con lo mâgico que duerme la nemôsine.

--Por quê no me dijiste que pasaste por esa academia?

--No acabo de decir(te) que con algo estamos?

--Pero aun asî tengo despierta la memoria para recordar lo que me acabas de decir: quê,

se acabô lo mâgico?

--Aplausos, Cratino, a-plau-sos!! Tendrê en cuenta este aporte lûdico.







    

Sonntag, 17. März 2024

50 (cap 5)

         Mâs por las  cincuenta veces que (diariamente) fecunda a la gallina que por su in-

defectible y temprano  canto encima de la  verja es que a su gallo aprecia Francisco So-

tolongo Almendrades (Francis), el general  actual frente al mando de la academia mili-

litar construida encima del  Karakorum. No asombrôme que fuera lo anterior lo prime-

ro  que amplificôme mi tîo en el cementerio del Cerâmico, y debido, ostensible estâ, a

que êl sabe de que en mi novelôn el gallo simbôlicamente ludicô un rol destacado, por

lo que la frase "el canto de un gallo encima de la verja" sale a puesto, a colocaciôn en

mâs de una ocasiôn. En lo atinente al aprecio, cômo no pensar entonces o que el gene-

es amante de los huevos, o que a la zaga del telôn vêndelos al por mayor? Por la cues-

tiôn de  sensatez este pensar no dîjeselo a mi tîo, empero sî hîcele la siguiente pregun-

ta: quê  pinta un  general en  el entierro de un zapatero? Al canto mîrame mi tîo, pîde-

me que sîgalo, y despuês de estar separados unos pocos metros de los presentes dîce-

me que la respuesta a mi pregunta la sabrê con lo que me contarâ de forma corta.

      Francisco Sotolongo Almedrades estuvo en Âfrica; por aquel entonces tenîa la po-

quîsima  edad de veintidos años y su grado  era el de sargento. Tres meses despuês de

su  llegada a una  zona de conflicto de gran consideraciôn fue alcanzado por una bala

que  le atravesô el tobillo  derecho, motivo por  el cual fue trasladado al hospital mâs

cercano  para una intervenciôn  quirûrgica. Despuês de ser operado el cirujano que lo

operô le dijo que como mînimo deberîa permanecer en el hospital dos semanas, ade-

mâs de asegurarle de que êl  mismo encargarîase de hablar con el superior en el pues-

to de mando. Una  semana despuês  llega al hospital  Cliôn  por lo de la explosiôn de

la mina, es operado, y cuando  sale del  salôn va a parar  nada mâs y nada menos que

al  mismo  cuarto donde estaba Francisco. Al estar una  cama al lado de la otra tuvie-

ron la  posibilidad de conocerse y de entrar en verba, de  contarse historias, de  inge-

rir dos  porciones de comida en el caso de que uno de los dos no quisiera la suya por

la razôn de la  parvîfica cantidad de  sal o de especias Y en fin, que despuês del hos-

pital  pasaron dos años, y al coincidir los  regimientos de ambos en la susodicha zo-

na  de conflicto pudiêronse  volver a ver, oportunidad que aprovecharon para despe-

dirse  a continuaciôn del  triunfo logrado frente a la hueste enemiga, ya que al cum-

plir Cliôn  su tiempo de  servicio militar  retornarîa a casa en cuarenta y ocho horas. 

Nueve años despuês entêrase Cliôn [por alguna lengua que jamâs dîjome de quiên]

de que Francis habîa enpezado a trabajar en la academia mas ya con el grado de ca-

pitân, pero como êl  siempre tuvo pavor por las alturas nunca subiô al macizo mon-

tañoso, a lo que  agrêgase su cojera que ya tenîa desde que se fue de Âfrica. Y pun-

to final. 

---Entêrome ora de lo del pavor a las alturas.

---Bueno, ya estâs enterado.

---Êsa es la res, êsa!! Mas ora me es menester hacerte otra pregunta: si no viêronse

mâs cômo supo el general del sucumbiento del zapatero Cliôn?

---Eso no lo sê, Kosmos, pero si quieres saberlo pregûntale al general.

---Câspita!!

---Ya sê de tu rechazo por todo lo que sea militar, por cualquiera que lleve puesto un

uniforme verde.

