Al bajar la ventanilla del automôvil el chofer nos revelô que onomâbase Daoine
Sidhe, mas que los que conocîanlo de tiempo llamâbanle Dasid, y seguido nos dejô sa-
ber que el general Francis pidiôle que pasara por la estaciôn de policîa con el objetivo
de saber si el responsable del arresto habîa cumplido a cabalidad con lo que habîa pro-
metido por telêfono: dejar libres a los que êl mismo mandô a detener injustamente. A
continuaciôn de yo decirle que no hubo ningûn problema, pero que antes de salir tuvi-
mos que firmar un papel en el que consta la "intervenciôn" del general, echêle un vis-
tazo al sîmbolo que colgaba del retrovisor: el de los tres zarcillos, motivo por el cual
hîceme esta pregunta: con el ônoma que tiene este chofer acaso estâ de mâs uno y de
los tres sîmbolos mostrantes de la energîa de la numeral tres, amên que vinculado a
la triple diosa? Ostensiblemente que no. [Darîame pâbulo hacerme otra pregunta me-
nester de tener en cuenta, de no pasar por alto que el automôvil es del general, pe-
ro de momento tales cuestiones puedo obviarlas, sacarlas de circulaciôn]. Y cômo en
este instante no recordar que del cuello del cocinero de Irlanda colgaba el mismitico
sîmbolo? Imposible.
---Kosmos, viendo como ves ese sîmbolo me parece o que te sorprende o que lo co-
noces.
---Câspita, Dasid, que yo soy un erastes de todito lo que tenga que ver con el mundi-
llo celta. Pero dîgame una cosa: cômo usted supo que yo era Kosmos?
---Se te olvidô que este mismo automôvil no estaba parqueado muy lejos de la que y
ya es la tumba del zapatero Cliôn?
---Muy fâcil entonces: usted estaba dentro del automôvil esperando por el general.
---Se nota que entiendes râpido.
---Puedo preguntarle una cosa, señor Dasid?
---Y tû eres Cratino, no?
---No hace falta preguntarle ni de dônde me conoce ni cômo es que sabe mi nombre,
ya que yo tambiên estuve en el cementerio y presente en la conversa del general con
Kosmos.
---Bravo, Cratino, bravo!! A ver, cuâl es la pregunta?
---Por quê usted tiene un nombre extranjero?
---Cratino, porque mis fallecidos progenitores eran dublineses.
---Queda claro. Gracias por su aclaraciôn, Dasid.
---Esta muchacha sî que no estaba en el entierro en el cementerio del Cerâmico.
---Mi nombre es Aspasia, Dasid.
---Espero, Aspasia, que con esa saya corta no le hayas causado un impulso emotivo a
los policîas.
---Señor Dasid, se los causê pero no dio resultado, no el que esperaba.
---Ya me puedo imaginar cuâl fue el resultado. Lamentablemente ya me tengo que ir,
y debido a que en diez minutos debo estar esperando al general frente a la puerta del
edificio central de la academia.
---Lamentablemente?
---SÎ, kosmos, porque rara vez tengo la oportunidad de ponerme a conversar sobre al-
go que nada tiene que ver con lo militar.
---Mâs claro ni la transparencia de un carâmbano. Dele al general nuestras muchitan-
tas gracias, nuestro agradecimiento sempiterno,
---En cuanto suba al automôvil le digo, Kosmos. Adiôs, y que tengan buena noche.
---Lo igualito para usted, Dasid.
Al recordarme Cratino que yo dîjele al mûsico Forligen que pasara despuês de
las siete de la noche a recoger el peculio con el que pagarîa la deuda que tengo con êl,
Aspasia pônese la mano izquierda en la barriga, se da unos toquecitos en êsta y dîce-
nos:
---Por el hambre que tengo me urge comer algo lo mâs râpido posible, asi que si uste-
des quieren me esperan en el apartamento de Kosmos.
---Câspita Aspasia!! Quê, no puedes aguantar unos minutos mâs, que mi apartamento
no estâ a un kilômetro de distancia?
---No kosmos, no puedo aguantar; y es mâs, que sin eso no puedo comprar nada, da-
me algo de dinero.
---Kosmos, quien quiere masa debe ocuparse de ella.
---Muy bien, Cratino, tienes toda la razôn. Gracias por el apoyo.
---De nada, Aspasia.
---Por el oro de las retamas y la pûrpura de los brezos!! Con quiên tû estâs, Cratino?
Mira, Aspasia, aquî tienes peculio.
---Dame mâs, que eso no alcanza, asî que deja la tacañerîa.
---Vaya cara que sâleme la masa. A partir de mañana querrê huesos.
---Verdad, Kosmos, verdad? Eso no lo crees ni tû mismo, que mira que te encanta mi
masa.
---A mî no me mires, Kosmos, deja de mirarme que yo no soy el responsable de esa
masa.
---Cratino, que si quieres podemos compartirla, que a la postre y al cabo tû eres buen
amigo.
---Como si no te conociera, que lo que intentas es tener un motivo para morirte de la
risa.
---Kosmos, sê que no eres celoso, pero compartirme? A eso no llegas.
---Tû crees Aspasia, crees que no?
---Creo no, estoy segura. Y bueno, me voy a comer algo, asî que hasta mâs tarde.
---Buen apetito!!
---Gracias a los dos!
---Câspita Kosmos, que lo dijimos a la misma vez.
---Parte de la subrutina que de facto desconocemos. Nos vamos?
---Y por quiên o por quê esperar?
---Por nadie y por nada!!