---Y aun asî me dices que si quiero pregûntele a uno uniformado con el color verde?

---Creo que estâ de mâs lo que te dije.

---Y otra pregunta: cômo tû supiste lo del gallo del general?

---Kosmos, como representante de la senecta guardia de esta ciudad tengo la posibili-

dad de tener mâs de un conocido que conoce a Francis.

---Y por quê no me dijiste antes lo del gallo?

---Porque al ver al general me acordê de eso.

---Seguro que no lo has visto antes?

---Kosmos, primera vez que lo veo, asî que saca de tu testa cualquier tipo de duda o

sospecha, que nada tengo que ver ni con la iglesia ni con los militares. Ah, que ya y

como que se me olvidaba, no demorarê mucho en devolverte la pâgina que al estudio

de arqueologîa le falta.

---La con la numeral nueve. Y por quê no me dijiste que la arrancaste?

---Y quê importancia tiene eso? Te lo digo ahora?

---Y de olvidarlo cômo me lo dirîas ora?

---Kosmos, deja de hacer preguntas y mejor regresemos al punto del que nos separa-

mos, que ya estâ la caja metida en el hueco.

---Age en plural, age!!

          Sin corneta, cornamusa o gaita terminô el entierro del zapatero Cliôn, De extra-

ñarme una cosa no fue otra que la ausencia de Aspasia, la que allende de ser la vecina

predilecta del difunto fue por êste querida como una hija. Como despuês, mâs tarde la

pregunta  al respecto no  faltarîa, no dejarîa de ser la forma mâs rauda de saber el por-

quê de no venir, de quê valdrîame en este instante calentar mi testa con un pensar ince-

sante, amên  que traerîa como consecuencia el ampulamiento de mi sorprendimiento y,

con êste, o la pejiguera con resonancia o el claveteo con extensiôn. 

---Kosmos, se puede saber quê fue lo que te dijo tu tîo?

---Cratino, contôme sobre el dônde conociêronse el general y el zapatero Cliôn.

---Dônde?

---En Âfrica.

---Lo que claramente explica la presencia del general, no?

---Cratino, hace falta el signo de interrogaciôn?

---Ni que yo fuera Sôcrates para saber lo que no hace falta.

---Cratino, y cuândo Sôcrates tomô un signo de interrogaciôn como algo que puede

comprarse?

---Te explicas, Kosmos?

---Escucha. Puêdese adquirir un signo de interrogaciôn?

---No!!

---Y si de no adquirirse puêdese encontrar en el mercado?

---Tampoco!!

---Y si tampoco cômo es que Sôcrates lo pudiera mirar para considerarlo como algo

que no hâcele falta paseando por el âgora?

---Como que entiendo esta mayêutica como un querer llegar a la conclusiôn de que

estoy equivocado con lo que dije.

---No estâs muy lejos de la res.

          Acopas acêrcaseme el general, y con su voz anâloga al sonar de un trueno jupi-

teriano dîceme: 

---Hay un acta en la academia con tu foto y en la que lêese que fuiste expulsado de ês-

ta por cuestiones disciplinarias, y que por las mismas mâs de una vez te sancionaron a

quedarte sin pase los fines de semana.

---Por el oro de las retamas y la pûrpura de los brezos!! Dêjole revelado a usted que ha-

ce tantîsimo de eso, y como tal cuasi que ni me acordaba, Mas dîgame: cômo usted pu-

do reconocerme, porque la susodicha foto que estâ en el acta es de hace mâs de treinta

años?

---Kosmos, desde que te vî te reconocî; no ha cambiado mucho tu jeta; pero eso sî, que

sale a relucir y como tal nôtase bastante, la blancura de tu pelo te hace mâs viejo de lo

que eres.

---Mondo lirondo que frente al espejo no me pongo!

---Quien te escuchara pensarîa que eres poeta.

---Pues no pensarîa al escucharme mal; aunque eso sî, por ser realidad que no mentira, 

lo poêtico ha crecido en mî con el tiempo que no que el tiempo haya sido el causante y

de que poetice con crecimiento.

---Mi hija no se equivocô al decirme que expresas con total dominio de la palabra.

---Su hija?