---Estâ claro que nos vamos.
---Vâmonos!!
Al empezar a andar, y debido a lo de compartir, Cratino hâblame de Cornelia
y de Rubria, y porque bien sabe êl ( aunque no con detalles por no haber leîdo pâgi-
na por pâgina mi novelôn) de mi relaciôn con aquêlla estando yo con êsta, pero igno-
rando que este compartir sucediô en un momento de dudas y sospechas, de cavilacio-
nes e incertidumbres, de negaciones y querellas, etc.., ya que Rubria al no decidirse
a entregarse del todo, a toda flor, yo vime en la necesidad de hallar una salida que de
facto solventara el problema de una escasez con tremenda resonancia, pero una solu-
ciôn que por cosas de la vida trajo como consecuencia que Cornelia quedara embara-
zada de mi primer retoño, y el que no es otro que la campesina, un asunto en mi no-
velôn tremendamente insôlito por el hecho de que yo, como progenitor, supe que era
mi hija muchitantos años despuês de su llegada al mundo. De tal guisa no faltôle la
mirîfica crianza del leñador de Britania en la granja, y hasta quedô estupefacta cuan-
do enterôse de que êste no era su padre biolôgico sino alguien que la adoptô desde y
muy pequeña, y que con el tiempo le dio la tarea de sacar a pasear a las ocho ovejas,
siendo de êstas la llamada Capricho con la que mejor llevôse. En fin, que yo le clarê
a Cratino que este compartir fue de circunstancia que no mantenciôn, o sea, que y a
pesar de la suntuosa amistad que existîa entre los tres nunca mâs volviô a suceder.
Ora bien, y dândole "expansiôn" a la perîstasis del compartimiento [que nada
tiene que ver con el compeler que a travês de imperativos dicta a hacer lo que no re-
sulta agradable], a ultranza dîgole a mi concomitante: >>yo sê que Aspasia "partici-
pa en lo que es de otro que muy que repetidas veces `con la pudiencia de su mirada`
en busca o del correspondiente beneficio (armonîa o ponderamiento) o de la analo-
gîa que alimenta su fantasîa"<<.
---Kosmos, verbi gratia.
---Cratino, uno reciente y que tû no viste: la orquîdea que estâ pegada al cristalôn de
la cafeterîa donde Aspasia entrô.
---Kosmos, te explicas?
---Allâ voy, por quê me llamas? De soslayo observê que ella quedôse mirando con y
fijeza la orquîdea susodicha, la que no es de su propiedad.
---Quê, debo hacerte la pregunta, o preguntarte por quê con fijeza la miraba?
---No hace falta, Cratino, sôlo piensa la analogîa que podrîa encontrar al observar la
vigorosidad de las hojas erigidas.
---Como que la participaciôn en lo que es de otro (la orquîdea) en busca, en este ca-
so, de la semejanza que sustenta su fantasîa.
---Aplausos, Cratino, a-plau-sos!!
Al interesarse Cratino por la perîstasis en curso, aunque asimismo por otras de
las muchitantas escenas de mi novelôn que tienen atingencia con este tema, cômo yo
negarle la indefectible dilucidaciôn, la que de acuerdo a la escena que fuese serîa cla-
ra que si no ininteligible, porque de hecho cada una de las escenas tienen una caracte-
rîstica determinada [en correspondencia con el lugar y con el momento], lo que tradu-
ce mâs bien que descollen que no que por êsta sean exclusivas. Tan entretenidos estâ-
bamos que ni nos dimos cuenta que ya habîamos llegado al barrio Strawinsky, y que
si no hubiera sido por Esmeralda, la que dijo nuestros ônomas en voz alta, quiên sabe
adônde llegarîamos a parar.
---Y ustedes de dônde vienen, quê hacîan?
---Esmeralda, de la estaciôn de policîa.
---Cômo Cratino, comô que de la estaciôn de policîa? Y quê hacîan ustedes allî?
---Quê hacîamos no, sino quê hicieron con nosotros, incluyendo a Aspasia que se que-
dô comiendo algo en la cafeteria?
---Y quê hicieron con ustedes?
---Nos arrestaron.
---Cratino, tû estâs hablando en serio, o es que se pusieron de acuerdo para fastidiar-
me?
---Esa pregunta no deberîa ser para mî sino para Kosmos, que yo no acostumbro a na-
die fastidiar.
---Esmeralda, no se trata de ningûn fastidio sino de la verdad.
---Y cuâl fue la causa de la detenciôn?
---Por haber entrado en la casa del difunto zapatero Cliôn.
---Y quê hacîan ustedes en esa casa?
---Ya te explicaremos con calma. Y ora una pregunta mîa: por quê no me dijiste que
tenîas un progenitor que es general?
---Kosmos, y quê te importarîa a ti que fuese general o basurero?
---Esmeralda, gracias a tu padre Francisco Sotolongo Almendrades (Francis) es que a
nosotros nos soltaron.
---Cômo, Cratino, cômo? Ahora sî que no entiendo nada.
---Esmeralda, subamos a mi apartamento y cuêntote.
---Y lo mâs râpido posible, Kosmos.
Y aparece el mûsico Forligen y dîceme:
---Kosmos, me dijiste que podîa pasar despuês de las siete, y ya son las siete y cinco.
---Câspita Forligen, cinco minutos son muchitanto tiempo? Por el oro de las retamas
y la pûrpura de los brezos!! Sube con nosotros y pago lo que debo, que no es chocola-
te.
---Nada nuevo las combinaciones que tû haces.
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