---Esmeralda, Kosmos, Esmeralda es mi hija, y por lo mismo ya estoy enterado de la y

relaciôn que tienes con ella, pero te dejo claro que ella nada tuvo que ver con el que yo

viniera a convensar contigo.

---Vaya res la de la vida. Quiên me dirîa a mî que estarîa con la hija de un general.

---Kosmos, tienes algo contra los generales?

---Señor, eso serîa una conversaciôn de facto larga; no carecerîa de una perîstasis espe-

cîfica, concreta, y que asegûrole que podrîa molestarle.

---Kosmos, ya con mi edad, con la experiencia que tengo poquitîsimas cosas me moles-

tan; y te digo mâs, decir que tal vez te servirîa de algo porque en mi juventud tanto la

rebeldîa como el rechazo fueron Pi constante, me encantan las conductas que no enca-

jan en lo que por comûn mantiene un obedecimiento por no violar  reglas de conducta

subrayadas o establecidas.

---Señor general, usted me ha dejado con la boca abierta, porque no esperaba de usted,

un militar con alto grado y al frente de una academia militar, tales palabras.

---Kosmos, estas palabras quedan entre tû y yo.

---Señor, yo tambiên las escuchê.

---Muchacho, si tû eres amigo de Kosmos no lo serâs por gusto.

---Su ônoma es Cratino, señor general, y es un amigo mîo desde hace una sûmula de

años; es tan tumba como yo.

---Kosmos, por eso decîa de que si es amigo tuyo en êl confîas, porque un amigo y de

tantos años no se mantiene por sôlo una cantidad de tiempo, sino porque es garante de

cierto mutismo que si no por caracterizarle la prudencia. Y hablando de amigos acabo

de ver el entierro de uno: del zapatero Cliôn.

---Sentimos la pêrdida, usted y yo, del mismo amigo.

---Muy humano, Kosmos. Y bueno, que ya debo regresar a la academia por la respon-

sabilidad que tengo, me despido y te deseo un bonito dîa, aunque tambiên a tu amigo,

mas antes de irme te digo algo: trata bien a mi hija Esmeralda, la que ademâs de y ser

una destacada farandulera tiene un buen corazôn.

---De facto, señor, asî es el trato, es la forma con la que de ôrdago hâgola feliz como

mujer.

---Cômo como padre no sentirme conforme con tus palabras? Y adiôs, y que dure la re-

laciôn.


 














 










   



 



 















 









 










 


  





 






 


Donnerstag, 14. März 2024

49

        Organizando encontrê el pedacito de papel donde por primera vez escribî una bre-

ve mas relevante pregunta: dic cur hic? Importante porque de acuerdo a una ubicaciôn

uno  puede moverse con  confianza, trasladarse de un punto a otro con soltura; aunque

no es menos cierto, que el conocimiento de un lugar cuasi nunca es completo, que per-

derse quede como posibilidad, mas que por lo mismo que estâ en fluencia serîa un per-

derse exento de engendrar un pânico que nuble el gayo pensar, que si no la inmoviliza-

ciôn  a raîz de un bloqueo  general. Esta pregunta (retôrica) sale a puesto, a colocaciôn

cuasi  al inicio de la cuarta parte (pâg, 890) de mi novelôn, la que allende de a los con-

tertulios venirles de maravilla la tomaron tan en serio que hasta yo lleguê a pensar, co-

mo personaje, que periclitarîa el lûdico incesante en la Kosmona; fue por alguno de ês-

tos valorada como la justa para que colgara encima de la puerta de la Kosmona, que no

la sentencia "los justos son mansos", ya que en realidad, como pregunta, tenîa mâs que

ver con el desarrollo interior en la instituciôn de un saber concreto que con una senten-

cia  que no dice mentira mas  que no pasa de ser lo que es, lo que in casu, y menos que

con la ubicaciôn, tiene que ver con una cuestiôn de exploraciôn, la que clara el uso opu-

lente, que si no a fanegadas, de un conocimiento mayûsculo.

        En mâs de una conversa---mâs de una que no sôlo hizo posible enriquecer un vîn-

culo sino que asimismo la forma de eyectar los discursos ( o la discursiva)---con el di-

dâscalos  filosôfico referente a los cuatro movimientos [a partir, como ya sâbese, de la

distinciôn de Filôn], cômo pasar por alto la pregunta retôrica en puesto si precisamen-

te pônele fin a la dificultad causada por el desconocimiento de un sitio donde de acuer-

do a su caracterîstica serîa favorable o no un movimiento, conveniente tener una aven-

tura no necesariamente perniciosa, el justo para chocar dos veces con la misma [...], el

ideal  para pecnoctar y tener un  sueño en una noche de invierno? Claramente que este

zanjar  es para mî muy que significante, razôn por la cual desempeñô un rol pinacular

en el lûdico del novelôn como parte de la fiesta incesante en la Kosmona, amên que a

êsta sacarle tremendîsima ganancia tanto el didâscalos como yo.

      Continuando con la organizaciôn, y no ya en un pedacito de papel sino como tîtu-

lo escrito en la portada de una de las ya ni sê cuântas pequeñas libretas que utilicê pa-

ra  apuntar  datos, fechas, descripciones de cosas, etc.., encontrê el siguiente: espacio

para  el nûmero quebrado, el irracional y el trascendente, empero como suena el tim- 

bre de la puerta no quedôme otro elixir que salir de mi estudio e ir a abrir êsta.

---Contra, Kosmos, que para que tû cojas el telêfono cuesta...

---Deja, Cratino, deja, no lo amplifiques, que lo que cuesta yo lo sê, pero si esta vez

no lo cogî es porque estâ apagado.

---Kosmos, y se puede saber el porquê?

---Concomîtame al estudio y lo sabrâs, tendrâs por contemplaciôn râpida respuesta.

---Vaya reguero que hay encima de tu mesa!

---Reguero? Caos es la palabra tempestiva.

---Esa mesa se parece a la que vi en una foto de un escritor celebêrrimo ya fallecido.

---Y tû crees que yo desconozco esa foto, Cratino?

---Pregunta y respuesta juntas! Como no lo creo la conoces, no?

---No preguntes lo que conoces.

---Y entonces quê, hacîas orden?

---Êsa es la res, êsa!! Mira lo que encontrê, êchale un vistazo.

---En este pedacito de papel dice dic cur hic; en esta portada, espacio para el nûmero

quebrado, irracional y trascendente. Y quê tû quieres que te den?

---Câspita Cratino!!, que yo no quiere que me den nada, asî que olvîdate de la canciôn.

---Quê si no que tu darte cuenta râpido?

---Te das cuenta que yo me doy a mî mismo?

---Toco madera, paso, que empieza a ser el verbo dar como una ficha doble nueve.

---De mâs estâ decirte que me encantan los sîmiles.

---Y tû no crees que lo sê y, como tal, lo conozco?

---Que no de una foto.

---Y de nuevo en juego, otra vez, se repite. Y cuândo empezaste con la organizaciôn?

---Fue lo mismo que Aspasia saliera por la puerta que yo entrara en mi estudio.

---O sea, que empezaste cuando Aspasia se fue.

---Sabes lo que cantô Aspasia no hace mucho en la ducha?

---Dîmelo tû que escucho yo.

---La misma melodîa que sale de la caja de mûsica que se llevô Juliette de la cabaña.

---Y de dônde Aspasia la conoce?

---No lo sê porque no le preguntê.

---Y por quê no entraste al baño y le preguntaste?

---Y cômo tû sabes que yo estaba afuera?

---Y acaso estabas adentro?

---Estaba en la cocina, Cratino, y preparando cafê.

---Ah, entonces ni afuera ni adentro, sino en la cocina. Muy bien!

---Ataraxia que engendra verborrea circunspecta!! Cômo olvidarlo?

---Cômo olvidar que tû lo recuerdas?

---Por el oro de las retamas y la pûrpura de los brezos!! Hoy estâs como gûstame que

estês: suelto en el juego y amplificando profundo! Y quê tal de novedades, de quê ma-

nera va la cercanîa con Juliette?

---De manera maravillosa, aunque me impresiona su fantasîa.

---Te impresiona? 

---Sî Kosmos, porque lo que se le ocurre, y por lo que yo tengo que pasar, claro...

---Cratino, y algo que es mâs beneficioso, en vez de impresionarte aprovecha la opor-

tunidad de estar con alguien con fantasîa.

---Si te contara...pero en fin, asî la cosa. Y tû quê, volviste a ver a Esmeralda?

---Anoche estuve en el bus con ella, y mira lo que me encontrê. 

---Quê es eso, Kosmos, un escondite?

---Êsa es la res, esa!!

---Cômo, una olla de metal? 

---Una marmita, ônoma que me acerca mâs a la hechicera Cerridwen.

---No me extraña, o mejor dicho, no me es desconocido tu amor por la cultura celta.

---Allende, Cratino, que me encontrê otra cosa, la que ya no existe porque la botê.

---Y de cuâl se trata?

---De un papel que tenia escrita una lista con los cincuenta y dos fallecidos en el bus.

---Vaya noche crîptica que tuviste. Y cuâl fue la reacciôn de Esmeralda?

---Hâgamos una cosa.

---Cuâl?

---Vuelvo a hacer cafê y nos sentamos para entrar en verba.

---Perfecto!!

---En lo que lo hago êchale un vistazo al estudio reciente de arqueologîa, y dime quê

le falta?

---Que te diga quê le falta? Kosmos, quê se yo de arqueologîa?

---Cratino, deja de preguntar y mîralo.

            De regreso al estudio con la cafatera y dos tazas de cafê dîceme Cratino:

---Kosmos, lo que le falta al estudio es la pâgina nûmero nueve. 

---Êsa es la res, Cratino, êsa!!

---Y por quê no la tiene?

---Porque mi tîo la arrancô. Te acuerdas de que anoche êl estuvo aquî en mi estudio?

---Kosmos, de anoche hacen pocas horas y, entonces, cômo olvidarlo. Y por quê hizo

algo asî tu tîo?

---Tendrîa que preguntarle.

---Tendrîas? Un hipotêtico que no una obligaciôn?

---Cratino, tû sabes que la palabra obligaciôn no es de mi agrado.

---Kosmos, es que como respuesta esperê la de "tengo" que preguntarle, que no ten-

drîa.

---Câptote sin embrollo de ningûn tipo, pero aun asî saca de puesto la susodicha pala-

bra.

---Bien, Kosmos, bien, la saco, que sabes quê? Que tampoco a mî me gusta.

---Saludable saberlo. Y dime: me concomitas al cementerio del Cerâmico?

---Cômo, cambiaste de idea en lo que hacîas el cafê?

---No no, es que acordême de que en media hora entierran al zapatero Cliôn, pero te

puedo contar lo del bus en lo que vamos al cementerio, digo, si es que no tienes algo

que hacer, si estâs exento de ocupaciôn o de la responsabilidad mâscula de atender a

la fêmina Juliette.

---Kosmos, primero los amigos; despuês, las novias.

---Aplausos, Cratino, a-plau-sos!!

---Y tû como siempre.

---Amplifica el noûmeno, amplifîcalo!!

---Lo pensado o lo que se pretende decir?

---Câspita!! La tortuga desafiando a Aquiles.

---Que tû o exageras o metaforizas.

---Dos constantes en mî a la postre y al cabo. Termina de tomarte el cafê que nos va-

mos a peripatein para llegar al cementerio.

---Ni que fuêramos peripatêticos.

---Pasaste el examen, Cratino, lo pasaste!!

---Recuerda que yo, como tû, soy un gran lector.

---Cratino, que aun asî puêdese olvidar

---En fin, que ya me tomê el cafê, asî que podemos irnos a peripatein. Y por quê te rîes?

---Con el tiempo que me conoces haces esta pregunta?

---Vamos o no a...

---A eso nos vamos. Vâmonos!! Cratino, no conviêrtese, despuês del acto, el yendo en

fui?

---No en otra cosa que en êsa, o sea, en acto pasado.

---Nôtase que conoces a la cosa en sî: a mî!

---Menos que al fenômeno, que es otra cosa. Kosmos, nos acabaremos de ir?

---Sî, Königsberg, sî!! Vâ-mo-nos!!

---Ahora el que se rîe soy yo.



















































































 












 




 






 



 

 

Samstag, 9. März 2024

48

         A raîz de bajarnos del bus Esmeralda abrazôme tan fuerte que tuve la sensaciôn

de que faltâbame el aire, empero como su reloj marcaba las siete y veinte de la maña-

na mâs tiempo no tenîa yo para alongar mi verba despuês de soltar la tempestiva que-

rella  debido al apretôn que con sus brazos me dio. Despuês de dejarme saber inteligi-

blemete  lo primero que harîa al llegar a su cuarto, lo que pareciôme tan lôgico y nor-

mal al ser un imperativo lujurioso el que exige y gobierna, sin dilaciôn despedîme de

ella y arrumbê mis pasos hacia mi apartamento. Como la distancia que hay entre êste

y la ûltima parada del bus no es muy larga, lo que de facto benefîciame por tener con-

tado el tiempo, lleguê a mi apartamento en cuestiones de pocos minutos, allende que

con  una jovialidad tremenda por la razôn de que abrirîa la puerta con mi llave âurea.

Como  tenîa que esconder tanto la marmita como el papel con la lista de los cincuen-

ta y dos fenecidos adonde primero fui fue a mi estudio, mas estando en êste y sacan- 

do  de mi bolsa la marmita, algo que hacîa agachado a la zaga de mi mesa de trabajo,

acopas Aspasia pregûntame:

---Kosmos, quê haces agachado detrâs de la mesa?

---Vaya susto que me has dado! Ya son las siete y media?

---Exactamente las siete y treinta y dos.

---Lo que traduce que hace dos minutos que dejaste el colchôn.

---Asî es, kosmos, pero aûn no has respondido la pregunta que te hice.

---Busco el bolîgrafo, el que algunas veces cae al suelo y desaparece: vaya enigma!

---Ahh!! Y dime: despuês que lo encuentres puedes preparame el cafê.

---Claro que sî meine süsse!! Dûchate tû que yo lo preparo.

---Quê dulce que estâs!! Acaso soñaste con alguna de tus ninfas?

---De soñar nada, mas que tener contacto directo con una ellas sî.

---Cômo? Me estâs mortificando?

---Estoy ludicando contigo.

---Bueno, quê si no? Estâ bien, y me voy al agua.

---Y môjate bien.

---Cômo no saber que esa palabrita te encanta. 

---Cômo no me va a encantar si es fundamental para el crecimiento y desarrollo de

la planta?

---Eso, Kosmos, eso mismo!!

         Y antes de preparar el cafê hice una cosa: puse sobre la mesa la hoja reparada y

el papel con la lista de los difuntos, y con el têlos de comparar la escritura. Como tan-

to en una como en la otra no tuve necesidad de utilizar una de mis lupas, porque nada

habîa de poco legible como para tener una ayuda del cristal de aumento, quedôme cla-

ro la descollante diferencia entre ambas, y asî pude comprobar que Teôfilo, el padras-

tro  de Aristarco, no habîa  escrito la lista susodicha. A continuaciôn de meter las dos

hojas dentro de la marmita y de esconder êsta en el lugar que pareciôme el adecuado,

fui a la cocina a preparar el cafê. En lo que lo preparaba llâmame la atenciôn una res:

que  Aspasia cantara la misma melodîa que tiene la caja de mûsica que Juliette llevô-

se  de la cabaña, mas  como de momento lo prioritario era el cafê, el que a mî asimis-

mo vendrîame de maravilla porque al tomarlo no quedarîame dormido, me concentrê

en  su preparaciôn menos que  en pensar la pertinente pregunta que clararîa de dônde

conoce Aspasia la melodîa. 

       Pasados quince minutos Aspasia sale del baño como Venus del mar en una cono-

cida pintura [ mas que no encima de una ingente caracola sino de sus chancletas plâs-

ticas]. Como unas castañuelas cômo yo no iba a estar al concentrar mis retinas en sus

pêtalos, montîculos, curvaturas y piel con un ampo por parangôn de estrella? Empero

si algo fue la causa de mi desilusiôn, porque habîame ilusionado con un acercamiento

de ella y con êste la posibilidad de olerla de norte y sur, de sentir pegada a mi nariz su

piel fresca por el agua que la mojô, no fue otra que este imperdonable decir:

---Kosmos, no voy mâs allâ de donde estoy porque ahora sôlo quiero que me mires.

---De facto, Aspasia, es lo que ora estoy haciendo, pero...

---Pero quê, a ver, dime?

---Que es duro mirar y no penetrar.

---Pues sabes quê? Recurre a tu fantasîa que sî que la tienes grande.

---Por el oro de las retamas y la pûrpura de los brezos!! Esto es como si fuese un casti-

go que no me merezco, in-me-re-ci-do.

---Deja el drama, que ademâs de innecesario, a ti no te pega por ni ser...

---Sôfocles, Esquilo o el prîncipe de Dinamarca, verbi gratia?

---Mira, si es que de verdad no quieres que te castigue, que el castigo sea real, mejor

pon dos tazas en la mesa, la cafetera y la azûcar, que mientras tanto voy al cuarto a ves-

tirme.

---A su edicto, majestad, a su edicto!! 

            Media hora despuês pônese en funciôn Aspasia de ir a cumplir con el cometido

de cuasi todos los dîas: el de tocar el chelo en la catedral barroca. Quedândome enton-

ces solo voy a mi estudio para volver a leer la lista de las cincuenta y dos criaturas que

sucumbieron  en el bus  de la sofocaciôn y de la excitaciôn. Mas antes de sacar la lista

de la  marmita pongo encima de la  mesa la taza de cafê, ya que tanto el olor a êste co-

mo  la cafeîna resûltanme  el indefectible  estimulante, mas que mâs bien por cuestiôn

de costumbre (la madre de cuasi todos los vicios) que por la de mantenerme los ôculos 

abiertos, que de  facto sin  ingerir cafê  mi dormir en tan corto que pudiera decirse que 

veo por  mâs horas el  mundo de la realidad [ y como tal el del cambio por ser lo ûnico 

que perdura, segûn el decir del oscuro de Êfeso] que el indeleble donde impera la ima-

go. Por cosas que pudieran ser o de la vida o de la causalidad--que tengan que ver con

la Parca Âtropo no queda descartado---, lo que traduce que por algûn motivo suceden,

la rerum es  que de inmediaro  a poner la  susodicha lista arriba de la mesa câele enci-

ma  la taza de cafê, lo que debiôse al codazo que le di a êsta al apoyar mis dos brazos

en la madera, lo trayente de la consecuencia que maculârase todo el papel de negro al

estar  escrita la lista con  una tinta de  este color. De poco servirîa que pusiera a secar 

el  papel en la  calefacciôn, porque al  descorrerse la tinta ni un solo ônoma pude leer.

Que quê quedâbame por hacer? Sobre el pucho dirimir la forma de la hoja para segui-

do  dejarla caer en el latôn de la basura; de formar  parte del lûdico engurrarîala para

echarla en el cenicero, quemarla y soplar la pavesa, lo que hubiera sido de mi agrado

indubitablemente, ya  que quien conôceme o hâyame leîdo sabrâ que en lo atinente a

deformaciones  ni limîtome ni pôngole cortapisa al gozo por el que inclînome, amên 

que  fruiciôn (por antonomasia) con resonancia y repeticiôn tremendas. Con lo hasta

aquî  expuesto (en exhibiciôn), discursado  sin una compleja perîstasis, quiên podrîa

pensar que la musa Melpômene tiene que ver conmigo? En fin, que por carecer total-

mente  de cercanîa con lo trâgico agarrê el latôn de basura y dejê caer la hoja conver-

tida  en una sûmula de  pequeños papelitos. Despuês de volver a poner el latôn en su

lugar y de echarle un vistazo somero al estudio reciente de arqueologîa, el que ya no

tengo  que devolverle al zapatero Cliôn porque ya no estâ en este mundo, percâtome

de una cosa: que faltaba la pâgina anterior a la con la numeral diez, empero como no

interesâbame muchitanto saber el porquê mi tîo apoderôse de êsta, algo que de facto

podîa indagar con tan sôlo una llamada, pûseme en funciôn de organizar el caos des-

collante que habîa encima de la mesa, tarea que uno debe realizar (creo yo) con deci-

siôn absoluta que no con vacilaciôn.


 

 


 




   


 











  







   




 

























199

         Terencio, el ônoma del cartero que dejaba las correspondencias en cada buzôn de mi edificio, fue el motivo de que acordârame en la ...